Concierto para Tres
Por Sandy y Ale

"La vida es diferente ahora. Demasiado diferente como para volver a atrás", pensó Sophia. Miró a través del cristal, que estaba cubierto por pequeñas perlas cristalinas de lluvia. No había ningún rastro de la luna. Las nubes cubrían el cielo y el viento interpretaba una sinfonía espectral que quizás solo ella podía disfrutar en aquel momento. Observó a su alrededor con gesto aburrido. Estaba solo en compañía de Jude, Ash y de algunas chicas que se encargaban de "entretener" con sus bailes exóticos a sus anfitriones masculinos. Solos en aquella casona victoriana, el trío se encontraba en uno de esos viajes de ocio organizados por Jude. Nada más que hacer por el momento. Llevaban bebiendo desde el atardecer, pero ella no creía que el vino fuera a hacer una gran diferencia en su estado de ánimo. Se sentía oprimida por alguna extraña razón. Prefirió lamer la última gota del tinto de su copa antes de soltar un grito que sacara de concentración a sus compañeros.

Sintiéndose tan sola en aquel lugar, lo único que Sophia quería hacer en esos momentos era tocar su violonchelo. Si no se atrevía a hacerlo, era porque pensaba que el público que tenía no era precisamente el más interesado. No apreciarían los matices, ni el compás de la melodía… nunca lo harían. Al menos no igual que ella. Suspiró aburrida, captando la atención de Ash a pesar de que este, tenía sentada en sus piernas a una de las bailarinas.

—¿Qué sucede cariño? —Preguntó él, sin mirarla realmente; pasaba sus manos en las caderas de la chica.

Su voz, más ronca de lo normal, arrastraba las palabras. Quizás era el efecto de la bebida. Sophia miró con recelo a la esclava, y prefirió no contestar. Podía ser mejor que todas ellas juntas, aunque no se atrevía a rebajarse del mismo modo. Ella era superior a eso. Luego de su rabieta mental, se limitó a darle una mirada que le sacó a Jude una carcajada sarcástica. Ella tomó asiento en una silla de cuero negro. El vestido que llevaba puesto conseguía hacer más nívea la piel de sus piernas, pero era el escote el que estaba provocando estragos en sus compañeros, sobre todo en Ash. Se podía ver a sí mismo, pasando sus dedos sobre la piel de su cuello, deshaciéndose lentamente del vestido y todo lo demás. Haciendo luego un recorrido con su boca por todos aquellos rincones que ella escondía y que le había negado en más de una ocasión. Él fijó su vista en los labios de Sophia. Apretó el puño, al verlos curvarse en un gesto irónico. Como si ella supiera lo que Ash estaba pensando y se burlara de él. Entonces, vio que sus manos cubrían una piel que no deseaba, y los instintos que habían sido encendidos por la bailarina, ahora se habían hecho cenizas.

—Vayanse todas de aquí...—pidió Jude al notar la inconformidad de su camarada. Él más que nadie podía percibir en carne propia el sentir de esos dos, por lo tanto, sabía que la tensión debía ser liberada. Las bailarinas abandonaron la habitación, a la par que Jude daba una nueva orden—. Toca algo para nosotros, Sophia.

Con satisfacción observó como la expresión de la chica pasaba de la sorpresa a la altanería, aunque aún no daba resultado. Sophia se rehusaba a tocar, así que Jude lanzó una cómplice mirada a su compañero y así quizás, pudieran convencerla.

—Anda—pidió Ash, al ver que ella dirigía la vista hacia el ventanal—, muéstranos si es verdad que tu música es la más bella que hemos escuchado.

El instrumento, que estaba a unos pocos metros de ahí fue tomado por Sophia ante el reto de Ash. Ella volvió a sentarse con determinación y posicionó el instrumento entre sus piernas. Esa acción hizo que Ash se sentara derecho en la silla. Honestamente lo que me menos le importaba era su capacidad para tocar, ni la hermosa música que ella pudiera crear. Finalmente la chica deslizó el arco por las cuerdas y las notas que salieron fueron como una caricia para Ash. La melodía, lúgubre hasta cierto punto, solo hacía que fijara su vista en ella. Sus movimientos, la concentración que exudaba de su rostro, la habilidad que tenía para mover sus dedos sobre el mástil.

—Apuesto a que esa precisión con el instrumento le hacen hábil...en otras cosas—sugirió Jude en voz baja.

Ash no contestó, incluso cuando Jude seguía sugiriendo cuestiones acerca de lo deseable que lucía la concertista. Jude vio como Ash se levantó del sofá y caminó hasta ella. "Las cosas se pondrían interesantes", pensó Jude. Tomó su copa de vino, y se inclinó en la silla para observar el espectáculo.

Sophia finalizó su pieza, recibiendo por parte de Jude, un aplauso arrogante que retumbó con eco en la vacía habitación. Ash, por su parte, estaba detrás de ella. Tocó sus hombros y se acercó al fino cuello de Sophia.

—Una demostración soberbia. No espera menos de ti. —Le susurró al oído.

El cálido aliento de Ash provocó un temblor en su cuerpo. No sabía cómo él era capaz de provocarle escalofrìos y aún así hacerle sentir un calor inmenso cada que estaba cerca de ella. No había mayor incógnita detrás de eso, después de todo, el demonio de la lujuria habitaba en Ash, su mejor amigo desde que su propio demonio se había apoderado de su cuerpo. Si ella no había alimentado a Ash con sus propios deseos, era porque tenía la leve impresión que no querría terminar jamás. Sophia no podía darse el lujo de depender de alguien que no fuera ella. Iba en contra de sus propios principios y alta estima.

—Deja los halagos, Ash—ella le hizo a un lado—. Por más que los disfrute, sé que ni siquiera me estabas poniendo atención. Por lo que puedo ver, sigues... —miró el bulto en el pantalón de su compañero— Afectado por tu anterior atracción, ¿cierto?

Sophia, un poco celosa, utilizó el instrumento para apoyarse y levantarse de la silla, pero la mano de Ash cubrió la suya derritiéndola por completo, o al menos eso le pareció al sentir su toque. Él estaba jugando con fuego, en todos los sentidos posibles.

—Sophia, Sophia...para ser tan segura, eres demasiado inocente.— Ash se pegó a su espalda, sosteniendo el toque cada vez más fuerte. Se aseguró de estar lo más cerca posible de ella.

Jude, encantado por la escena que él mismo había orquestado, interrumpió aún sabiendo que podía terminar con el momento, aunque le pareció un poco imposible. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

—Es cierto, linda—él se levantó, y con un esfuerzo por no caerse debido a un mareo, sirvió más vino en su copa—. Aún no te has dado cuenta de tu eres quien ha afectado a nuestro amigo casi desde que te conoce, ¿no es verdad, Asmodeo?—el aludido no pareció ponerle atención. Sus ojos se habían vuelto negros... se estaba alimentando de la energía de Sophia— Sugiero que ustedes...no, olvidenlo. Dejaré que se arreglen solos.

Mientras Jude abandonaba la habitación, Sophia sentía que el pánico se apoderaba de ella. Trató de controlar su respiración, pero con cada segundo que pasaba esa tarea parecía más difícil con Ash invadiendola. Sabía lo que Jude había querido decir, y obviamente por las caricias que Ash ya estaba dando, sabía lo que éste trataba de hacer, pero estaba preparada para ello. En cualquier momento podía mandarlo al carajo, aunque no se sentía capaz; mucho menos cuando las manos de Ash ya habían llegado la suavidad de sus muslos debajo del vestido, con una delicadeza que no podía ser humana. Era como el suave toque de un ángel, no el de un demonio.

La fuerza de voluntad de Sophia no fue tan grande, así que apenas la puerta se cerró detrás de Jude, el violonchelo fue lanzado a un lado por ella misma y sus labios fueron atrapados por los de Ash antes de que el instrumento tocara el suelo. Un gemido triunfal fue encerrado por la unión de ambas bocas mientras se devoraban a besos.

Antes de que él pudiera arrancarle el vestido, idea que encabezaba su lista mental, ella se separó un par de centímetros y lo miró, quizás como nadie lo hizo nunca en toda su vida. No era la típica mirada que le regalaban aquellas que caían en sus brazos, hipnotizadas a propósito para satisfacerlo. Esos ojos tenían un brillo diferente. Ella volvió a besarlo, pero esta vez quedó claro que si las cosas se iban a hacer, tendrían que ser a su manera.

La sedosidad de los labios que atrapaban los suyos, robándole por completo el aliento, estaban haciendo estragos en el cuerpo de la chica. Era evidente que se desataba una lucha entre ambas partes por el control, aunque, el lado amable del asunto era que al fin todos esos deseos que dominaron a Ash desde que la conoció, finalmente se liberarían. La piel encendida de su amante, desprendía un exquisito aroma, que fue saboreado en cada una de sus notas. Él había observado horas antes mientras Sophia rociaba el perfume con devoción sobre su cuerpo. Ahora él podría saborear esa piel hasta deshacerse de la esencia artificial y dejar la suya propia; marcándola como suya incluso solo por esos momentos.

De pronto, un trueno hizo vibrar los cristales de las ventanas y después se iluminó el cielo nocturno; Ash decidió levantarla de las caderas, de modo que las esbeltas piernas de ella lo atraparon. Mientras él la sostenía, se las arreglaba para acariciar su trasero y muslos, sin el más mínimo atisbo de perder el equilibrio. Ash era un experto, y la influencia de Sophia sobre él, le hacía querer ser el mejor amante que ella hubiera tenido. Un relámpago se iluminó entre las nubes, dibujando las sombras de ambos amantes en el piso de la habitación. Asmodeo avanzó firmemente hasta el ventanal, donde la depositó con cuidado. La tomó de las manos y las elevó sobre la cabeza de la castaña. La figura femenina podía apreciarse ahora con más detalle y decidió atacar a besos el fino cuello de Sophia.

Ella hasta ese momento trató de reprimir un par de gemidos, pero justo cuando a Ash comenzó a hacer a un lado la fina tela del escote, dejando al descubierto sus senos, no pudo evitarlo y perdió la batalla con su autocontrol. No debía haber pudor, mucho menos en ese momento. Los jadeos de Sophia intensificaban la energía que corría por el cuerpo de Ash como fuego, como la tierra bajo el río debe sentir la caricia del agua. Después de pasar un tiempo lamiendo y besando la delicada piel que cubría los pechos de Sophia, hizo un recorrido con su boca hasta llegar a sus labios, que lucían inflamados a causa de los besos, pero no menos sedientos. Sophia ya había iniciado la tarea de desabotonarle la camisa, así que luego de un momento, el torso masculino y fuerte se erguía con orgullo y de nueva cuenta otro relámpago iluminó el rostro de Ash. Sophia pensó que había algo angelical en esos ojos, pero era imposible. Ambos, siervos de sus propios demonios, eran incapaces de reconocer lo divino. Sus manos avanzaron hasta la hebilla del cinturón para retirarlo de manera urgente. Con la misma paciencia tortuosa se deshizo de cada prenda en el cuerpo de Ash, hasta que él quedó completamente desnudo ante sus ojos. Él captó la sonrisa que ahora ella exhibía, mientras que con la misma paciencia que había tenido con él, ahora la tenía desprendiéndose de su vestido y todo lo demás. Sus movimientos gráciles y elegantes, parecían el de una bailarina. Estaba completamente hipnotizado. Lo único que conservaba Sophia eran los altísimos tacones... uno de los tantos fetiches de Ash.

Volvieron a besarse, pero esta vez todo parecía intensificarse, quizás porque ahora sus pieles estaban fundiéndose por completo. Ante la grave necesidad de ser tomada por Ash, ella se recargó de espaldas al ventanal y abrió sus piernas, invitándolo a hacerla suya. El delicioso palpitar en su carne explotó justo cuando se vio embestida por la fuerza de Ash. La espalda de Sophia chocaba suavemente contra el frío cristal de la ventana con cada golpe dentro de ella, mientras que Ash detenía su encomienda para acariciar sus pechos, cintura y piernas, disfrutando de verla tensar su cuerpo para él. Después entraba enérgicamente en ella, haciéndola experimentar un placer infinito que estaba alcanzando un límite peligroso. O al menos lo era para Sophia que de pronto comenzó a sentirse débil. Su vista se volvió borrosa y se sujetó con fuerza de Ash. Sin embargo, ella trató de aferrarse lo más que pudo a la vida. El momento que estaban compartiendo, hacía valer la pena todo aquel riesgo.

—Mírame—pidió Sophia, jadeante. Poniendo toda su concentración en no desmayarse—. Mírame...—Ash fijó sus ojos en ella mientras seguía embistiéndola—. Soy tuya… tuya.

Su voz era apenas audible, pero la intensidad con la que se encorvaba con cada movimiento de Ash dentro de ella, decía que hablaba en serio. No mentía, en absoluto. Se había entregado a él apenas lo conoció.

—Tú eres… —la miró confundido.

—¿Lo sabes? ¿Sabes que soy tuya? —Ash pudo ver como el cuello comenzaba a perder fuerza y la cabeza de Sophia comenzaba a moverse de un lado a otro.

—Eres mía —dijo sujetando su cabeza y obligándola a mirarlo—, solo mía, Sophia.

La determinación en los ojos de Ash al decir todo eso, le hacían entrar en un estado de felicidad física y mental que Sophia no conocía. El placer de las palabras de Ash, y el de sus movimientos, hicieron que Sophia alcanzara la cima de aquel extasis. Gimió de placer, olvidando por completo que Jude estaba en la habitación de al lado, pero de nuevo, no había pudor. Cerró los ojos y se dejó llevar por la sinfonía de sensaciones en cada terminal viva de su cuerpo.

Al sentir que la carne de Sophia se apretaba a su alrededor, llenándolo de placer, Ash dio un tirón por última vez, y la abandonó antes de explotar dentro de ella. Lanzó un rugido ahogado, de frustración. Maldijo a su naturaleza por no dejarlo terminar en la humedad de Sophia, la culminación de todos sus deseos. De haber sido cualquier otra mujer, hubiera terminado la tarea sin importar siquiera drenarle la propia vida, pero ahora no podía hacerlo. No a Sophia.

La chica, al borde del desmayo, sujetó débilmente el cuerpo de Ash y lo besó en los labios, entregándole la poca fuerza que quedaba en su cuerpo. Murmuró algo que él no alcanzó a escuchar con claridad. La tomó en brazos, y la depositó cuidadosamente en el sillón.

Se quedó observándola un momento, acariciándole el cabello mojado por el sudor del encuentro. Ese tiempo bastó para hacer reflexionar a Ash sobre lo ocurrido. Sophia se había entregado a él sin importarle su propia vida, así que lo que ella había afirmado era verdad: Sophia le pertenecía ahora. Le asustó ese primer pensamiento. ¿Cómo haría para entregarse a una sola mujer? En un primer momento, la respuesta a esa pregunta le pareció negativa. No al menos si el demonio de la lujuria habitaba en él. "Quizás Tepan tenga una oportunidad", pensó como última esperanza. Tal vez su contraparte humana pudiera cumplir con esa tarea.

Como un presagio, un fuerte viento abrió el enorme ventanal, haciendo que el ruido sacara a Sophia de su letargo.

—¿Por qué no te recuestas junto a mi?—Sophia lo miraba adormilada.

Esa sonrisa tierna que cruzaba su rostro no daba testimonio de lo que acababa de ocurrir entre ellos.

—Si permanezco más tiempo a tu lado podría matarte...—Ash le explicó, con una dulzura extraña en él—Estás muy débil. No...no pude evitar hacerte daño.

Pero Sophia le calló con un delicado beso, señal de que todo estaba perdonado.

—No pasará nada si te quedas conmigo.

Su mano apretó con fuerza la de Ash, y le invitó a recargarse en su pecho desnudo mientras su corazón retomaba su ritmo normal. La lluvia siguió cayendo ante sus ojos momentos antes de quedarse dormidos en el sillón de la sala de estar.

En la habitación contigua, Jude sonreía con malicia al escuchar el final de aquel encuentro. La "unión" de Sophia y Ash era una de las tantas cuestiones que él había orquestado para obtener lo que quería. Por un segundo se sintió culpable, pero luego supo que era lo mejor. "El fin justifica los medios", se repitió a sí mismo antes de que el alcohol en sus venas lo hiciera quedarse dormido.


Una breve explicación del contexto para que no se confundan: Sophia y Ash son humanos, anfitriones de los demonios de la soberbia y la lujuria respectivamente. Ash, tiene el poder del sucubismo, por lo tanto absorbe la energía de sus amantes a través del sexo. Jude, digamos que es como su jefe; el hombre que despertó los demonios dentro de ellos. Ash hace referencia a Tepan, quien es su contraparte humana, quien a veces lucha por salir a flote en su propio cuerpo ante la personalidad demoniaca de Asmodeo, la lujuría.

Gracias por leer! n.n

Atte.

Ale-Alejandra y Sandy Lee

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