Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor.

Mario Benedetti. Escritor y poeta uruguayo.

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Para Elena hoy era un día especial.

Su cuerpo temblaba como gelatina.

Tenía que salir perfecto, por lo que repaso TODO en su mente.

Se encontraría con El en el parque, montarían caballo (Intensa pasión de Elena), verían una película (Romántica por supuesto, para gusto de ella y disgusto de el), después irían a almorzar en una cocina italiana a comer pasta

Como toque especial, y sabiendo Elena la afición de el al alpinismo, irían a ver el atardecer en una de las montañas que rodeaban la ciudad.

Cuando las estrellas y la luna llena cubrieran a ambos con su fantasmal luminiscencia, ella se le declararía.

Al pensar en esto último su corazón se acelero a 100 por hora y sus mejillas se encendieron en rojo; por lo que respiro hondo varias veces.

Al calmarse, se paro en un espejo de cuerpo completo para revisar su aspecto, una risilla escapo de sus labios al pensar en todo el martirio que había sufrido para verse así.

"Estas preciosa". Eso esperaba que dijera el. Era la única razón que tenía por la cual arreglarse tanto.

Siguió examinando su talante en busca de algo que estuviera mal, se entretuvo examinando su pelo marrón recogido en una coleta que le llegaba a la cintura, en sus ojos chocolate brillante y en su boca adornada con un labial rojo, que le confería un aspecto juguetón.

Su ropa también era bonita: una blusa rosa con estampas de flores bancas, junto a una falda corta a cuadros de ajedrez, combinados con unos zapatos de charol negro. Sencillo y elegante, al igual que su amigo. Miro el reloj en la pared. Sonrío. Era hora

Se despidió se su madre y su padre, y tomo el bus (Que pasaba justo delante de su casa) hacia el centro de la ciudad. Cerro los ojos mientras el suave vaivén del vehículo la adormecía. Termino pensando en él y en lo mucho que lo quería. En como lo había conocido. En como tenía esa dualidad entre bufón y caballero.

Antes de darse cuenta el bus ya había hecho su recorrido hacia al parque. Por lo que pago al conductor y bajo dando saltitos.

Se dirigió al centro del parque, como habían acordado, a través de un sendero lleno de árboles a los lados. Al llegar se encontró con una gran rotonda en cuyo centro existía una fuente ornamentada con muchas estatuas de Ángeles. Miro alrededor y se encontró con una multitud viniendo hacia ella. Parecían estar en marcha o algo así, ¿como lo encontraría ahora?

Su respuesta llego tras haber buscado por unos minutos en el mar de rostros; al encontrar unos surrealistas ojos gris-azulados.

En cuanto él la vio, su rostro adopto una expresión de absoluta felicidad. Una sonrisa de oreja a oreja surco en su rostro, gesto que Elena devolvió. Inmediatamente los dos se abrieron paso a través de la gente hasta llegar uno al frente del otro. Cuando estuvieron lo bastante cerca, Elena examino el cabello marrón de él, peinado hacia un lado y cayéndole por su mejilla izquierda. Vestía entre casual y elegante con sus jeans negros y la camisa de botones color verde manzana.

Pero como siempre, el aspecto más sobresaliente en el eran sus impresionantes ojos gris-azulados, que transmitían un perpetuo aire de curiosidad, acorde a la actitud de el.

-Estas preciosa- le dijo el, en un tono que Elena hubiera calificado de… humm… inocente

-Tu también lo estas- Respondió ella. Se sorprendió al ver ese primer deseo cumplido

-Siempre lo estoy- Elena le lanzo un pequeño golpe al hombro.

-Vanidoso como siempre- el lanzo una pequeña carcajada pues sabía que era cierto-

-¿adonde vamos?

-Ya lo veras- Ella lo tomo de la mano y comenzó a andar, llevándole a el a rastras

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Esa tarde la pasaron espectacular, justo como Elena quería; llegando, gracias a la constante rotación de la tierra, al momento en que el negro de la noche ha ganado terreno sobre el azul del día.

Los dos se sentaron en el césped observando los titilantes puntos en el cielo, Él se distrajo formando líneas imaginarias en el cielo e inventando ridículos nombres para constelaciones inexistentes, y ella se distrajo riéndose junto con el.

Luego de un rato en silencio, ella rompió este sorpresivamente

-¿sabes? La luna se parece mucho a ti- comento aún mirando a la susodicha

-¿Por qué lo dices?

-Como decirlo es que… es hermosa, hipnotizadora, es algo que siempre te guía por las noches frías

-Gra-gracias- El estaba un poco cohibido, como siempre que alguien le echaba un piropo- Ten un poco de cuidado con lo que dices, ¿vale?, la gente pensara que somos novios.

Ella le dedico una sonrisa. Lo tenía justo donde quería.

-Eso no sería tan malo- Dejo de mirar al disco blanco, y se acerco un poco más al rostro de el.

-¿¡QUÉ? –Sus mejillas se tiñeron de rojo- ¿Hablas en serio?

-Si, de hecho me gustaría bastante…-El la sintió extremadamente cerca- ¿Qué dices?

-¿Qué que es lo que digo? -El resoplo pesadamente- pienso que no deberías estar con alguien como yo. No soy lo suficiente para ti. Probablemente encontraras a alguien mejor

Ahí estaba el de nuevo, siendo un caballero ante todo y preocupándose siempre por ella.

-Deberías tener mas confianza en ti mismo- sus labios casi se juntaban, Elena sentía su respiración entremezclarse con la de el- Eres mejor de lo que piensas.

Ella cerro los ojos cuando estaba a tan solo centímetros de el. Podía sentir una inmensa alegría que estallaban en ella como fuegos artificiales.

Luego de unos segundos, ella sintió un dedo frío en sus labios, así que abrío los ojos para ver que pasaba.

El se había alejado, con un fuerte rubor cubriéndole la cara y mirando hacia otro lado.

-¿Qué pasa? –Elena sintió como su corazon se oprimía-¿hay algo malo?

-Es que yo… - El todavía no se atrevía a mirarla- Yo no se que es lo que siento… por ti. Necesito tiempo. Lo siento

-Pero, pero yo… -Las lagrimas amenazaban con salir, los fuegos artificiales se apagaban.

El se puso en pie y se marcho apresuradamente, soltando numerosas disculpas y tambaleándose hasta casi caer. Cuando El se marcho, Elena dejo salir las lágrimas que había estado conteniendo, conteniendo para que el no la viera llorar. Lloro, ahí… sentada en el pasto, desconsolándose por su amor perdido.

Los fuegos artificiales se habían apagado. El cielo se vistió del impasible y frío negro una vez más.

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Caminaba por las calles de la ciudad, iluminada por el brillo amarillo de los postes de luz. Las caminos ya se encontraban desiertos, debido a lo tarde que era.

Y así que ahí estaba ella, la niña con la cabeza gacha, los hombros caídos, el rastro de lágrimas que dejaba tras sí.

Estaba triste.

Sentía una tristeza que la inundaba, que llenaba cada rincón de su alma. ¿Por qué había querido cambiarlo? Todo estaba bien hace tan solo unas horas. Pero ya no importaba. Nada importaba

¿Cómo estar feliz… como estar feliz, si acabas de morir?

No sabía adonde iba, solo decidió caminar, dejando que el frío de la noche la envolviese

¿Como estar feliz, si acabas de morir?

No estaba segura de que haría ahora, tal vez se iría a su casa, tal vez se quedaría en la calle hasta el amanecer, no lo sabía.

¿Como estar feliz, si acabas de morir?

Paso un cruce, sin siquiera ojear a los lados; sin notar el auto negro que se deslizaba rápidamente por el asfalto.

Elena dirigió su vista al automóvil al escuchar el rugido del motor V8. Pero era tarde para hacer cualquier cosa. Solo faltaban segundos para el choque fatal. Elena solo pudo cerrar los ojos.

Sintió un golpe demoledor en uno de sus costados, para luego ser lanzada por la fuerza cinética que la hizo elevarse en el aire. Al sentir las corrientes de aire recorriéndole, ella abrió los parpados.

Estaba volando. Era un pensamiento extraño, pero así era. Arriba del suelo, con los brazos extendidos y su cuerpo creando un arco en el aire.

Estaba volando, sí, pero también estaba cayendo.

Notó que ya se aproximaba al asfalto, eso hizo que un nuevo pensamiento cruzara su mente: No quería morir, pero ¿Qué hacer para evitarlo? La respuesta: Nada. Por lo que cerró los ojos otra vez, esperando que no doliera demasiado.

Tal vez fue ese deseo el que hizo que perdiera la conciencia antes de que su cuerpo impactara la tierra con un seco sonido.

El conductor, un mero instrumento de la fatalidad, se acerco a la niña que yacía delante de el y, en un arranque de cobardía echo a correr a su auto, pero al tener un pie ya montado en el vehiculo, en un arranque de humanidad, volvió sobre sus pasos adonde estaba la niña, levanto a esta entre sus brazos y la llevó al hospital más cercano.

¿Como estar feliz, si acabas de morir?

Aún no acaba…