"Hace tanto tiempo que estoy aquí,que ya ni siquiera se cuanto es..." La sombra solo desea salir de su prisión para conseguir su tan ansiada venganza... Pero quizá el reflejo de un muchachito cambie sus planes.

Cualquier parecido con la realidad es totalmente a propósito.


Para: Mis maravillosos amigos y

MimiChibi-Diethel

(Gracias por el apoyo)

Muy pronto la escuela realizaría una obra teatral. Ese mismo día se realizaba el ensayo general, y Daniel se había comprometido con sus compañeros para ayudarlos a montar la escenografía.

A Dani le fascinaba correr. Y mientras lo hacia se desconectaba del mundo temporalmente, quizá por eso no notó un árbol que se atravesó en su camino. La caída fue inevitable, maldiciendo en voz baja, se puso en pie y se sacudió la tierra de los pantalones. Al bajar la vista para descartar lesiones, se percato de un objeto que habría de cambiar su vida.

— ¿Un espejo?

Seguramente había sido un objeto bonito, pero ahora estaba manchado de tierra y algo mohoso. Y sin embargo le paso la manga de su chaqueta por el frente intentando quitar la suciedad. Después de un rato el objeto le devolvió su reflejo, pero durante un brevísimo instante, Daniel vislumbro unos ojos rojos. Pero se convenció de que había sido un simple objeto óptico. Quizá no le prestó mucha atención porque se le hacía tarde. Y con un escalofrió se puso en marcha al imaginar la bienvenida que le tenían sus compañeros.


El auditorio de su escuela, era una enorme construcción dedicada a los deportes, no obstante los chicos se las habían ingeniado para hacerle parecer un sencillo teatro.

La mayoría de la escenografía ya estaba montada, y ahora lo más pesado era colgar las cortinas que cubrirían las ventanas. La mayoría de sus compañeros no estaban, Dani imagino que seguramente estarían comiendo o charlando por ahí. Como sea…

—¡Hey! ¡Dani!. ¿Puedes venir a ayudarme con esto?

La dueña de aquella voz era una de sus amigas, y por un momento temió que lo regañara por su tardanza, pero por la sonrisa que tenía en el rostro, parecía que no había peligro. Antes de acercarse dejo el espejo en las escaleras que conducían a las bodegas subterráneas.

— ¿Por qué siempre me dejas lo más pesado a mí?— Rezongó.

Su amiga le dedico una sonrisa enorme. Quizá demasiado enorme…

—Es porque sé que acabas de llegar. Pero no te preocupes, no se lo diré a nadie.

—¡Fer! Eres una enana chantajista. — La reprendió en son de broma, mientras le revolvía los cabellos.

—Odio que hagas eso. Supongo que por eso siempre lo haces. — Daniel se rio. —Además déjame informarme que mi estatura es completamente normal, no es mi culpa que tú crecieras como nopal1.

—Está bien. Pero manda alguien a ayudarme. ¿Sí?

Ella se alejo riendo, y Daniel sintió un inmenso alivio. Aunque no lo pareciera, cuando Fernanda se enojaba, podía hacer que el Demonio saliera corriendo. Pero ahora….

Parecía muy satisfecha. Dani le dio la espalda y se encaramo en una de las vigas, desde ahí comenzó a colgar las cortinas con cuidado. Una caída podría romperle una pierna.

Por eso no vio a Jonathan acercarse.


Mientras tanto, una de las puertas de la bodega se abrió.

Una adolescente de cabello negro azabache y "falsas raíces orientales" pretendía subir las escaleras, cuando rozó con sus botas un objeto metálico…

Mariana se agacho para tomar el espejo, y pensando que alguno de sus compañeros había olvidado guardarlo, se dio la media vuelta y regresó a la bodega. Ahí coloco el sucio espejo en una caja, que acomodó en lo alto de una repisa. Y sin más cerró la puerta tras de si.

La bodega se quedo en silencio. En realidad no era tal. Eran una especie de vestuarios, con baños cochambrosos por la falta de uso. Realmente hacía años que la escuela no participaba de un campeonato decente, por ello se encontraban en tal estado de abandono. La obra, era precisamente su último recurso para atraer otras escuelas.

Lo que los estudiantes no sabían, es que ese espectáculo seria recordado por muchos años.


—Bien. Ya casi está listo.

—Jonathan, ayúdame a esconder las cuerdas.

Después de 20 largos minutos el auditorio estaba en penumbras, algunos chicos se las habían ingeniado para acomodar las luces e incluso montar un telón. Daniel y Jonathan, se conocían de vista. Estando en turnos contrarios (Matutino y Vespertino en orden correspondiente), su contacto había sido mínimo, sin embargo trabajaron sin problemas. Así que Jonathan se retiró para seguir ayudando a sus amigos y Daniel se escabullo para recoger el espejo que había dejado olvidado, pero se llevo una ligera sorpresa al no encontrarlo. Se encogió de hombros y le dio la espalda a la puerta, pero al hacerlo…

—¡Ayudenme! ¡Por favor!

Lo siguiente no fueron palabras sino alaridos de dolor. Daniel se congelo en el acto, sentía los pies pegados al suelo, no podía respirar, fue entonces cuando un escalofrió le recorrió la espina dorsal, impulsándolo a golpear la puerta con desesperación.

— ¿Qué está pasando ahí? ¡Hey! ¿Me escuchas? ¿Estás bien?

Pero solo silencio.

Y de repente se sintió muy cansado. Solo podía pensar en dejarse caer frente a la puerta. Y dormir. Tenía mucho sueño.

Pero la puerta se abrió con un chirrido. Dani a penas pudo levantar la vista, por un momento tuvo la extraña sensación de que su vida corría peligro, pero de inmediato la desecho.

¿Qué daño podía hacerle Mariana?

Fue entonces cuando se desmayó.


Huía. Se escondía detrás de los árboles, agudizando el oído, poniendo especial cuidado para que su perseguidor no le encuentre. A lo lejos escucho voces jóvenes. Estaban discutiendo de manera bastante acalorada.

La chica es la que parece más molesta. Se tira del cabello (Corto y negro) para expresar su desesperación y le da una patada a un guijarro.

El muchacho la deja hacer su rabieta, con una paciencia que asombra. Y una vez que ella dice todos los insultos habidos y por haber, es cuando el habla.

—Basta de berrinches. Tú sabes porque estoy aquí, y no es exactamente por gusto.

La muchacha levanta la vista e incluso a esa distancia, se pueden percibir sus iris azul eléctrico, pero parece que le cuesta trabajo enfocar su mirada. Es entonces cuando un rubor muy fuerte se hace presente y levanta un dedo acusador, señalando hacia los matorrales.

Algo en su interior le grita que es momento de seguir huyendo, pero al darse la vuela…

— ¿Vas a alguna parte?

El tono es tranquilo e incluso dulce. De alguna manera encaja perfectamente con su dueña; rubia de piel tan clara, que en sus brazos sus venas son completamente visibles. Y para completar la imagen de perfección unos ojos verde esmeralda que lo observaban inquisitivamente.

— ¡Anna! ¿Necesitas ayuda?

Siente como si la saliva no le pudiera bajar por la garganta. Levanta la mirada para observar a los jóvenes que segundos atrás estaba espiando.

—No te preocupes. Estoy segura que puedo con él yo sola. —Contesta la rubia, que respondió al nombre de Anna.

Pero la otra joven no parece de acuerdo. Se hinca delante de él y le pone la mano en el cuello, aunque sin ejercer presión.

— ¿Cómo te llamas, guapo?— Su sonrisa es tan cínica que no puede evitar el escalofrió.

—Soy Daniel.


Mientras tanto en el auditorio Jonathan y Mariana habían logrado acostar al inconsciente Daniel en las gradas bajas. Y mientras Mariana le explicaba lo sucedido, otro joven le dio un golpecito en el brazo.

— ¡Landeros! Ricardo te está buscando y la verdad es que ya me enfade de él.

—Ya voy. ¿Quieres hacerte cargo de él? Se desmayo. —Señalo con la barbilla a Daniel.

—Y yo que pensaba que la única que se desmayaba era Fer. —Se rio— Ya en serio. Lo que sea por no estarlo soportando.

—Jonhy ¿Me acompañas?—El otro muchacho asintió— Y muchas gracias Octavio.


Un rugido, se dejo escuchar desde la intimidad del bosque. La joven soltó el cuello de Daniel y se puso las manos en la cabeza, en una actitud lunática.

—Nos matará. Y creo que lo sabes. No escape de ese lugar horrible para…

— ¡Alicia! Creo que estás hablando de más… — La reprendió Anna.

La sola presencia de esas personas le inspiro una profunda desconfianza, como si un sentimiento dormido decidiera que era hora de despertar.

—¿Y ustedes quien rayos son?—Grito cada vez más molesto, tanto que se puso de pie de un salto. Aunque se tambaleo y el otro muchacho lo ayudo a estabilizarse.

—Ah…Claro. ¿Dónde están mis modales? Ellas son Anna y Alicia, yo soy Aldo. ¿Quizá deje mis modales en el mismo lugar que los tuyos?.— Inquirió en son de burla.

Antes de que se le ocurriera cualquier buena respuesta, el rugido volvió a oírse, poniéndolos en tensión.

—Ya nos veremos. — Aldo tomó la mano de Alicia y se echo a correr por el bosque.

—Hasta pronto, joven Daniel. —Anna se despidió con la mano mientras seguía a sus amigos.

Le hubiera gustado seguirlos, pero de repente todo a su alrededor se oscureció.

Esta vez el rugido se dio a sus espaldas.


Abrió los ojos de golpe. Una sombra se destacaba sobre él y el susto lo hizo caerse de las gradas.

—Idiota—Masculló Octavio sin despegar su atención de la tableta electrónica que tenía entre las manos.

—Auch. Eso me dolió— Murmuró mientras se ponía en pie. —¿Eso no es de Jair?.

—Claro que sí. Se la pedí "prestada".—Levanto la vista— ¡Carajo! Ahí viene.

—Venga Octavio devuélveme a Yuca. — Le entrego el objeto y Jair se alejo.

—Deberías ir a ver a Landeros. —Y se alejo siguiendo los pasos de su amigo.

Daniel se sentó y se froto las muñecas. Definitivamente ese no había sido su mejor día. Lo mejor era ponerse en marcha, el ensayo general estaba a punto de empezar.


Tras finalizar la obra, todos estaban tan de buen humor que incluso los actores les ayudaron a despejar el auditorio.

— ¡Fer! —Era Jair. —Vamos a estar en la nevería. ¿Quieres que te esperemos?

— ¡Sí! No me tardo nada.

Jair se acerco a sus amigos, que parecían bastante satisfechos con el trabajo realizado. A lo lejos Daniel levanto la mano para despedirse, y salió por la puerta del extremo izquierdo, son la vista en el suelo. Solo tenía en mente llegar a casa y dormir hasta mañana.


— Bueno, eso es todo por hoy. — Fernanda se puso de puntillas para poner la última caja en lo alto de una repisa. Y se dio la vuelta para apagar las luces, cuando una de las cajas cayó a su espalda. Giro sobre sus talones y se reprendió mentalmente por ser tan torpe. Tras colocarla de nuevo en su lugar; apago las luces, cerró la puerta y se reunió con sus amigos.

No quedo ningún testigo para presenciar el curioso hecho que tuvo lugar a continuación: Una por una las cajas de la repisa cayeron al suelo con estrepito.

Una especie de rugido ahogado, hizo vibrar las puertas. Y un rayo de luz plateada, muy similar a un rayo ilumino todo.

Luego la oscuridad.

Luego el silencio.

Esa noche todos tienen un mal presentimiento.


1. En México la expresión "Crecer como nopal" es crecer "Alto y baboso".