En las alas de un ángel

Se dice que hace tiempo existió una joven ángel que fue enviada a la tierra con la misión de guiar a las almas humanas en el buen camino, justo después de que el Shinigami acabara con la vida de esos seres. Ese bello ángel de forma femenina se llamaba Tenko. Necesitaba hacerse pasar por una humana para poder comprender claramente los sentimientos de estos, tenía un largo cabello plateado, tan brillante como su mirada azul que le daba un toque de ternura a la joven, una piel tan blanca como la nieve... era prácticamente perfecta como una muñeca. Solo tenía un pequeño defecto. Rara vez sonreía. A pesar de que era una bella mujer reía pocas veces, extraño de ella, ya que después de todo era un ángel.

Otro aspecto que se le podría llamar como defecto era que no podía sentir a sus enemigos los demonios, ya que al igual que ella se tenían que mostrar en forma humana y la joven ángel no podía saber la diferencia.

Fue una noche cuando un joven Shinigami se volvió su salvador, alejándola del peligro tras acabar con un demonio utilizando su guadaña en las penumbras de un callejón, Tenko lo supo al instante, pudo diferenciar al menos al Shinigami de los demonios y se sintió segura estando a su lado.

El joven Shinigami de cabello negro algo revuelto y ojos violeta sentía un aura extraña que emanaba de la joven, no la sentía como un demonio, pero tampoco lo pudo identificar. Para el chico solo era otra humana que parecía resplandecer con semejante e irreal intensidad.

Tenko siguió al Shinigami, después de todo su trabajo era respecto a lo que el joven hacía, aunque en realidad nunca le mencionó palabra alguna al de cabello azabache sobre su verdadera identidad.
Y así fue como pasaron los días.

−Joven Shinigami−la melodiosa y suave voz del ángel retumbó por primera vez en los oídos del chico ojivioleta. − ¿Cual es su nombre? −inquirió Tenko que cierta curiosidad.

−...No tengo uno−dijo el chico con algo de dolor en su voz.

− ¿Entonces está bien si le pongo uno?−preguntó la albina con una leve sonrisa y un brillo en los ojos.

Siendo la primera vez que el Shinigami veía a Tenko sonreír, no pudo hacer nada más que asentir levemente, con cierto rubor en sus mejillas.

−Será Nanashi entonces−agregó la chica sonriendo.

− ¿Nanashi?−cuestionó−¿Por qué?−

−Porque no tienes un nombre, serás Nanashi.

La joven albina sonrió finalmente de manera amplia causando que el Shinigami no pudiera negarse.

Era increíble pensar que aun con el paso de los días "Nanashi" nunca se diera cuenta de que Tenko era un ángel, después de conocerla no le pregunto más que su nombre, aunque si le resultó extraño que la chica no tuviera apellido.

El tiempo pasó y la hora de trabajar del Shinigami llegó. Había ocurrido un accidente en una carretera y varias vidas habían sido cobradas por el cruel destino. Nanashi llegó e inspeccionó el lugar y una vez visto la situación, empezó con su trabajo con tranquilidad, dejando de lado por un momento a la joven ángel pero no llegó a pensar lo que ocurriría después con su acompañante.

La guadaña hacía lo suyo y las almas se iban lentamente de los cuerpos para ser luego abrazados por las alas de un ángel, nada más y nada menos que las alas de Tenko, su trabajo era llevar a las almas humanas por el buen camino y no hacía nada más que eso. Las almas se convertían en luz y se dirigían al cielo, como si fuera absorbido por el mismo. El joven Shinigami le miraba asombrado, sabía que después de todo ella no era humana.

Pero ni Nanashi ni Tenko tenían previsto que otro joven se acercara a ellos. Con apariencia fría e intimidante un chico de cabello negro rojizo y ojos rojo carmesí sería el demonio que arruinaría el primer trabajo de la joven ángel.

−Puaj, un ángel y un Shinigami que asco ver a dos seres como ustedes juntos−sonrió con sorna.

Nanashi no se inmutó, ese demonio no era como los que se había enfrentado antes, este poseía mayor nivel y temía por la seguridad de Tenko.

...¿Temía por su seguridad?

Al contrario del joven de cabello azabache, la albina se acercó a su rival eterno y le dirigió una mirada indiferente.

−Oh, veo que no me tienes miedo, estúpido ángel−se acercó bruscamente a Tenko y tomó su rostro entre su mano. Con una fuerza indescriptible el demonio hacia lo imposible por estrujar en rostro de la albina, sin embargo esta ni se inmutaba, causando que el de mirada carmesí perdiera la paciencia.
Sucedió entonces, Tenko tomó el rostro pálido del demonio entre sus manos y musitó:

− ¿Sabes lo que les sucede a los demonios cuando tocan un ángel? −su mirada seria hizo que el chico apartara su mano de la joven ángel, pero para cuando escapar se convirtió en una opción, era demasiado tarde. Las alas de blanco plumaje envolvieron al demonio desapareciéndolo de la vista del Shinigami encontrándose solo Tenko y ese demonio.
No fue mucho tiempo después de que quedaran ellos dos solos, cuando ambos regresaron a la tierra, Tenko con una sonrisa el otro chico completamente desmayado.

−...T-Tenko... −Nanashi por fin pudo articular palabra.

−Nanashi, no te preocupes, el no tiene nada que hacer en la tierra, solo fue atraído por la ciega luz que emano.

El shinigami algo confundido no hizo más que una mueca y asentir. ¿Acaso él también había sido atraído por esa luz que emanaba?

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Los días habían pasado, y de alguna manera el demonio se quedó al lado de Nanashi y Tenko.

−¿Cuál es tu nombre? −cuestionó la albina con una sonrisa, cosa que hizo enfurecer al de cabello azabache.

−R-Ren... −dijo algo apenado, extrañamente, el demonio.

−Ya veo, Ren, ¿Sabes por qué estas en la tierra?

−De alguna manera llegué aquí sin pensarlo... −contestó el pelirrojo el cuestionamiento de la ojiazul, quien le veía de manera dulce.

−¿No deberías regresar? −inquirió el de cabello azabache con cierto tono de molestia, cosa que extrañó a los otros dos seres opuestos.

−Yo...

−Nanashi− interrumpió Tenko con seriedad. −¿Algún problema con que Ren siga a nuestro lado? −

El pelinegro le miró con cierta molestia y luego suspiró, dándose por vencido ante ella. Negó con la cabeza y volteó su rostro como quitándole importancia al asunto, pero muy dentro suyo un importante sentimiento se estaba rompiendo.

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Puede que hayan sido celos, aun no estaba seguro, o no quería aceptarlo... El caso era, que tiempo después de ese pequeño incidente, Nanashi se sentía mucho más separado de Tenko, pues ella siempre estaba al lado de ese maldito demonio... Sonriendo... Cosa que nunca hizo del todo con él.

El joven Shinigami estaba que echaba humos, claramente veía con el paso de los días que aquellos dos estaban más que unidos y que probablemente hasta sentimientos más fuertes tendrían y mutuos. Eso era lo que más le dolía.

Ya, había que admitirlo, el tiempo había pasado, días, meses...todo estaba claro.

Él estaba enamorado...enamorado de un ángel.

No podía, pero sentía que lo suyo era menos "tabú" que lo que sucedía con los otros dos.

Un Ángel y un Demonio.

Tenko y Ren nunca dijeron nada acerca de sus sentimientos, pero Nanashi siempre supo que desde el momento en que esos dos se encontraron un amor prohibido dio inicio. Porque en los ojos de la albina había más brillo desde que conoció al pelirrojo, sonreía mucho más, era más extrovertida y sus pálidas mejillas se teñían de un bello color carmín que contrastaba con todo su ser.
Él lo sabía porque siempre le estaba observando, con anhelo, con cariño y de vez en cuando con una leve sonrisa. Porque la amaba y lo único que el pelinegro quería para la joven ángel era que fuera feliz.

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No había pasado mucho tiempo desde que estaban juntos cuando sucedió.

Era mediodía, algo nublada la tarde y los jóvenes seres se encontraban en la azotea de un edificio de la ciudad observando como todo se empezaba a teñir en gris.

Un gemido de dolor provino del demonio, causando unos segundos después que caiga inconsciente en los brazos de la ojiazul que le sostuvieron con rapidez.

−Ren...Ren...¡Ren! −exclamaba su nombre con preocupación, sacudiendo un poco el cuerpo de su amado, esperando por su reacción.

Nanashi reaccionó también por lo que volteó rápidamente hacia donde se encontraba la albina y le observó con dolor fijándose bien en las lágrimas cristalinas que recorrían su rostro.

−Sucedió...eh... −musitó el ojivioleta con una sonrisa amarga. Miró por última vez a la albina, grabó su rostro sollozando y en su mente pasaron las imágenes de ésta cuando estaba al lado del demonio y el pelinegro simplemente le observaba, deseando estar en el lugar del pelirrojo.

Volteó y miró al cielo grisáceo, golpeó la punta de la guadaña al suelo, causando que la ojiazul le mirara sorprendida.

−¡Nanashi!−exclamó con dolor y le miró confusa, esperando alguna respuesta del joven pelinegro.

Éste simplemente sonrió.

Y se elevó al cielo con el objetivo de llegar al lugar donde residen la mayoría de los shinigamis.

Llegó el momento, entró en esa habitación bizarra, donde residía el Shinigami de mayor de rango y aquel que decidía las reglas de su comunidad.

−Shinigami-sama−mencionó el pelinegro.

−Joven Shinigami...la razón por la que has venido ¿Es...?−mencionó el mayor que se encontraba sentado en una silla de gran tamaño resultando ser un hombre de edad mayor pero no lo suficiente como para catalogarlo de viejo, aunque algunos cabellos blancos y arrugas se le empezaban a notar en su cabello negro que hacia contraste con sus brillantes ojos azules.

−Una pregunta y un deseo−dijo el ojivioleta denotando en su semblante decisión.

−Adelante...

−¿Que sucede si un demonio y un ángel se enamoran?

La respuesta era demasiado obvia, tanto que el Shinigami mayor arqueó una ceja, sin embargo contestó.

−Si un Ángel y un Demonio se enamoran el demonio sufre, por la luz que el ángel emana y además absorbe su poder lentamente, lo mismo sucede con el Shinigami, aunque éste se debilita en un transcurso mayor de tiempo. Sucede que cuando se trata con humanos, estos tienen menor tiempo de vida que todos nosotros por lo que el humano morirá antes que todos nosotros, causando dolor en nosotros... Me sorprende que sabiéndolo me lo preguntes joven Shinigami.

−Lo sé, tengo un deseo, Shinigami-sama

−Sabes lo que significa ¿Cierto?-agregó el hombre mayor con seriedad cruzando sus manos sosteniendo así su mentón.

Nanashi asintió. −Esto es lo mejor, señor. −cerró sus ojos con fuerza sonriendo.

−Si así lo deseas, tu sacrificio no será en vano.

Una luz empezó a emanar del joven pelinegro, desapareciendo poco a poco, hasta que lo último que quedó fue una lágrima cristalina derramada sobre una blanca pluma.

Nanashi se sacrificó por amor logrando cumplir un último deseo.

Que Tenko sea feliz.

En la Tierra, fue como si Tenko y Ren despertaran de un largo sueño, sin recordar nada de su pasado, ya no era una relación tabú, un amor prohibido, un ángel y un demonio, ahora eran humanos. Simples humanos que no recordaban más que el amor que se tenían y todo fue gracias al joven Shinigami.

Se dice que durante un tiempo sus almas reencarnaron, su amor fue demostrado de mil maneras y que ni un solo Shinigami fue a la tierra por sus almas.