Experimento 2 La Leyenda del Pistolero.

"Solían hablar de él hace algún tiempo, si dijera que lo hacen hoy estaría divagando. Pero su presencia sigue aquí en este barrio olvidado por la Ley y por Dios, aunque en aquellos días las cosas no eran como ahora."

Así comenzó la conversación, el borracho en un bar sucio junto a él un misterioso oyente que trataba de mezclarse con el resto de aquellos que estaban en el bar, la distinguida clientela.

"La figura de Robert Baker sigue latente ¿Ves aquel agujero en la pared? Él lo hizo y de seguro quieres conocer esa historia, no te saldrá gratis ya que mi garganta se seca con facilidad cuando hablo."

Con la señal de costumbre la mesa del borracho se llenó con dos tarros de cerveza y un nuevo plato repleto de maní, la señal indicaba otra cosa, que estos dos estarían por un largo rato en el local.

"Robert era un retrograda, un hombre que no pertenecía a esta era. Usaba un revólver plateado, su fiel Olga, con seis disparos se despachaba a rufianes menores, matones de la mafia y otros tipos de la escoria de la sociedad. Era impresionante como le callaba la boca a los que usaban armas más sofisticadas como rifles de asalto traídos de Rusia o metrallas militares, era como ver a un pistolero del oeste, esos de las películas, aquí en el barrio y sin necesidad de pagar una entrada para el cine.

Robert compartía la historia personal de muchos que vivimos en este barrio; una familia con algún integrante en el cementerio, un pequeño negocio que da ingresos y dolores de cabeza, ingresos extras con negocios turbios a espaldas de los autoproclamados dueños del barrio mientras le cancelan una cuota para que los dejen tranquilos.

Para esos días distaba mucho de ser el pistolero en el que se convertiría; era un estudiante promedio, siempre con ganas de ayudar a su padre y a su abuelo en el negocio familiar, leía las novelas del oeste de su abuelo en sus ratos libres y en otros jugaba con sus vecinos, su vida era dura, un padre viudo y estricto a más no poder, un abuelo temperamental y chapado a la antigua; no pasó el tiempo cuando llegaron las notas de los profesores informando sobre las peleas del joven Robert en el patio escolar."

"Robert comenzó a comportarse como los sheriffs y héroes de las novelas que leía, si no había ley, él la imponía así no le gustase a algunos. Cuando se trataba de alguna injusticia contra un indefenso Robert salía a defenderlo con lo primero que tenía en sus manos; gracias a esa actitud no culminó la secundaria y se vio trabajando más seguido con su familia.

Aceptaba a regañadientes su situación; no apto académicamente para ingresar a la policía y su negocio, la fachada, dependía de los pagos en aumento de los matones de Don Julio Santoro. Pero como él habían varios en el barrio, hartos de aquel tormento y con ganas de hacer algo, por muy disparatado y arriesgado que fuese.

El señor Peter, abuelo de Robert, convocó a una reunión de vecinos, estaba ya harto y mostró el contenido de la caja en la que estaba sentado. Al abrirse la caja y ver el montón de rifles, escopetas, pistolas y granadas ya no había marcha atrás, solo hacía algo que quizás podría empeoraría o mejoraría la situación. Las discusiones acaloradas no se hicieron esperar en aquel salón; el presidente de la junta fue sensato en admitir que un ataque así necesitaba planificación y que podría desatar la furia del don; Peter argumentó que era necesario hacer algo para quitarse al parásito del don, era estar entre la espada y la pared. Ala final se arriesgaron y elaboraron un plan simple, tosco pero efectivo. Comenzaron reforzando ventanas, consiguiendo las balas y algo muy importante, la información.

Don Julio pasaba solo una vez cada año por el barrio, justo después de la temporada de grandes ventas; pero no se paseaba solo por la zona, iba con su escolta personal, fuertemente armada, pasando por cada negocio y comercio. Nadie estaba a salvo del pago, hasta el zapatero debía contribuir si quería otro día de vida. Un ataque en la entrada sería muy obvio, pero un ataque en el sector cuatro del barrio no era mala idea. Con sus edificios de cinco plantas, canales secas, callejones confusos e intrincados era el sitio ideal.

Se corrió la voz a todos los que hacían vida en el barrio, desde la vereda uno hasta la cuarenta y dos, del sector uno al treinta y nueve, de comerciantes a traficantes, desde la guardia vecinal a los motociclistas, todos debían poner su vida en el ataque. "

"Era innegable el talento de Robert con el revólver, pero para los ojos de su abuelo aún estaba muy joven como para formar parte de la arremetida que el barrio planificaba.

La fecha había llegado y todo estaba listo para el ataque. Emulando a los cazadores esperaron ver a su presa en la mira de sus armas y cuando vieron a don Julio salir de la licorería, comenzaron los disparos. La escolta del don no sabía que hacer ni sabía de donde venían los disparos. Venían de las azoteas y ventanas de cada casa y edificio de la zona. "

Una interrupción, el narrador se detuvo para beber cerveza.

—¿Así fue como ocurrió el famoso alzamiento de abril?— preguntó extrañado el acompañante del borracho.

—¡Por supuesto! Te lo cuento de primera mano todo. Sé que por tu profesión debes buscar la objetividad, pero puedes confiar en mí; no por nada tú me contactaste.

—Disculpa, no era mi intención. Es un poco diferente de la versión "oficial".

—¿Puedo retomar mi historia?

—Con gusto.

"Tres escoltas del don cayeron, otros cuatro heridos y los que estaban con vida no podían salir de los callejones y canales secas del barrio.

El abuelo de Robert tenía algo en mente, un asunto personal que saldar con don Julio y había pasado el tiempo y la herida seguía ahí, entre ellos. Cruzaron sus miradas, don Julio pidió una pistola a uno de sus escoltas.

Peter sacó su revólver, pero falló al bala rozó la mejilla del don, pero la gente del barrio logró su cometido."

—¿O eso creyeron?

—Exactamente.

—¿Desde ese día don Julio tuvo su famosa cicatriz y problemas al hablar?

—Ciertamente. Eres todo un observador, me agrada eso. Y Robert ese día vio a "Olga" haciendo justicia. Pero todo héroe necesita una tragedia que lo marque y defina. La cual estaba por llegar.

"No había blanco que evadiera la puntería de Robert, pero pronto llegaría la prueba, el hecho que lo convertiría en un pistolero, su leyenda estaba por comenzar.

La amenaza era para todos los que planearon el ataque contra el don y se lo había tomando personal. Nadie quería buscar al asesino de Peter Baker por temor de perder su vida, el padre de Robert tomó a "Olga", la guardó en su caja de madera y la enterró en el jardín del edificio.

El barrio comenzó a murmurar de nuevo, unos aseguraban haber visto al asesino de Peter Baker y no parecía un matón cualquiera, otros decían que frecuentaba el mismo bar que el señor Baker, que tenía cara de irlandés y usaba una pistola calibre cuarenta según robada de un militar que mató con sus manos en otro barrio. El padre de Robert estaba desesperado y comenzaba a comportarse como paranoico, incluso llegó a atender sus negocios sin dejar su apartamento. Robert fue uniendo los cabos hasta llegar a una amarga verdad. En la junta de vecinos había un Judas, responsable indirecto de la muerte de Peter.

Robert desenterró a "Olga" y primero caminó hacia el bloque ocho y buscó a Karl Morris, sindicalista y obrero de la construcción, el único que se oponía a defenderse del don. Para ese momento estaba sin empleo pero don Julio le prometió uno, uno manchado de sangre.

Robert sacó a golpes a Karl de su apartamento, luego de unas trompadas y un ojo morado, Robert mostró a su querida y colocó el cañón debajo de la barbilla del sindicalista."

–Eso no lo sabía ¿Karl se hizo famoso gracias al puesto que le dio el don?

–Por supuesto. Pero el pobre se sentía miserable cada día, había vendido su dignidad por dinero y traicionado a alguien; quería suicidarse aquella noche pero Robert llegó en el momento "indicado".

"Aquel bastardo se comportaba como las cucarachas; al menos el don respetaba a los que oprimía. Hasta maltrataba a los pobres chinos del barrio con su arrogancia. Todos querían verlo tendido en el suelo, sangrando pero nadie quería comprometer su vida en un duelo.

El destino hizo una de sus jugadas y cruzó el camino de ambos pistoleros en un pequeño bar, poco a poco la tensión en el aire fue en aumento hasta llegar al quiebre ¿La razón de la pelea? El matón alardeó de su habilidad para matar, de su pistola y que no había nadie en el sucio local capaz de hacerle frente; Robert le cayó la boca con osadía, arrojándole un pedazo de madera justo en el momento que el matón se disponía a beber.

Así comenzó el duelo. Luego de unos intercambio de ofensas salieron a la seguro unos dirán que Billy, el primer rival de Robert, perdió por tanto alcohol en sus venas, pero lo cierto es que no estaba ebrio, no del todo.

En pocos segundos, Billy cayó tendido en la calle con una bala en el pecho, Robert solo sonrió al verlo; había hecho justicia y su leyenda comenzó a partir de ese día.

Era el comisario no oficial de aquel barrio, imponía su ley y sacaría a los bandoleros sin contemplaciones ni argumentos. La policía poco tenía que hacer en aquellos días en este lugar y no había rival para él y su querida "Olga". Sicarios, otros pistoleros y mafiosos no pudieron por mucho armamento sofisticado que empleasen.

Claro recibió uno que otro balazo, así como padeció de alguna decaída, pero se mantuvo, hasta ese día que desapareció cuando la ley poco a poco fue llegando a este barrio. "

—Aquí tiene su pago señor, gracias por todo.

—A usted joven.

El reportero salió del bar, a pesar del progreso en aquel barrio, tenia uno que otro ladrón menor. Y eso fue lo que encontró el joven a pocos metros de su auto.

Un disparo desde las cercanías acabó con el criminal y dejó tendido en suelo al reportero.

—Asegúrese de contar bien mi historia—dijo el borracho saliendo de las sombras—, confío en usted joven.

—Así será señor, así será.