Cap. 4

El lago de los flamingos

No… no podía ser cierto que estuvieran perdidos. ¡Hacía unos minutos la cinta estaba detrás de ellos!

El corazón se le había hecho un puño, el pánico se esparció por su ser. Para los ojos de Cassandra, el resto del mundo había desaparecido. Sus ojos poco a poco dejaron de enfocar todo lo que le rodeaba, únicamente estaba ella, sólo ella encerrada en la oscuridad de su mente, de sus pensamientos. No tenía por qué temer, sólo era ella. Le costaba respirar. Sólo ella y la soledad.

—Es imposible, caminamos unos cuantos metros nada más —habló Clara invadiendo el espacio personal de Cassandra, acto que logró traer a la chica de vuelta a la realidad. Miró a sus tres compañeros que se juntaban a su alrededor. No estaba sola, los tenía a ellos. Un alivio placentero la recorrió. No estaba sola.

—Pero por más que veo la cinta no está —comentó Diego sin dejar de dar vueltas en busca de esa cinta de seguridad.

—Podemos caminar un poco, tal vez nos desviamos sin darnos cuenta —propuso Axel un tanto inquieto.

— ¿Caminar un poco a dónde? —preguntó Clara ocultando lo mejor posible su miedo. —Todo luce exactamente igual —todos mantuvieron un silencio que sólo era interrumpido por los insectos.

Cuando Cassandra pudo encontrar equilibrio dentro de sí, lo sintió. Sintió lo que sus compañeros no expresaban, culpa. Todos le echaban la culpa de la situación donde se encontraban. Era cierto, era su culpa, ella fue la de la idea y la que insistió con obstinación que traspasaran la cinta, pero iban a salir, no tenían por qué culparla, no era el momento.

—Vamos por allá —sugirió al ya no resistir ese silencio recriminatorio. Los demás voltearon la cabeza en esa dirección, todos preguntándose lo mismo: ¿ése era el camino por donde habían venido?

Sin decir palabra lo tomaron al no tener más opciones, las chicas como guías, los chicos como guardaespaldas. Ninguno supo que esa dirección los alejaba de la cinta y del grupo de caminata que empezó la búsqueda al notar su ausencia.

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¡No podía creerlo! Sabía que no debían adentrarse al bosque ¡Lo sabía! Pero no, tuvo que abstenerse de obedecer a sus instintos para hacer feliz a la princesa. Ella y sus caprichos, siempre tenían que cumplirse y ahora estaban perdidos sin remedio. Más de dos horas caminando sin parar y aún no encontraban la cinta. Todo era perfecto, jodidamente perfecto, que Cassandra ni se atreviera a quejarse, Clara no respondería de sus actos si escuchaba uno solo de sus quejidos.

Diego caminaba junto a Cassandra después que pasó una hora, procuraba desviar el hecho de que ninguno de ellos encontraba salida alguna de la densa vegetación que cada vez los envolvía más. La chica sonreía forzadamente ante sus bromas, era consciente de la culpa que tenía para con todos ellos.

Axel, al igual que Clara, caminaba por su lado. No estaban muy lejos el uno del otro físicamente, pero sus mentes se encontraban dispersas. El gesto que mantenía su rostro era de preocupación, y si Clara no se equivocaba en su apreciación, algo de temor. En esos momentos Clara no podía imaginarse por qué se encontraba tan preocupado, la ansiedad del chico se acrecentaba mientras avanzaban las horas. Ella notaba su estado más le era imposible indagar más allá de eso, estaba muy ocupada por frenar la rabia que sentía hacia Cassandra. ¡Cómo deseaba decirle todo lo que callaba! Pero no, ahora no era el momento, tenían que concentrarse en cosas más importantes, salir de allí era más importante.

Soltó un largo suspiro para dejar ir todos esos sentimientos. Al volver a inspirar ya se sentía con las fuerzas suficientes como para pensar con claridad. A cualquier lado que mirara sólo veía verde, el musgo, los árboles, el césped ¿Hacia dónde se dirigían? No parecía haber un adelante ni un atrás, todo era igual, ¿Por qué Cassandra estaba segura de este camino?, era imposible estar seguros de algo.

La ropa empezó a pegársele del cuerpo. El sol traspasaba las hojas de los árboles y les iluminaba el camino al tiempo que los hacia transpirar, era sofocante el calor. Por suerte llevaban gorras, Clara detuvo su pensamiento en seco.

—Esperen —ordenó a los demás. Todos detuvieron el paso para mirarla interrogativamente.

Estaban perdidos, eso era más que claro, no había caso negarlo, eludirlo tampoco los ayudaría, era el momento de aceptar la situación.

— ¿Qué sucede?, ¿Te sientes mal?, ¿Estás cansada? —le preguntó Axel sin dejar esa preocupación de lado.

—No es eso, es que…; miren, hay que aceptarlo, estamos perdidos —Cassandra bajó la cabeza en señal de culpa. —Es hora de que veamos con qué contamos para sobrevivir.

— ¿Sobrevivir?, Clara, estamos en una isla turística, tampoco debemos exagerar —respondió Diego para tranquilizar a Cassandra.

—Te recuerdo que esta isla es famosa por sus desapariciones, estamos perdidos y dudo que hagan un esfuerzo sobrehumano para encontrarnos, ya los vieron en el pueblo —todos desviaron la mirada al recordar la pasividad que mantenían los lugareños referente al tema de las desapariciones.

— ¿Qué sugieres? —volvió a preguntar Axel.

— Nuestras mochilas, veamos con qué contamos. Necesitamos contar con lo básico para sobrevivir, no sabemos con exactitud cuánto tiempo nos tomará salir, puede ser hoy mismo o dentro de tres semanas. Lo mejor es estar preparados para cualquiera de las dos situaciones —un brillo sombrío asomó en los ojos de sus compañeros al escuchar la posibilidad de estar allí durante tres semanas. En total silencio se despegaron de sus mochilas para dejar su contenido al descubierto.

Miradas desalentadas se quedaron fijas en esos objetos que no les durarían ni un día, algunos eran inútiles como los celulares, por un momento se maravillaron con su descubrimiento sólo para desilusionarse inmediatamente, ninguno funcionaba. La batería de todos estaba muerta y no hubo ni forma ni manera de revivirlos.

Las llaves del hotel tampoco les era de ayuda, el dinero en esos momentos era insignificante.

Clara miró incrédula a Cassandra cuando vio el espejo de mano, su compañera se encogió de hombros y echó su cabello hacia un lado. Lo único que podían utilizar eran los envases de agua y algo de comida chatarra y golosinas que llevaron consigo para la caminata.

— ¿Qué haremos con esto? —preguntó desilusionada Cassandra.

—Alargarlo lo más que podamos —contestó Clara volviendo a meter sus cosas dentro.

— ¿Qué hora es? —cuestionó Diego ante la disminución de los rayos solares. Axel miró al cielo, una nube tapaba al sol en ese instante.

—Creo que las tres de la tarde.

— ¿Se habrán dado cuenta de nuestra ausencia? —Diego se preocupó ante el tono sin emoción de Cassandra. Volteó a verla sólo para ver sus ojos negros llenos de tristeza.

—Es lo más seguro —le animó. —Ya viste que son maniáticos con las lista de integrantes, deben de estar buscándonos ahora —se sintió satisfecho al ver la calma que expresó la chica. Clara y Axel decidieron guardarse para sí el hecho de que nunca encontraban a las personas que desaparecían en ese lugar.

—Creo… que deberíamos buscar un sitio seguro donde pasar la noche —propuso Axel. —Se hace tarde y no sabemos con certeza qué podría acecharnos —todos le miraron detenidamente, sus mentes aún se negaban a aceptar la situación, pero no tenían otra alternativa que hacerlo.

De nuevo emprendieron el camino, ahora buscando dónde dormir. Mientras lo hacían, Clara no podía dejar de tener en mente a aquella anciana. Era como si lo único que pudiera acecharlos fuera aquella mujer.

Casi al anochecer todos los lugareños se enteraron de la desaparición de esos turistas. Muchas miradas llenas de angustia y otras de dolor se vieron a lo largo de todo el lugar. La policía seguía buscando, en especial una patrulla que era dirigida por un joven a quien todos respetaban. El chico en cuanto vio el rostro de aquella joven con quien se encontró por la tarde tomó su desaparición como algo personal. La encontraría, encontraría a Clara antes que fuera demasiado tarde. César cerró los ojos recordando a Emily.

—Vamos, aún tenemos mucho terreno que cubrir antes que anochezca del todo —ordenó a viva voz. No permitiría que la isla se llevara a alguien más.

¿Qué hora sería ya?, ¿Medianoche? El sonido de los insectos, los cantos de los animales nocturnos y las ramas que escuchaba romperse le daban a suponer que ya era muy entrada la noche. Todo el entorno se había acostumbrado a la presencia de ellos. Al principio cayó un silencio total, la piel se les erizó en seguida. Iniciaron conversaciones sin sentido hasta que poco a poco el cansancio les ganó la partida.

Clara recordaba de forma abstracta todo lo que habían recorrido hasta hallar al fin un lugar donde situarse para dormir. Caminaron, caminaron mucho. Los chicos proponían escondites estratégicos para que los animales no los alcanzaran, el problema radicaba en que no veían que esos lugares ya estaban ocupados. Cassandra poseía mejor ojo para mirar esos detalles. Cerca de un tronco donde pensaban recostarse había un nido de arañas, en un prado cubierto de pasto había un agujero lleno de escarabajos y en una bifurcación que hallaron vieron una serpiente que les doblaba el tamaño. Al final Cassandra se hizo cargo de ponerlos a salvo justo antes que el último rayo del sol cayera.

Siguió mirando el oscuro cielo divagando en sus pensamientos. No sabía por qué, pero no quería dormir. ¿Miedo? Era cercano a ello. Suspiró del cansancio, por eso odiaba las caminatas. Estaba tan cansada que ni podía mentalizarse el estar en pie, únicamente mantenía sus ojos abiertos mirando sin ver el cielo, ¿Cuánto tiempo duraría? Las respiraciones acompasadas de sus compañeros llegaron a sus oídos. Al menos ellos podían descansar.

¿Los estaban buscando?, ¿Cuándo se darían por vencidos?, ¿Dos días?, ¿Dos semanas? Dudaba mucho que los buscaran por meses. Recordó los carteles de "Desaparecidos" que estaban en la isla. Sus ojos se humedecieron. Apretó los labios y contuvo los sollozos que intentaron escapar de su pecho.

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Creyó que todo había sido un mal sueño, aún pensaba que se había quedado dormido durante la caminata y que al despertar su cuerpo sólo presentaría un poco de insolación y cansancio. Los chicos lo estarían esperando en el hotel y se burlarían de él en cuanto lo vieran, podía vivir con eso. Pero al despertar cada tejido muscular se quejó al realizar el primer movimiento. No, nada había sido un sueño.

Se levantó con dificultad. Esa noche no era la mejor de su vida, intentó convencerse que tampoco la peor, vaya que lo intentaba.

Dirigió su mirada donde debían estar durmiendo sus compañeros, Cassandra y Axel seguían en el mundo de los sueños, pero Clara… ¿Dónde estaba ella?

El frío mañanero le entumía el cuerpo, el césped aún tenía el rocío y los pájaros recién empezaban a entonar sus cantos. Era muy temprano, se suponía que estuviera profundamente dormida como los otros. Siguió buscándola con la mirada, árboles, troncos caídos, vegetación, vegetación y más vegetación. Antes de volverse a preguntar sobre su paradero, su mirada se detuvo en un bulto irregular. Forzó la vista para asegurarse de lo que veía. Sí, era ella.

Se acercó despacio sintiendo un gran alivio dentro de su pecho, ni cuenta se dio cuando empezaba a inundarle el pánico. Él sólo imaginarse que alguno de ellos no estuviera…, no, no podía imaginarse aquello, menos ahora, era necesario que estuvieran juntos hasta el final.

Clara se encontraba ensimismada en sus pensamientos, rodeaba sus rodillas con sus brazos y apoyaba su quijada sobre éstas. Su mirada estaba fija en algún punto del vacío. Se acercó lo suficiente como para detallar su expresión. Se preocupó al ver sus ojos, estaban opacos, tristes, hasta le parecía que sus mejillas estaban húmedas.

— ¿Clara? —en su voz se denotó el sentimiento de temor porque le hubiera sucedido algo. La chica rápidamente se levantó para dirigirle una de sus mejores sonrisas. Diego tuvo que parpadear varias veces para creerse lo que veía.

—Hola, ¿Ya despertaron todos? —preguntó con calma. Era ella, era Clara, pero la tristeza no se encontraba en sus ojos, tampoco había alegría, sólo calma.

—No, sólo yo. Me preocupé al no verte —su sonrisa se ensanchó.

—Necesitaba pensar por unos minutos —Diego se le quedó mirando fijo. Notó el nerviosismo de ella, sus manos comenzaron a moverse inquietas y sus ojos no encontraban algún punto donde mantenerse fijos.

— ¿Por qué finges? —se preguntó mentalmente al verla así. Clara alzó la vista al cielo. Los rayos del sol empezaban a aclarar el bosque.

—Mejor es despertarlos, aún nos queda camino por recorrer —la chica pasó por su lado sin mirarlo a la cara. Diego la tomó con fuerza del brazo para detenerla. Los ojos marrón claro de ella se clavaron en los suyos con indiferencia. ¿Qué le pasaba?

La sangre empezó a hervirle. Este no era el momento para uno de sus dramas femeninos ¿Por qué se comportaba así? Estaban perdidos sí, pero eso no justificaba que se comportara de esa manera tan infantil. Él no apartó la mirada de sus ojos ni ella de los suyos. Ejerció mayor presión, ¿Por qué tenía que fingir con él? Había sido una noche ¡Sólo una noche!

— ¿Qué pasa? —se sorprendió cuando su voz sonó pasiva.

— ¿A qué te refieres? —le enfureció cuando la vio desviar la mirada.

¡Reacciona! ¡¿No te dice nada la manera en cómo te estoy tratando?! ¡¿Piensas que esto es normal?! ¡Reacciona de una vez y dime qué te pasa! Gritó llena de cólera su voz interna.

La soltó del brazo al temer no poder controlarse. Estaba cayendo en su juego, no sería parte del drama que ella interpretaba.

— ¿Estás bien? —le miró un segundo, sólo un segundo, no aguantaría mirarla por más tiempo.

Hipócrita.

—De maravilla, despertemos a los otros —escuchó un suspiro de su parte al alejarse unos pasos. Sonrió satisfecho, ese round lo había ganado.

Volvieron sobre sus pasos sólo para sorprenderse que sus compañeros recién volvieran de aquel mundo que los desligaba de la dura realidad que los envolvía. En cuanto visualizó el rostro de Cassandra olvidó todo lo referente con Clara, qué importaba si no le decía la razón de su cambio, mientras tuviera a Cassandra no necesitaba nada más.

—Tengo hambre —se quejó en voz baja para que ni Axel ni Clara la escucharan. Diego torció el gesto. El día anterior únicamente consumieron una bolsa de papas, seis caramelos y un poco de agua. Si no mal recordaba aún quedaban dos bolsas de nachos, cuatro caramelos y agua, al menos podían presumir de tener el agua suficiente, pero… ¿Por cuánto tiempo sería suficiente? No les duraría más de tres días y ya llevaban uno.

—Pronto saldremos, ya lo verás —Cassandra asintió por inercia. Tampoco había tenido una buena noche.

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Los ánimos de todos estaban por los suelos. No les quedaba alimento alguno y ya habían caminado cuatro o cinco… quizás siete kilómetros. Era poco probable que estuvieran cerca de la civilización, no escuchaban otra cosa más que el viento, las hojas de los árboles bajo su peso y algunas ramas romperse. Axel agradecía que aún no escucharan gruñidos de algún animal salvaje, lo que menos necesitaban ahora era un herido, los retrasaría, la herida podría infectarse y tanto ellos como la persona sufrirían hasta el fallecimiento. En definitiva no necesitaban pasar por esa situación. Desde cualquier punto de vista se encontraban en problemas, era cuestión de tiempo antes que alguno estallara y provocara una pelea. Estaban cansados, hambrientos y perdidos, lo peor es que sólo era el primer día que llevaban extraviados y ya estaban con los ánimos bajos. Ninguno de ellos llevaba la cabeza en alto, incluso Diego la bajaba de vez en cuando, él era el único que hablaba para apartarlos de ese ambiente, pero nadie le tomaba mayor importancia, ni Cassandra ni… Clara.

Se detuvo un momento en sus meditaciones mientras la observaba. Ella en verdad le preocupaba, no era la misma, su chica analítica y objetiva no se encontraba bien. Se esforzaba y sinceramente no se notaba que estaba fingiendo ante ellos, pero lo hacía. Si la mirabas todo el tiempo, sin descanso, veías esos fugaces momentos en que quitaba la sonrisa y la calma de su rostro para cambiarlos por una sombría aura de depresión, pero… no era la habitual, no era como las que había tenido antes, era mucho más fuerte, una que guardaba para sí. Miró a Diego, de nuevo le hablaba a Cassandra sin descansar, la chica respondía un poco más animada, al parecer ya no se sentía tan culpable por haberlos metido en este lío. Ahora que se detenía en ello, en lo que iba de día Diego ni siquiera había mirado a Clara. Volvió a mirarla, ella tampoco le miraba ¿Habría pasado algo entre ellos?, ¿Algo que no pudiera contarle a él? No, ella siempre le contaba todo, por él no iba a dejar de… ¿Y si lo hacía?, ¿Podía desconfiar de él a estas alturas? No, pero y si…

Sacudió la cabeza con fuerza. Debía dejar de pensar, era el estrés, sólo eso. Tenía que controlarse, no sería él el que iniciara el conflicto en el grupo. Axel siguió caminando junto con el resto, pero ahora sin parar de mirar el rostro de esa chica que parecía luchar contra sí dentro de su cabeza.

—El agua también se nos acaba —comentó Cassandra en el pequeño círculo que formaron al caer la noche.

Se podía escuchar el gruñido de sus estómagos, no habían comido más desde el desayuno, hace miles de años en la realidad de Axel. Tenía hambre, mucha. Todos intentaron cazar algún animal sin éxito alguno. Ninguno tenía habilidades en esa área.

—Claro, si te la tomaste casi toda —respondió Clara con indiferencia.

—Caminamos durante todo el día, es normal que tuviera sed —la defendió Diego, mirándola con enfado.

—No veo que nosotros hayamos bebido tanto. Hay que racionar, cuando se nos acabe estaremos en problemas.

—Ya estamos en problemas.

—Lo sé —ambos se miraron fijamente.

Si Axel albergaba alguna duda con respecto a algún problema entre ellos quedó respondida en ese instante ¿Desde cuándo esos dos se hablaban así?

—Lo lamento —se disculpó Cassandra.

—No te disculpes, tú no tienes la culpa de nada —la reconfortó Diego.

—No estoy de acuerdo —habló Axel por fin. —Cassandra, debiste ser más consciente con respecto al agua, esta situación es de sobrevivencia y todos debemos hacer sacrificios —la chica asintió con lentitud. —Y Diego deja de ver todo de manera irreal, cada quien puede hablar por sí mismo y no creo que debamos dividirnos y pelear entre nosotros —el chico chistó. —Clara, sé que estás de un humor pésimo, pero nosotros también, intentemos controlarnos por el bien del equipo —la mencionada se encogió de hombros.

—Hace frío —Cassandra se frotó los brazos. Diego no lo pensó dos veces para acercarse a ella, en cambio Cassandra lo miró a él, como esperando que fuera él el que se acercara.

Clara se levantó llamando la atención de todos. Axel casi podía jurar ver una sonrisa en el rostro de Cassandra, pero había sido tan rápido el momento que no se atrevía a asegurarlo. Clara sólo se alejó sin dirigirles palabra alguna. Axel la siguió con la mirada, ella no debía alejarse mucho, si se perdía…

Antes de darse cuenta ya se encontraba de pie, aún mirando la silueta de Clara.

—Iré por ella —fue todo lo que les dijo. Axel les dio la espalda antes de notar la sonrisa emocionada de Diego y el odio en los ojos de Cassandra, él sólo tenía en mente el cambio de actitud que estaba mostrando Clara, si ella estaba siendo así algo debió de haberle sucedido. No podía haber otra explicación.

Clara no se alejó mucho de donde se hallaban, Cassandra de nuevo los había ubicado. A medida que caminaban se encontraban con colinas y los árboles empezaban a escasear. Esta noche dormían en un pequeño campo donde podían ver las estrellas sin que las ramas de los árboles se interpusieran.

Clara se había alejado hasta recostarse del tronco de un árbol, dándole la espalda al grupo. Axel en cuanto la visualizó caminó más despacio, lo admitía, no quería que se alejara. Si ella se perdía estaría más preocupado por su paradero que por salir de allí.

—Hola —saludó para hacerse notar. Clara no cambió de postura. Su vista se mantenía fija en algún punto del infinito de la espesura del bosque que dejaban a cada paso.

— ¿Pasó algo?

—Sí, te alejaste del grupo —ahora sí lo miró. Se veía entre incrédula y triste.

—Quería estar sola.

—Entiendo —lo miró con ansiedad después de unos minutos. —Dije que entendía no que me iría, no es seguro andar solos.

—Como gustes.

El silencio que mantuvieron fue pesado. Axel sentía la impaciencia de Clara por estar sola ¿Pero para qué? La conocía, sus pensamientos eran peligrosos cuando andaba deprimida. No entendía como alguien podía lastimarse tanto cuando no tenía la culpa, era un misterio que no resolvería jamás.

— ¿Qué pasó entre Diego y tú? —no la miró, clavó sus ojos en el cielo estrellado al formular la pregunta. Ningún pensamiento cruzó por su mente, todos sus sentidos estaban a la espera de una respuesta.

— ¿Qué quieres decir? —le vio de reojo y notó la sincera confusión que mostraba.

—No me engañas Clara, a mí no. Te has comportado de una manera muy rara desde que despertamos, finges estar bien, finges la actitud optimista que nos muestras. Quizás ellos no lo notan pero yo sí, te conozco y sabes que es así, además… has evitado hablar con Diego, lo haces sólo cuando es necesario —el silencio se apoderó de ellos. Axel tuvo que dejar de ver el cielo para prestarle atención a la chica que tenía al lado.

Continuamente se mordía el labio y sus manos se movían nerviosas. Sus ojos iban de acá para allá, en ellos Axel vio algo que le recordó todos sus miedos desde que fue consciente que se perdieron como tantos otros.

Sin que ella se lo esperara Axel tomó de sus manos y la atrajo hacia sí para poder encarcelarla en sus brazos.

—Siempre cuentas conmigo, Clara, siempre —le susurró sin dejar de presionarla con cariño. Era suficiente que él se preocupara de ese tema, ella no debía llevar esa carga.

—Axel… yo…

—No tienes que decírmelo si no lo deseas, sólo ten en mente que cuentas conmigo, no estás sola. Nunca te dejaré sola —pudo escuchar unos ligeros sollozos antes que su camisa de humedeciera por esas amargas lágrimas que parecían no tener fin.

Por la intensidad de los rayos podía calcular que serían como las dos de la tarde. En esos momentos se encontraba solo, se habían dividido para tratar de cazar algún animal o encontrar alguna planta, río, laguna o alguna fruta para suplantar el agua. No tenían nada, todas las reservas se habían acabado. Intentaron cazar en pareja, si llegaban a extraviarse al menos alguien estaría acompañándolos, todo en vano. Todos, absolutamente todos estaban tan irritables que las ironías, el sarcasmo y el cinismo no se hicieron esperar, así que por el bien del equipo se separaron cuanto antes. No planearon cómo volver a encontrarse ni cómo avisarle a los otros si encontraban comida o agua. Fue tan repentina y violenta la separación que no pensaron en algo más, Axel reconocía que había actuado mal, pero se preguntaba: ¿Lo habría hecho de otra forma? No, no lo habría hecho. Era necesario que se controlara, de lo contrario sucedería lo que vio en el hotel, esa pequeña visión que tuvo al asomarse por la ventana. Se estremeció en el lugar. No lo permitiría, se esforzaba y tomaba precauciones para que no ocurriera, pero no se encontraba seguro de por cuánto tiempo podría hacerlo.

Axel se tomó unos minutos para reflexionar sobre esa visión, si no mal intuía, Clara también había tenido una, en cambio Diego y Cassandra no mostraban señales de haberlas tenido. ¿Sería una coincidencia o sólo un simple suceso?, ¿La visión de ella tendría relación con la suya?

Mientras reflexionaba una y otra vez en el tema buscaba algún animal con la mirada al tiempo que sus oídos ponían atención a algún riachuelo, río, en general cualquier sonido que se les pareciera.

Axel creía haber visto una liebre cuando aquel grito femenino le traspasó los tímpanos. Un grito desgarrador que le puso la piel de gallina y le hizo correr hacia su procedencia. No reparó en los cortes que se hacía en los brazos con las pocas ramas de los arbustos ni en qué camino tomaba, una de las chicas estaba en peligro. Clara, Cassandra, Clara, Cassandra, ¡Clara!

Aumentó la velocidad al notar que el grito se sofocaba, tenía que llegar antes que el silencio apareciera ¡Debía llegar con ella!

El final del camino se le presentó mientras corría, los árboles terminaban en un túnel vegetal que dejaba ver una gran luz que envolvía otro mundo, otro lado de esa extraña isla. Atravesó ese portal sin disminuir su carrera.

El aire se impregnó de humedad, el sonido de aves aleteando le desconcertó. Sus piernas poco a poco detuvieron el paso. Era un lago, un inmenso lago. Los flamingos exhibían sus alas mientras tomaban el sol y buscaban alimentos en el agua. Los árboles desaparecían por completo al descubrirse aquel lago infestado de flamingos. Más allá del lago sólo quedaba llanura. Si se ponía cuidado se apreciaba una colina lejana desde donde quizás pudiera verse una salida de esa isla.

No pudo escapar del asombro sino unos minutos después, cuando recordó la razón que lo llevó a estar allí. Miró a un lado y otro. Aves, aves, el sol destellando en la laguna, rocas. Rocas en verdad grandes, lo suficiente como para cubrir…, sin pensárselo dos veces corrió en dirección de la gigantesca roca. Una sombra, la silueta de una joven y…

Axel se detuvo ante lo que se le presentó. Cassandra cubría su boca para no dejar escapar más gritos. Sus ojos se mantenían fijos en un punto del suelo, horrorizados ante ese bulto sanguinolento. Un cadáver. Su rostro estaba hinchado, sus ojos hundidos, sus labios azules, su piel pálida, sus ropas destrozadas, su cabello tieso hecho piedra, sus ojos…, Axel tuvo que apartar la mirada antes esos ojos opacos sin vida.

—Ca…Cassandra —la mencionada pegó un brinco en el lugar. No lo había notado.

—Yo… ella… yo sólo es-estaba buscando y… y… —volvió a cubrir su rostro con las manos. Todo su cuerpo temblaba.

Axel la cubrió con sus brazos, el cuerpo de Cassandra se estremecía con violencia, tenía miedo.

—Alejémonos, busquemos a los otros —esperó un rato pero al no obtener respuesta decidió llevarla consigo lejos de ese espectáculo, era una muchacha. Seguramente uno de las muchas que desaparecieron.

Antes que los chicos pudieran siquiera dar el primer paso se encontraron con Clara y Diego, ambos se habían tropezado en la carrera que emprendieron para hallar a Cassandra, a Diego le bastó el ver a Clara para saber que Cassandra estaba en problemas. Corrieron todo lo que sus piernas le permitieron hasta llegar donde Axel. Lo primero que visualizaron ambos fue a sus compañeros, los dos seguían con vida, luego repararon en lo cerca que estaban el uno del otro. Los celos le hirvieron la sangre a Diego, Clara por su parte reparó en los temblores de Cassandra, buscó en el rostro de Axel la respuesta, pero sus ojos huyeron su mirada. Un olor desagradable llamó su atención, instintivamente volteó al origen.

— ¡No! —gritó Axel.

Clara escuchó su grito lejano. Un cadáver, no cualquier cadáver era…, se trataba de…

—Emily —susurró tambaleándose. El mundo le dio vueltas.

— ¡Hey! —Diego le atrapó a tiempo. Gracias a esa distracción dio con el cadáver. —Oh, no.

—Saquémoslas a ambas de aquí —ordenó Axel.

—Sí —contestó débilmente Diego.

Axel maldijo para sus adentros, lo menos que necesitaba era que el otro se desmayara, él solo no podía con todo.

— ¡Ahora, Diego! —el muchacho despabiló. Asintió con efusión. Pasó un brazo de Clara por detrás de su cuello, mientras que Axel llevó a Cassandra en brazos, la chica ya no le respondía.

Volvieron a internarse en el bosque, lejos de ese lago lleno de flamingos. Recostaron a las jóvenes del tronco de un árbol y se sentaron apartados para ellos mismos asimilar lo vívido. Ya no tenían hambre.

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Volvió en sí cuando los rayos del sol disminuyeron la intensidad, tardó en darse cuenta de las horas que habían pasado, para ella fueron sólo unos minutos. Estaba de nuevo en el bosque ¿Cómo había llegado allí? No recordaba nada y algo dentro de ella prefería no hacerlo. Al sentir una presencia a su lado volteó el rostro. Cassandra estaba allí, se encontraba dormida, de vez en cuando su cuerpo se estremecía ligeramente. Verla así…, ya la había visto así antes.

Dos imágenes fugaces cruzaron por su mente. Cassandra temblando sin parar en los brazos de Axel y… ¡Emily!

La Emily del aviso de "Desaparecida". La novia de… de…; Clara cerró los ojos para recordar el nombre de ese joven, el novio de Emily. ¡César!

Al dar con el nombre, Clara sintió un vacío en el pecho, Emily estaba muerta, César la buscaba en vano. Emily estaba desparecida desde hace un mes, sólo un mes y estaba muerta. Nadie la había encontrado y jamás lo harían. Si ellos la habían hallado eso sólo significaba que estaban tan desaparecidos como ella estuvo. Nadie los salvaría, jamás lo harían. Estaban condenados a morir allí.

Morir, morir, morir. Serían cadáveres, se descompondrían y los gusanos se darían un festín, eso si no venían los animales primero. Morirían allí.

Las lágrimas se le escaparon. No quería morir allí, de esa forma, sólo una desaparecida más. Se cubrió el rostro con las manos y lloró en silencio. ¿Por qué? Era tan injusto, ¿Por qué esto le pasaba a ellos?, ¿Por qué le pasaba a ella? Lo odiaba, odiaba al mundo, odiaba esta isla, odiaba todo.

Sintió unos brazos envolverla de forma paternal. Se dejó cubrir por ese calor reconfortante. Le quitaba algo del dolor que le oprimía el pecho. Las lágrimas no disminuyeron, lo único que hizo fue cambiar sus manos por el hombro que se ofrecía para aguantar su llanto.

—Tranquila, Clara, ya todo pasó. Por favor deja de llorar —se petrificó en el lugar, todos los músculos se le tensaron. Esa voz no era la de Axel, los brazos que le envolvían con ese calor y cariño no eran los de él.

— ¿Di…Diego? —el chico la estrechó más contra sí al escucharla nombrarlo.

—Lamento todo, Clara. Lamento el modo cómo te traté antes, pero por favor ya no llores.

— ¿Qué? —intentó poner distancia entre ambos pero Diego no se lo permitió.

—Yo creí que estabas siendo una inmadura, pero me equivoqué, siempre lo hago contigo.

—Diego, no entiendo nada —por fin logró separarse de él para poder ver su rostro preocupado y lleno de culpa.

—Estabas reprimiéndote ¿verdad?, desde que nos extraviamos lo has estado haciendo y sólo cuando nos encontramos el cadáver explotaste —Clara bajó la mirada, odiaba las veces que él la descifraba tan fácil. Una mano quitó el rastro que dejaron las lágrimas en su rostro. —Lamento haber sido un idiota contigo —volvió a alzar la mirada. Los ojos de Diego imploraban por la aceptación de su disculpa, pero antes de que ésta llegara unos quejidos interrumpieron la atmósfera. Ambos voltearon donde Cassandra, la chica recién empezaba a despertar del shock que recibió por la tarde. Diego volvió a mirar a Clara, ésta sólo bajó los ojos antes de asentir. El muchacho sin pensárselo se esfumó del lugar para evitar que su compañera tuviera el mismo final que ella.

Clara sintió presión y desolación en el pecho. Siempre Cassandra sería lo primero y ella sería el segundo lugar, sólo un espacio de relleno.

Un brazo pasó por detrás de su cabeza y la obligó a recostarse sobre una superficie blanda pero formada. Alzó la mirada para vislumbrar el rostro de Axel, quien le dirigió una sonrisa forzada antes de mirar al infinito. Se acurrucó mejor a su lado, con él estando allí no se sentía como la otra, se sentía como Clara.

—Descansa mi niña, mañana será un día duro —le susurró despacio para que las palabras se deslizaran en sus sueños.

El sueño de Clara fue intranquilo, las imágenes de los desaparecidos venían a su mente una y otra vez. Primero los avisos de la policía, luego los cadáveres en descomposición, y por último verlos levantarse crujiendo sus huesos y llevándose gusanos y fluidos consigo. Iban tras ella, todos ellos la estaba acorralando. Zombies, eran zombies y estaban por todos lados mirándola con las cuencas sin ojos, avanzando torpemente hacia ella.

El corazón le palpitaba tan fuerte que podía escuchar sus propios latidos. No se podía mover, si lo hacía esos repugnantes seres la iban a tocar y convertir en una de ellos.

—No puedes escapar —se burló una voz chillona. Clara alzó la vista por encima de ella. Suspendida en el aire se encontraba aquella anciana de apariencia andrajosa, era la mujer que se le había aparecido en el puerto. Clara tembló al verla sonreír con sus dientes amarillos pudriéndose. —Están en el corazón de la isla ahora, nadie nunca antes ha salido, nadie —Clara logró distinguir un tono amargo en su voz, fue entonces cuando recordó parte de la conversación que mantuvo con ella.

—Usted dijo… que nos ponía a prueba —los zombies detuvieron su andar. Clara se atrevió a romper la conexión de miradas con la mujer para verlos a ellos. Todos miraban al suelo, como si se trataran de meras marionetas. Repentinamente una sombra fue envolviéndola por completo, alzó la mirada de nuevo sólo para descubrir que la anciana descendía.

—Sí —los ojos de la anciana se ensombrecieron. —La isla te pone a prueba.

— ¿Cuáles son? Por favor, dígame —Clara se olvidó que se encontraba rodeada de zombies, se olvidó que estaba sola en esos momentos, sin sus compañeros, únicamente se concentraba en aquella anciana, que extrañamente no era un cadáver como el resto.

—Las pruebas —la mujer alzó la mano y con ella tocó el pecho de Clara. La chica sintió un escalofrío y todo su cuerpo helado. Dejó de respirar, sus pulmones ya no podían llenarse de aire, el oxígenos era sólido. Bajó la cabeza lo suficiente para ver esa mano huesuda hundirse en su pecho lentamente. Sentía como si el agua helada paralizara todo su cuerpo y le impidiera respirar. El sentido del tacto se desvanecía, empezaba a darle vueltas la cabeza.

El líquido siguió avanzando. Clara miró los ojos de la mujer, la mirada de ella estaba clavada en su rostro. Su cuerpo sufrió espasmos violentos. El líquido había llegado hasta su corazón. Clara gritó con fuerza cuando esos dedos apretaron sin clemencia el órgano vital. Escuchó una amarga risa lejana.

—Clara, Clara despierta —la chica despertó temblando y empujó con todas sus fuerzas a quien le zarandeaba.

—Aléjate de mí, ¡No me toques!

—Clara, soy yo, Axel —al controlar su respiración acelerada pudo ver al joven tirado de espaldas al suelo que temía incorporarse por alterarla.

— ¿Un sueño? —se cuestionó mentalmente.

—Las pruebas nadie puede pasarlas porque para ello tendrías que enfrentarte a ti mismo —Clara miró hacia la profundidad del bosque, allí estaba esa… esa… bruja. Se volvió a estremecer. La mujer sonrió con tristeza. —Se debe enfrentar todo lo que aguardas en el corazón para salir de aquí, nadie nunca lo logra. Se está condenado a destruirse al enfrentar nuestros demonios —la imagen de la anciana se disolvió con el viento, Clara ya no sabía qué pensar, ¿Una ilusión?, ¿Un fantasma?, ¿Enloqueciendo por falta de alimentos?

Seriamente estaba considerando lo último, pero se detuvo al ver el rostro petrificado y pálido de Axel mirando directamente donde hacía unos minutos se encontraba la anciana.

— ¿La… la viste? —preguntó en un hilo de voz. El chico volteó lento y asintió con nervios, Clara perdió el poco color que le quedaba.

—S-sí.


Hola, un pequeño apartado para informarles que en el blog ya se encuentran los personajes masculinos de la historia :D

acá les dejo el link

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Nota: Recuerden quitar los (*)

Cuídense mucho! n_n