Suspiro maldito

"no se que fecha es, no se que hora es, ni siquiera se el lugar en que me encuentro he perdido el sentido de toda horientazion de cada maldita cosa que existe en este absurdo mundo todo por una venganza que no me a llevado nada mas que a tragedias y desgracias despues de perder a mi familia a ¿cuantos mas debere perde para darme cuenta de lo que tengo que hacer? no me quedare de brazos cruzados, el culpable debe de ser castigado y yo alexander destruire a cada demonio y ser nocturno que se me aparesca hasta dar con el paradero del verdadero asesino... satan"

Exterminio 1: La ida del corazón

Para mi todo era normal, vivia en un pequeño pueblo a las afueras de Inglaterra, era conocido por sus grandes bosques y su extensa laguna donde diversos peces habitaban de lo más comodos, se llamaba Downstreet. Mi nombre es Alexander Holmes, ya se que mi apellido suena como el renombrado detective Sherlock Holmes, pero no tengo nada que ver con ese "heroe" de la literatura, en fin vivia con mi madre Alice y mis dos hermanas, Samantha y Gabriela, en una de las tantas puntas que el pueblo tenía. No diré que era el hijo ejemplar, siempre me metía en uno que otro lío y cada trabajo que tenía lo terminaba perdiendo por mi comportamiento hostil. Un día mi madre me llamo a su estudio para que hablaramos sobre mi comportamiento.

-Alexander, ya has perdído este mes 5 trabajos los cuales equivalen a casi la mitad de los que puedes conseguir en el pueblo ¿qué demonios te pasa? ¿no dijiste que nos querías ayudar?-mi madre siempre me recordaba que cuando era pequeño, luego de que papá muriera, me haría cargo de ella y de mis hermanas.

-Mamá no es necesario que me lo recuerdes, se que te lo prometí pero entiendeme no me siento como haciendo esas mierdas de trabajos que no me dan ni para comprar el pan-al decir esa palabra mi madre me dio una bofetada.

-Te he dicho que esas palabras no están permitidas en la casa, ¿qué pasaría si una de tus hermanas la escuchara? yo me sentiria muy orgullosa al saber que ellas andan gritando a medio mundo la palabra "mierda" sin saber que significa-mi madre se sento en su silla y siguio con el sermón pero bajando el tono de voz-hijo sabes que te amo y que haría cualquier cosa por ti pero ya no eres un niño, ya tienes 18 años debes hacerte responsable de las cosas.

-¿Crees que no lo intento? es difícil salir adelante con casí la mitad del pueblo que te grita "huerfano" o "he mira ahí va el puto chico que jamás vio a su padre" ¿comó te sentirias si te pasara eso como te sentirias?-la lágrimas brotaban en ese momento, tanto de madre como de mi misma persona. Trate de calmar la situación diciendo algo positivo, según mi perspectiva-me consegui un empleo con el herrero, no pagan mucho, pero el prometio que nos ayudaría en lo que más pudiera.

-Espero que así sea hijo mío, que así sea-me puse a su espalda y le puse mis manos en sus hombros, le di un beso en la nuca y partí a trabajar.

Mientras me preparaba para salir mis hermanas se me habían acercado con una cara muy triste, por si no lo mencione Samantha era la mayor de las dos con 13 años y Gabriela solo tenía 7 años.

-¿Es verdad que vas a ir a trabajar otra vez?-me preguntaba la pequeña Gabriela.

-Debo hacerlo pequeña, se que te prometí que jugariamos, pero eso lo haremos mañana ¿sí? es una promesa-al ver que ella asentía con una sonrisa triste, centre mi atención en Samantha, quien estaba más triste que Gabriela-¿qué sucede Samantha?

Sin contestarme solo se lanzó en mis brazos y me dijo al oido un "te quiero hermano, por favor no sigas sufriendo", esas palabras siguen rezonando en mi cabeza. Al llegar al pueblo vi que la mitad de las tiendas estaban cerradas, exceptuando la herrería que era mi destino, el hombre que trabajaba en este lugar no era ni muy viejo ni muy joven, era algo intermedio, su nombre era Carl, nunca me quizo decir su apellido por más que se lo preguntara.

-Señor Carl, he venido por lo del trabajo ¿me recuerda?-le preguntaba al señor, ya que no me prestaba mucha atención que digamos.

-Claro que te recuerdo pequeño, eres al que llaman "huerfano", pero que ridiculez que te llamen así-Carl lanzó una gran carcajada al aire como si lo que el dijo ubiera sido el chiste del siglo. No me aguante mucho y tambíen me puse a reír-y ¿comó esta tu familia? me imagino que el hombre de la casa las cuida muy bien.

-Se hace lo que se puede, ahora si no le molesta ¿cuál es el trabajo que debo realizar?-estaba un poco impaciente en ese momento, aunque no sabía la razón.

-Bueno pequeño necesito que muevas esas espadas hasta el granero, necesito espacio para poner otra serie de las mismas espadas, cuando las dejes haya me traes el recipiente vacío ¿de acuerdo?-solo asentí con la cabeza y me puse a empujar el cajón con las espadas.

Jamás me imagine que las espadas pesaran tanto como las que estabán en ese cajón, me costaba mucho empujarlas hasta el granero, era como si estuviese llevando 2000 kilos de rocas. Luego de un par de horas logré dejar las espadas en el granero y volver a donde estaba Carl, pero al salir del granero noté que una gran nube de humo negro salia desde mi casa, no podía creerlo, el miedo y la desesperación se apoderaron de mi en ese momento.

-No es posible... ¡Carl! ¿Carl?-llamé a Carl para que me ayudara, pero no lo encontraba por ningún lado, no me resto más que correr a mi casa para ayudar a mi familia. Corrí hasta tal punto de que mis piernas se paralizaban por tanta presión que les ponía. Cuando finalmente llegue ví toda mi casa en llamas y destruyendose a pedazos, no podía creer lo que estaba viendo.

-¡¿Mamá? ¡Samantha! ¡Gabriela!-nadie me contestaba, ya estaba pensando lo peor, al ver que en el interior no se veía nadie pense que las encontraría en el patio trasero a salvo. Para mi desgracia las encontre pero... no como yo quería encontrarlas. Ellas estabán crucificadas una al lado de la otra, mi madre al medio y mis hermanas al lado, a Samantha le habían quitado el corazón y los ojos y a Gabrila le habían roto el craneo y la garganta. No podía creer lo que estaba viendo, mi corazón se había hecho pedazos, las lágrimas me brotarón solas y con dolor.

-Mamá... Samantha... Gabriela... mierda ¿por qué?... ¿POR QUÉ?... ¡¿POR QUÉ MIERDA LES TENÍA QUE PASAR ESTA PUTA CALAMIDAD? ¡¿QUIÉN FUE EL HIJO DE PUTA QUE LES HIZO ESTO?-no pude controlarme cuando gritaba, la rabia había salido de la nada y me obligaba a decir esas cosas.

-Hi...hijo...-no lo podía creer cuando o vi, mi madre seguía viva-me... alegro... de que... este bien...-cuando decía esto comenzaba a escupir sangre.

-Tranquila mamá... guarda tus fuerzas... te sacare de aquí ¿ok?-trataba de tranquilizarla a ella y, a su vez, a mi mismo.

-Hijo... no te preocupes por mí... quiero que bajes primero a tus hermanas... detesto ver lo que esos bastardos les hicieron... por favor...-cuando estaba terminando de sacarla, no tuve otra opción más que hacerle caso. Baje a mis hermanas y las tape con unas sabanas que había encontrado en los colgadores, cuando termine con eso baje a mi madre y la puse en mis brazos.

-Madre, ¿qué les pasó? ¿quién carajo les hizo esto?-le pregunte mientras me mordía el labio de la rabía.

-Después que tú te fuiste... unos 20 minutos más tarde... llame a tus hermanas para que comieramos una merienda-de ahí me relato con lujo de detalles lo que paso.

"-Muy bien mis pequeñas vaqueras, ¿listas para su gran merienda con un vaso de leche y pan con queso derretido?-les dije a tus hermanas.

-¡Si, yo quiero doble porción!-gritaba la pequeña Gabriela con mucha energía.

-¡No se vale, yo también quiero doble porcion!-como siempre Samantha se ponía celosa y exigía lo mismo que gabriela.

-Y nada de riñas a las dos les servire doble porción, pero no mucha porque su hermano también tiene que comer ¿bueno?-las dos asintieron dulcemente cuando te mencione a ti. Antes de que pudiera tocar la sarten, unos tipos vestidos de negro aparecieron y entraron a la fuerza a la casa. Tomarón tus hermanas y a mí me dejaron en el suelo inconciente. Cuando recupere la conciencia vi como a tus hermanas las desmembraban miembro por miembro sin compación y con una risa tan diabolica que me aterraba el solo escucharlas. Trate de ayudarlas pero uno de los sujetos me sujeto, este no era igual que los otros pude notar que venía vestido de rojo y me susurraba algo al oído.

-Digamos que la cuenta de tu esposo esta pagada-dijo el bastardo y me dejo inconciente de nuevo. Para cuando desperte el ya nos había crucificado a mí y a tus hermans sin ningúna compasión. Yo no pude hacer nada para salvarlas, nada."

Al escuchar el relato de mi madre, solte un sollozo y un grito tan grande que ubiera despertado a todo el pueblo.

-Mi pequeño... no llores...quiero que estes muy tranquilo... yo estare bien a donde voy...-decía mi madre mientras aún escupia sangre con fuerza.

-Por favor mamá... no me dejes... no te puedo perder a tí... no puedo...-mi voz era ahogada por todo el llanto que surgía desde mi corazón roto.

-Quiero que sepas... que te amo... y que quiero que sepas que no importa lo que pase... siempre estaremos contigo... siempre... adios mi pequeño hombrecito...-diciendo estas últimas palabras mi madre dejo de respirar quedando con los ojos abiertos.

-¿Mamá? ¿mamá?... ¡Mamá!-grité con toda mi fuerzas mientras abrazaba el cuerpo de mi madre que yacía en mis brazos-no me dejes... por favor...

-De nada sirve llorar... lo hecho, hecho esta...-cuando mire hacía atrás vi a Carl que me miraba con una cara muy sería.

-Porque... ¿por qué paso esto? ellas no se lo merecían... ella merecían vivir-la rabía que me consumia apagaba algunas de las lágrimas que aún salian.

Después de eso recibi un golpe en la nuca y quede inconciente, en mis sueños fui atormentado por el recuerdo de mi familia caída... el dolor que sentía era muy grande... ya no tenía a nadie a mi lado...