Maddison no podía evitar los recuerdos, y no podía evitar la melancolía. Y aquella noche en el bar en el que trabajaba, expresó todo su dolor con un simple acto. Con una única canción.

He won't go no me pertence, es una canción de Adele.


Just one song.

Maddie se miró en su tocador, suspiró un tanto alterada. Era una de esas noches.

Caminó hacia su armario, rebuscando entre los vestidos que tenía ahí colgados, hizo algunas muecas por pasar por algunos, ¿realmente esperaban que en alguna velada se pusiera esos pedazos de tela? Finalmente, sus ojos brillaron al ver un vestido, suave, el cual le llegaba a las rodillas.

Embelesada, decidió que sería aquel el que usaría aquella noche.

Segundos después, se volteó para apreciarse en el espejo de su tocador.

Era un vestido de seda fina, de un color azul profundo, tenía un no muy exagerado escote, caía con cierta libertad en sus rodillas, y se afirmaba a sus hombros con tirantes. Resaltaba sus débiles pero hermosas curvas, y el oscuro de sus ojos se veía bastante interesante. Los colores le daban un toque sensualmente misterioso.

Sonrió débilmente, aunque ella no veía gran belleza en su propia persona, se veía hermosísima.

Se hizo un peinado simple, tan solo necesitaba que el cabello no le dificultara mientras cantaba. Le quedaba sensacional. Pero ella no se percató.

Tocaron la puerta de su camerino, para anunciarle que su acto estaba por empezar y que no debía retrasarse. Ensayó las partes que le costaban y salió de la habitación.

Estaba un poco nerviosa, siempre lo estaba. Era una canción con bastante sentimiento, le habían permitido escogerla. Y aquella noche se desahogaría. Lo necesitaba. Aunque fuera cantando en un bar al que nadie iba. O al menos muy pocos.

Esperó detrás del escenario, había más gente de lo acostumbrado. Soltó una risita nerviosa.

Su canción comenzó a sonar de fondo, junto a un muy fuerte "Un fuerte aplauso, para nuestra cantante estrella, Madisson."

El estridente sonido de los aplausos resonó en todo el bar, tomó aire nerviosa antes de caminar a través del escenario, deteniéndose enfrente del micrófono.

Era un canción un tanto conocida, He won't go de aquella famosa chica llamada Adele. Maddie la admiraba. A ella y a su voz.

El piano sonó de fondo, y ella le sonrió con valentía a aquel pianista, era un gran amigo suyo, el cual le había conseguido aquel trabajo, él devolvió la sonrisa.

—Some say I'll be better without you… but they don't know you like the way I do. Or at least the sides I thought I knew —su voz era bastante distinta a la de Adele, la suya era más suave, y daba la impresión de que la letra volaba en el aire. Pero la canción sonaba increíblemente bien.

Se paseó a lo largo del escenario cantando, mirando a cada uno en el publico. Como si a todos y a cada uno les dedicara aquella canción.

—But I won't go. I can't do it on my own… If this ain't love then wait is? I'm willing to take the risk… —su voz se quebró levemente de manera imperceptible, sonrió al público, orgullosa de estar ahí. Un poco apenada por la letra, pero de todas maneras con la frente en alto— I heard his voice today… I didn't know a single word he said. Not one resemblance to the man I met. Just a vacant, broken boy instead.

Una lágrima, muy pequeña e imperceptible resbaló por su mejilla derecha, nadie lo notó, ya que el flequillo alcanzaba para cubrirle. Se sentía triste, sí. Pero a la vez libre, y extraña.

Cantó, caminando libremente por el escenario, repetía los coros y jugaba con su propia voz. La gente la miraba expectante, adorándola. Ella se sintió feliz por aquella ovación en los ojos de su público.

—Will he? Will he still remember me? ...Will he still love me even when he's free? Or will he go back to the place were he would chose the poison over me? —ella realmente se había preguntado eso, y coincidía a la perfección con la canción— When we spoke yesterday, you said to hold my breath, to sit and wait. I'll be home soon, I won't be late.

Esta vez fue más de una lágrima la que escapó de sus ojos y bajó por sus mejillas, el público lo notó y suspiro lleno de nostalgia. Como si a todos les recordara algo. A alguien. Como si a todos les doliera tanto como a ella. Sonrió, se sentía tremendamente apoyada.

—He won't go! He can't do it on his own… If this ain't love then what is? He's willing to take the risk. —su voz resonó mucho más fuerte que antes, e hizo eco en las paredes— So I won't go! He can't do it on his own! If this ain't love then what is? I'm willing to take the risk.

El coro sonó por última vez, el público la ovacionó, gritó su nombre y pidió otra canción, ella les sonrió, los saludó con la mano y les agradeció de todo corazón. Luego se retiró. Se habría quedado a cantar otra canción, pero estaba tremendamente agotada.

Su jefe la felicitó al salir del escenario, dijo que su voz era única, y que aquella canción había sido extremadamente emotiva y que había tenido a todo el público volcado en ella.

Corrió a su camerino y se encerró, su espalda se deslizó por la puerta y terminó arrodillada en el suelo, con la cabeza contra las rodillas, llorando.

Nunca creyó que la canción la dejaría en tal estado, que tendría tal impacto en ella. No se arrepentía de haber cantado, porque la sensación la había maravillado. Pero las consecuencias la habían dejado destrozada.

La letra seguía dando vueltas en su cabeza. La había ensayado mil veces, y solo esta era la que la había destrozado. Tal vez tenía que ver con la presión de tener público.

…O tal vez tenía que ver con el día de la presentación.

Aquel día, significaba mucho para ella. Hace mucho tiempo, había sido un día feliz. Pero desde unos meses, ya no. Tan solo era una fecha que le traía dolor. Mucho dolor y nostalgia. Y la letra solo había aumentado su melancolía.

Sonrió un poco, entre las lágrimas que bañaban su rostro. Se sentía sola. Muy sola. Y tal vez era culpa de ella, o tal vez de nadie. Nunca tendría como saberlo.

Después de todo, era sólo una canción


Sería, just that. Tal vez le haga una segunda parte, odio dejar a mis personajes llorando contra la puerta de sus camerinos(?)