Aquella señora era una señora de raza, perteneciente a la aristocracia más rancia y conservadora, no obstante, no tenia características de aquel lugar, se notaba cierto exotismo debajo de tanto perfume, maquillaje y tela noble. Sus ojos y sus cabellos eran más negros que el carbón y juro que igual de ardientes.
A pesar de que llevara años viviendo ahí, en su acento se notaba un deje de nostalgia y lejanía, aun guardaba el idioma de su pueblo, el tono salvaje e imperativo que poseían aquellas gentes.

No obstante se había mimetizado a la perfección en aquella sociedad y se había aprovechado de los privilegios que podía tener una mujer noble. Despiadada, fría y con una mirada de superioridad que nunca abandonaba ni en los momentos más difíciles, pero tenia algo, algo que siempre salva a las mujeres y las enternece hasta los limites menos impensables. Era madre.

"Yo se que soy mala persona" argumento sentada firmemente sobre una silla de mimbre que no le agradaba en demasía "Pero todo tiene una razón de ser. Nací en una nación donde hasta el hecho más básico de comer podía suponer una encarnizada batalla. Ahí no te enseñan a amar, si no a odiar y pelear, a despreciar al deformado y al diferente y si eres mujer a obedecer con vehemencia a tu marido, acabamos sin sentimientos, más duros que una piedra...pero yo no quiero excusar mi comportamiento y menos obtener vuestro perdón" hizo una pausa y suspiro "soy mala persona porque asi seguiré viviendo y moriré apaciblemente de vieja...cosa que no pueden decir la mayoria de personas de gran corazón" la mujer en sus manos llevaba un vestido color esmeralda, con detalles dorados, bastante sencillo pero hermoso. Aquellos finos dedos tensaban y arrugaban la tela, con cierta angustia. No era su vestido, pertenecía a su hija, aquella mujer, le había dado por rebuscar, como hacen todas las madres, mover todo de sitio, aunque sus hijos sean adultos hechos y derechos, seguramente, sera algún gen que las madres no pueden perder, el estar encima de sus seres queridos " Y he tenido la desgracia de que mi hija pertenezca a la segunda categoría. Tengo miedo. Me preocupa de forma agónica, ella es buena persona...y las buenas personas se van antes de tiempo...Tal vez es mi precio a pagar por querer morir de vieja...Pero quiero guardar esperanza, ya que las buenas personas, están rodeadas de gente querida, y esa gente querida es noble y fiel, espero que la protejan..."

La señora enmudeció, no quería hablar más, necesitaba estar sola consigo misma, torturándose en silencio...