Preparándose para el lanzamiento: tres... dos... uno; ¡despegue! La nave sale de la atmósfera terrestre para abrirse a lo desconocido. Nuevo destino: Plutón, el planeta enano, donde nadie ha llegado antes. Nació para realizar ese viaje; una vez de vuelta en la Tierra podrá morir en paz. No hay límites, se siente poderoso.

—Emma, tiempo —exclama de pronto el hombre. La figura humanoide femenina (y artificial) sentada a su lado, en el sitio del copiloto, abre los ojos.

—Se estiman 1128 minutos terrestres para llegar a destino. Procesando... dieciocho horas y cuarenta y ocho minutos —responde con voz robótica. El hombre suspira, le espera un largo viaje.

Imagina sus descubrimientos, será realmente reconocido por el esfuerzo de toda una vida. Desde siempre se preparó para ser lo que en este minuto es, alguien dedicado a su trabajo y enamorado de éste. Le encanta tener ese papel en el mundo. Es feliz, aún más en este segundo perdido en su imaginación, adelantándose al futuro, viéndose a sí mismo recibiendo premios.

—El hombre nació porque quiere ser reconocido, Emma —susurra, aunque la aludida no es capaz de entenderlo. Pero él necesita alguien con quien hablar—. Sí, es ambicioso... inteligente y poderoso también. Vive, crea, destruye, somete y es sometido.

Se estira, tratando de dejar la filosofía de lado y seguir con su fantasía. ¿Cómo es el pequeño planeta? (¿Qué tan distinto de la Tierra?) ¿Qué encontrá allí?

Tantas son sus divagaciones, que cae en los brazos de Morfeo. En sueños vuelve a la infancia, su tan dulce e inocente niñez. Recuerda cómo solía jugar a que era un astronauta en Marte, y cómo se decepcionó por no protagonizar él, a sus diez años, el primer amartizaje.

Una sacudida lo despierta y su sueño desaparece inmediatamente de su mente, dejando sabor a nada. Revisa los controles, todo parece normal. Antes de pronunciar a modo de pregunta el nombre de su acompañante biónica, ésta habla:

—Preparando defensas. Se aproxima lluvia de meteoritos. —Sus ojos cambian de un color verde a uno rojo, indicando alerta.

Luego de unos minutos, todo acabó... para el joven astronauta. Uno de los propulsores de la nave recibió graves daños, posiblemente no durará más que unos minutos. Su metálica compañera hace cortocircuito; ¿y ahora qué?

Las preguntas atormentan su cabeza (eso de "la vida pasa frente a tus ojos" es una mentira): ¿cuánto tiempo pasó desde el despegue? O más importante aún: ¿qué tan cerca de Plutón está? En el fondo de su ser espera sinceramente que, si hasta aquí llega su vida, aún falte mucho para el final del interrumpido viaje. Qué triste sería vivir eso de "tan cerca, pero tan lejos". No lo soportaría, no es tan fuerte.

Un repentino pensamiento taladra en lo más profundo de su existencia, y entonces se aterroriza: le prometió volver sano, y no le podía fallar. No a ella.

Suspira resignado y frustrado. Un "lo siento, no cumpliré... madre" es el último sonido que sale de su boca antes de...