Frente a cada situación espera verdades, no siendo consciente de cómo pueden afectar emocionalmente. Nuestro ser debería estar equipado con una defensa contra verdades crudas. No podría negar que son absolutamente necesarias, pero que a veces destrozan, lo hacen; y aunque pretenda engañarse, lo sabe desde un principio, pero muy en el fondo esperaba equivocarse.

¿Qué si creía posible sentir eso? No, no lo veía posible. Incluso frente a los hechos el dolor se sentía irreal y real a la vez.
Recostada en la oscuridad intenta convencerse de que lo superara.
Pero ella sabe bien que no va a ser así…hace tiempo lo sabe.

Una vez tras otra se repite la cadena de sucesos. La ilusión, la cruda verdad, el dolor desgarrador, la etapa de negación, la calma y retorna el ciclo. Una y otra vez se convence de que las cosas no pueden ser así. Y una vez más cae en el desengaño.

"Te quiero, pero no te ilusiones", y como jamás le haría caso a un consejo tan directo se ilusiona.
Sabe que no debe hacerlo, pero ¿cómo evitar esas ensoñaciones de cuentos de hada que llegan recurrentemente?
Le gustaría poder detestarlo. Pero ¿a quién quiere engañar? Aunque lo intentara no podría. Sabía perfectamente que él era muy claro.

Se maldice internamente por su estupidez, pero en el fondo sabe que por más que quisiera, una parte de ella siempre volvería al principio, y nuevamente se maldice.

¿Acaso eso es amor?, no sabría decirlo. ¿Obsesión?. Querría creer que no es eso, después de todo, daría lo que fuese por él…