« Mine. Copia, plagia, todo eso... Y amanecerás bajo el agua. He dicho.
« Fandom. The Madness.
« Pairing. Julian/Blake » Blakian (y menciones de Prudence).
« Music. Little bird + Ed Sheeran.
« Mayday, mayday.
Para Ellie porque quiero (y la quiero -smile-). Chiquito y la verdad sin mucha consistencia porque pls, ni siquiera hemos llegado a este punto de la historia pero tbh la idea me llegó durante la ducha y lo que nace ahí jamás logra dejar mi cabeza, así que aquí está esto. No sé si son exactamente ellos, en especial Julian, pero así me imaginé todo y nosénosénosé. Prudence es la madre de Tom, Tom y Julian son besties ¿y Blake fue novia de Julian? Idk, creo. Pero bueno, eso. Hope you guys like it. Gracias por leer :_D.

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Exposed

« You made me scream, but then I made you cry. »

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Lo tienes justo frente a ti y por primera vez en toda tu vida admites temer enfrentarte a una persona. No, no a una persona. Temes enfrentarte a él. Sí, maldita sea, tienes miedo de preguntar sobre lo que sospechas, sobre lo que has visto (sobre los roces ocasionales, las miradas para nada discretas, las sonrisas, las pisadas de Prudence en las escaleras a media noche y Julian preguntando lo menos casualmente posible por ella cada vez que se aparece en la casa de los Hawkins; es pensar todo eso) y saber que sí, que no sólo lo has imaginado, que algo está pasando y que si tú fuiste una de las primeras en darte cuenta, faltará poco para que los demás también lo hagan. Pero es por eso que aprietas los dientes, lo llamas a la cocina y recargas la cadera contra la barra, mirándolo mientras él se sienta tranquilamente en una de las sillas del comedor.

Silencio. Él no hablará a menos que tú lo hagas primero porque ahora es así como funcionan, tú debes fallar, equivocarte y arruinar todo en primer lugar para que entonces él pueda reprochártelo y seguir odiándote sin culpa alguna.

—Blake, tengo que regresar al ensayo.

—Cállate.

Se suponía que te mantendrías serena, tranquila, respirando profundamente para que no te dejaras llevar por la ira repentina que ha estado comiéndote por dentro desde que notaste que algo no encajaba en el cuadro pero tensas la mandíbula y te pasas una mano por el cabello, ríes un poco, sin humor; un sonido seco que puede significar cualquier cosa mientras no sea buena.

—Se supone que yo soy la que arruina a los demás, Julian. No tú.

Él frunce ligeramente el ceño pero aún así trata de mostrarse impasible. Ahora hace eso todo el tiempo, finge que ya no causas ningún tipo de emoción en él y te dices que eso está bien, que al menos está intentándolo a su manera, que tarde o temprano tenía que empezar a olvidarse de ti aunque fuera de la forma más infantil posible. Pero te molesta, te molesta y no puedes evitarlo.

—No sé a qué te refieres —se queda callado. Después agrega—. Y tampoco me interesa.

—¿No?, yo creo que sí, porque no puedo creer que seas tan estúpido o que ambos lo sean como para pensar que nadie se da cuenta.

Casi puedes escuchar el clic en su cerebro. Lo notas en sus ojos también y en la forma en que su boca se vuelve una tensa línea en su rostro cuando al fin sabe a lo que te refieres, pero no lo niega ni lo confirma y tú lo que necesitas es saber, saber que no es cierto, que es una mentira, que lo que estás viendo no podría suceder ni en un millón de años, que quizá sean celos o incluso paranoia, que no es algo normal, no puede ser siquiera posible porque es tu tía de quien estamos hablando, tu tía Prudence liándose con Julian, el mismo tipo con el que llevas jugando a ser desconocidos por al menos un mes ya.

—Ya sabes lo que dicen, Jules —murmuras, canturreando su nombre de la misma manera en que a veces Prudence lo hace—. El silencio otorga.

—No.

—Por favor —espetas, mirándolo. Frunces más el ceño—. Sólo di si es lo que pienso o no.

Él enarca ambas cejas.

—¿Ahora te interesa lo que sucede conmigo?

—Eres un idiota.

—Quizá. Pero no soy yo el que está molesto —se pone de pie—, y tampoco estoy pendiente de todo lo que sucede a mi a rededor por el simple hecho de no tener nada mejor que hacer.

Y eso es suficiente. Es verdad. No lo ha negado, pero sí que lo ha afirmado sin haberse dado cuenta. Entreabres los labios debido a la sorpresa, mirándolo porque de nuevo lo tienes frente a ti, quizá demasiado cerca y su olor y sus ojos y sus labios y todo él te distraen. No te ha hecho bien tenerlo lejos tanto tiempo y aunque te jode no puedes hacer otra cosa mas que admitirte a ti misma que sí, que lo extrañas y que de alguna manera te mueres de ganas por besarlo y todo eso te enfada, demonios.

—Me das asco —susurras mecánicamente.

Él ríe por lo bajo, sarcástico.

—Al menos ahora sientes algo por mí —prácticamente te escupe. Lo único que quieres preguntar es si hace todo eso por tratar de herirte de algún modo pero no lo crees capaz de hacer algo así, sobre todo porque ya no lo lograría. E incluso si fuera por eso, dejaría de ser entonces el Julian que conoces y sería sólo el que creaste después de todos tus errores—. No me importa lo que pienses ya de mí, Blake.

—Oh, eso lo has dejado muy claro, Steel. No te preocupes, he recibido el mensaje.

—No deberías espiar. No es tu asunto. Esto no tiene nada que ver contigo ni con nadie.

—¿Estás escuchándote? —casi le gritas, con los puños a tus costados y los nudillos blancos mientras intentas con todas tus fuerzas no golpearlo de una vez—. ¿Acaso eres tan idiota como comienzo a pensar que en verdad eres?

Su mandíbula se tensa, su mirada se torna severa. Y a ti, claro, te importa un carajo.

—Tus celos son lo único que hace eco en estas cuatro paredes, Turner.

Y entonces sí que sueltas una carcajada.

—Tal vez no te has dado cuenta, grandísimo imbécil, de que todo esto, esta estupidez tuya y de ella va más de allá de tan sólo ustedes dos, de mí, o de cualquier otra cosa —le tiras a la cara las palabras, hablando entre dientes debido a toda la rabia que te embarga—. Estamos hablando de mi tía, Julian. Una mujer mayor.

—¡Sigue sin ser de tu incumbencia! Es decisión de nosotros. Y funciona —te echa en cara aquello como si fuera lo más importante, como si te dijera que al fin logró hallar lo que nunca encontró en ti. Tú sólo sonríes torvamente.

—¿Ah, sí? —enarcas las cejas, mirándolo como si entendieras a la perfección lo que recién ha dicho—. Qué romántico debe ser estar tirándote a la madre de tu mejor amigo, Julian.

Listo. Pusiste el dedo en la llaga, presionaste y ahora sabes que arderá como el mismísimo infierno. Sus ojos se han llenado de ira y de alguna manera te sientes satisfecha. Se acerca de nuevo a grandes zancadas, hablando con los dientes apretados porque sí, has logrado cabrearlo y honestamente no te importa porque eso es lo que querías, pornerle al fin una traba a su ridículo delirio.

—No hables así de ella —murmura lentamente—. Las cosas no son...

—No me interesa cómo son las cosas —lo cortas, despegándote de la barra, ahora avanzando tú y casi sonriendo al observarlo retroceder un paso al menos—. No me interesa y te diré por qué incluso aunque tú pretendas que no te importa lo que tengo para decirte. La verdad es que no me incumbe ni lo que tú ni lo que Prudence hagan entre ustedes —susurras, mirándolo desafiante—. Por mí pueden revolcarse, morirse y perderse en la fantasía que les durará muy poco porque mientras tú crees que yo nunca podré realmente querer a alguien, ¿sabes qué? Estás muy equivocado.

Puedes observar cómo una de sus cejas se eleva tan sólo un poco a modo de representar una interrogativa muda, así que continúas.

—Hay un hombre en mi vida que siempre estará muy por encima de todos lo que pueda llegar a conocer, el único que siempre me importará y del que siempre voy a cuidar —lo miras fijamente a los ojos, tratando de decirle así que por favor no trate de ignorarte porque lo siguiente es muy importante—. Si mi primo... —te detienes, frunces un poco los labios y retomas—. Si mi hermano llega a enterarse de este pequeño capricho tuyo y sale lastimado, ten por seguro que te arrastraré a ti y a Prudence hasta un hoyo del que nunca volverán a salir.

Te mira. Tú lo miras. Puedes sentir subir y bajar tu pecho mientras recuperas el aire perdido en todas aquellas palabras. Silencio otra vez (porque sabe que tienes razón). Sabe que todo eso no es más que algo efímero, que él y Prue están bailando al borde del abismo y que lo único que los protege del mundo real es una fina cortina de cristal.

—Tienes que decirle.

—No puedo.

Sonríes sin humor.

—Se supone que «yo nunca podría traicionar a Tom, nunca, es mi mejor amigo» —lo imitas, hiriéndolo porque al parecer esa es la única manera de hacerle entender las cosas últimamente—, y aún así lo hiciste. De Prudence no me extraña, la verdad. Mi tía siempre ha sido de ese tipo de personas que jamás se preocupa por los demás.

Te acercas y susurras en su oído.

—Es sólo cuestión de tiempo, Julian. Al parecer te encanta que te rompan a pedazos.

Él se aparta como si le hubieras plantado una cachetada. Puedes ver el dolor invadiéndolo rápidamente, entristeciendo su mirada, decayendo sus hombros, tensando de nuevo su perfecta mandíbula (y también te duele). Porque no era tu problema y aún así te metiste, pero no fue por ti, fue por Thomas, por Prudence y por Julian mismo.

—Te doy una semana, Julian.

—Blake —y te mira de nuevo, y sus ojos brillan porque siente que no lo comprendes, que no estás siendo justa en lo absoluto—. No es tan fácil. Yo no...

—Díselo —murmuras, tragando en seco antes de hablar con dificultad debido al nudo que obstruye tu garganta—. Díselo o yo misma estaré encantada de hacérselo saber.

Lo miras una última vez. Los dedos de su mano derecha están enterrados en su cabello y tiene el cuerpo recargado contra la pared. Tienes ganas de correr, abrazarlo, pedirle perdón, de «Julian, entiéndelo, no» y joder, joderjoderjoderjoder.

¿Por qué carajo la vida nunca puede darles un maldito respiro?