Minutos eternos

Levantó la cabeza y miró a ambos lados del corredor, nervioso, apretó y aflojó los puños una y otra vez, estiró y recogió las piernas, sin cruzarse por su cabeza la idea de abandonar la silla que ocupaba, respiró hondo y pensó que no debía comportarse así, no era digno de un caballero, como el mismo se consideraba, mostrar tal estado de ansiedad. Con un bufido echó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y de brazos cruzados se propuso descansar de su exaltación.

— ¿Señor James?—la áspera voz lo hizo incorporarse.

—Doctor Post ¿cómo se encuentra?—dijo procurando disimular el temblor en su voz.

—Se encuentra estable más lamentablemente cayó en coma—sintió que el tiempo se detenía ante aquellas palabras, pasaron unos instantes, que pudieron ser segundos o interminables minutos antes de que su cerebro lo comprendiera: su hermano estaba en coma.

— ¿Puedo verlo?

—Por supuesto—siguió al hombre de cabello canoso hasta una puerta rotulada como la "65", entró y contempló la habitación, que podría pertenecer a cualquier hospital, paredes blancas con una única, aunque amplia, ventana; varias camas, la mayoría ocupadas y equipos de diversos tamaños.

Se acercó a una cama en la que un chico de no más de veinticinco años, tez morena clara, cabello castaño oscuro y nariz perfilada, con vendajes en la cabeza, conectado a un respirador artificial y a un monitor del ritmo cardiaco, que emitía un constante "Vip", descansaba con los ojos cerrados. El doctor se fue, dejándolos solos. Por varios minutos no pudo reaccionar, cuando le dijeron que Richard había tenido un accidente no quiso creerlo, quería atribuírselo a una broma de mal gusto; pero ahí estaba, contemplando a su hermano, inmóvil.

— ¿Cómo te pasó esto?—pronunció finalmente con un hilo de voz, acercándose a la cama— Siempre has sido tan cuidadoso y responsable ¿Cómo te saliste de la vía y te estrellaste contra ese árbol? ¿Por qué fuiste tú y no yo, que soy un descuidado y mala gente que a pocos les importo, mientras tú eres querido y respetado por todos? Sé que saldrás adelante, pero no puedo creer que te perderás momentos tan valiosos de tu vida—el nudo en la garganta lo hizo callar, mientras una enfermera, de cabello rubio rizado recogido en un moño alto que lo había estado escuchando, se acercó.

—Cálmese, no todos los pacientes en coma duran un largo tiempo así, algunos despiertan luego de solo unos días—dijo tan dulcemente como pudo, reparando por primera vez en que los rasgos de los hermanos eran prácticamente idénticos. "Gemelos" fue la única palabra que cruzó por su mente antes de contemplar los vidriosos ojos negros que se clavaban en los suyos. Sin decir palabra el chico salió precipitadamente del cuarto y después del hospital.

"Si tan solo no hubiese decidido conducir" pensaba "Si tan solo no le hubiese pedido que fuera a verme" "Si tan solo no le hubiese dicho que lo necesitaba"

Continuaba caminando mientras las lágrimas que se esforzaba por contener comenzaban su camino a través de sus mejillas, acrecentadas por el sentimiento de culpa y los vivos recuerdos de su hermano, la única familia que le quedaba. En medio de su ensimismamiento empezó a cruzar la calle sin percatarse del convertible rojo que en ese momento doblaba la esquina a gran velocidad, se oyó un frenazo, un golpe y todo quedó negro para Michael James, por siempre.

A la vez, en una de las tantas habitaciones del hospital, un monitor del ritmo cardíaco daba la señal de alerta con un acelerado "Vip vip vip" al que prontamente acudieron doctores y enfermeros.

— ¡Despejen!—exclamó el doctor antes de emplear el desfibrilador, repitió el proceso dos veces más, sin éxito—. Hora de muerte 3:14 P.M. —Richard James también había dejado este mundo.