La llovizna nocturna nos envolvía en un remolino de pequeñas y frías gotas que se desintegraban con la ligera brisa. Yo sostenía el paraguas que nos resguardaba de la lluvia y Marine, junto a mí, contemplaba los charcos rebosante de luz al límite de la banqueta; las chispas de agua que caían sobre ellos causaban ondas que se expandían sobre toda la superficie; anillos dorados encima del espacio oscuro. Sus ojos claros reflejaban este solemne y discreto evento.

-No sé que tiene el agua que me hipnotiza- dijo sin apartar la mirada de la carretera.

-Me doy cuenta-

-¿Tan obvia soy?-

-Sólo a veces- contesté con una ligera risa.

No se calcular cuánto tiempo pasó desde ese viaje en camión que ella y yo comenzamos a conocernos; se dice que cuando uno se la pasa bien el tiempo avanza de manera inconmensurable. Y es cierto; me la había pasado de tal manera que el tiempo ya no me parecía más una fuerza imparable.

Desde ese día en que nos encontramos ahí, Marine pasaba diario a visitarnos en el establecimiento del centro comercial; llegaba en su uniforme escolar y se sentaba a charlar con nosotros. Nos acompañaba hasta el cierre del establecimiento. Después de pasar tanto tiempo ahí ya muchos clientes creían que en verdad trabajaba en el local.

Eventualmente, con la ayuda de Fabio, ella consiguió el empleo de medio tiempo con nosotros. Tuvimos un aumento de clientela casi inmediato. Ella era una excelente vendedora; cortés con los clientes, o al menos mucho más afable que Fabio y yo con nuestros modos huraños. Además bueno, también estaba su atractivo visual; en mi opinión le quedaba muy bien la camisa color naranja que combinaba con sus grandes audífonos que llevaba todos los días alrededor del cuello y desde los cuales siempre estaba vibrando distantemente música de videojuegos. Y por supuesto, todos los clientes estaban fascinados de verla.

Un día a Fabio se le ocurrió la idea de enviarla a repartir volantes fuera de la tienda. Fue una magnánima idea, tuvimos una oleada de clientes, hasta algunos nuevos visitantes. Yo no podía dejarla ir sola por ahí, así que la acompañé a caminar por los pasillos llenos de ecos sobrepuestos, asegurándome de que ella estuviera bien; por alguna razón esto le causó gracia.

Generalmente comíamos los tres juntos, Marine, Fabio y yo en el área de restaurantes de comida rápida del centro comercial; charlando sobre los eventos del día, los videojuegos que estaban por salir a la venta, entre otros temas. Ocasionalmente mi compañero se quedaba en el establecimiento enajenado con algún juego en la consola de prueba; entonces yo contaba con la oportunidad de estar con ella a solas para el almuerzo.

Varias veces vimos pasar a otras chicas con el mismo uniforme de la escuela de Marine, pero a ella no parecía entusiasmarle mucho el verlas, al contrario, su expresión cambiaba y desviaba la mirada cuando pasaban.

-Las veo todo el día en el colegio, no le veo caso a buscarlas aquí afuera- solía decirme, mas yo podía notar que había algo más detrás de esa afirmación. Algo que llamaba mi atención era que Marine nunca hablaba de ella misma, de su pasado, o de por qué había llegado a la comunidad tan repentinamente ella sola. Ni de su familia, ni si quiera de su hermano, el cual repentinamente se fue de la vivienda, tan fugazmente como había aparecido desapareció sin dejar rastro, creo que no me enteré hasta como una semana después de que se había ido.

Decidí no ahondar en nada de eso; no quería afectar el momento que podía pasar con ella, me dediqué a otorgarle mi compañía y a escuchar lo que ella quisiera decir. Generalmente le gustaba hablar detalladamente de las historias que se encontraba en videojuegos, películas o libros; de como las interpretaba y las características peculiares que ella notaba, también de música y de las materias que llevaba en su escuela; en lo que yo podía a veces apoyarla con esto lo hacía, pues apenas había terminado mi preparatoria y recordaba bien los temas que había visto.

Todos los días regresábamos juntos a la comunidad donde vivíamos. Esos viajes acompañados por los últimos vistazos del sol eran mi momento preferido. Charlar de todas nuestras afinidades, sentado cerca de ella, era lo más destacado de mi día; generalmente ahí nuestras conversaciones se tornaban más profundas que en la comida o en el establecimiento; hablábamos de nuestros puntos de vista acerca de todo lo que nos rodeaba: la ciudad, el medio ambiente, las personas, el arte. Aunque no congeniáramos absolutamente en todo, compartíamos perspectivas y siempre con mucha amenidad. Pero incluso así tampoco se animaba a hablar de ella o de su historia. Yo, a pesar de mi curiosidad, tampoco preguntaba, por la manera en que se expresaba cuando mencionaba algo remotamente personal me di cuenta que no era cómodo para ella y la verdad yo no quería representar una incomodidad; además, verla sonreír con los temas que si le agradaban era demasiado encantador.

Cuando no platicábamos contemplábamos por la ventana; las calles avanzando a nuestro alrededor a la par con el movimiento del autobús; la manera en que los rayos áureos del atardecer impactaban del lado contrario de los edificios, de las esculturas, de las fuentes y de los arboles, provocando que la cara que nos daban se viera ensombrecida, mostrando así una oscura silueta de su verdadera forma.

Aquel lluvioso momento era el de aguardar el viaje de regreso, pero el camión estaba tardando más de lo usual; probablemente por la lluvia, se veía una larga fila de automóviles en la lejanía bajo las nubes oscuras; el sonido agudo de sus bocinas se mezclaba con el de los truenos remotos.

-¿Y si mejor caminamos un poco? Vamos a donde haya menos embotellamiento- dijo tomando camino hacia la banqueta.

-Pero está por llover más fuerte-

-No importa, tenemos tu sombrilla, ¡Vamos, así conocemos mejor el lugar!-

Nunca supe cómo decirle que no a su entusiasmo.

No pasó mucho tiempo hasta que las pequeñas gotas flotantes se convirtieron en pesadas líneas de agua rodeando cada estructura donde se acumulaba el aguacero. Marine y yo corrimos a un puente que conformaba el segundo piso de la autopista, pisando el lodo y rodeados del crujir del agua golpeteando el concreto. Afortunadamente el paraguas había resguardado la parte superior de nuestros atuendos y se encontraba seca, pero no se podía decir lo mismo de nuestros pies, tanto saltar por los charcos había empapado mi pantalón y las calcetas de ella.

Marine dio un paso hacia un lado y contempló una pequeña cascada de agua acumulada en el puente de concreto, era como una delicada pared de cristal, pero intermitente y difusa a la vista. Mirando mis zapatos empapados y mi camisa seca exprese mi reciente pensamiento:

-Bueno al menos el paraguas nos protegió la parte de...- Una camioneta pasó a toda velocidad y arroyó un charco de agua café en mi lado de la acera, un manto helado y terroso cayó sobre mí, cubriéndome de cabeza a pies.

-...Arriba- dije y luego removí soplando mi cabello mojado de mi boca.

-¿¡Edmund estás bien!?- Marine pronto regresó a donde estaba, me observó empapado y con el cabello en mi cara, lo removió de mis ojos con su palma cálida y al ver mis expresión y mi postura tensa comenzó a reír.

-No es gracioso...- dije en un principió pero pronto me contagió su jovialidad y no pasó mucho tiempo en lo que estaba riendo con ella de igual manera.

-Toma el paraguas, creo que yo no lo voy a necesitar- le dije cuando decidimos continuar nuestro regreso a la comunidad, ella lo tomó pero a pesar de que yo ya estaba cubierto de agua, insistía en caminar junto a mi cubriéndome de las gotas cayendo desde el cielo.

Cuando íbamos pasando por una pequeña plaza comercial escuché un claxon ahogado y una voz familiar llamándome.

-¡Edmund!- al dar vuelta reconocí al taxista que me había llevado cuando me perdí de camino a la comunidad unas semanas antes. Su vehículo se encontraba estacionado en una esquina, cerca de un cubículo de lamina con un número telefónico pintado en caracteres rojos deslavados.

-¡Mariano, vaya!- contesté su saludo y me apresuré junto a Marine a aproximarnos a él.

-Siempre te apareces en el mejor momento-

-Ya ves mi buen, suban, mírate nada más estás empapado...-

Me dijo mientras Marine y yo nos acomodábamos en el asiento trasero.

-... No te vayas a enfermar-

-No te preocupes, mientras lleguemos rápido, podré cambiarme-

-Y rápido llegarás, ya sabes con quién te subiste, ¿A tu casa verdad? ¡Vámonos!- exclamó aferrándose al volante y acelerando abruptamente haciendo rugir el motor. Al dar una vuelta súbitamente en una curva, Marine dejó escapar una expresión de emoción y se aferró a mí con una gran sonrisa, aparentemente la manera brusca de manejar de Mariano la divertía. Él volteó sin preocuparse por ver el camino y habló con tranquilidad:

-Disculpe por esa vuelta señorita, tendré más cuidado-

-¡No hay problema, es divertido!-

-¡Ah con que le gusta la velocidad, señorita!- Mariano dejó escapar su risa ronca -¿Maneja?-

-Hace mucho, mi padre me enseñó y me encanta, pero tiene tiempo que no lo hago-

Yo me quedé perplejo, ella había mencionado algo de su pasado... ¿Qué acababa de suceder? ¿Cómo lo logró?

-Es una buena chica la que te encontraste Edmund- Mariano interrumpió mis pensamientos.

-A mi me encantaría que mi mujer se ofreciera a manejar por mí y yo sólo relajarme en el asiento de pasajero, pero no, ella aborrece manejar...-

Al escuchar la comparación de Mariano con su mujer, Marine dejó ir mi brazo despacio y se ruborizó cabizbaja con una sonrisa penosa.

-... Por eso te digo, cuídala porque chicas así de guapas, decididas y honestas, es difícil encontrar, sí que sí-

-No, Mariano, ella no...- comencé pero me silenció el freno repentino anunciando la llegada a nuestra vivienda.

-¡Servidos, jóvenes!-

Tras pagar nuestro viaje y despedirnos del candoroso taxista, Marine se apresuró a abrir decididamente la puerta de entrada y empujarme adentró.

-Anda a ponerte algo seco, y luego te espero para darte otra paliza en King of Fighters-

Oh sí, ese era otro de los detalles que hacían ahora de mi tiempo una vorágine imparable, se había hecho costumbre el que, llegando del trabajo, ella y yo nos sentábamos en su habitación a jugar videojuegos juntos. Y como yo no era un experto con los controles de las consolas, a diferencia de el teclado y mouse, ya que casi todo el tiempo jugaba en mi computadora, ella era comúnmente la vencedora; y vaya que era una mala ganadora, celebraba efusiva y exageradamente cada victoria que tenía sobre mí, mas eso no me molestaba en lo más mínimo, difícilmente consideraba una derrota el verla risueña mientras celebraba dándome empujones traviesos.

Entré a mi habitación y me puse pantalones secos y una camisa negra con estampado de Mario Bros. (¡Los clásicos!) Después me dirigí presuroso a la habitación de Marine. Bajé las escaleras acompañado del estruendo ahogado del aguacero que continuaba golpeando los techos de lamina, llegué a su puerta y toque tres veces. Ella abrió casi de inmediato y no pudo evitar manifestar su conmoción al ver que coincidían los temas de videojuegos en nuestras camisetas.

-¡Copión!- exclamó con una risilla.

-Grandes mentes piensan igual- contesté.

-¡Grandes mentes son copiadas!- regresó mi contestación y luego me invitó a pasar sin que pudiera decir algo. Ella se dio la vuelta y regreso con dos tazas vaporosas y cálidas.

-Nos hice algo de beber por el frio- Me entregó una y vi que estaba llena de chocolate caliente con bombones de varios colores. Le agradecí sonriente.

Después nos sentamos sobre unas almohadas frente a su televisor sosteniendo los controles de su consola de videojuegos y, como de costumbre, ella me derrotó varias veces; aunque aquella vez sí pude defenderme de manera más digna para un video-jugador.

-Estás mejorando, pero no lo suficiente, ¡Nunca me podrás ganar!- aseveró en una partida donde estaba cerca de vencerla pero con un súbito movimiento terminó venciéndome otra vez.

Ya entrada la noche comencé a retirarme al revisar las manecillas del reloj de gato en la pared. Ella me acompañó y abrió su puerta; afuera ya no estaba lloviendo, me recibió la atmósfera húmeda emergiendo del piso helado y empapado.

-Hasta mañana, Edmund-

-Nos vemos, Marine-

Nos despedimos por el día como generalmente lo hacíamos: con un ademán distante de nuestras manos, después un silencio, el ambiente en expectativa, sin saber si desviar la mirada el uno del otro. En momentos como ese, el tiempo aparentaba regresar a su paso natural, incluso un poco más lento.

-... Adiós- por fin interrumpí nerviosamente y di media vuelta.

-Adiós...- Contestó ella sin moverse de su puerta.

Caminé a mi cuarto; las luces anaranjadas de los focos parpadeantes iluminaron mi camino. Entré lentamente, di un suspiro y me quedé un momento estático, luego, al notar que tenía algo de tiempo, encendí mi computadora para avanzar un poco mi personaje en mi juego en línea.

Vi a mi rudo avatar computarizado, corpulento, con las armaduras y armamento de alto nivel, con una expresión áspera y adornado por un moño rojo brillante que el personaje de Marine me regaló cuando le enseñé a jugar.

¿Cómo fue que sucedió? Jamás hubiera pensado que ella sería mi amiga de esa manera. Aún no puedo calcular bien el tiempo que pasó para que llegáramos a ser así de unidos, con eso de que a veces avanzaba rápido y otras lento. Fue algo sutil que sucedió espontáneamente, a través de pequeñas interacciones diarias, aparentemente triviales, que poco a poco fueron volviéndose más prolongadas y significativas, hasta que se convirtieron en apreciadas costumbres.

Ella era mi alegría diaria: el entusiasmo de nuestras charlas, un escape de mis agobiantes conversaciones internas; caminar con ella desde el trabajo, el remedio a la soledad irónica de vivir en una enorme ciudad; su delicada mirada, una luz, una guía incandescente revelando el camino que tanto había buscado entre el caos de la posibilidad.

Un tenue sonido digital me desvió de mis pensamientos, un cuadro de texto adornado por el estilo del juego en línea llamó mi atención:

"CandyMarine21 se ha conectado"

Murmuré una tenue risa hacia el silencio de mi habitación. Justo al momento que comencé a escribirle un saludo, se adelantó su propia ventana de mensaje instantáneo:

"Lista para otra aventura... Sensei! :)"


He vuelto, y ésta vez, definitivamente a terminar mi historia. ¡Gracias por leer y comentar!