Entré a mi cuarto y no pude aguantar la sonrisa. No sé si por alegría o por el hecho de la situación tan ridícula en la que me había metido mentalmente.

"¡Es su hermano!" dije para mis adentros y continué riendo.

"Momento, ¿Por qué estoy tan feliz?"

En efecto; no tenía idea de porque eso me alegraba tanto... No significaba nada, simplemente que no era su novio, sino su hermano; eso no me aseguraba que ella le gustara... pues, le gustara yo.

Me senté sobre la enmarañada cobija de mi cama. No es verdad, si significaba algo... esto significaba que ella estaba disponible, que estaba ahí; que existía la posibilidad, que tenía una oportunidad. Eso también significaba que debía elegir que hacer; yo debía encontrar la forma de gustarle, de "conquistarla" como dirían mi compañero de trabajo... pero eso conllevaría decidir, buscar entre la infinidad de comportamientos que podría adoptar, entre la inmensidad de posibilidades en la que tanto aborrezco sumergirme. Oh, si tan sólo si hubiera sido su novio no tendría que entrar una vez más en esto, ¿Qué debo hacer? ¿Qué podría hacer? Un fuerte estremecimiento llegó a mi estomago al imaginar que podría ir a su cuarto e invitarla a salir... estaría esa posibilidad, si tan sólo me atreviera; si no fuera por ese sentimiento de pánico que surgía de tan sólo pensar en decírselo.

Me desplomé sobre mi almohada sintiendo como se elevaba por sobre mi rostro, después giré mi cabeza y contemplé mi computadora desconectada. Poco a poco todo se tornó borroso, sin titubearlo mi cerebro entro en un largo sueño.

Pareciera que los sonidos urbanos se amplifican cuando hay buen día. Bajo la lluvia y la neblina se siente un silencio solemne, como si los automóviles respetaran la presencia del agua en el ambiente; pero ante el sol estos ruidos retruenan en cada esquina, los pasos de las personas y el bullicio ininteligible de sus conversaciones invaden los alrededores.

Al entrar al centro comercial sentí la ráfaga seca pero fría del aire acondicionado, era un alivio a comparación del calor que hacía afuera. El bullicio era aún más fuerte adentro. Las personas avanzaban sobre los pisos de lozas de colores variados entre grisáceo y ladrillo; charlaban, gritaban, reían. En los locales, detrás de los cristales que reflejaban las luces exteriores frente a los anaqueles, se escuchaban los ganchos metálicos de ropa, los clics de las maquinas registradoras y los rechinidos de sus impresoras diminutas. Me detuve un momento para recargarme en el barandal que desembocaba en el primer piso, observé el lugar desde aquí; todos avanzaban seguros y entraban a las tiendas, salían con nuevas cosas, con artículos que podían o no necesitar.

Entré en el local de videojuegos, estaba vacío, sólo se encontraba Fabio sentado en el mostrador principal, tecleando incesantemente.

-Llegas tarde-

-Son las nueve cuarenta y cinco...- la entrada era a las diez de la mañana.

-¡Sí, llegas tarde!-

-Deja de molestar-

Pasé a la bodega a ponerme el uniforme del establecimiento. Al salir Fabio seguía frente a la computadora.

-¿Qué tanto haces?-

-Conocí a una muchacha en línea, platico con ella-

Me acerqué al monitor y eché un vistazo rápido, era uno de esos sitios de cámaras web.

-¿Estas pagando por platicar con esta chica?-

-Aún no, pero estoy organizándolo- dijo con cierto tono ejecutivo, como si fuera un negocio... pues, en realidad lo era.

-Eso suena tan mal...- dije pero Fabio arremetió rápidamente.

-¡Mejor que lo que tú haces!-

-¿De qué hablas?-

-Yo puedo hablar con ella sin romperme la cara- luego estalló en carcajadas.

Yo sólo me volteé y comencé a arreglar las cajas de los juegos.

El día pasó un tanto apáticamente, no entraron muchos clientes, no estábamos en temporada. Fabio seguía en la computadora chateando con 69SweetBlondie, su nueva obsesión. Creo que prefería cuando solía hablar incesantemente de videojuegos. Me entretuve con la consola de demonstración que se encontraba en la esquina de la tienda, tomé la silla con ruedas del escritorio y estuve ahí un tiempo. A la hora de la comida compré algo en la bulliciosa zona de comida y salí al estacionamiento, me senté cerca de unos arbustos, en el borde de la banqueta y tomé mi almuerzo. Cuando terminé me quedé sentado un rato ahí, contemplando los autos pasando del otro lado de la reja, que separaba a la ciudad del centro comercial, reflejando el sol sobré sus superficies lisas.

Al regresar a la tienda no hubo novedades, bueno excepto que Fabio ya no estaba en la computadora, ahora se encontraba jugando en la consola de demonstración. Sentado recargué mi barbilla contra mi mano y me quede quieto mirando a la entrada. Los contornos de las personas caminando; la luz del sol filtrada a través de los tragaluces del techo. Una fina silueta color cobre avanzó del otro lado del cristal, se detuvo frente a la puerta y entró serenamente.

Mi corazón dio un tumbo abrasador que recorrió todo mi cuerpo, desde mi pecho hasta las puntas de mis dedos, recorrió mi cabeza y vibró en mis sienes. Era Marine, en su uniforme de la escuela, sosteniendo su mochila de color extravagante, aproximándose al mostrador donde yo me encontraba. Era muy peculiar verla en el lugar de mi trabajo diario, caminando sobre la duela clara, distendiendo el aire acondicionado con el aroma de su fragancia; le daba un nuevo ambiente al lugar, se sentía más grato, fresco, nuevo.

No tuve tiempo de reaccionar, al reconocerme su rostro se iluminó.

-¡Edmund!-

-Hola- contesté con voz temblorosa. ¿Por que salieron así las palabras?

Escuché como Fabio se resbaló de la silla y dejo caer el control de la consola.

-Buenas tardes, señorita- dijo con su voz más aguda de lo normal y peinándose con la palma de su mano. -¿Hay algo en que le pueda servir?-

-No, gracias, sólo estoy viendo-

-Llámame Fabio, por favor-

-¿Que te trae por aquí Marine?- interrumpí rápidamente dando un paso al frente.

-Bueno, salí de la escuela y estaba cerca de la plaza, vine a dar una vuelta y vi la tienda de videojuegos, así que pasé a ver que había de nuevo-

Fabio me quitó de enfrente con un empujón de su hombro.

-Para... ¿Para ti?-

-Sí...- contestó ella con desconcierto.

Mi compañero abrió sus ojos y la contempló como si fuera una estatua en un museo, era ella, la legendaria chica videojugadora ante él. Pude ver en su expresión estupefacta, la misma que yo tuve cuando la conocí, las mismas palabras que mi mente generó "¿Eres real?". Pero, a diferencia de él, ahora yo ya me había acostumbrado de cierta forma a su presencia cautivadora. Pasé por un lado del estático Fabio.

-Bien acompáñame por aquí tenemos los estrenos- dije y la guié hacia uno de los estantes.

Era muy agradable verla entusiasmarse con los videojuegos, así como nosotros también lo hacíamos, compartir ese gusto era algo que nunca me había pasado con una chica. El tiempo pasó con velocidad desconcertante, al darme cuenta ya estábamos Marine, Fabio y yo sentados junto al mostrador riendo y charlando acerca del mundo dentro de los juegos virtuales. Mientras mi compañero y yo éramos seguidores de los juegos masivos en línea, Marine prefería jugar por su cuenta; aunque lo que más le gustaba eran las historias de fantasía RPG, con una historia del juego que fuera envolvente ella era feliz. Por otra parte, nosotros, disfrutabamos de las complejas reglas de nivel que modificaban las estadisticas de habilidades de los personajes de los juegos en linea. Y aunque son dos distintas maneras de interpretar un juego, podíamos congeniar en que lo que a los tres más nos atraía era la inmersión en un mundo virtual emocionante.

Así pasó el tiempo, más rápido de lo que lo había hecho en aquel rutinario día. Marine nos acompañó a cerrar el local, incluso nos ayudó con las tareas administrativas del final de la jornada. Fabio estaba encantado.

-¡Vaya Marine, debo decir que trabajas mejor que Edmund!-

Yo no le vi gracia a esto.

-!Deberías unirte al local con nosotros!-

-Sería un gusto, no tengo nada que hacer durante las tardes-

-Pues hablaré con el dueño, a ver si te puedo conseguir el puesto a medio tiempo-

-¡Eso me encantaría, muchas gracias!-

-No hay de que-

Yo sólo escuchaba desde el otro lado de la tienda, acomodando los anuncios promocionales de cartón lejos de la puerta de entrada. "Eso a mí también me encantaría".

Cuando cerramos el centro comercial estaba ya casi vacío, las luces estaban en su mayoría apagadas, las estrellas se mostraban tenues y lejanas desde los cristales en el techo. Un eco profundo resonaba por los pasillos; pasos y platicas ajenas se alcanzaban a distinguir dispersamente. Fabio acomodó su enorme mochila, llena de pines con personajes de videojuegos, sobre sus hombros robustos.

-Bueno, nos vemos amigos, buen camino-

-Hasta luego- Marine contestó, yo sólo le di la mano y una palmada en el hombro. Mi compañero me miró con perspicacia, luego se alejó en la oscuridad de la plaza comercial, iluminado momentáneamente por las pocas lámparas que permanecían encendidas.

Marine pronto volteó y su mirada impactó en mis ojos, rápidamente e instintivamente desvié mi mirada, aunque de haber tenido control total sobre mí no lo hubiera hecho. Luego, con su dulce voz, me hizo una pregunta.

-¿Edmund, vamos a casa juntos?-