Nota de la autora: Este capítulo es el último capítulo, pero no el "último" en sí, porque el último es el epílogo. Espero lo leas y te guste. ¡Oh, y los reviews son siempre bienvenidos! ;)

P.D. (09/05/13): He corregido uno que otro párrafo. No por la ortografía, sino por una confusión de ideas.


Capítulo 27: Mi día a día sin él


Date: sábado 16/03/13

Decidí comenzar a escribir en este simple papel. Pero no entiendo por qué lo llaman "diario privado", si solamente en él están escritos pensamientos e ideas de una persona… A decir verdad, creo que lo entiendo: pensamientos sobre estar enamorado de una persona, e ideas algo (o bastante) fantasiosas de lo que uno puede imaginar con esa persona. Cosas que solo uno puede saber y, por tanto, no quiere que los demás sepan. Lo malo de los diarios es que cualquier otra persona puede leerlas accidentalmente, y saberse hasta el secreto más preciado o humillante de a quién pertenece el diario. Justamente por eso prefiero mantener mis pensamientos, ideas y secretos dentro de mi cabeza, al menos allí nadie puede saber qué es lo que estoy pensando. (¿Y si alguien en la vida real puede leer los pensamientos de los demás?)

Rayos… Creo que me pasé un poco del tema… Pero bueno, mi propósito aquí no es escribir de lo que me sucede a diario (no podría escribir todos los días por la flojera), bueno, casi, o más bien lo podría llamar "Mi día a día sin Duncan". Él es mi novio (actualmente lo sigue siendo), y hace una semana viajó a Inglaterra. Y digamos que este diario va a ser dedicado a él.

Ara.

Cierro el diario y lo pongo en la mesa de mi escritorio. ¿Cuándo ha sido la última vez que he llorado? Creo que el miércoles, no lo sé,… esto de recordar o pensar en Duncan de vez en cuando me causa las ganas de llorar. Y así lo hago.

Date: domingo 19/05/13

Lloro, lloro y lloro. ¿Qué más puedo hacer aparte de llorar? Ah, sí, llorar. Demonios, me siento patética.

Luego de escribir me dirijo al baño a quitarme el rostro legañoso, con los ojos rojos e hinchados con una buena lavada con agua. Vuelvo a ingresar a mi habitación que está acompañada con una tenue iluminación. Son las 6:30 a.m. y mis padres siguen dormidos. Es raro que no tenga sueño a estas tempranas horas. Me pongo a revisar todo lo que he escrito en estos tres meses. Han sido dieciocho páginas que he escrito. Hay como seis de ellas en el que está escrito y adornado casi como un collage sobre cómo nos conocimos y algunas buenas aventuras que vivimos.

Date: sábado 12/07/13

Han pasado cuatro meses… todo sigue siendo lo mismo. De veras que lo sigo extrañando, digo, sí, extraño sus ojos encantadores color miel, su singular risa, ese cabello que podía despeinarlo en todo momento y que después de todo eso seguía viéndose igual, cuando nos quedábamos dormidos y acurrucaditos, esos besos… Oh, ¡maldita distancia!

Me había descuidado un poco en cuando a mis estudios. Y mi vida social, supongo. Oh, y también un poco mi salud, pues me había enfermado otra vez por el exceso del helado de fresa. El profesor Ignacio me dijo que estaría sufriendo una leve depresión (y que la razón podría ser Duncan) y que debería visitar al psicólogo del colegio. "Quizás lo haría", le respondí. Papá me dijo que este tipo de cosas lo debería experimentar dentro de unos años, no ahora y en una edad en donde no soy lo suficientemente madura.

Dejé de escribir pues alguien estaba tocando la puerta de mi habitación y debía atender. Carla vino a visitarme.

—¿Ya estás lista para ir? —me preguntó.

¿Ir? ¿Adónde? Al ver que no respondí ella rueda los ojos y agrega:

—¡A la playa! No me digas que no les has avisado a tus padres…

—S-sí le he dicho a mi mamá, oh, lo siento por olvidarme de eso —digo mirando al suelo.

—Ah, eso debió ser por la pijama que aun vistes —ingresa a paso ligero hacia el armario y busca ropa para ponerme—. Ten, ponte, que no hay tanto tiempo. Nicolás nos está esperando abajo.

¿Qué qué? ¿Quién es Nicolás? ¿Su nuevo novio?

Voy rápidamente al baño para ponerme un short y un polo de mangas largas color gris y que tiene un estampado en la parte delantera. De zapatos elijo mis Converse negros de siempre.

—¿Qué hay de la ropa de baño? —pregunto al momento de salir del baño.

—¿Ropa de baño? ¡Ja, no creas que vamos allí para bañarnos! Puede que el clima esté algo bien, pero la temperatura del mar por ahora va a estar frío como el hielo. Sabes, esto no estaba planeado del todo, pero en serio, no toda tu vida vas a estar encerrada en esta habitación llorando solo porque tu novio está al otro lado del mundo, ¡es más!, todavía no han terminado, en cualquier momento tendrías que salir de aquí, y ese día es hoy. ¡Ánimo, vamos! —y me empuja levemente.

Salimos del cuarto y le aviso a mi mamá que ya nos vamos. Ella asiente como respuesta. Ya en la calle, nos encontramos con un auto 4x4 color rojo. Al subir, veo que hay un chico ubicado en el piloto del auto y quien lo acompaña en el copiloto es una chica.

—¿Por qué se tardaron tanto? —nos pregunta el chico.

—Es que tuve que ir al baño, disculpa —responde Carla. Un momento, ¡mintió! ¿Es que acaso se llevan mal?

Él enciende el motor y comienza a conducir.

—Por cierto, ¿quién es ese chico? —le interrogo a Carla en voz baja.

—Oh, él es Nicolás. Es mi primo mayor —me responde en voz baja también—. Tiene diecinueve años y, la chica con quien está a su lado es su novia. ¿Le has echado ojo en él?

— No, solo preguntaba por curiosidad —digo casi susurrando.

Después de un rato llegamos a la playa, Nicolás estaciona su auto y salimos de ahí. El sol estaba casi opacada por la multitud de nubes, pero aun así el clima estaba bien. El lugar estaba vacío, a excepción de unos surfistas quienes ya estaban a punto de retirarse.

—¡Qué mala educación de mi parte por no haberme presentado! —Se lamenta Nicolás al acercarse a mi— No sé si Carla ya te ha hablado de mi, pero… Soy Nicolás —y estira su brazo en señal de estrechamiento de manos.

—Bueno, un gusto conocerte, Nicolás —digo, tratando de esbozar una sonrisa—. Por cierto, me llamo Arantza Gómez.

—¿Gómez? Como Selena Gomez, ¿no es así?

—Jaja, sí, algo así.

Las próximas tres horas habían sido pasear por ahí, jugar en las orillas del mar, así como jugar con el frisbee que Carla había traído… Bueno, prácticamente había hecho esas cosas con ella, ya que después de un rato de haber conversado con Nicolás, vinieron sus amigos en dos autos, y pues, creo que pasaron —él y su novia— la mayor parte del tiempo con ellos, como debía ser.

—¿Te acuerdas de lo que te conté el día de mi cumpleaños? —Me pregunta Carla después de un buen rato de silencio observando el mar— ¿Sobre… mi padre?

—Sí. ¿Qué pasa?

—Pues no te lo había contado con lujos y detalles, pero creo que ahora es el momento adecuado y necesario para hacerlo. —Ella se toma una pausa para inhalar profundamente—. Bien, mi papá en verdad sí había sufrido un accidente, del cual murió. En ese entonces los tres vivíamos en Puente Piedra, pero después de unos meses mamá y yo nos mudamos aquí, en Miraflores para empezar una "nueva vida". A los once años me matricularon en el School of Excellence y en uno de esos días de junio hubo una tarea en la que tenía que hacer una exposición sobre mi padre. Quería caerle bien a Emilia y sus amigas, además del resto del salón, así que en vez de decir la verdad, inventé que a los nueve mis padres se divorciaron y ahora él estaría en Colombia. Todos lo creyeron, y yo no podía creerlo. Pero eso ya estaba planeado desde antes, pues mi mamá también había utilizado esa mentira. No obstante, un año después le conté la verdad a Melissa, del cual no nos dimos cuenta que accidentalmente Emilia nos había escuchado y sacó provecho. Me humilló frente a todo el salón por haber mentido, y más porque de ahí he sacado más mentiras, algo así como "pasarme de la raya". Tiempo después el director tuvo que intervenir porque no paraban de molestarme, digo, tanto Emilia como los demás presumían sobre sus padres y lo fantástico que se llevaban entre ellos, y eso me hacía sentir mal. Ella tuvo que disculparse conmigo y con mi mamá, y del mismo modo nosotras por mentir…

Carla se da otra pausa para mirarme, ya con ojos brillosos y a punto de sollozar.

—…¿Es que acaso ellos no son conscientes de lo que le pasa a su prójimo? —Continúa— Digo, claro, ellos tienen a sus dos padres, mientras que algunos solo tienen uno, o a ninguno. Y espero que tú entiendas eso, ¿o no?

—Claro que sí, pero lo que no entiendo es que por qué no pudiste decirles la verdad, en vez de… ya sabes… cambiarla por una mentira.

—Ya te lo dije, quería caer bien a los demás, aunque supongo que dos padres divorciados es menos doloroso que uno de ellos fallecido.

—No, ambos, de alguna forma son chocantes, ni más ni menos.

—Oh, bueno, disculpa por no contártelo antes.

—No te disculpes. No estoy molesta contigo.

—Genial —se secó las lágrimas—. Ah, sí, hace unos días me enteré que mi mamá está saliendo con un hombre divorciado. Lo que no pude creer es que me lo estuvo ocultando por tres meses. Ah, y viene lo peor: mi mamá está embarazada —de repente abro tanto los ojos como la boca, sorprendida—, por lo que sospecho que Richard, su pareja, podría proponerle matrimonio y casarse con ella, así que el nuevo bebé será mi hermanastro.

—¡Oh, qué buenas noticias! —exclamo sonriendo, vaya, hace buen tiempo que no sonreía.

—¿"Buenas"? Yo digo "terribles".

—¿Por qué dices eso? ¡Vas a tener una nueva familia! —y me lanzo a abrazarla.

—Y vaya que me tardaré en acostumbrarme a mi nueva familia.

Luego de conversar notamos que estaba comenzando a oscurecerse, y tanto Carla como yo ya queríamos irnos de allí, pero también notamos que uno de los amigos de Nicolás había traído varias latas de cervezas y Carla temía que él se embriagara de más. Así que se armó de valor para acercarse donde ellos y rogarle para que nos lleve de vuelta. Nicolás aceptó.

Al llegar a casa, Carla quería quedarse a dormir aquí, pero para eso tenía que pedirle permiso a su mamá. Después de casi cuarenta y cinco minutos regresó de su casa con su mochila. Mi mamá, una vez más, estaba a gusto de que ella estuviera aquí, conmigo.

Y a decir verdad, Carla ha sido la persona que más estaba conmigo y que más me ha apoyado en estas circunstancias, creo que aun más que mis padres. Ni siquiera Milly, Sofía, Kori y Melissa harían lo mismo por mí como lo hace Carla. ¿Es eso lo que hace una mejor amiga? ¿Estar contigo y apoyarte la mayor parte del tiempo, en las buenas y en las malas? Si es así, debo sentirme a gusto de tener a una maravillosa mejor amiga como Carla.