¡Bueno!, aquí estoy yo.., comenzando a abrir puertas owo

Soy de escribir más en FanFition, pero bueno, comenzaré a subir mis historias originales nwn

Este One-shot lo hice para un concurso de un foro, aunque intenté corregir algunos errores x3

Espero les agrade, es el primer fic que subo aquí :B

Por cierto, me gustan las criticas constructivas, así que no me vendrían mal algunos consejos ^^

Nos vemos~


Como llevar flores a un fantasma

Sus ojos esmeralda finamente delineados se perdían en la oscuridad de la noche, las estrellas se habían escondido detrás de las gruesas nubes grises, que desde la tarde amenazaban con aventar una tormenta sobre aquella gran ciudad. Aunque ahora le parecía tan pequeña y es que desde esa tarde no paraba de pensarlo así.., ¿o acaso era ella la pequeña?, no lograba entender nada.
Sintió como una mano se posó en su hombro, se sobresaltó al mismo tiempo que giraba hacia atrás, sólo debió haber sido el viento, sí, aquella cálida brisa de verano que removía sus brunos cabellos, fue entonces cuando decidió levantarse de aquella banca que era el negativo de estos: tan blanca que parecía resplandecer en la noche. Su pecho se sentía pesado, como si llevara una carga extra en su corazón o más bien como si los pechos le hubieran crecido, sintió como una templada lagrima corría por su mejilla, bajando por esta mientras dejaba un tibio rastro de humedad, pero claro que no era de ella, el cielo era el que había comenzado a llorar, este tenia más razones para hacerlo.
Se puso en marcha, llevando aquel negro y liviano paraguas cargado en su hombro, apenas si lo sostenía desde su muñeca, no le interesaría si se cayera, tal vez ni se daría cuenta.
Sus finos tacos apenas hacían contacto con el piso al caminar, era muy liviana, porque por más que le pesara el alma a horrores, no se reflejaría en sus verdaderos pasos, los que no eran metafóricos; como el avanzar por aquella solitaria calle y es que todos habían huido de la lluvia; como siempre lo hacían.
Apenas si dos fornidos hombres se encontraban ahí, vestidos con grotescos uniformes negros, como la misma muerte: parados en el lugar del delito, tal vez si eran sus ayudantes después de todo, ahí estaban.., donde todo había ocurrido…
Se encontraba caminando, como cualquier otro día, había terminado sus labores y tenía que regresar a su hogar, sintió lastima por si misma a momento de pensar en ello, ¿acaso nada le quedaba por hacer fuera de esas cuatro paredes que le parecía era su cuarto?.
Atravesaba el parque, escuchando una hermosa melodía mientras eso ocurría; un joven, algo escuálido para ser honestos, se encontraba sentado a un borde de la fuente de dicho lugar, tocaba su guitarra con increíble dedicación y hermosura, pero pocas personas se habías acercado a oírle, bueno, vale decir que casi ninguna, la mayoría al ir por allí optaba por ignorarle y pasar a un lado de este como si nada, sintiendo pena, a veces desprecio, "consíguete un trabajo", le aconsejaban descortésmente varios de los empresarios que pasaban por ahí, ella no era la excepción, ni a mirar se había vuelto, como si de una mosca se tratase.., no, a una mosca siquiera la hubiera ahuyentado de su rostro, pero en cambio, a esos desamparados ojos negros sobre ella, ni siquiera los había notado. Y es que a ella poco le interesaba el mundo, refugiada en un mar de ideas que no se asemejaban a este; fantasía, eso era lo que ella prefería, aunque conocía muy bien la situación tras esa hermosa burbuja que formaba a su alrededor al ir leyendo aquel libro distraídamente, sus pasos no se detenían ante nada ni nadie y ese había sido su error.
El claxon de una camioneta sonó, pero ella no lo escuchó; siempre tan sumergida en sus ideas, en sus sueños. Apenas si llegó a sentir el contacto contra aquellas huesudas manos, pero habían sido tan suaves a su manera.., y luego la acera; lo duro de la acera, tal vez eso era lo que le había echo parecer que eran tan suaves, quién sabe. Luego fue un crujido lo que escucho, tal vez la cabeza de aquel chico, quizás su guitarra, nunca lo sabría; ambas estaban destrozadas. Sus parpados habían quedado completamente extendidos, dejando sus ojos como platos, y estos fueron más grandes aún cuando vio una carta manchada de escarlata en las manos del accidentado, no es como si tuviera interés en llamarlo su salvador. Pronto notó que en el resto de aquella macha, se veía una fracción de su nombre, y es que hasta ahora se daba cuenta que había comenzado a leer esa mísera carta, su mísera carta.
"Querida Natalie: Se que no tengo permiso para llamarle así, mucho menos pedirle a alguien que escriba esto por mi (un vecino suyo, debo confesar), es que tardarías en entender mi escritura (es muy desprolija), aunque estoy seguro que nada sería imposible para ti, pues caminas casi con tus ojos cerrados.., pero basta de tanta "poesía" y vamos al grano, de todas formas; esto ni siquiera rima.
Te amo. Sí, esa sería le expresión correcta, debes de reírte de mí infantilmente, con esos finos labios pintados de carmín, pues me alegro por hacerte sonreír y ya qué, solo eso quería mencionar. Me pregunto si te importará.., mi nombre es Mile, espero que algún día respondas a este sentir, siempre lo estaré esperando, en el mismo lugar que siempre..."
Era estúpido, tanto como su presencia ahí; bajo la lluvia, ¿y siquiera a qué se había asomado ahí?, simplemente para dejar una rosa, una rosa roja que indicaba furtivos sentimientos, los cuales no estaba dispuesta a entender, y nuevamente se lo repitió; era tan estúpido, como ir a dejarle flores a un fantasma.

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FIN