¡Hola a todos!, este es un fic que hice para un concurso hace tiempo, lo dejaré por aquí ewe

Nos vemos :3


Prueba de fe

Miraba aquella pieza con cierto rencor, antes se hubiera preguntado si aquello se trataba de una señal de Dios, un milagro. Pero ahora solo tenía una pregunta que rondaba por su mente; ¿es una broma?
Había perdido la noción del tiempo como lo conocía; hace mucho. Era imposible contar los días que llevaba ahí —el cielo siempre estaba igual—. Pero su modo, ¿se supone que aquello iba a importar?, si llevaba meses o días ahí, si llevaba tres o cuatro, ¿en qué iba a influir?, ¿en qué influiría lo que fuera que él hiciera?, la respuesta era simple y cruel; en nada.
Tal vez se había pasado años, quizás siglos, caminando por ese lugar, en algún momento llegó a asimilarlo con un desierto, aunque ni siquiera recordaba a qué se le llamaba de ese modo, su mente estaba perdida. Ese lugar parecía estar en negativa, el piso estaba cubierto de minuciosos granitos de arena negros que se deslizaban por entre sus dedos al momento de dar cada paso, el cielo se encontraba completamente blanco, minúsculos puntos a mismo tono que la arena le acompañaban; estrellas, así era como les habían llamado los humanos, pero aquel joven, que solo aparentaba unos veinticinco años o rodeándole al numero, lo había olvidado por completo, junto con casi todos sus sentidos dejados en quién sabe dónde, la luna; ya se la imaginarían, como un gran hoyo negro de la perdición, justo por encima de él.
Ahora mismo miraba aquel objeto con incertidumbre, justo en el medio de su camino y de alguna manera lo recordaba, sabía qué era aquella pequeña cabina, que le parecía; tenía algo extraño. Era de color gris claro, tenía la pequeña portezuela plegadiza abierta, dándole accesibilidad al interior, se adentró a ella antes de que se diera cuenta, cerrando por detrás de si. Sintió la melancolía y se preguntó que era aquello, que se le llegaba a hacer tan familiar.
Su cuerpo se vio ido hacia atrás y quedó apoyado contra aquel chirriante cancel, sintió ganas de inspirar —si es que aún recordaba como se hacía aquello—, lo hizo y se sorprendió al sentir. No importa qué era lo que sentía, ya fuera aquel tan familiar olor a humedad, o que alguien le golpeara en la cara, había sentido y quiso hacerlo otra vez, pero esta vez busco algo diferente y para su sorpresa y dicha; encontró un añejado directorio dejado minuciosamente sobre una pequeña repisa, un cordón salía desde su lomo, parecía estar atado a alguna parte, no se molesto en averiguarlo. Sus hojas y tapa estaban levemente dobladas hacia afuera, parecía traído de otro mundo, aunque al mismo tiempo le era tan común. Con algo de timidez llevó ambas manos a aquel cuaderno, recorrió la tapa con sus dedos; sintiendo el templado contacto y las pequeñas arrugas que tenía aquella, infantilmente lo tomó con ambas manos y lo llevó a su rostro, inspiró con fuerza dejando que sus pulmones se llenaran de la esencia de aquello y sin darse cuenta su mente fue transportada a otro lugar; llovía, corría por el barro con una cartera sobre su cabeza para no mojarse demasiado, volvió a la —si es que así podía llamarle— realidad y miró aquel directorio algo perplejo, lo dejo caer, comenzando a escuchar como este se golpeaba estruendosamente contra uno de los muros y una sonrisa surcó sus labios, había escuchado.
Toda su atención se vio volcada a aquel viejo aparato, y claro que sabía lo que era, de alguna forma lo sabía, ¿y qué importaba el porqué?, simplemente lo hacía.
Recorrió con sus dedos los botones de aquel; uno, dos, tres, seis, cinco, cuatro, siete, ocho, nueve, numeral, cero, asterisco. Su sonrisa se ensanchó, se estaba divirtiendo. Ahora posó su mano por encima del aparato sintiendo el contacto con el frío metal, bajó hasta el auricular de aquel y sin pensarlo dos veces; se lo llevó a su oído.
Comenzó a marcar, sin saber contra qué —o mejor dicho; quién— iba a dar, sus dedos se habían movido solos sobre aquellos gastados botones, que apenas si dejaban ver sus iconos, la llamada no tardó en entrar y su mirada se paseó distraídamente por el otro mundo que había fuera de su refugio.
—¿Hola?— Aquella tenue y adormilada voz pareció no solo retumbar en su cabeza, si no en todo el lugar. No hubo respuesta, se oyó a alguien removiéndose entre las sabanas y el usual "click" de la lámpara prender. —Hola— Se volvió a repetir, esta vez con más firmeza, pero al final un bostezo pareció escaparse de los labios de la progenitora de la voz. —.., ¿quién es?
Al fin lo había comprendido y no debía responder, o al menos eso es lo que pensaba, pero ¿qué esperaban realmente?, después de todo, él era un humano, uno exiliado del mundo de los vivos, pero un humano al fin.
—Hola.— Contestaron al fin y el silencio cayó sobre aquella línea, se oyó el remover entre las sabanas nuevamente, las pisadas de pies descalzos sobre la madera, todo le era tan claro y su sonrisa volvió a estirarse. —Adiós.— Fue lo único que atinó a decir y el auricular regresó a su lugar.
Su espalda resbaló y en segundos se vio sentado dentro de aquel pequeño cubículo, mirando el techo de este, sintió las lagrimas correr por sus mejillas, por su alargada sonrisa llegaban a colarse algunas, sintiendo el salino gusto de estas, ¿hace cuánto que había creído perdidos aquellos sentidos?. Durante los últimos —él creía— diez minutos, había tocado, había olido, había escuchado, había degustado y, finalmente, lo único que había pensado que no había perdido, le había sido devuelto; había visto.
Escuchó el retumbar detrás de su cabeza, aquellos tres golpes dados al vidrio, se quedó completamente paralizado, había sido su imaginación, ¿verdad?. Los golpes se repitieron, se giró sobre su hombro y llego a ver a una pequeña niña, le sonreía abiertamente; si hubiera podido sufrir de un escalofrío, hubiera ocurrido, poco a poco se levanto, pensando: nada, se encontraba completamente aturdido, ¿qué hacía aquella pequeña niña de unos siete años allí?, ¿por qué le sonreía?.
Aquella pequeña parecía ser lo único que tenía color en aquel lugar, llevaba el pelo castaño atado en dos largas coletas, de tez apenas tostada, una blanca sonrisa pintada, un tenue carmesí en sus mejillas, con un blanco vestido de verano y unas sandalias celestes.
—¿Qué haces tú aquí?
La niña no respondió, solo negó con la cabeza mientras escondía el brillo de sus ojos tras sus parpados. Todo el lugar comenzó a —por así decirlo— romperse, la cabina donde el mayor se encontraba se desvaneció, una gran grieta negra apareció en el cielo, abriéndose paso para dejar uno completamente negro, la arena, se había convertido en asfalto, autos, árboles, casas, gente, podía verse todo ahí, bajo aquella hermosa noche en la ciudad.
—Sígueme, ¿si?— Pidió la niña con una tenue voz, era más que angelical. Aquella se echo a correr, y el tubo que seguirla, esquivando a todas las personas y cosas a su alrededor, se sentía tan extraño y al mismo tiempo le parecía haberlo echo un millón de veces; chocar con personas, escuchar los tenues "lo siento" que soltaban estas, algunos ni se molestaban en hacerlo.
Finalmente, llegaron al frente de una casa, solo la luz de una de las habitaciones de arriba estaba encendida, la niña abrió la puerta de esta y se dirigió a aquella habitación, él llegó tras ella, claro.
Una joven de unos veinticinco años, aproximadamente, estaba sentada, dormida contra el respaldo de su cama, aún conservaba el celular entre sus manos y podía vérsele el rastro de las lagrimas en sus mejillas.
El mayor no dijo nada, simplemente se quedó mirando a su pequeña niña, justó como la había recordado cuando hablaba con ella, se giró hacía la pequeña.
—La extrañas, ¿verdad?— Le preguntó, él simplemente asintió. —. Puedes quedarte con ella si quieres.— El rostro de la menor iluminado a la tenue luz de la lámpara se hacía algo difuso, pero podía ver claramente aquella alargada sonrisa blanca.
Caminó un par de pasos y se sentó en su cama, extrañaba tener la necesidad de dormir, dormir al lado de la única persona que tenía.
—Tócala— Le incitó la voz de la chiquilla, su mano estaba a unos centímetros de su mejilla cuando se detuvo, casi pudo sentir aquella inquisitiva mirada detrás de él. —. Vamos hazlo— Aquella voz se había tornado algo molesta. —… ¿Acaso no la amas…?— No hubo respuesta a esa pregunta, el mayor simplemente se dedicaba a sonreírle al rostro de la que dormitaba.
—Exactamente por eso, yo la amo.— Respondió aquel al momento de darse vuelta, se estremeció al ver como una alargada sombra se extendía detrás de aquella pequeña niña que tenía el ceño fruncido, dejando una mueca lo suficientemente perturbada como para asustar a un fantasma, como lo era él.
Aquella niña comenzó a caminar hacía él mientras lo señalaba amenazadoramente.
—Tócala.
—¡No!
La mueca de la menor ahora comenzó a distorsionarse y comenzó gritar de una horripilante manera. Volvió a pasar lo mismo con este mundo y aquella pequeña, todo desapareció, pero esta vez dejándolo en la misma nada, o casi. Una gran puerta se extendía frente a él; había llegado.

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