Nombre: Aquel viejo lugar

Historia/Edición: xlarazondeser

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Aquel viejo lugar

(xlarazondeser)

El viento sopla fuerte, hace frio pero ya no importa, a paso lento por las oscuras calles ante aquel inmutable silencio, mis manos tiemblan, es claro que el miedo me invade, parece no haber nadie pero aun así me asusta, me pregunto ¿Cómo es que llegué hasta aquí? Precisamente aquí.

Aquellos edificios cerrados, oscuros, vacios te miran fríamente mientras sigues tu camino, un solitario sube y baja en aquel lejano parque me recuerda la infancia en mi ciudad natal, aquellos días en donde lanzar una pelota de un lado a otro nos divertía por horas, en donde la imaginación siempre fue el mejor juguete, en donde lo más malo era no obedecer a tu mamá cuando te decía que te comieras las verduras, todo en aquel tiempo era tan sencillo pero todo tiene un curso, curso que no se debe detener y así sucedió, las líneas blancas de aquella época , aquellas que seguíamos de manera recta se volvieron amarillas, un día simplemente subimos a un auto y dejamos todo atrás, recuerdo haberle dicho adiós a aquel columpio que mi papá construyó con una soga y una pequeña tabla, "Cuando regrese jugare contigo otra vez, ya lo veras", fue lo que le prometí pero jamás regresé.

Empezar de cero, un lugar que no conocía, personas extrañas en todos lados, todo aquel vacio de haber dejado mi antigua ciudad y el escaso pero existente sentimiento de querer aprender, descubrir, comenzar una vez más, lo intenté y por mucho fracasé, todo era tan diferente, la gente era extraña y simplemente yo no encajaba, no me hice preguntas simplemente lo acepté, las estaciones cambiaban para mí de manera lenta, los pequeños dibujos, los juguetes, aquellos libros y más aún los pensamientos…todo cambiaba…todo de un momento a otro se volvió tan gris.

Mi mirada se fija en la entrada de aquellas casas extrañamente llenas de polvo, el lento rechinar de una vieja ventana abierta rompe el silencio y hace que me asuste aún más, mi corazón late muy fuerte pero se bien que debo continuar, ya no queda tiempo…es la hora de marchar.

Las preguntas y complejos comienzan a salir, vuelan a través de la habitación, rebotan de un lado a otro sin dejarme en paz, me atormentan, me hacen dudar, se esconden y huyen de vez en cuando pero siempre vuelven a su lugar, mi cabeza guarda todo, guarda dudas que a nadie le puedo contar, dudas que seguramente nadie podrá contestar, me limito a sonreír, a seguir adelante sin prestar atención, algo raro está pasando dentro mío…siempre he sido diferente y de eso estaba más que seguro pero no podía aceptarlo, eso sería un error muy grande, aún no sé porque me preocupaba, ya todo era malo, no podía ser peor.

Los estereotipos, la sociedad, esas personas que te miran raro, que te hacen sentir mal, esa necesidad de desahogarte, esa negativa para hacerlo que tú mismo te repites, nadie lo entiende y te sientes solo, yo lo estaba, solo, asustado…enojado, cada mañana el ir al colegio era un infierno, no quería hacerlo pero debía, nada tenía mucho sentido en ese momento, intenté ser normal, intenté seguir a los demás, hacer lo que hacían, me convertí en un actor de tiempo completo con pequeños descansos para dormir, las mañanas se convertían en un momento de concentración, analizar, planear todo tipo de acción y puedo decir que fui el mejor, el mejor hasta que él llegó.

Las calles parecen extensas, he perdido la cuenta de cuánto he caminado, aquel lugar parece infinito, repetitivo, como detenido en el tiempo, puedes poner atención, mientras más te acercas se hace audible aquel tic-tac, ese sonido que no escuchamos entre la prisa de la ciudad pero las manecillas de mi viejo reloj no se mueven, es tan solo un recuerdo viejo ante tal escenario que nos muestra lo que nos es difícil ver, todo sigue igual, sin gente de esa que solía salir a caminar, las escuelas vacías…pareciera que esperan la hora de entrada pero nadie en ese lugar asistirá, el lejano suspiro que no sale a la luz, aquel sentimiento de soledad y tranquilidad, aquel que asusta, que te susurra la verdad…simplemente no hay nadie más.

El estar en mi cuarto con mis viejos amigos, los pensamientos que había escondido en lo más interno de mi cabeza, a los que nunca creí recurrir, ¿Era correcto? No lo sabía pero para mí estaba bien, por primera vez tenía esa sonrisa en mi rostro, no tenía que fingirla, él estaba frente a mí y yo sin más anhelé que lo que mi corazón sentía fuera correspondido, una sonrisa, un beso en la mejilla, todo comenzaba con un "Nos vemos luego", me fue imposible regresar en aquel laberinto en el cual me había metido, me adentré más, la única manera de salir era obviamente la salida, salida que nunca encontré o más bien que nunca tomé por miedo a lo que me esperaba del otro lado, me senté a esperar mientras el "regresar" y "salir" me acompañaban, reían y se burlaban de mí, de mi inútil capacidad de decisión ¿Qué debía hacer?, tenía todo, lo que todos quieren, amigos, buenas notas, chicas tras de ti, invitaciones a fiestas, no era el más popular pero tampoco era el rechazado que siempre fui pero por el otro lado estaba él, la persona que me hacía reír, soñar, creer que todo era posible si tan solo le ponías empeño, aquel que juro defenderme de cualquier persona, de todo aquel que quisiera hacerme daño pero aquella persona era "prohibida", quedarme con él era anormal ¿Por qué? porque a alguien así se le ocurrió y si así era entonces…¿Qué hacer? Corría en círculos pidiendo a dios o a quien sea un señal que me ayudara a encontrar el camino correcto, siempre topaba con pared, estaba más que perdido.

Uno puede imaginarse cualquier tipo de historia, ¿Cuántas personas no pasarían antes por donde yo? Imágenes fantasma que tu imaginación exhibe, los sonidos vacios contando el día a día, empieza a parecer familiar aquel trayecto, los arboles, las plantas, incluso el pasto…intacto como en aquel momento, pareciera no haber pasado ya 12 años.

La cuatro paredes son los únicos testigos, testigos de mi desesperación, de mi indecisión, trato de calmarme y bajo mi cabeza, no quiero equivocarme, el silencio se vuelve mi cómplice y entre el sonar de aquella gotera el corazón me da una respuesta, todo se vuelve claro, me dice que está feliz, yo también lo estoy, no quiero mentirme, no quiero volver a pasar por eso, lo abrazo sin decir nada, nos miran pero poco nos importa eso, lo quiero y él a mí, en ese momento solo eso importaba.

La casa esta idéntica a como la dejamos, un poco de polvo cubre las paredes pero no los recuerdos, mi viejo cuarto, aquel que solía estar siempre desordenado, los antiguos juguetes, los momentos vividos, las risas esas mismas que no volverán, las largas horas empleadas en algo tan simple…un juego, volver a subirme al viejo columpio que se convirtió en el mejor recuerdo de un padre que después de enterarse de mis preferencias jamás volvió a hablarme, una mirada obligada en la hora de entrada de aquellos que creía mis amigos, me molestaba un poco, ¿A quién engaño? Me molestaba bastante pero él siempre estuvo a mi lado, no me importaba ya lo que dijeran a mis espaldas, yo era feliz con lo la decisión que había tomado, estaba dispuesto a seguir, aquella ciudad vacía amanece sin darme cuenta, el frio se aleja lento mientras que el cielo se tiñe de azul iluminando de apoco las opacas ventanas que jamás volverán a abrirse, uno no puede imaginarse cuantas historias albergan ese lugar, cuantas personas ya han pasado y mucho menos cuantas más pasarán, aún se pueden escuchar todas esas voces, el filo de la pequeña navaja cortando mi piel, ¿Cuánto dinero se habrán llevado? Apenas unas monedas supongo, que estúpido ¿No? Irme de esta manera, liquido rojo corriendo por mis manos, ¿Se escuchan mis gritos? No lo sé, da igual, nadie llegó a ayudarme, me quedo sentado un poco más, bien pareciera que el barullo está por comenzar, que los negocios van a abrir y los niños saldrán rumbo a la escuela pero nada de eso va a pasar, el sonido de mis pies pisando el concreto, sonido que va disminuyendo mientras me acerco al final de esa ciudad fantasma, es momento de despedirme de aquel viejo lugar, vuelve el silencio dejándolo todo atrás, en medio de aquella soledad se conserva esa imagen, la simple satisfacción de haber cumplido esa promesa y el revivir de ese preciso instante en el que todo era sencillo.