Disclaimer: Personajes propiedad de Majo y Lore. Pero Aaron es pb Gaspard Ulliel, so en parte es mío.

Le blablablá: Once again, perdón, Lore, por no pedirte permiso para escribir de tu hijo, pero es que Majo me pidió esto y todo es su culpa, así que todos los reclamos con ella, por favor. "Beteado" as in, 'lo checó del celular porque soy una impaciente que no puedo esperar a que prenda la pc', por Annie. Para Majo y Lore porque sí. (Te odio, Rachel.)

Summary: Y cuando ella se va, Aaron siente un vacío en el pecho, pero no sabe qué es, porque nunca ha sido bueno teniendo sentimientos, mucho menos nombrándolos.

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Just a Feeling.

«You may not believe me, but I gave you all I had.»

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Aaron está bastante seguro que la respuesta idónea a un «te quiero» no es el silencio. Y a pesar de saberlo, no puede responder de otra manera cuando Emily finalmente suspira en sus labios y lo susurra a modo de vergonzoso secreto.

Es por eso que no puede culparla cuando comienza a arrojar sus cosas a una maleta vacía después de un par de días. Aaron está bastante seguro de que debería levantarse de la cama y tomarla por los hombros para hacerla recapacitar, pero antes de convencerla de quedarse, debe convencerse a sí mismo de que la quiere cerca. Y para eso falta bastante.

Aaron está seguro de muchas cosas, como de esas lágrimas limpiadas con brusquedad en las mejillas femeninas y las miradas que no se atreve a otorgarle por medio a evaporarse en un sentimiento de añoranza que él no recíproca, son culpa de su misma estupidez.

Aaron está seguro de que está por perder a Emily, pero no hace nada al respecto.

Y es que no es que no la quiera (tampoco está diciendo que lo haga), el problema es que él no sabe lo que es eso. No entiende el por qué de todas esos «¡te amo!» gritados en las películas desde lo más alto de la torre Eiffel. No lo entiende y no quiere hacerlo, porque de alguna manera lo hace y honestamente nada tiene sentido.

Lo que sí entiende es que cuando Emily dice «me voy» y se sienta a su lado con suma tranquilidad, es uno de esos adiós que le saben a hasta luego porque una pareja como la de ellos es difícil de catalogar. Lo que sí entiende es que cuando de sus labios sale un «¿por qué?» lo hace casi sin querer y es una frase que no puede contener.

Entonces es cuando ella recorre su rostro con la mirada y ésta se escurre hasta sus labios al susurrar: «porque cuando miro en tus ojos, ni siquiera estás ahí». Y Aaron simplemente asiente, clavando la mirada en el piso y los codos en las rodillas. No hace ademán de levantarse ni siquiera cuando escucha la maleta rodar por el piso y la puerta de aquel departamento parisino cerrarse tras de ella.

Y siente un vacío en el pecho, pero no sabe qué es, porque nunca ha sido bueno teniendo sentimientos, mucho menos nombrándolos.