Disclaimer: Jack Fawcett es propiedad de Leeh, Danielle es mía, pero los personajes se desarrollaron en The Madness RPG.

Fandom: The Madness RPG.

Pairing: Jack Fawcett/Danielle Anderson.

Music inspiration: Corinne Bailey Rae, así en general, tbh.

Le blablablá: Ésto es para Leeh –insértese aquí un corazón–. Porque en sí esto fue el principio de un texting pero en mi mente se desarrolló bien feito y lo escribí en mis prácticas profesionales (not even sorry), so, sé que está feo, pero no me importa porque me gustó imaginarlo y me gusta ésta faceta de Danielle y otras cosas que ustedes no necesitan saber. Gracias a Annie por betearlo. (Also, Leeh, I love you so very much –nods-.)

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Pertenencias

«todo eso que sos te pertenece / tu corazón y sus revelaciones / tu caja de mentiras en reposo / tu dolor y el dolor de tu paciencia»

(Mario Benedetti)

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Danielle tenía la mala costumbre de acostarse de manera paralela a las almohadas y dejar las piernas colgando al otro extremo de la cama. Sabía que al final de la tarde eso le provocaría tortícolis por estar viendo la televisión en una mala postura, pero no podía evitarlo. Sobre todo cuando estaba en una cama tan cómoda como lo era la de Jack.

Todo había iniciado como la necesidad de conseguir un lugar al cual ir a tomar una que otra siesta tras intensas jornadas de trabajo antes de regresar al hospital para iniciar sus rondas de rigor, pero ahora se había convertido en esas rutinas que se aceptan gustosas. Y es que la cama con olor a musgo, arena y mar era mucho mejor que una cama desocupada de hospital o un lugar entre las sillas de la sala de enfermeras.

Después había venido el encontrar a Caroline llorando de frustración porque no lograba redactar un artículo que debía entregar al día siguiente y Danielle intentando ayudar con palabras de aliento, tazas de té y una que otra idea que resbalaba de la punta de su lengua.

A los pocos días de eso se había enfrentado a la crisis de Emelyne porque no encontraba una blusa que combinara con la falda que tanto le gustaba y Danielle soltando un «¡hey, somos de la misma talla!» mientras le ofrecía una prenda que le quedaba a la perfección mientras Jack rodaba los ojos desde la cocina y apretaba los labios en una sonrisa que jamás llegó a curvarlos.

Danielle no sabía cómo es que había sucedido realmente, pero sin considerarlo siquiera, ya se pasaba los días enteros en esa casa cercana al mar, cocinando la cena para cuatro personas que ni siquiera eran su familia, pero se sentían como tal.

Y así había sido ese día, se le habían agotado los pretextos para acudir a la residencia Fawcett pero cuando Astrid le abrió la puerta, la sonrisa en su rostro le hizo saber que no necesitaba uno. Un par de horas después, mientras escuchaba a alguien trabajando en el establo, preparó la cena, se dio una ducha para quitarse el cansancio del hospital y se vistió en ese primaveral vestido que había metido en su mochila el día anterior antes de partir a su turno de dieciocho horas corridas.

Por eso en ese momento el mundo podía colapsar, pero ella estaría ocupada viendo American Idol con las manos sobre el estómago y los ojos cada vez más pesados.

O al menos eso creía hasta que escuchó la puerta de la recámara y vio a Jack entrar con los labios fruncidos y el sombrero entre las manos. Al mirarla, soltó un suspiro y rodó los ojos, dejando sus cosas sobre el buró junto a la cama.

—No porque éste sea el lugar más cercano al hospital tienes que visitarnos siempre, Anderson —masculló, desabrochando su camisa de botones que mostraba suciedad del establo por todas partes.

Danielle se levantó para sentarse a la orilla de la cama con los hombros encogidos y miró su espalda desnuda por sólo un segundo antes de que una playera entrara por su cabeza nuevamente.

—Me gusta estar aquí.

—Y como siempre no eres lo suficientemente amable para preguntar si a mí me gusta que estés aquí.

Danielle sonrió.

—No, porque sé que mentirás diciendo que no.

—Te he dicho más de una vez que no es mentira.

—Sigo sin creerte —arrugó la nariz divertida y volvió a recostarse sobre la cama, pero esta vez se acomodó en un costado con una almohada bajo la cabeza.

Y es que había ocasiones en las que Jack desmentía sus palabras con hechos. Había días en los que Danielle podría salir del hospital entre risas y regaños hacia Mathieu sólo para encontrarlo afuera con la cazadora abrochada y una pequeña sonrisa al soltar un «vamos a cenar, Anderson», al que ella jamás podía negarse. Había días en los que ella dormiría entre sus brazos, sólo para despertar con el sonido de la televisión y el pecho de Jack desnudo en un cadencioso sube y baja que la tranquilizaba sobremanera. Porque vaya, incluso habían llegado al común acuerdo de que los lunes por la noche eran días de fútbol americano y ella accedía a ver los partidos con uno de los jersey azules y plateados, aprovechando los quince minutos de halftime para besarlo en el sofá. Había días en los que realmente parecía que la quería.

Aunque luego estaban esos otros días. Esos en los que Jack la desnudaría lentamente imprimiendo una ternura que no sentía en cada caricia contra su piel, sólo para alejarse como si nada y dejarla sintiéndose expuesta bajo las sábanas. Esos en los que ella tendría que rogarle que la besara o que tan siquiera tomara su mano y el soltaba una de esas risas cínicas y un «princesa» que sonaba más a insulto que a caricia, momentos que a Danielle le erizaban la piel y la quebraban un poquito. Esos en los que alguien mencionaba a Michael por error y Jack la miraba con un odio al que Danielle aún no le encontraba procedencia.

Pero cuando se trataba de Jack, un poco de amor (así fuera fingido), era mejor que nada.

Por eso no argumentó nada cuando lo sintió recostarse a sus espaldas en la cama y rodearle la cintura con un brazo, robando un poco del espacio sobre la almohada. Danielle respiró profundamente y entrelazó sus dedos a los de él, mirando la televisión sin prestarle atención, y no fue hasta que lo sintió girarla para darle frente, que se dignó a mirar a sus ojos y enarcar las cejas amablemente, acariciando su mandíbula con el pulgar mientras él hacía lo propio con sus costados.

—He preparado la cena.

—No tenías por qué.

—Pero quería hacerlo.

—Bien.

—Bien —repitió ella, acurrucándose un poco en su costado.

—Debo ir a ducharme. Los Vaqueros juegan contra los Gigantes hoy.

Y aunque para Danielle eso no tuvo mucho sentido porque vamos, unos vaqueros jamás podrían derrotar a unos gigantes de verdad, sólo asintió y se levantó de la cama, siendo ahora ella quien le daba la espalda para sacarse el vestido por la cabeza y tomar una jersey del tercer cajón, cubriendo su torso y la mitad de sus muslos. Liberó los rizos rubios que habían quedado atorados bajo el cuello y una vez que estaban dispersos sobre sus hombros nuevamente, regresó a la cama, volviendo a darle la espalda.

—Vale, yo seguiré viendo American Idol mientras comienza.

Jack no dijo nada pero ella lo sintió sonreír contra la piel de su cuello y depositar un húmedo beso que la hizo cerrar los ojos y suspirar antes de sentir que se levantaba y caminaba hasta el cuarto contiguo.

Y es que al final del día, eran esos pequeños momentos los que mejoraban su día.