We Are the Wild Ones

by British Cigarette


Cuando eres uno de nosotros, solamente tienes dos opciones:

a) Someterte al estricto control que el gobierno ejerce sobre nosotros
con la Clave Única de Registro de SuperHumanos

b) Tomar los supresores X19, creados para ocultar nuestras habilidades,

mismos que con el tiempo, terminaran por matarte.

Sin embargo, hay rumores, leyendas urbanas que dicen que nosotros, los superhumanos, tenemos una tercera opción.


Prólogo

« I dreamed I was missing, you were so scared

But no one would listen 'cause no one else cared

After my dreaming, I woke with this fear

What am I leaving? When I'm done here? »

Leave out all the rest, Linkin Park


Todo empieza con un mareo, seguido de un dolor punzante en el lado izquierdo de la cabeza, tan solo un poco más arriba del oído. Después, es tan solo cuestión de minutos para que aquel malestar se extienda por el resto de su cuerpo.

Tiene la visión nublada y sus extremidades empiezan a temblar, impidiéndole sostenerse. La respiración entrecortada, su pecho sube y baja rápidamente (uno, dos, uno dos, inhala, exhala). Se retuerce en el suelo, gimiendo por aquella punzada de dolor que se ha extendido por toda su cabeza, amenazando con hacerla explotar.

Y entonces ocurre.

Es una chica o tal vez un chico.

Sudadera roja, Levi's desgastados y zapatillas All-Star. Corre en una calle oscura, apenas iluminada por el débil titilar de los faroles. Su respiración sale de su boca en forma de vaho, perdiéndose en el aire a los pocos segundos.

Se escuchan pasos acercándose.

La lluvia continúa cayendo impertérrita sobre la ciudad, empapando todo cuanto hay a su paso. El desconocido hace un esfuerzo por ir más rápido, pero cuando esta a punto de dar vuelta en la esquina derrapa con un charco de agua que ha comenzado a formarse, cayendo de espaldas sobre el suelo. Trata de ponerse de pie con cierta dificultad y la capucha le cae sobre los hombros dejando ver dos coletas rubias.

Los pasos se acercan y una sombra larga y tenebrosa se vislumbra sobre el pavimento gracias a la luz de una farola cercana.

« Corre » piensa Beverly cerrando los ojos, aún a sabiendas de que aquello no hará que la visión se desaparezca.

La chica logra ponerse de pie y como si hubiese escuchado el consejo de Beverly, se dispone a correr. No obstante, ya es demasiado tarde. Apenas logra dar un par de pasos antes de estrellarse contra algo. O más bien dicho, alguien.

Retrocede y mira hacia todas partes con los ojos azules bien abiertos, como un cervatillo asustado buscando una forma de escapar de su depredador aún a sabiendas de que no podrá hacer nada, es demasiado tarde, ya está rodeada.

— ¿Pero que tenemos aquí? — aquella pregunta se desliza por los oídos de Beverly, que siente un escalofrío recorrerle todo el cuerpo al reconocer aquella suave voz de mujer. — Otro de esos bichos raros.

La muchacha rubia comienza a gimotear.

— Y-yo… yo n-no…

Un fuerte empujón la hace caer de nuevo al suelo, esta vez de rodillas.

Alguien se ríe.

— ¿Porqué no nos muestras lo que sabes hacer en lugar de llorar como una idiota? — pregunta alguien más. Se trata del muchacho que la ha empujado, mismo que ahora la toma de la capucha y la levanta varios centímetros del suelo. — ¡Te he dicho que nos muestres!

La chica aprieta los puños y después los suelta. Al instante, la bombilla en uno de los faroles se rompe en pequeños pedazos que caen al suelo provocando un leve estruendo. Pequeñas chispas azuladas salen de sus dedos y se deslizan por todo su brazo.

Mueve la mano hacia atrás, electrocutando en la pierna a su captor, que la deja caer mientras profiere un montón de palabras altisonantes en un tiempo record. Al instante se da cuenta de que aquello ha sido una mala idea.

— ¡Pequeña cabrona! — chilla el muchacho, tomándola de las coletas una vez que se ha recuperado. — ¿Pero a que esperas Jessica? ¡Mátala de una puta vez!

— No seas aguafiestas Kenneth, nos estamos divirtiendo ¿no es así linda? — Jessica le acaricia la mejilla a la chica antes de colocar su vieja Colt 10mm sobre la frente de esta — ¿Quieres decir algo?

— P-por f-favor… n-no…

Jessica niega con la cabeza y hace una pobre imitación de la alarma de algún programa de concursos.

— Lo siento, se te acabo el tiempo.

El estruendo provocado por el disparo resuena en toda la calle y Beverly aprieta aún más los ojos tratando de deshacerse de aquella aterradora visión. La desconocida de cazadora roja cae al suelo de rodillas y poco a poco le sigue el resto de su cuerpo. Poco a poco, el color carmesí de la sangre comienza a mezclarse con el verde moho del agua estancada en las calles.

Beverly grita horrorizada, pero no mueve ni un musculo. Continúa tirada sobre el frío suelo de hormigón, concentrada en los ojos tristes de aquella chica que poco a poco se van apagando, despidiéndose de la vida.

La sensación de mareo empieza a desaparecer poco a poco y al cabo de unos minutos, Beverly vuelve a ponerse de pie y baja las escaleras para contestar el teléfono.

A unas cuantas calles de distancia y sin que nadie lo note, una menuda chica de coletas rubias y vaqueros desgastados, corre despavorida haciendo un último intento por escapar de su destino.