La Ciudad del no Desear

Desde que llegue a esta ciudad, nada, y quiero decir absolutamente nada, ha sido normal. Estar aquí es estar perdido en una plaza bien señalizada. Me explico, esta no es una tierra fantástica donde los dragones y ave fénix vuelen libres. No. El cielo es azul como en cualquier otro lugar, sin embargo, la gente es extraña de una manera muy peculiar: Todos tienen maravillosos palacios y riquezas tan grandes como lo es el sol. Lo curioso es que o son unos altivos arrogantes como los nobles de mis tierras -el pintoresco pueblo de Rodorio-. Al contrario, se la pasan indiferentes como si estuvieran ahogados en su propia tristeza… lo cual es sólo una suposición, quizás ellos se creen demasiado superiores como para tan solo hablar con un Hidalgo como yo y mi hermano.

Las cosas no siempre fueron tan malas. Antes -cuando yo era aun un niño pequeño- nuestra familia era por mucho la más rica de la villa. Nunca nos faltó nada y crecimos con cuchara de plata en la boca. Pero nada es eterno... Mi padre, Donatello Cruz, aburrido de sólo poder estar con una mujer a la vez, trató de obtener el divorcio. Pero la Iglesia se negó. Tiempo después, Cruz comenzó una guerra contra la iglesia. Los caballeros Templarios no fueron muy felices con esta idea, y como siempre están cumpliendo los deseos de la iglesia nos quitaron todo lo que teníamos. Donatello terminó en prisión -Yo creo que está muerto- y mi madre –una de las mayores pianistas que el mundo haya tenido el placer de concebir- entró a una orquesta en Madrid, dejándonos a nuestra suerte. Yo no he vuelto a ver a mis padres desde el 9 de septiembre del1900.

La vida es dura y mi esfuerzo no alcanza para mantenernos. Por esa razón viajamos de ciudad en ciudad buscando una mejor vida. Cuan infeliz soy...

-¡Pascal!-. Escuchó una voz juvenil gritar mi nombre con energía. Volteó para encontrarme con mi hermano menor, Eliot, quien lleva una bolsa de papel en su mano izquierda.-Aquí las cosas son muy caras. Sólo pude comprar tres panes… y están duros. Además, no son muy agradables por aquí: Cuando entre a la tienda el vendedor me grito como si yo fuera un pero en busca de migaja. ¡Qué gente más terrible!

Con un gesto de cansancio me senté a un lado de la fuente de la calle principal. No pasó mucho tiempo desde que comenzamos a comer, cuando un hombre de cabello azabache y azules ojos, nos quedo mirando como si fuéramos extrañas criaturas. Se trataba de un hombre rico.

- Les doy cuatro mil rupias por ese el hombre. Yo, creyendo que era una broma, sonreí socarronamente.-Que sean ocho mil rupias entonces.

Incrédulo cumplí con sus caprichos, mientras que Eliot recibía una bolsa de color rojo. Aunque parezca increíble, lo que estaba sucediendo no era un sueño. "Por fin, vamos a comer algo decente" pensé. Por otro lado, el hombre -casi o hasta más feliz que nosotros- tragó en alimento de un bocado. Pero de repente su sonrisa se esfumó.

-Si el pan no les trae la felicidad, ¿Qué es?- dijo el hombre muy cansado.

No supimos que responderle en ese entonces, aún éramos demasiado jóvenes para entender lo que ocurría, pero creo que ahora yo podría intentar explicarles. En eso días Eliot y yo buscábamos una mejor vida, nuestros deseos nos obligaban a salir adelante y ser felices. Así que no voy a dejar de creer y desear a diferencia de aquellas personas que tienen el mundo en sus manos ya no saben qué hacer. Bueno, esto es todo por el momento, ahora tengo que preparar mi viaje. Iré de visita a París la próxima semana.

Pascal Cruz

Marqués de Badain

"Desear lo que no podemos obtener es vivir, es soñar... ¡Ser felices!


Hace mucho que quería subir está historia. Es algo viejita... ni tanto, un par de meses. La escribí para un trabajo en mi clase de Lenguaje, pero decidí que valía la pena ser subida para que otros la conocieran, pues mis cercanos siempre me dicen que tiene un lindo mensaje.

¡Gracias por leer!