Estaba seca.

Suspiró con frustración, mirando a todos lados intentando encontrar una inspiración divina o algo que le ayudase. Sus dedos se paseaban ansiosos por el teclado, esperando tener algo que tipear.

Gruñó, irritada, echándose en su asiento. Sentada en la orilla de la silla, tirada en el respaldo, con las manos y las piernas abiertas, la cabeza hacia atrás. Llevaba semanas tratando de continuar aquello que había dejado inconcluso y se propuso terminarlo a toda costa. Su vida dependía de ello... casi.

El bloqueo de escritor era lo peor.

Maldecía al mundo, molesta, resoplando y susurrando cosas que una señorita no debería decir. No saldría de esa habitación hasta terminar con lo suyo, se lo había prometido a sí misma. Un juramento sagrado escrito con sangre... en su imaginación y de manera simbólica, claro, pero eso no le quitaba su valor, ¿verdad? Irrompible, inquiebrantable...

—¡Sofía, el almuerzo está servido!

Maldición. La fuerza mística que disfrutaba su mala suerte —porque había una, de eso estaba segura— no sólo le impedía terminar su escrito, sino que además quería también dejarla como una chica sin palabra. Hermoso.

Devoró lo que había en su plato sin fijarse qué era exactamente, dijo algo que intentó ser un "Permiso" aún con la boca llena y sin esperar respuesta alguna volvió a su habitación. Se sentó nuevamente en la orilla de la silla pero esta vez en una posición rígida y "lista para el trabajo", con la vista fija en la pantalla.

¿Cuánto tiempo estuvo mirando al documento en blanco sin escribir siquiera una letra? Diez, quizás quince minutos. Entonces se aburrió. Rascó su cabeza con desesperación e impaciencia y, dejando todo tirado, se lanzó a su cama, boca abajo.

El sueño poco a poco comenzó a apoderarse de ella, los brazos de Morfeo cada vez se le hacían más cómodos... y entonces llegó.

Primero fue una idea fugaz que hizo que en su mente resonara un "¿ahora? ¿En serio?". Intentó ignorarla para volver con el dios que la llamaba cautivadoramente, pero la muy maldita (¿no podía haber llegado antes o después? ¿¡Por qué!?) se fue desarrollando en su cabeza hasta que no pudo seguir durmiendo, o más bien intentando dormir. Era el momento, tenía que escribirla o se iría para no volver jamás y así repetir el ciclo en el que estaba desde hace un tiempo.

Sí, el bloqueo era lo peor, pero la inspiración era perversa.

Se levantó con pereza, se posicionó en la silla y el golpeteo de los dedos contra las teclas fue cada vez más constante.

"Estaba seca.

Suspiró con frustración...".