Dioses del Alma Sacramentó 1

Sacramentó 1: el comienzo de los nuevos dioses.

¿Qué pasaría si descubrieras que eres hijo de un dios? ¿Te parecería una experiencia totalmente absurda o tal vez una oportunidad para probar al mundo que eres mas que solo un "humano" más en el mundo? Les contare la historia de 3 hermanos de 17 años que tenían una vida muy diferente a la nuestra y todo comienza un día tranquilo por la mañana. Eran las 8:00 A.M. y los tres hermanos no se despertaban ni siquiera por más mínimo ruido, hasta que su madre entro a la habitación con una voz muy autoritaria.

-¡Muy bien pequeños príncipes, es hora de que salgan de la cama y se preparen para ir a la escuela!-decía su madre mirando a los tres que poco menos se habían caído de sus camas.

-Pero mamá, no queremos ir, ¿No podemos solo seguir durmiendo y olvidar el asunto de la escuela?-decía uno de los hermanos con voz muy adormilada.

-No eres el más apto para decirle eso a mamá, Dante-le decía su hermano mientras se ponía sus lentes para despertar.

-Cállate Isaac, no dejare que me trates como el más flojo de los tres solo porque tu eres un "poco" más inteligente-reclamaba Dante con fuerza mientras miraba a su otro hermano-¿No crees que tengo razón, Gabriel?

-No pienso meterme en su pelea, de todas formas no ganaría nada, así que dejémoslo como un empate-decía Gabriel con una sonrisa.

-Ya dejen de discutir y vístanse, el desayuno estará listo en un momento-antes de irse los queda mirando con una cara siniestra-si vuelvo y no están listos rueguen por los dioses que no traiga a Cerberus para que les queme el trasero.

Los tres chicos solo asintieron algo temerosos por la amenaza que les había hecho su madre. Dante, Isaac y Gabriel son hijos de un ángel (su padre) y un demonio (su madre), antes de que ellos nacieran, hace 10 años, hubo una brutal guerra en la que ángeles, demonios y dioses se enfrentaron, su padre participo en esta guerra y, según lo que les dijo su madre, este desapareció en la batalla dejándola sola con los niños, su madre parece haber olvidado el incidente, sin embargo ellos tres siempre miran la única foto que quedo de su padre para seguir recordándolo e imaginar que aún seguía con vida en algún lugar. Luego de unos minutos bajaron y tomaron el desayuno de forma tranquila mientras conversaban de cómo sería su primer día de clases en la escuela luz de luna y si serían bien recibidos, ya que ellos eran los únicos que eran hijos de un ángel y un demonio.

-Recuerden no meterse en problemas, habrá muchos que los trataran de forma distinta al principio, pero ustedes deben demostrarles lo que valen y que no los traten diferente por ningún motivo-les decía su madre con una sonrisa mientras limpiaba las tazas del desayuno. El término que se les daba a Gabriel y a los demás era el de "mestizos", lo que significaba sangre impura o de sangre doble, esto era lo que les preocupaba más pero prefirieron hacerle caso a su madre y solo preocuparse de demostrar quienes eran realmente. Ya eran las 8:30 A.M. y los tres hermanos se pusieron en marcha para poder llegar a la escuela a tiempo, mientras caminaban seguían comentando sobre el primer día de clases.

-Que asco, será horrible ser los nuevos alumnos en la escuela, no quiero ni imaginarme como nos trataran al llegar-reclamaba Dante mientras se ponía las manos en la cabeza.

-Odio admitirlo pero Dante tiene razón, no sería nada agradable que nos trataran diferente solo porque somos hijos de padres de los dos bandos-decía Isaac ordenándose las gafas.

-Deben tranquilizarse, ya oyeron lo que dijo mamá, no debemos preocuparnos de cómo nos llamen al llegar a la escuela, tenemos que demostrarle nuestro potencial, ¿Qué dicen?-Gabriel puso un puño al frente esperando que los demás hicieran lo mismo.

-Siempre encuentras algo que decir Gabriel, cuentas conmigo-decía Dante mientras ponía su puño al frente junto al de Gabriel.

-No deberías dudar de que estoy contigo, después de todo somos hermanos-decía Isaac con una sonrisa y poniendo su puño al frente también.

Al separar los puños sacaron sus alas y se pusieron a volar hacía la escuela, la diferencia entre las alas de los ángeles y demonios es que la de los ángeles son de color blanco, mientras que las de los demonios son de color negro, lo singular de estos hermanos es que sus alas eran de un color casi parecido al del sol y se reflejaba junto con este en toda la ciudad. Mientras volaban no se percataron de que un demonio los estaba vigilando desde no muy lejos, además de que los estaba siguiendo desde que salieron de la casa. El primero en percatarse fue Isaac, quien quedo mirando hacía atrás por un largo tiempo, a su vez Dante y Gabriel hacían lo mismo, hasta que el demonio apareció frente de ellos con unos ojos de color rojo y una cabellera del mismo color.

-Oye tú, ¿Quién diablos eres?-decía Dante algo enojado.

-No tengo porque responderle nada a mestizos como ustedes, lo único que les diré es que prepárense para sufrir una muerte lenta y dolorosa-decía la chica con una cara de odio hacia los tres hermanos, en especial a Gabriel.

-¿Qué diablos te pasa? Nosotros no te hemos hecho ninguna cosa como para que quieras matarnos, no tiene ningún sentido-decía Dante más enojado que antes y con una mirada muy penetrante.

-Como dijo mi hermano, lo mejor es que te alejes de este lugar y nos dejes en paz-decía Isaac con mucha calma.

-Para que les quede claro desde un principio, mi misión es matarlos a ustedes tres y no me iré hasta cumplirla por completo-se quedo mirando a Gabriel por unos segundos-y al principal que matare serás tú Gabriel.

Gabriel se sorprendió al ver que la chica lo conocía, no lograba recordar de donde pero sentía que la conocía de algún lugar, de pronto de la nada un recuerdo de una chica de ojos azules vino a su cabeza, recordó que la había conocido el verano pasado cuando él y sus hermanos habían ido a la playa por unos días. Gabriel prefirió no arriesgarse a suponer que era la misma chica.

-Antes de que nos mates, ¿No podrías decir tú nombre? ¿O es que acaso tienes miedo de decirlo?-decía Gabriel mientras la miraba con una mirada sería que hizo que esta se alejara un poco de ellos.

-No le encuentro sentido alguno el decirles mi nombre si de todas formas morirán en este lugar, pero se los concederé como último deseo, mi nombre es Zumy, soy uno de los demonios más poderosos del inframundo, bueno sin contar a Leo claro esta-decía Zumy con una sonrisa en rostro.

-¿Leo? ¿Quién es Leo?-preguntaba Gabriel, mirando a sus hermanos que estaban con la misma duda.

-Es el dios de todos los demonios, es algo así como el próximo sucesor de Hades, bueno basta de tanta charla, es hora de terminar mi trabajo, adiós hijos de Zeus-cuando Zumy dijo esto los tres hermanos quedaron preguntándose porque los llamaron hijos de Zeus, pero no lo pensaron mucho al ver que Zumy sacaba dos espadas con forma de serpiente de sus brazos. Parecía ser el final de los tres hermanos, hasta que alguien se interpone en el camino de Zumy y la hace retroceder con un solo golpe.

-¿Quién diablos ha hecho eso?-decía Zumy muy furiosa.

-No tientes a tu suerte dos veces, mientras yo este aquí no les tocaras ni un pelo a estos chicos-decía una voz desde arriba de Gabriel y los demás.

-Esa voz, no puede ser… ¡Héctor, eres tú maldito bastardo!-gritaba Zumy con fuerza mientras miraba a Héctor-ya verás, espera a que le diga a Leo lo que acabas de hacer.

-No me interesan tus pequeñas amenazas en lo más mínimo, ahora lárgate antes que termine por completo contigo-decía Héctor con un tono muy serio.

Zumy solo se comenzó a morder el labio y se quedo mirando a Gabriel, sin embargo el color de sus ojos había cambiado a color azul.

-Gabriel esto aún no se ha terminado, voy a matarte a ti y a tus hermanos, aunque no quiera hacerlo-decía Zumy mientras una lágrima comenzaba a caer de su cara, luego de esto desapareció en el acto con una pequeña llamarada.

Gabriel y los demás quedaron mirando a Héctor, el cual también comenzó a verlos detenidamente.

-Vaya, vaya, nunca creí que los conocería a ustedes tres, hijos de Zeus-decía Héctor mientras miraba que los tres hermanos se sorprendían al escuchar esto.

-¿Hijos de Zeus? ¿A que te refieres con eso?-preguntaba Isaac algo intrigado.

-Cuando lleguen a la escuela lo sabrán, por ahora solo salgamos de aquí, estoy seguro de que Zumy volverá para terminar el trabajo que le encomendaron-Héctor los queda mirando por unos segundo-sin embargo dudo que pueda contra ustedes cuando logren controlar sus poderes.

-¿Poderes? ¿Qué clase de poderes?-preguntaba Dante muy interesado, al igual que lo estaba Gabriel e Isaac.

-Todo lo sabrán cuando lleguemos a la escuela, ahora les pido que me sigan-decía Héctor mientras comenzaba a volar en dirección a la escuela. Dante e Isaac hicieron lo mismo, pero Gabriel quedo mirando por unos momentos atrás preguntándose el porque Zumy se había puesto a llorar y le había dicho eso, prefirió no darle importancia y empezó a volar en dirección a donde estaba sus hermanos esperando.

Mientras esto ocurría en la superficie, una escena totalmente distinta se vivía en el inframundo, donde Zumy fue castigada por haber fallado con su misión.

-Me decepcionas pequeña Zumy, pensé que cumplirías la tarea que Hades te había encomendado de traerle las cabezas de los hijos de Zeus en bandeja de plata-decía una voz algo ronca que jugaba con unos cuchillos.

-Lo lamento maestro Leo… es que apareció Héctor y yo…-Zumy no pudo terminar la frase porque Leo la detuvo con un grito.

-¡Basta de darme excusas tan absurdas! Ahora quiero saber ¿Por qué debería darte otra oportunidad? Ya desaprovechaste la que te dio Hades, que te hace pensar que ahora lograras matarlos-preguntaba Leo con una cara de ira y de expectación. Zumy lo quedo mirando con sus ojos rojos y penetrantes.

-Porque nadie más que yo tiene la capacidad para acabar con la vida de esos tres, incluida la vida de Héctor si es necesario-decía Zumy con una voz agresiva y clavando una de sus espadas en la tierra.

-Muy bien te daré otra oportunidad, no la dejes ir y para asegurarme de que esta vez lo lograras te prestare a la mascota del mismísimo Hades-Leo tomo un poco de aire y luego silbo con gran fuerza-¡Cerberus!

-Ya era hora de que me llamaran para divertirme un poco en el mundo de allá arriba-decía Cerberus mirando a Zumy y a Leo.

-Le prometo maestro que esta vez no fallare-decía Zumy, mientras empezaba a caminar junto a Cerberus.

-Espero que tú corazón no te vuelva a detener otra vez, pequeña-decía Leo al aire mientras se ponía a reír fuertemente.