Dioses del Alma Sacramentó 6

Sacramentó 6: la llegada de las hijas de Egipto.

El primer día de entrenamiento había sido algo no tan severo como esperaban los tres hermanos, pero lo que si pudieron hablar con las chicas que a cada uno le interesaba y conocerlas un poco más. Al ser fin de semana los hermanos se despertaron un poco más tarde de lo común porque se sentían muy agotados luego del combate contra los hijos de Hades y contra el gran Cerberos.

-Aun no puedo creer que nuestro padre sea Zeus, es algo de otro mundo-decía Dante mientras saltaba en su cama.

-Es algo sorprendente, yo siempre había pensado que nuestro padre era un simple ángel o alguna clase de arcángel, no se-se trababa Isaac al buscar una respuesta concreta. Gabriel estaba sentado en su cama mirando por la ventana, como si buscara algo más haya del horizonte.

-Gabriel, ¿estas bien?-pregunto Dante mientras lo miraba atentamente.

-Si, si estoy bien, solo pensaba en todo lo que nos paso en nuestro primer día de escuela, descubrimos que somos los hijos de Zeus, nos dieron nuevos poderes, conocimos a casi todos los dioses y a nuestros aliados, jamás me imagine que pasara todo eso-decía Gabriel con una gran sonrisa mientras sus hermanos daban la misma sonrisa.

-Bueno como ya estamos todos despiertos, será mejor que vayamos a desayunar, mamá debe tener todo listo-indicaba Isaac colocándose los lentes.

-Es cierto, me muero de hambre-Dante comenzó a babear por saber que iba a comer. Los tres empezaron a bajar y se sentaron en la mesa, esperando a que su madre les sirviera el desayuno, Gabriel noto que había algo raro en el ambiente, como si una presencia maligna hubiera tomado la casa. De la nada la voz de su madre lo preocupo mucho más.

-Ya era hora de que bajaran a desayunar, creí que se quedarían en la cama todo el día luego de todo el entrenamiento que tuvieron ayer-decía la madre desde la cocina.

-Oye mamá, ¿te encuentras bien? Siento que estas hablando de manera extraña.

-Estoy resfriada es todo-la voz de la cocina se empezó a sentir algo nerviosa.

-Vaya que mal mamá, y eso que ayer te encontrabas muy bien de salud, me parece raro que te diera de un día otro un resfriado-decía Dante dando una sonrisa y una pequeña sonrisa.

-Bueno las cosas malas le ocurren a cualquiera de un día a otro, son las cosas malas que ocurren siempre-decía la voz un poco confundida con lo que decía.

-Si quieres te doy un masaje para ver si se te pasa el dolor del estomago-decía Isaac tratando de confundir a la que se suponía era su madre.

-Si sería muy bueno para quitarme este dolor-la voz se dio cuenta que la habían engañado y había caído en la trampa. Los tres hermanos se pusieron en guardia tomando sus armas respectivas de la pared del comedor.

-Muy bien impostora, ¿Quién eres y que hiciste con nuestra madre?-preguntaba Gabriel muy furioso.

De la nada una tormenta de arena arrazo con el comedor, mandando a volar casi la mitad de los muebles, los tres hermanos se sostuvieron fuertemente al piso para no salir volando como los muebles. De la tormenta se pudieron notar dos siluetas femeninas que se acercaban a los hermanos.

-¿Quiénes son?-preguntaba Dante tapándose los ojos. La arena se disipo y las dos chicas se mostraron por fin, la ropa que traían era algo extravagante, una de ellas tenía el cabello de color verde oscuro, mientras que la otra lo tenía violeta, ambas tenían una especie de cinta en la cabeza con varios medallones y su ropa era de seda casi echa de diamantes.

-Mi nombre es Ada, guardiana del templo de Anubis en Egipto-decía la chica de pelo verde oscuro.

-Y yo soy Jina, también guardiana del templo de Anubis y hermana de Ada, mucho gusto-la chica de pelo violeta se comportaba de manera algo infantil.

-Un momento, ¿acaban de decir Anubis? No es posible, por lo que tengo entendido solo existen los dioses griegos, no hay evidencia de que existan los dioses egipcios-refutaba Isaac levantándose del suelo junto con sus hermanos.

-Hay muchas cosas que ustedes no saben hijos de Zeus, y es que no solo existen los dioses griegos, Egipto también tiene su mitología y con ella vienen las alianzas y esas cosas-decía Ada moviéndose de un lado a otro.

-¿Alianza? ¿De que alianza hablan?-preguntaba Gabriel mirando a las dos chicas.

-Es algo simple, los dioses de Egipto han hecho un pacto con el tal Leo para destruir a todos los dioses griegos y gobernar el mundo, ¿era así o no hermana?-Jina parecía algo confundida, mientras que Ada sentía vergüenza del comentario que hacia su hermana.

-En fin, el punto es que nos enviaron aquí para asesinarlos, no es nada personal, pero lo hacemos por nuestros dioses-las dos hermanas sacaron el mismo tipo de espada de sus espaldas, estás tenían una forma algo curvada en la punta y esta a su vez era un poco más ancha que el cuerpo.

-Jamás creí que vería las legendarias dagas del río nilo-cuando dante dijo esto, Gabriel e Isaac lo quedaron mirando asombrados de que supiera algo de historia-¡oigan no me miren así, ya saben que cuando se trata de armas me interesa mucho estudiarlas!

-Eso es cierto, ojala fueras así en todas las cosas-se burlaba Isaac, poniendo furioso a Dante.

-¡Dejen de pelear ustedes dos! Tenemos cosas más importantes porque preocuparnos-Gabriel tomo la gran espada de luz y corrió a atacar a Ada.

-Bueno si ella se encarga de esa nosotros venceremos a la otra-decía Dante tomando su guadaña, a lo que Isaac tomaba su tridente y atacaban a Jina. Las chicas no alcanzaron hacer ni un movimiento y una nube negra cubrió a todos en el comedor, a su vez una voz surgía de este humo.

-No me parece nada justo que ustedes tres ataquen a dos chicas indefensas, sería más factible que dos pelearan y el otro se preocupara de derrotarme a mí-decía la voz tomando una especia de lanza en las manos.

-Diablos, llego otro más a la fiesta, ¿ahora quien nos desafía?-Dante no siguió caminando porque sintió un miedo horrible al ver quien era el que se encontraba detrás de la nube negra.

-Pero si es…-Gabriel fue interrumpido por las dos hermanas.

-Les presento al protector de los muertos, al que guía las almas hacía un nuevo destino, les presento a mi padre el gran Anubis-cuando Ada dijo que era su padre los tres quedaron pasmados por saber esto, no solo se iban a enfrentar a Jina y a Ada, sino que además se enfrentarían a Anubis, uno de los dioses más importantes de Egipto.

-Vine aquí con el propósito de proteger a mis pequeñas, Leo no es el único que puede dar órdenes en este mundo, pero por otro lado será divertido matar a los hijos del gran Zeus-Anubis tomo su lanza y comenzó a apuntar a la cabeza de Gabriel, quien no hizo ningún movimiento.

-Escuchen, Dante e Isaac, yo me encargare de pelear contra Anubis, mientras tanto ustedes encárguense de sus hijas-decía Gabriel muy serio.

-¿Acaso estas loco? ¿Pretendes que te dejemos pelear solo con el cabeza de chihuahua?-Dante se comenzó a preocupar por la situación, aunque hizo que Anubis se molestara más al llamarlo chihuahua.

-Deben creer en mí, en cuanto venzan a Ada y a Jina me podrán ayudar a derrotar a Anubis, ¿les parece?-Gabriel puso la mano en el centro, Dante e Isaac hicieron lo mismo y se pusieron frente a las distintas chicas, Gabriel se quedo mirando fijamente a Anubis.

-Parece que me toco un oponente sencillo en esta pelea-decía Ada tomando la daga de río nilo con fuerza.

-No dirás lo mismo cuando te ponga a dormir en el piso-decía Dante levantando su guadaña.

-Sabía que me tocaría contigo, pero no creas que te lo dejare fácil solo porque eres lindo-decía Jina poniéndose en guardia.

-Me parece genial, no me quiero aburrir este día-decía Isaac guardando sus lentes y apoyando el tridente en el piso.

-Jamás imagine que tuvieras el coraje para enfrentarte a un dios, te respeto por eso, sin embargo no duraras ni cinco minutos conmigo-Anubis mostró cinco dedos como asegurando que lo acabaría en ese tiempo.

-Ya verás que en esos cinco minutos te abre hecho una cicatriz-decía Gabriel tomando tanto la espada como el rayo.

Todos estaban listos para enfrentarse, un leve silencio se escucho y todos se quedaron quietos, hasta que una gota de agua cayó en el piso. En ese momento todos corrieron hacía su oponente, Dante comenzó a atacar con fuerza a Ada, quien también estaba atacando con fuerza y tirándole arena.

-No es justo que tu uses arena, ahora verás lo que pasa-Dante hizo que de su mano saliera fuego, lo que mando a volar a Ada-¿a sí que puedo controlar el fuego? Esto si se va a poner bueno.

En el caso de Isaac contra Jina, esta tenía la ventaja, lanzaba varios ataques consecutivos que no dejaban que Isaac pudiera moverse.

-¿Qué te pareció bonito? Ahora siente el poder de mi daga-decía Jina levantando la daga.

-No te apresures, esto recién comienza-Isaac lanza una burbuja de agua y encierra a Jina en esta-creo que esto te mantendrá quieta por un rato.

Gabriel tenía algunas dificultades con Anubis, ya que este se movía muy rápido, no dejaba descansar a Gabriel ni le daba tiempo de defenderse, la lanza lo rozo varias veces pero no logro hacerle una herida sería.

-Debo aceptar que eres muy rápido para esquivar mis ataques, pero dudo que haciendo eso me logres derrotar-decía Anubis corriendo hacia donde estaba Gabriel.

-Tienes razón, pero esta si funciona-Gabriel saco el rayo y se lo disparo en el pecho a Anubis, haciendo que este saliera disparado por la pared.

-¡Papá!-grito Ada con fuerza.

-Oye viejo… esto aun no termina… ¿Qué tal si empezamos el segundo round?-decía Gabriel moviendo su espada. En ese momento Anubis salio de los escombros.

-Es hora de que dejemos de jugar hijo de Zeus-decía Anubis con un brillo rojo en sus ojos. Un nuevo desafió se le ha presentado a los tres hermanos, y no es cualquier enemigo, es el mismísimo Anubis quien los ataca ¿será posible que logren derrotar al poderoso Anubis y a sus hijas? El cementerio se pone de color rojo.