Funeral de frutas.

Desde siempre he tenido el curioso afán de observar el encuentro entre dos personas ¿Desde siempre? Me detengo aquí para contarles que llevo viviendo dos meses en este mundo y no es que sea una recién nacida, más bien según lo que recuerdo de mi antigua vida es que estaba próxima a cumplir los veintiún años de edad ¡Recién comenzaba a vivir! Replicaban las personas alrededor cuando decía que no lograba concebir que sumaría dos décadas, pero ahora eso ya no importa en absoluto, creo que las dos décadas pesan ligeras sobre mis hombros desde hace ¿Tres semanas? No recuerdo con exactitud, porque en este cuarto oscuro uno pierde la noción de los días, quiero decir, los Lunes se convirtieron en Jueves y los Jueves dejaron de existir; Lo mismo sucedió con las horas que parecen no transcurrir nunca ¿Cómo se que han pasado dos meses? Podría bien haber pasado un año u dos días ¡Te maldigo Einstein por darme a entender que el tiempo es relativo!

De lo que sí estoy segura es que siempre nos mantienen con las manos atadas y mascaras de lona cubriendo nuestros rostros para no ver la cara de nuestros captores que comúnmente nos gritan que estemos quietos incluso cuando nos quedamos en un rincón con cabezas apoyadas en las paredes de cemento. —Son amables...— Escucho decir a mi compañero de soledad —¿No te han violado ni nada? ¿No?— Me aterra la monotonía con la que habla como en realidad dijera ¿Te cortaste el cabello hoy?

Niego moviendo la cabeza de un lado para otro, consternada con tan sólo imaginármelo que lo hicieran alguna vez, cuando les fuera inservible ¿A quién le importaría un cuerpo pseudo desarrollado? Ni siquiera a mi sino fuera porque mi alma también saldría lastimada —No— Contesto, abrazándome a mi misma mientras siento que me he vuelto más sensible en este encierro al sentir la traquea adolorida animándome a llorar una vez más. —¿Te han golpeado?—

—Solamente cuando íbamos en la camioneta— Responde con una voz lánguida, esta persona me ha dejado llamarlo amigo al rehusarse a que conozca su verdero nombre.

Como les contaba en un principio siempre me ha gustado la interacción entre dos personas. Solía sentarme en plazas cercanas a mi hogar para ver a las parejas hablar o ver como un señor {Señora, señorita} pedía la hora sin saber que quizá {Muy quizá} la persona con la que entabla por primera vez conversación sea en un futuro alguien importante dentro de su vida; Siempre me ha fascinado la magia que emite el mundo en nuestra inconsciencia, aunque también puede ser que nosotros tratemos de darle sentido a eventos que sólo suceden por casualidad {En una extraña manía de darle sentido a todo} Pero nada más trato de darles una introducción para lo que importa, por lo menos a mí.

—¿Cuál es tu color favorito?— Pregunto.

—Azul ¿Y el tuyo?— Devuelve la pregunta.

—Amarillo—

—¿Porqué?—

—Cuando pinto siempre es el único que rellena por completo todo el dibujo—

Con mi amigo hemos entablado una buena relación en nuestro enclaustro ¿He de sentirme afortunada? Por momentos me siento protagonista de una película de acción imaginando que habrá una explosión en cualquier momento que nos saqué de aquí, hasta que el chirrido de la puerta logra hacerme despertar de sorpresa lanzándome un balde de agua fría que me hace parecer una niñata asustada ¿No es eso lo que soy? Toco mis senos para comprobarlo; Oigo unos gritos provenir desde afuera e instintivamente cierro los ojos para sumirme aún más en la oscuridad que se ha convertido en mi mejor enemiga. —¿Se fueron?— Susurro esperando una respuesta afirmativa que tarda en llegar.

Las únicas ocasiones en que nuestros secuestradores nos hablan es para insultarnos o decirnos que nos quitemos las mascaras hasta la mitad de la cara para comer, en tanto ellos nos apuntas con unas armas {O eso creo, tampoco me la quitaría por completo para verificarlo}

—¿Cuál es tu película favorita?—

—El Club de lucha ¿Y la tuyo?—

—Amelie— En momentos he llegado a pensar que estoy enamorándome de mi amigo, pese a que no conozca su rostro ni su nombre real ¿Tan desesperada estoy por encontrar el amor? Sin embargo mi vida está en números rojos, balanceándose en la cuerda floja y quiero sentir mariposas en vez de avispas todos los días en mi estomago que pasan a desfallecer gracias al factor intriseco.

También hay minutos en los que no estoy segura si de verdad existe o es producto de mi imaginación, tal vez enloquecí sumida por el miedo y la soledad, he oído que la mente siempre busca una salida de emergencia en situaciones limites. —¿Puedo tomar tu mano?Le he consultado en diferentes oportunidades recibiendo siempre la misma respuesta. —Créeme que no quieres tocar a un muerto