XXI.

Primera Vez.

Estoy angustiada.

Algo en mi interior me dice, me grita que algo malo le ha sucedido a Lucas. La actitud repentinamente tranquila de Jake parecía confirmar ms mayores temores; esa sonrisa estúpida en su cara decía prácticamente todo de principio a fin.

No me gusta nada.

- ¿Jake? – inquirí, tratando de guardar mi compostura - ¿Por qué estás tan sonriente?

El infeliz, con perfidia en su voz, me respondió:

- Envié a Joe y a Miles a… "Charlar" un rato con Lucas y Chullo.

- ¿Qué? ¿"Charlar"?

- Sí...

- ¿Sin decirle nada a Danvaugé o a tu padre?

Jake me miró con seriedad y me inquirió:

- ¿Por qué había de decirles a ellos algo sobre esos dos?

- Jake, es tu deber como el próximo jefe de los Vrikolakas informar de todo a tu padre o a Nathaniel en última instancia. Estar por encima de ese deber es como traicionar a tu raza.

No me dijo nada, a lo que añadí:

- Jake, si te digo esto, es porque no quiero que tengas problemas serios con tu padre ni mucho menos…

- Me importa un bledo lo que mi padre piense, Marine – me cortó en seco.

- ¡¿Y la alianza de paz que existe entre nuestras razas, eh?! – le recriminé - ¡¿Acaso no te importa eso?!

Me tomó del cuello y me aporreó contra la pared.

- ¡Me importa un carajo esa maldita alianza, puta barata de mierda! – me replicó con enojo.

- ¡Seré puta, pero al menos a mí sí me importa la alianza!

Mentira.

Me importaban Lucas y su primo, no la alianza; sin embargo, eso no podía demostrárselo a nadie, ni siquiera a Jake, a Danvaugé o a mi padre. Por ellos tuve que insultar a Jake en la fiesta de cumpleaños de mi madre y tuve que humillarlo; por ellos… Por Lucas… Por él empujé a Jake en esos momentos y lo tiré al suelo... Y por él decidí poner un hasta aquí a esta maldita farsa.

- ¡Eres un drogadicto estúpido! – le recriminé - ¡¿Acaso no se te ha metido la idea de que nos meterías en líos a los dos si los matas?! ¡¿Eh?! ¡¿Acaso tu jodido cerebro no se ha puesto a cavilar el peligro que me pondrías a mí y a ti si tu padre y Danvaugé descubren que has actuado sin su permiso?!

- ¿Ponerte a ti en peligro? ¡Perra, por favor! Tú y yo sabemos que yo no te he importado ni un poco, ni siquiera cuando le mamabas la verga al primer pendejo que caía en tus redes o te enculabas con todo el equipo de fútbol de la facultad.

Vaya, parece ser que no eras tan idiota como lo pensé, reflexioné mientras que con sarcasmo le repliqué:

- Ah… ¿Con que a eso vamos, eh? Pues escúchame bien lo que te voy a decir, lobo apestoso a cadáver de pescado… Escúchame porque después de ésta le diré a mi padre que ya me harté de su teatrito de fingir ser una pendeja que está enamorada de ti… Sí… Me he revolcado con todo el equipo de fútbol y he mamado miles de penes en todo el campus universitario… ¡Pero lo he hecho por mí! ¡Lo he hecho para poder asegurarme un futuro lejos de estas cuatro paredes que componen el hogar de unas alimañas que asesinan a gente que no tiene culpa de nada! Y tú… ¡Je! ¡Tú ni siquiera estás contemplado en ese futuro!

Él no me dijo nada.

Me miraba entre furioso y perplejo ante mis palabras. Yo, al notar esa reacción, me quité los aretes, pulseras y collar de diamantes que su padre me había regalado con motivo de mi cumpleaños número 19 y, lanzándoselo a Jake, le dije:

- Dile a tu padre que le devolveré el resto de sus cochinos regalos con uno de mis criados…

- Ma-

- Adiós, Jake. Ojalá Dios se apiade de la bestia que eres y pobre de aquella que sea tu mujer…

Antes de que Jake dijera algo más, me fui corriendo de la casa de los Thorn, me subí al automóvil y conduje hacia mi hogar. Durante el camino, mi celular empezó a sonar con insistencia con la canción "Call Me When You're Sober" de Evanescence; como sabía que esa llamada era de mi padre, lancé el teléfono fuera del automóvil.

Estaba harta, cansada, fastidiada; estaba hasta la coronilla de esta farsa tan estúpida que estaba empezando a afectar mi estabilidad emocional.

¿Alguna vez habré estado enamorada de Jake? Honestamente no.

Fingí bien el estarlo; como si fuera una actriz consumada improvisé mi papel como una pobre mujer idiota a la que un Vrikolakas puede meterle la verga en la vagina y desahogarse en mí sin tener en cuenta si me siento bien o no. Realmente yo no quería estar con alguien que ha abusado y hasta agredido salvajemente de alguien que no le había hecho nada.

Lo más tortuoso de aquella actuación fue que, mientras me acostaba con él, me imaginaba que alguien más era la que me poseía.

Me imaginaba a Lucas. Me imaginaba esas caricias dulces y tiernas que me prodigaba a lo largo de mi cuerpo; me imaginaba en infinidad de ocasiones el sentirme suya y de nadie más…

Bueno, en realidad siempre he sido suya, sólo que él no lo recuerda…

Me bajé del auto y me introduje en la profundidad del bosque; tras caminar durante dos horas, finalmente llegué hacia un risco en donde podía observar toda la majestuosidad del bosque adornado con abedules, cedros y robles.

Ese lugar era el único sitio en donde podía estar a solas; era el único sitio a donde ni Jake ni sus amigos se habían imaginado que podía estar cuando estoy enojada, triste o furiosa. Es el único sitio en donde podía quitarme la máscara de la mujer caprichosa, de la abusadora, de la chica que consigue todo lo que quiere a excepción de volver a repetir la noche de graduación de la secundaria.

La noche de mi primera vez, de mi primera relación sexual… Con Lucas D'Arante como el hombre que me regaló la mejor noche de mi vida.

Me senté un momento a los pies del árbol y, con un suspiro, empecé a evocar ese recuerdo.

&%&%&

Era la fiesta de graduación en el gimnasio de la escuela secundaria. Estaba felizmente aburrida observando cómo todo el mundo bailaba feliz con sus parejas.

Jake y sus amigos, como siempre, fueron a fumarse todo un paquete entero de marihuana en la parte trasera de la escuela. Por una parte me alegré, porque de plano ya no soportaba el hedor que expedía estando a mi lado; mientras más drogado esté ese idiota, más oportunidad tendré de poder buscar con la mirada a la persona a la que le entregaré mi virginidad esta noche.

- Ahí estás… - murmuré mientras enfocaba mi mirada en un muchacho de cabellos negros, de complexión robusta, lentes y ataviado con ese traje azul estilo setentero.

Lucas D'Arante, el objeto de las burlas de toda la escuela gracias a ese idiota de Jake y a mí, la chica más bella y popular de la escuela.

Estaba el pobre en un rincón con una mirada triste; podía entender el porqué de su mirada triste, puesto que yo a veces me sentía así por mis padres. Nadie lo pelaba, nadie le prestaba atención; se suponía que iba a estar acompañado de Chullo, su primo, pero éste había enfatizado en no ir de hipócrita a esa fiesta. Lucas, en cambio, parecía tener toda la intención de no irse a la preparatoria sin haber hecho algún amigo antes.

Insistente y de buenas intenciones… ¡Qué lindo de su parte!, pensé mientras me acercaba sigilosamente al chico; fingiendo estar en estado de ebriedad, me hice caer encima de él y le dijo:

- O-oh… ¡Hic! ¡Lucas, mi amigo!

El aludido, extrañado, me replicó con cierto nerviosismo:

- H-h-hey, Marine… ¿C-cómo has estado?

Podía oler su miedo… Y sería mejor que eso sea lo único que sienta, ya que lo ayudará a mantenerlo lejos de Jake. No quería tener en mi conciencia la muerte de una persona inocente, especialmente si esa persona inocente fuera este chico tan dulce y tierno a quien me vi forzada a tratarle con la punta del pie.

Lucas nunca me ha caído mal al contrario que Jake; no es que quiera sonar como una cínica, pero realmente no tenía nada en contra de él. Si lo he tratado con la punta del pie, fue para mantener la atención de Jake en mí y obtener para mi padre una alianza económica con ese maldito de Félix Thorn, el padre de Jake y líder de los Vrikolakas, así como para dejarlo fuera de todo asunto relacionado con los Loup Garou y los Vrikolakas.

Si no fuera porque mi padre me convenciera recientemente de que me regalaría el Lamborgini rosa de última generación si le ayudaba a mantener el interés de Jake en mí y obtener una jugosa alianza con los Thorn, habría mandado al carajo todo y me habría hecho novia de Lucas desde el primer día.

Sí, lo admito: Me gusta todo lo relacionado con Lucas D'Arante.

Me gusta su personalidad, me gusta ese acervo mental de datos sobre mitología y folklore; me gusta esa pasión tan personal y tan íntima de hundirse en los mares de la imaginación al leer un libro. Siempre que tengo la oportunidad de observarle, veía un brillo especial en sus ojos al repasar con tranquilidad y determinación las lecciones de las materias en las que estábamos juntos.

Podrá ser rata de biblioteca, pero es MI rata de biblioteca y prefiero mantenerlo a salvo antes que verle morir.

- ¡Hic!, ¡ven conmigio! – decía mientras lo tomaba de la mano y lo sacaba a rastras del gimnasio

- Ehmmm… M-Marine… N-no…

- ¿P-pr qué nou?

- Marine, Jake…

Lo silencié con un dedo en los labios y, con una sonrisa, le susurré en el oído:

- Sé que siempre me has deseado, gordito… Así que aprovecha que Jake se largó a fumar sus malditos porros con sus amigotes para hacerme tuya.

- M-Marine… No es correcto…

- ¡Shhh!

Lo jalé muy en contra de su voluntad hacia las afueras del gimnasio y, sacando las llaves del Lamborgini, le ordené:

- Sube.

- Marine, estás borracha.

- ¡Qué te subas, te digo!

Lucas no le quedó más remedio que obedecer. Sonriendo triunfante para mis adentros, me embarqué en el automóvil, lo arranqué y nos fuimos de la escuela sin importarme si hubo alguien observándonos. Conduje durante un buen rato por la carretera al salir de Colorado Springs; zigzageé un poco el auto como parte de mi actuación como la loca borracha que se llevó a un chico gordo a quién sabe dónde.

Me estacioné cerca del bosque, oculté el automóvil con ayuda de Lucas y juntos nos introdujimos en el bosque.

Tras una caminata larga, empujé a Lucas contra un árbol.

- M-Marine… P-por favor…

No le di oportunidad a que continuara hablando; le desabroché el cinturón y lo bajé con todo y bóxers.

- ¡Marine! – exclamó al ver que me inclinaba y, sin pensarlo dos veces, empezaba a acariciar, besar y succionar su miembro.

¡Vaya que lo tiene de buen tamaño!, pensé con asombro.

Lucas protestaba, trataba de detenerme a la par de que intentaba controlar los espasmos que sentía al sentir cómo lo masturbaba con mis manos y con mi boca. Tras un rato de luchar consigo mismo, se dejó llevar al gemir y jadear de la excitación.

Sentí cómo sus caderas empezaban a cobrar vida propia al tratar de empujarse a sí mismo más adentro de mis labios. Lo siguiente que sucedió fue liberar su pene de mi boca, incorporarme y quitarme el vestido.

Lo empecé a besar en los labios mientras que él, dominado por un instinto apasionado que desconocía en lo absoluto, me tomaba de los glúteos para levantarme y cambiarnos de posición.

- L-Lucas… - gemí.

- M-Marine… E-espero q-que no te importe q-que esta es la primera vez… Q-que lo hago con una chica – me explicó mientras procedía a besarme el cuello y los labios.

Es mi primera vez también, así que no te preocupes, repliqué mentalmente.

Alcé mi mirada hacia la Luna llena que iluminaba el bosque, esa Luna imponente que parecía ser la única testigo de la primera vez de dos chicos de 16 años años en hacer el amor…

&%&%&

Sonreí.

Esa noche fue intensa, lo recuerdo bien. Lucas había dejado de ser en ese momento el niño inocente de quien todos nos divertíamos a sus costillas; ante mí se reveló como un hombre ávido de los besos y caricias de una mujer.

Claro, eso fue antes de darme cuenta de que él en realidad era un Camuflado, un Loup Garou para ser exacta.

Eso podría explicar entonces la naturalidad con la que Lucas se desempeñaba en la cama o en el pasto del bosque: Podría explicar que él podría dejar con demasiada satisfacción y hambre de más a cualquier mujer que se propusiera en conquistar... Bueno, en realidad solamente a mí me dejó con ganas de más, ganas que no se apagaban ni con una buena cogida con el mariscal de campo del equipo de futbol o con Jake.

De hecho, cuando un Loup Garou se enamora de otra u otro, y además es su primera vez en el terreno de lo sexual, tiene ganada la partida.

Somos monógamos, aunque no lo aparentemos. Somos complacientes con nuestras parejas sentimentales, sean estos hombres o mujeres, a la hora de hacer el amor en la cama. Con el lenguaje corporal demostramos a esa persona a quien amamos demasiado lo que sentimos cuando la tenemos cerca. Así mismo, somos muy comunicativos; nos gusta permanecer en la estabilidad siempre dinámica de la familia que formamos con el paso del tiempo y resolver nuestros problemas siempre con el diálogo.

Es justamente esa clase de habilidades por las cuales tenemos relaciones sentimentales y matrimonios exitosos y duraderos. Es por eso que hasta el día de hoy Lucas aún permanece en mi mente, aunque e esfuerce bien en ocultarlo para evitar una desgracia como la que pudo haber sucedido.

Me subí al automóvil y encendí el motor.

Debía... No, tenía que ir a la casa de los D'Arante para advertirle a doña Elena, la madre de Lucas, sobre el peligro en que se encuentran antes de que Joe y Miles lleguen a ellos.

- ¡Marine! – exclamó repentinamente una voz...