No te duermas

Había sido un día largo, tanto ir de aquí para allá, buscando trabajo, buscando compañía, buscando bebida, buscando, siempre buscando. Tiró los tacones de cualquier manera y se tiró a la cama sin siquiera quitarse el vestido que aún tenía un ligero olor a alcohol, estaba tan cansada que creía que nunca se levantaría.

— ¿Te importa si me quedo esta noche? No creo tener fuerzas para llegar a mi casa—dijo una chica de cabellos rubios sentándose en el borde de la cama y luego dejándose caer.

—No hay problema, yo también estoy medio muerta—le contestó la chica pelirroja a su amiga de toda la vida y juntando las pocas fuerzas que le quedaban se levantó, buscó dos pijamas en el armario, uno se lo lanzó a ella y con el otro se introdujo al baño.

Se dio una ducha corta, pero refrescante; se sintió observada mientras se peinaba el largo cabello, no le dio importancia y volvió a la habitación, la chica de ojos café ya tenía el pijama puesto y se encontraba sentada en la cama, cabeceando. Después de apagar la luz se acostaron y el cansancio hizo que se quedaran dormidas rápidamente.

Sin saber por qué se despertó; aún con los ojos cerrados sintió como su amiga seguía durmiendo pacíficamente, giró en la cama en un intento por volver a dormir, al no conseguirlo abrió los ojos y sintió como la sangre se le congelaba en las venas cuando la luz de la luna, que se filtraba a través de los cristales de la ventana, le permitió ver a un chico pasearse lentamente de un lado a otro de la habitación, a menos de un metro del pie de la cama; tenía el cabello rojo corto y algo desordenado, su piel era de un tono claro, alto, delgado y con unos penetrantes ojos carmesí. La miraba con expresión seria, aunque llegaba a ser incluso algo burlona.

—Soy un cazador—comenzó a explicar lentamente—, me encargaron asesinar a una chica de cabello rojo y ojos grises.

—Pues creo que te has equivocado—contestó, tratando de mantener la calma—, mis ojos son de un tono lechoso.

La observó durante unos intensos minutos, era cierto, su iris era de color blanco, pero ni él creía que existiera una persona con los ojos de esa tonalidad sin estar ciego, por lo que presentía que su presa lo estaba engañando. Se veía tan indefensa recostada en la cama, con el cabello deslizándose sobre la cobija que le cubría todo a excepción de los brazos y la cabeza, estaba pálida y lo veía atentamente desde la parte más oscura de la habitación.

No podía negar que estaba muy asustada, pero intentaba no demostrarlo y sostenerle la mirada a la vez que estaba atenta a cada uno de sus movimientos, pero comenzaba a sentir los párpados pesados, hasta que todo se volvió oscuro. Despertó nuevamente cuando comenzaba a amanecer y abrió los ojos como platos al encontrar al pelirrojo sentado al borde de la cama, al lado de las piernas de la rubia que dormía ajena a todo lo que ocurría; la miraba como si quisiera poseerla, muy intensamente, y ahora sí sintió auténtico terror, su respiración se aceleraba, quería salir corriendo, pero no podía moverse, era como si estuviera atada a la cama; él no era humano, si antes lo presentía ahora estaba segura.

Él observó la expresión de miedo que había surgido en el rostro de la chica y se relamió los labios, con parsimonia y ligereza se levantó de la cama y la rodeó lentamente, hasta quedar junto a ella, de forma que su sombra la cubría, en sus ojos podía leer el intenso miedo que sentía, sonrió con arrogancia y se inclinó, acarició con su mano la mejilla de ella y unió sus labios.

Se sentía muy débil y cansada, por lo que no podía hacer nada para romper el contacto, lentamente fue cerrando los ojos sin ser consciente de lo que sucedía. Al abrirlos nuevamente se encontró con unos ojos café que la miraban con preocupación a la vez que tenía las manos apoyadas en su pecho, sabía que su amiga había asistido a clases de primeros auxilios, por lo que debía estarlas poniendo en práctica.

— ¿Qué sucedió?—preguntó con voz muy débil, apenas un susurro.

—No lo sé, desperté y me di cuenta de que no respirabas. Ven, te llevaré al hospital—dijo ayudándola a incorporarse.

—De acuerdo, pero déjame ir al baño primero.

Una vez dentro y recuperadas algunas fuerzas recordó lo sucedido la noche anterior.

"Ha de haber sido un sueño" pensó cuando se lavaba la cara, pero no pudo contener su asombro y sorpresa al levantar la cabeza, verse al espejo y encontrar que su iris en lugar de blanco era una mezcla de gris y rojo; mientras se observaba asegurándose de que no eran ideas suyas por medio del espejo vio cómo el chico de mirada carmesí se detenía detrás de ella y le colocaba las manos en los hombros.

—Puede que tu amiga haya evitado que te llevara conmigo—le susurró al oído—, pero no te queden dudas de que nos volveremos a ver, y no fallaré de nuevo.

El chico se desvaneció dejando tras sí solo un soplo de viento helado. Se quedó paralizada, con las manos apoyadas en el borde del lavamanos. Escuchó cómo su amiga la llamaba, pero no pudo responderle, al cabo de unos minutos la rubia entró, preocupada por la tardanza y falta de respuesta de la pelirroja, cuando estuvo junto a ella volteó a mirarla, pálida como el papel y con el terror reflejado en su rostro y, sin más, se desmayó.

Fin


Aquí les dejo este pequeño escrito basado en un sueño (bastante extraño, por cierto). Espero que les haya gustado y me dejen saber su opinión. Hasta la próxima.