Jack se apoyó frente a la puerta principal de la secundaria Saint Abel. No esperó demasiado antes que un gran grupo de alumnos de diferentes cursos salieran disparados para disfrutar del inicio del fin de semana.

El joven prestaba mayor atención a las mujeres, sobre todo a aquellas que parecían estar un par de cursos menos que él.

Entre la multitud distinguió a quien seguramente esperaba: cabello castaño claro, ojos color miel, una pequeña y respingada nariz.

Acomodando la mochila mejor en su hombro, se aproximó a ella y tomándola del brazo la separó de sus amigas, quienes disimuladamente continuaron su camino, dejándola con aquel simpático muchacho, quien aparentemente la conocía.

—Belén, eres tú —afirmó el muchacho mirándola con cierto asombro, o duda.

—Sí, soy Belén, sé cómo me llamo, gracias por la información —la chica habló con ironía a quien parecía un torpe chico—. ¿Ahora que ya sé cómo me llamo, me puedes decir qué quieres? —sin cortesía soltó su brazo del agarre del joven y le realizó la pregunta mostrando su mal genio.

—Jack, soy Jack.

— ¿Te conozco Jack? —lo miró de arriba abajo, por supuesto sabía quién era, la reputación de Jack Karver transcendía las barreras entre colegios, sin embargo, no lo conocía formalmente y se preguntaba cómo era que él conocía su nombre.

—Sí, nos conocimos, pero no en el momento indicado, por eso debemos conocernos antes.

La chica frunció el seño, se alejó un paso y buscó detrás suyo a alguno de sus compañeros que pudiese ayudarla a salir de esa situación. Ese chico sin duda estaba ebrio o drogado. Realizó un mohín y dio media vuelta, alejándose cínicamente de él.

Jack ya esperaba esa reacción, la conocía demasiado bien. Le dio alcance e insistió.

— ¡Ya suelta! —gritó la chica, esta vez miró a los costados y cruzó la calle corriendo.

"Ahí vamos" pensó Jack con resignación, saliendo también a la carrera. No tardó mucho en alcanzarla, la jaló hacia él y le tapó la boca para que no gritara.

—Escucha —le dijo a la muchacha que se retorcía en sus brazos—. Un café, tal vez esta sea una oportunidad de un día. Belén se tranquilizó, ya no intentaba gritar ni escapar.

Con cautela separó la palma de la mano de su boca y la calmó con la mirada.

— ¡Ja! —Exclamó sarcástica—. ¿Oportunidad de un día? ¿Es así como conquistas? ¿De verdad haces esto con las idiotas que caen a tus pies?, pues no soy una babosa descerebrada, intenta esto con otra.

—No, no entiendes. Tal vez mañana no esté aquí —sus palabras sonaron tan serias y graves que Belén dejó todo el sarcasmo de lado y lo escuchó atentamente.

Lo miró de arriba abajo, acomodó mejor su mochila en el hombro y accedió a una taza de café, sólo a una, y si ese estúpido trataba algo extraño, lo dejaría sin pensarlo.

Jack sonrió sinceramente, educadamente le alejó la silla y terminó de acomodarla mientras Belén arqueaba una ceja. Al final Jack no era el egocéntrico patán que creía, o al menos no lo parecía.

—Un expreso y un capuchino, con crema, no espuma —ordenó a la mesera.

—Yo puedo pedir por mi misma —se indignó la chica.

—Pero hubieras pedido un capuchino con crema —afirmó con una sonrisa—. Siempre pides lo mismo.

— ¿Cómo los sabes? —se extrañó.

—Sé muchas cosas sobre ti.

—Eres un acosador ¡¿me has estado espiando?!— se levantó del asiento, algo histérica y asustada, pero ocultaba bien esos sentimientos tras una fachada dura y desafiante.

Jack inhaló profundamente y apoyó la cabeza en su mano despreocupadamente.

—Si te sientas y me dejas explicarte, no estarías sacando conclusiones paranoicas.

Refunfuñando Belén se sentó de nuevo y cruzó los brazos en una pose que lo desafiaba a dar una explicación medianamente convincente.

—Ya nos conocemos, y bastante bien —comenzó—. Solo que no ahora, nos conoceremos, pero yo ya te conozco.

— ¿What the fuck? —preguntó incrédula, además de no entender nada, ese chico pasaba de raro a ridículo.

—Bien, sonará increíble y estoy seguro que te costará creerme, eres demasiado escéptica, pero es lo que pasó:

A los diecisiete años no te conocía, no tuve la oportunidad de hacerlo, o tal vez sí, pero no puedes saber lo que quieres si nunca lo has tenido. Te conocí tarde, exactamente tres días después de cumplir veinticinco años. Nunca olvido ese día.

—Espera… ¿veinticinco años? ¿Y qué edad se supone que tienes ahora? —lo interrumpió de nuevo. Ya comenzaba creer que todo era parte de una apuesta o una cámara escondida y ese chico bromeaba con ella.

—Sí, digamos que tengo esa edad espiritualmente —rió echándose para atrás y esperando que la camarera acomodase las tazas en la mesa. Una vez estuvo de nuevo a solas con Belén, prosiguió—: como decía, ese día me llamó Marcos, mi mejor amigo. Hacía bastante que salía con una chica de la universidad donde daba ayudantías y estaba tan loco por ella que le había pedido matrimonio. Ese día me la presentaría como a su prometida… si me la hubiera presentado antes las cosas habrían sido más sencillas. Al principio me llamó la atención, era muy bella y parecía simpática, pero era la novia de mi mejor amigo, por eso no me animé a nada con ella.

Nos reunimos un par de veces, ellos ya estaban preparándolo todo para la boda. Con ella apenas nos dirigíamos la palabra y la verdad tampoco le prestaba demasiada atención. Eso hasta un par de semanas antes de la boda…

Iba de camino a una fiesta… o una reunión de amigos, como quieras llamarla. Llovía torrencialmente. Me detuve frente a un semáforo en rojo y por algún motivo, como si alguien me hubiese ordenado hacerlo miré hacia la parada del autobús. Allí estaba la novia de mi amigo, empapada de pies a cabeza, dando vueltas bajo la lluvia.

Como no estaba lo suficientemente cerca de la acera me bajé del auto y la llamé. Nuestras voces apenas se escuchaban por sobre el sonido de la lluvia. Por fin la escuché con claridad cuando se sentó en el asiento del copiloto. Se disculpó por mojar mi auto, pero aun así se exprimió el cabello dentro.

Al principio hicimos el recorrido en silencio, iba a llevarla a su casa, la cual estaba bastante alejada, así que teníamos un largo trayecto por delante.

Fue ella quien rompió el silencio, contándome que le gustaba la lluvia y que no entendía porque la gente le rehuía como si fuesen muñecos de azúcar. Yo le mencioné que la lluvia me daba igual, pero que me gustaba salpicar charcos. En voz baja comentó algo como que a ella también.

Intentando que el viaje no se volviera a tornar incómodo. Le pregunté cómo había conocido a Marcos. Lo que me contó es algo que sucederá en una par de días:

Cuando eran adolescentes estaban en el mismo colegio, Saint Abel, pero en cursos diferentes y por ese motivo no se habían conocido, sino hasta la feria de fin de curso.

Todos los años la realizaban en el coliseo del colegio, pero dado el buen clima durante esas últimas semanas que habían decidido hacerlo al aire libre. Ella estaba a cargo de la organización de los juegos y a último momento la pusieron en el grupo encargado de la decoración.

Cuando sacaba los faroles de papel hacia el patio, tropezó con las escaleras, pero pudo agarrarse a tiempo. En ese momento apareció Marcos, la ayudó de inmediato y mientras recogían las farolas se presentaron.

Ella regresó a terminar su trabajo, pero pocos minutos después se dio cuenta que perdía su tiempo. El cielo azul y el sol radiante de ese día fueron cubiertos de repente por una nube de lluvia, y una tomento como la de ese momento, comenzó a caer.

Caía tanta agua y la nube era tan extensa que estaban seguros que el festival no se realizaría ese día. Ella se quedó en la lluvia, observando como el agua arrastraba y deshacía los banderines de papel crepé, sin importarle quedar empapada; cuando de pronto, las gotas de agua dejaron de caer sobre su rostro. Al levantar la vista vio un paraguas sobre su cabeza, Marcos lo sostenía y por algún motivo decidió no reprocharle el que la cubriera siendo que le gustaba mojarse.

Después de eso salieron un par de veces durante el verano, nada serio, hasta que Marcos se fue a estudiar al extranjero. Perdieron contacto por años, hasta que se reencontraron en la universidad, donde Marcos trabajaba como ayudante en una de sus clases.

Escuché muy interesado lo que me contaba, normalmente nunca prestaba atención a las conversaciones de las mujeres, pero ella tenía una manera peculiar de contra las cosas, no sé si era el tono de su voz o los detalles con lo que relataba los acontecimientos, pero había capturado mi atención.

Luego yo le conté algunas anécdotas sobre mi amigo, y de un momento a otro ya no hablábamos de él, solo nos contábamos cosas, desde trivialidades hasta pensamientos profundos que estábamos seguros nadie más entendía.

Cuando llegamos a la puerta de su casa ella no se bajó, seguimos conversando y yo me olvidé por completo de ir a la fiesta. Nos dimos cuenta que era de noche cuando Marcos la llamó por teléfono.

Por primera vez no quería despedirme de una chica. Podría haberme quedado conversando con ella durante toda la noche.

Teníamos mucho en común y jamás una presencia se me había hecho tan reconfortante.

Al día siguiente recibí una llamada de Marcos. Por su trabajo debía viajar unos días y me pidió que ayudara a su prometida con algunos arreglos para la boda. Esa fue la segunda señal del destino, la que hizo que durante los siguientes días compartiéramos mucho tiempo juntos, más del necesario, ya que no nos limitábamos a los preparativos de la boda, aprovechábamos de salir a comer, o solo a caminar sin rumbo. No pasó mucho tiempo para que me diera cuenta que me estaba enamorando de ella y esa idea me completaba y al mismo tiempo me aterraba. Ella estaba comprometida con Marcos y entre ella y yo no debía pasar nada.

Marcos regresó antes de lo que yo hubiese querido. Con él de nuevo en la ciudad, ella no me necesitaba con los preparativos y recién volvimos a vernos el día de la boda.

Me martirizaba observar el altar e imaginar que en una hora ella estaría ahí, con su vestido blanco a punto de unir su vida con otra persona. Trataba de sacar eso de mi mente, olvidarla por completo, cuando una pequeña mano se posó sobre mi hombro. Al voltear la vi a ella, ya con su vestido de novia. No venía acompañada de nadie y verla así me revolvía el estómago, porque sabía que no estaba arreglada para mí.

Antes de que pudiera preguntarle qué hacía ahí, me dijo que no podía hacerlo, que no podía casarse con Marcos porque se había enamorado de mí.

Fue lo peor que me ocurrió en la vida. La mujer que amaba me correspondía, pero no podíamos estar juntos.

Se me partió el alma cuando tuve que rechazarla, explicándole que Marcos estaba muy ilusionado y que ella no podía dejarlo plantado el día de su boda, menos por mí. Mi lealtad era demasiada y yo no era capaz de hacerle algo así a mi mejor amigo, por más enamorado que estuviera. Llorando ella trató de convencerme y yo me negué, me negué a todo menos a besarla por última y única vez.

Ella rompió el beso y sin mirarme se fue corriendo.

Al iniciar la ceremonia tenía el temor de que no se presentara. Marcos se veía más feliz que nunca y me habría sentido demasiado culpable si ella lo dejaba plantado en el altar. Pero no sucedió. Cuando empezó la marcha nupcial ella entró del brazo de su padre, con una sonrisa en los labios y ninguna señal de haber estado llorando.

Durante la ceremonia intentaba reunir el valor para detener todo eso. Pero no podía hacerlo, no podía hacerle eso Marcos. Solo me repetía a mí mismo que el problema era haberla conocido demasiado tarde, si tan solo la hubiera conocido antes que Marcos, o antes de que formalizaran su relación, tal vez hubiera sido yo quien se casaba ese día.

Cuando vinieron los votos pensé por un momento que ella no aceptaria, y tal vez esperaba que eso sucediera. Sin embargo, no fue así. Por unos segundo ella me miró, con una mezcla de enfado e impotencia, como si me retara, y dio el acepto.

En ese momento supe que había cometido un error. Después de la boda mi vida se vino en picada, nada parecía ir bien, era como si hubiese tomado las decisiones equivocadas y el universo no hubiese sido programado de esa manera.

Ayer toqué fondo.

Estaba demasiado deprimido, no hallaba el sentido a nada de lo que hacía y me eche a dormir con ese pensamiento, y al despertar comenzó el día más extraño de mi vida. No estaba en mi departamento, donde vivía solo, sino en casa de mis padres. Desperté teniendo diecisiete años de nuevo, es como si hubiese viajado en el tiempo dentro de mi propio cuerpo.

Me costó asimilarlo, aunque casi de inmediato me di cuenta que el universo quiere que enmiende las cosas. Debía conocerte antes que Marcos. Así no lo traicionaría.

No sé por qué ni como, pero tenemos una oportunidad y voy a aferrarme a ella.

Belén lo miraba con la boca semi abierta. Sin poder creérselo. Ese chico intentaba tomarla por idiota.

—Claro y se supone que esa chica de la historia es una especia de alter ego mío en el futuro ¿no?

—No sé si un alter ego exactamente, pero sí eres tú.

—Claro… —miró al vacío, pensando cómo decir de manera un poco delicada lo que pensaba— ¿Y antes de dormirte ayer no te fumaste algo?

—No que recuerde, pero si fue así, esto sería una alucinación y tú no serías real.

— O tal vez quien se está soñando esto soy yo. Porque no creo que en la vida real haya alguien tan idiota para inventar semejante tontería —dejó su tono pasivo y se levantó muy molesta— ¿Qué es esto? ¿Una apuesta estúpida? ¿O solo quieres hacerte la bula? ¿Hay una cámara en algún lado? —preguntó mirando hacia todo lado.

—No es ninguna broma, lo que te digo es verdad. Dame la oportunidad de demostrártelo. Solo quiero que sepas que te amo y tú vas a amarme también —la tomó de la mano, con la fuerza suficiente para que ella no pudiera soltarse.

— ¡Déjame!

—No, por favor, un beso, solo te pido uno para que sepas lo que siento y veas que esto es real.

—Así que es una trampa para besarme… ¿en tu colegio inventan este tipo de cosas y las chicas caen? Seguro tus amigos nos están mirando de algún lado y se están cagando de risa. Pero yo no soy su payaso. El único motivo por el que acepté venir fue por lo que me dijiste de que este podía ser tu último día. Pensé que te ibas a suicidad r o algo así.

—No, pero si lo he pensado, cuando te perdí, y no estoy seguro de lo que pase mañana.

— ¡Basta! Ya me habían dicho que eras un imbécil y un cretino que colecciona chicas, pero nunca creí que un ser humano llegara a tal extremo de estupidez —con fuerza logró soltarse y se fue de ahí sumamente enfadada, creyendo que ese tal Jack intentaba tomarla por tonta.

El chico se sentó de nuevo, observando como Belén se alejaba, arruinando lo que seguramente era su última oportunidad.


Lo ocurrido el viernes a Belén no se le salía de la cabeza. Realmente había pasado el momento más raro de su vida. Intentó olvidarlo mientras entraba al colegio temprano en la mañana. Ese día era el festival de fin de año y por primera vez se celebraría al aire libre.

Al pensarlo recordó por un momento lo que Jack le había contado. Sacudió lacabeza y se sintió tonta por solo pensarlo. Él podía haberse enterado de eso por muchos medios.

— ¡Belén! —le dio alcance una de sus compañeras de curso— ¿Qué te toca hacer?

—Organizar los juegos.

—Eso es a la tarde. Necesitamos que alguien nos ayude con la decoración —le dijo arrastrándola del brazo hacia una de las aulas del segundo piso, donde varias alumnas del colegio, recortaban banderines— ¿Puedes poner las farolas?

Una sensación extraña recorrió el cuerpo de Belén, no sabía explicarlo, pero era una especie de deja vú.

— ¡Belén! —llamaron su atención de nuevo, sacándola de su ensueño.

—Sí —respondió instintivamente, recibiendo una caja con farolas chinas de papel.

—Los cables ya están colocados en el patio, solo cuélgalas alternando colores.

Callada salió del lugar, distraída, pensando en muchas cosas y al mismo tiempo intentado no pensar en nada. Estaba tan distraída que no calculó la distancia de la primera grada y tropezó.

Vio la caja rodar las escaleras, pero ella se sostuvo del barandal y de inmediato alguien vino a socorrerla.

— ¿Estás bien? —le repreguntó un chico al que no conocía formalmente, pero lo reconoció como un alumno de último año.

—Sí, estoy bien —bajó corriendo para recuperar las farolas, esperando que ninguna se hubiera roto.

—Deja, te ayudo —el chico bajó también y recogió la caja—. ¿En que curso estás? —le preguntó.

—Ah cuarto… —respondió distraída.

—Que mal. Yo ya estoy en sexto, así que estos son mis últimos días en el colegio. Pero quien sabe y nos vemos en el verano. Me llamo Marcos.

Belén guardó la última farola y le arrebató la caja.

— ¿Siguen con eso? ¡Dile a tu amiguito Jack que se deje de una vez de estupideces! —le gritó siguiendo su camino.

Tiró la caja con decorado al suelo y mientras localizaba los cables se puso a meditar.

Todo eso podía ser parte de la broma de Jack, y Marcos ser parte del plan ¿pero cómo podía explicar que a último momento le hubiesen pedido ayudar con la decoración y que hubiese estado a punto de rodar por las escaleras? O era una coincidencia o una broma muy bien elaborada, porque la posibilidad de que la historia del chico fuera verdad, ni siquiera quería tomarla en cuenta.

Respiró profundo e intentó convencerse de que todo era una coincidencia. Acercó una escalera y apenas puso un pie en el primer peldaño una gota de agua rodó por su nariz. Miró al cielo que minutos atrás estaba de un celeste intenso. Ahora una enorme nube negra lo cubría todo y progresivamente las gotas de lluvia aumentaron.

Se escucharon gritos en el jardín, los alumnos de Saint Abel recogían todo apresurados, lamentándose porque el festival se había arruinado.

Belén permaneció estática bajo la lluvia, lentamente movió la cabeza, observando a su alrededor, distinguiendo los sonidos. Un par de banderines que se deshacían en el agua llamaron su atención y de pronto dejó de sentir la lluvia.

—Entra, aunque no creo que puedas terminar más mojada.

Un escalofrío la recorrió cuando vio Marcos sosteniendo un paraguas.

—Esto no es posible —exclamó. No podía explicar lo que sucedía.

— ¡Vamos! —le gritó por encima del sonido de la lluvia.

Ella lo acompañó hasta la entrada del colegio, donde se refugiaron bajo techo.

—Qué lluvia, el día era perfecto, no entiendo cómo pudo arruinarse así —comentó Marcos—. ¿Crees que deje de llover?

—No, no creo —respondió como si fuera un ente mecanizado.

—Bueno, ¿quieres ir a secarte y a tomar algo caliente a la cafetería?

La chica no le prestaba demasiada atención, miraba hacia la nada, intentando explicarse lo que sucedía.

—No —volvió a responder como si estuviera por fin regresando a la realidad—. No podemos continuar con esto.

— ¿Continuar con qué?

—Esto, no podemos llegar a más. Estoy segura que eres un chico estupendo, pero no es como debe ser —dijo comenzando a sonreír.

— ¿Qué? —lo dejó desconcertado.

Belén le dio un beso en la mejilla y corrió de nuevo hacia la lluvia.

Dio un par de vueltas con los brazos extendidos y miró al cielo abriendo la boca para capturar unas cuantas gotas de lluvia.

Al bajar la cabeza vio a Jack frente ella, parado con las manos en los bolsillos, como si nada sucediera y no se estuviese empapando.

— ¿Eres el tú del futuro? preguntó a gritos.

—Parece que sí —encogió los hombros—¿Ahora me crees?

—No sé si creerte, pero si alguien se tomó la molestia de armar todo este teatro solo por salir conmigo, supongo que merece una oportunidad.

Jack la tomó entre sus brazos, apretando el empapado cuerpo de la chica, diciéndole al oído que una oportunidad era más que suficiente.


Una historia completamente nueva! voy a viajar la proxima semana así que no pondré capi nuevo de mi vida un show. Así que les puse esto en compensación :D

pues si les gustó voten y comenten, gracias!