Buscando a Amaranta – 1

Sus dedos largos y delgados recorrieron sus mejillas con suavidad. Rafael no pudo resistir sonreír ampliamente, aunque no le gustase hacerlo y menos con los ojos cerrados. Se disponía a abrirlos cuando los dedos de Amaranta se le adelantaron al acariciarlos gentilmente. Eran gestos como éstos los que lo hacían sucumbir.

Rafael suspiró.

"¿Qué haces?" preguntó Amaranta en voz baja.

"Te busco" respondió Rafael casi sin pensarlo.

"Estoy aquí" sus manos se deslizaron por su cuello hasta su pecho, posándose sobre su corazón "Aquí dentro…"

Rafael sintió la palma de Amaranta cálida y húmeda no solo en su pecho, si no en todo su cuerpo. Aún más profundo; dentro de él. Alzó su propia mano y sintió que se deslizaba lentamente fuera de foco, que su ser se difuminaba tan despacio que no podía detenerse.

Abrió los ojos para encontrarse echado en su cama. Solo.

"Amaranta…" murmuró buscándola, pero la calidez ya se había ido.