Esto lo escribí hace mucho tiempo. Durante una clase en la que estaba demasiado aburrida y un poco desesperada.
Es que a veces el tiempo parece correr tan lento...


Sin querer, gritó. Gritó tan fuerte que el sonido desgarrador de su voz destrozó los tímpanos de sus vecinos y de las personas que por allí pasaban. Tan fuerte que los vidrios de su habitación volaron en mil pedazos. Tan fuerte que su propia garganta sangró y el dolor no tardó en aparecer.

Los pasos se detuvieron, los transeúntes se habían detenido, como si estuviesen hipnotizados, cayeron de rodillas al suelo, comprendiendo que deberían estar desesperados, pero dándose cuenta que no lo estaban. Cuando, después de unos segundos casi eternos el aterrador sonido se detuvo, las miradas de los transeúntes sorprendidos recorrían todos los rincones posibles a su alrededor: Había cesado, tan de repente como había empezado. Nada les había anunciado que llegaría, ni mucho menos les había anunciado que se iría. Todos se preguntaban que había sido aquel ruido. Fue entonces cuando el tiempo pareció detenerse, mientras todos trataban de definir que había sido eso: ¿Su imaginación o un sonido real? Imposible. No podía ser real, nadie gritaba tan fuerte durante tanto tiempo. Aun así había parecido real, se había oído real; tanto así que sus oídos aún retumbaban y sus mentes seguían atormentadas con ese sonido penetrante, agudo e irreal.

¿Había sido un hombre? ¿O una mujer? Tal vez un niño. ¿Por qué había gritado? ¿Miedo? ¿Emoción? Las dudas los asaltaban lentamente, extendiéndose como sombras por todas las mentes, que ahora formaban una sola. El tiempo aún no se movía y aunque todos lo notaban, a nadie parecía importarle, solo le prestaban atención al ruido. Aún tratando de definir que era.

De repente, todas las miradas se cruzaron y parecieron despertar del trance en el que estaban sumidos. Sus preguntas previas pasaron al olvido y pronto recordaron sus prioridades: Trabajo, dinero, ropa, carros, casas, más trabajo, mucho más dinero… El grito quedó en el olvido, como algo momentáneo, una interrupción en su rutina. No volvería a suceder. Nada podría interrumpir su rutina. Ni siquiera un grito cuyo origen nadie conocía.