Me asome al balcón y no vi nada. Los ruidos de arañazos en el cristal habían cesado. Me arrincone la puerta. Los ruidos del primer piso no se habían detenido en todo ese tiempo, un jarrón quebrándose contra la grava me hizo alterar, ya estaban en el pasillo, quizás a unos metros de la puerta. Me recogí bien y apreté entre mis manos la katana que desde hace años adoraba la pared tras el escritorio de mi padre. No quería utilizarla, aunque tuviese destreza al usarla. Los pasos iban y venían, se arrastraban cosas y se dejaban caer. Seguramente andaban buscando algo de más valor. Mi corazón latía cada vez con más fuerza, las voces de afuera se escuchaban cada vez más rudas, no encontraba una manera de escapar, solo saltando por el balcón. Cuatro metros de caída libre hacía el asfalto. Ni pensarlo, debía estar loca si lo intentaba. Se escuchó un disparo… luego otro, creí que lo estaba imaginando. La voz autoritaria del que parecía el líder los instigo a seguir el saqueo, me vi en la boca del lobo. Luego recordé los cuerpos se mi hermana y mi padre atravesados en la alfombra, me mordí el puño intentando retener el llanto y las ganas de gritar.

Era viernes, yo llegaba del colegio a eso de las 3:00 pm. Al llegar la casa estaba totalmente limpia y Alicia, la muchacha del servicio, tenía preparado un buen refrigerio para mí. Lo devore con rapidez, el cuerpo me exigía recalibrar para seguir las actividades de rutina. Subí a mi cuarto y me puse el traje de esgrima, 15 minutos después estaba otra vez en la carretera rumbo a mi clase. Volví a mi hogar a eso de las 7 y 30, vivíamos en las afueras y el transito estaba pesado. Alicia se preparaba para irse, pero antes me dijo donde se encontraba la cena, se despidió y salió. Encontré a mi hermana Carolina leyendo su revista semanal en el comedor, la salude con un fuerte beso en la mejilla y me dispuse a comer. Mi padre llego luego, disculpándose por la tardanza y prometiendo llevarnos al lago al día siguiente. Le bese y dije que no se preocupase, yo también había llegado tarde. Un par de horas luego ya estaba durmiendo plácidamente en mi cama, pero el ruido de virios rotos me despertó, abrí la puerta con cautela al escuchar la algarabía. Mire hacia abajo desde una esquina de la escalera, dos hombres apuntaron hacía mi padre y dispararon, cayo junto a mi hermana, quien ya estaba muerta y rodeada por un charco de sangre. Estuve en shock por un par de minutos, no sabía qué hacer, que pensar, incluso me bloquee al tratar de reaccionar de alguna manera. Me arrastre hasta el estudio y me escondí bajo el escritorio. Luego empecé a escuchar ruidos en la ventana.

Empiezo a divagar y contemplar la idea de tirarme desde el balcón. También me pregunto si habrán llegado en un auto, por lógica debe ser que sí, estoy en un aprieto. Unos pasos se detienen tras la puerta y veo la sombra de unas botas grandes y pesadas. Empuja un poco la puerta y mete la cabeza en la habitación, no me está percibiendo. Tengo un nudo en la garganta y siento la necesidad de respirar un poco más rápido, pero me contengo para proteger mi vida. El hombre vuelve a cerrar la puerta y al escuchar que sus pasos se alejan vuelvo a respirar con tranquilidad. Tomo la katana y la pongo entre mis dientes. No sé lo que hago, pero estoy segura que no pienso quedare allí. Todos los objetos del pasillo han desaparecido y los que aún quedan están destrozados contra el piso. Me pego a la pared y camino lentamente en la oscuridad, me acuclillo en el mismo lugar desde el que vi la muerte de mi padre. Hay seis hombres en la sala, todos vestidos de negro, con guantes y capuchas, excepto el que parece el líder. Él es joven, su cabello es negro y le llega debajo de los hombros.

-no me importa lo que piensen ustedes, necesito que carguen todo en las furgonetas y nos larguemos, Jesica debe estar a punto de despertarse, si es que está en la casa.

¿Cómo es que él sabe mi nombre? No me importa, planeo salir de aquí con vida y si él me conoce también me debe una explicación. Me quedo aquí quieta un par de minutos más y todos empiezan a irse. Encienden las furgonetas y se van, todos se van, excepto el líder. Busca algo como si conociese la casa, empieza a hacérseme familiar. Yo lo he visto en algún lugar. Los cuerpos de mi familia siguen en la alfombra, la angustia vuelve hacía mí. Los deseos intensos de llorar e invaden. Me sobrepongo falsamente y bajo las escaleras con cautela. Él se ha dirigido al comedor, por lo que está de espaldas a mí. Me aventuro a hablar, un nudo seco se me atora en la garganta.

-con que si estabas aquí,- dice, adivinando mi presencia –yo que tú bajaba esa katana, no estamos para pelear Jesica. ¿Sigues asistiendo a clases de esgrima? O lo abandonaste- no sé qué contestar, trago en seco y tomo el arma a modo de defensa. Él voltea, por primera vez logro verlo de frente, es mi hermano, es Alfred. Bajó la katana un momento, me pregunto si se atreverá a lastimarme. Yo creo que tal vez no, pues fui la única en defenderlo cuando mi padre lo acuso de estafa. Lo analizo a fondo, ha cambiado mucho, las formas finas y casi femeninas de su cuerpo que un día lo hicieron ver guapo para muchas ahora son rudas, fuertes y monstruosas. Los ojos reflejan ira y venganza.

Tiene 24 años, o algo cercano. Es hijo del primer matrimonio de mi madre y por ende mi padre lo odia, en otro tiempo era él quien me llevaba a clases, era él quien me leía libros en las noches, era él en quien yo confiaba ciegamente. Suspiro con decepción y miro los cuerpos tirados tras de mí, me producen asco por un momento. Ellos dos eran los responsables de su estado, yo lo sé, porqué fueron ellos quienes lo acusaron falsamente y lo mantuvieron 3 años en la cárcel. Parece darse cuenta de que yo no deseo una pelea con él y mucho menos espero decirle a la policía que era él el responsable de todo esto.

-dime hermanita- dice, arrastra un par de sillas y nos sentamos -¿Qué esperas para irte de casa? Creí que a tu edad ya no estarías aquí.

-cumpliré los 18 en un par de meses, la carrera la estudio en la ciudad así que mientras no termine con ella no me iré.

-mira, te diré un secreto: "sí sales rápido de casa, más rápido se solucionan tus problemas"- dice esto con una sonrisa sardónica, me siento, por extraño que parezca, sensacional hablando con él- Te contare mi versión de la historia –continúo –Me marche de casa porque aborrecía a tu padre, sabes, él quería hacerme creer que tú eras su hija, la verdad es que no es así. Tú eres hija de un pillín, un abogado de puta que nuestra madre contrato para deshacerse de tu padre. Ella murió en un mal momento, justo cuando yo cumplía 8 años y tú 2- me corrijo mentalmente, él tiene 25 años y yo creo que estaba inventándome otra historia para dormir. –Al morir dejo una pequeña herencia, pero lo suficientemente grande para pagar las deudas de tú padre y ponerlo de nuevo en una vida cómoda. Esa herencia era solo para ti, pero él se la gasto y lo oculto, cuando quise reclamárselo me envió a la cárcel. Ahora como ves lo he asesinado, ella no quería ser violada y prefirió que la asesinara.

Tiene pinta de loco y habla como uno. Me levanto de la silla y le pido que se vaya, la tranquilidad que sentí a su lado hace unos momentos se ha esfumado. Empiezo a tener miedo, él ya no es el hermano que un día tuve. Respiro hondo y doy un par de pasos en dirección a la puerta, quiero salir y no volver jamás. Él me mira y me sigue ¿Qué quiere? Se detiene junto a los cuerpos y los arrastra hasta la entrada, yo estoy aquí afuera y veo como les arranca la cabeza y las pone sobre unos arbustos a modo de adorno. Las lágrimas se aglomeran en mis ojos, me siento triste por ellos y por él. Siento que enloquezco, a cada tanto cambio de humor y pienso algo diferente ¿les parece que actuó como loca? Miro había atrás, hay un valle inmenso, a la derecha la ciudad y a la izquierda el bosque. Miro a mi hermano y cierro los ojos, escucho los latidos de mi corazón acelerarse un poco más, poco a poco los escucho más cerca, más intensos.


-es hora de levantarse Jessica- mi hermana está ahí, junto a mi cama levantándome para otro día normal –vamos, tienes que levantarte rápido, es viernes, después de la escuela tienes esgrima ¿sabías que Alfred ya salió de la cárcel? Papá pidió que vinieras temprano, tiene miedo.


Hola :3 Esta es mi segunda historia original... muy cargada de cosas extrañas, como a mí me gusta, y sobre todo muy inesperada.

Espero sus opiniones.

MUAK!