Este es un one-shot sobre los personajes de "Crystal: La viuda negra" Marcos y Luzmar, sin embargo puede leerse de manera independiente ¡Disfruten!


La boda

No creí posible el estar tan nerviosa como lo estoy ahora, casi no dormí anoche y desde que salió el sol me encuentro dando vueltas por mi departamento, sin objetivo alguno; de a momentos me siento, pero no pasan más de dos minutos antes de que vuelva a ponerme en pie. Paso así unas dos horas antes de que toquen el timbre, abro la puerta y me encuentro con una chica un poco más alta que yo, cabello castaño, largo, piel clara y ojos caramelo, vestida con jeans y una blusa azul claro. La invito a pasar y continúo caminando de aquí para allá.

— ¿Qué haces?—pregunta después de observarme un rato.

—Doy vueltas.

—Sí, eso veo, pero ¿Por qué?

—Es que solo faltan ocho horas y cuarenta y tres minutos—mira su reloj.

—Cuarenta y cuatro según mi reloj…ya cálmate, todo saldrá bien.

— ¿Cómo puedes saberlo?—se acerca y me detiene.

—Primero: me estás mareando. Segundo: Ya está casi todo listo, solo faltan algunos detalles. Ahora ven—tira de mí hasta el escritorio, hace que me siente, me entrega el teléfono y la guía telefónica—. Verifica que todo llegue a tiempo y luego vas a darme una mano con los recuerdos ¿Vale?—me dice en un tono tranquilizador, asiento y se aleja.

Llamo a la agencia de festejos, a la floristería, al restaurant…todos me garantizan que llegarán a la hora convenida. Cuando termino me siento a la mesa, donde Crystal ata tarjetas y envuelve almendras junto a una pequeña figura de dos cisnes que forman un corazón con sus cuellos y cabezas…son recuerdos de boda, de MI boda. Siento que los nervios aumentan al pensar esa frase. Mientras hago lo mismo que mi amiga pienso en cómo fue que todo inició…

— — —

—Tengo un nuevo amigo—me dijo Crystal entusiasmada, hace poco más de cuatro años.

—Querrás decir amiga—la contradije distraídamente, en el pequeño pueblo en que vivimos ella tenía fama de ser toda una "viuda negra", que básicamente consistía en que rechazaba y/o humillaba a cualquier chico que se le acercaba.

—No, no, amigo—protestó alargando la última sílaba—, masculino.

— ¿En serio?—dije gratamente sorprendida, realmente comenzaba a creer que no dejaría que algún chico, además de su hermano, se le acercara— ¿Y ese milagro?—rió.

—Me lo presentaron en la universidad, al principio me pareció antipático, pero resulta ser que es bastante agradable y a diferencia de los otros chicos me trata como a cualquiera de sus amigos. En lo que pueda te lo presentaré—y ella nunca falta a su palabra…

Un día me arrastró por el parque hasta donde un chico de tez ligeramente morena, un poco corpulento, de cabello casi negro, corto y ojos avellana observaba el lago.

—Hola Marcos—saludó mi amiga captando su atención— ¿Cómo estás?

—Bien ¿Y tú?

—Muy bien, te presento a mi amiga Luzmar, Luz, él es Marcos.

—Mucho gusto—dije con voz suave.

—Igualmente—dijo en un tono de voz que resultaba severo, rígido, mientras me miraba escrutadoramente, aparté la mirada, incómoda, pero él siguió observándome, aún con más detenimiento. Nunca he sido muy sociable, Crystal siempre me repetía que era demasiado tímida, y tenía razón, así que la intensa mirada del chico, un par de años mayor, sobre mí me hacía sentir intimidada y sin darme cuenta me moví hasta que la mitad de mi cuerpo quedó detrás de mi amiga.

—Hace un lindo día ¿no creen?—preguntó ella intentando romper el silencio.

—Sí, muy lindo—contesté.

— ¿Qué me decías la otra vez sobre días como este?—le preguntó, el chico la miró de forma que parecía ser una negación, a lo que ella continuó— Sí…decías que días como este indican que ocurrirá algo bueno.

—Un día ideal para tener esperanzas—dije con una pequeña sonrisa, más cuando el chico volvió a mirarme me paralicé—. Te espero donde siempre—le susurré a ella y me fui casi corriendo al cerezo debajo del cual solíamos sentarnos. Saqué un libro que llevaba en la cartera y comencé a leer hasta que la sombra de una persona me tapó. Levanté la vista y me encontré con el chico, tragué saliva.

—A Crystal la llamó su papá y le dijo que fuera a hacer una diligencia, me pidió que te avisara—dijo agachándose frente a mí.

—Ah, gracias—traté de concentrarme en el libro, pero de nuevo me observaba.

— ¿Sabes que no muerdo?—soltó de repente—. No tienes por qué tenerme miedo.

—No te tengo miedo—me defendí, pero mi voz sonó más insegura de lo que quería. Sonrió y su semblante se suavizó.

—No…solo te escondías detrás de Crystal.

—Eres un antipático—dije sin pensar, él se limitó a reír.

—Vamos mejorando, pero no temas decir lo que piensas ¿ok?—se levantó, me revolvió un poco el cabello y se fue.

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—Luz—la voz de Crystal me hace volver al presente.

— ¿Qué pasó?

— ¿Por qué intentas atravesar una almendra con un hilo?—miro hacia mis manos y me doy cuenta de que eso hago, suelto la almendra y tomo una tarjeta.

—Es que estoy un poco distraída.

—De acuerdo, ese es el último, ahora tenemos que ir a la iglesia.

Llegamos y al poco tiempo también los de la floristería, no tengo que preocuparme mucho por decorar, ya que ella toma el control. Mientras observo y respondo las preguntas ocasionales pienso en cómo Crystal tuvo razón, aunque antipático, Marcos caía bien después de un tiempo. Aún así pasó más de un año antes de que me pidiera ser su novia…

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Fue en uno de los escalones de la plazoleta de la iglesia, nos encontrábamos sentados ahí mientras yo comía un helado y él me veía, divertido.

— ¿Me das un poco?—me preguntó al cabo de un rato.

—Pero ya lo he lamido todo…

—Si es tu saliva no me importa—dijo con un peculiar brillo en los ojos que no supe interpretar, así que me limité a acercarle el helado. Le dio un mordisco, me miró a los ojos un momento y comenzó a reír.

— ¿Qué? ¿De qué te ríes?

—No entendiste la indirecta ¿verdad?—dijo rodeando mis hombros con uno de sus brazos.

— ¿Ah?—dije, confundida, me acercó un poco a él.

— ¿Quieres ser mi novia?—me susurró tan cerca del oído que pude sentir su aliento, enrojecí sin querer.

—Eh…yo…—tartamudeé, nerviosa, me tomó por la barbilla e hizo que lo mirara, me perdí en sus ojos.

— ¿Qué te he dicho de decir lo que piensas? No tengas miedo—lo intenté, pero me quedé trabada, acabó con las distancia que había entre nosotros y nos fundimos en un beso con sabor a helado de vainilla, sentí una especie de electricidad recorrerme, nos separamos y apoyó su frente en la mía, sentí su mirada más no abrí los ojos— ¿Y? ¿Eso te aflojó la lengua?

—Me gustas mucho—dije con voz firme, abriendo los ojos y sonriendo.

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Luego de eso decidimos mantener nuestra relación en secreto, no queríamos que nadie nos molestara ni que Crystal se sintiera incómoda, pero la subestimamos, y no pasó mucho tiempo antes de que se enterara por sí sola. Me fijo en mi alrededor y noto que ya no estamos en la iglesia sino en el salón donde será la recepción, no sé cuándo llegué aquí, así que observo, confundida, cómo varias personas terminan con las decoraciones.

— ¿Ya despertaste?—pregunta la chica de ojos caramelo en tono burlón— ¿Te gusta como está quedando?

—Sí, está precioso—digo sonriendo.

—Bueno, ya casi terminamos, luego podrás ir a cambiarte al hotel.

Efectivamente al poco rato me deja en la habitación, luego de ducharme me arreglo el cabello, recojo los mechones del frente y los de arriba y los rizo, mientras que el resto lo dejo liso, me arreglo el flequillo y procedo a maquillarme, brillo de labios, algo de rubor, sombras rosas que combinan con el rojo de mi cabello y delineador negro para resaltar mis ojos aguamarina. Mientras observo mi reflejo vuelven los nervios, no puedo creer que ya llegó el gran día, si hace nada que me lo pidió…

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La noche de nuestro segundo aniversario subimos al tejado del edificio donde vivo, extendimos un mantel, cenamos y nos acostamos a mirar las estrellas.

—No importa cuánto lo intente, la única constelación que identifico es la osa mayor—comenté y rió un poco.

—No te preocupes, no eres la única, aunque la única estrella que me interesa es la que tengo al lado. Y hablando de eso…te tengo un regalo—dijo sacando una caja de unos 30cm3 de una bolsa.

— ¿Para mí? ¡Muchas gracias!—lo abracé.

—Espero que te guste—destapé la caja y encontré…otra caja, destapé esa también y adentro había…otra caja, y así unas diez veces más, ya comenzaba a exasperarme y a creer que no había ningún regalo, mientras él me miraba, divertido. Finalmente llegué a una pequeña caja de terciopelo negro, la abrí y adentro había un hermoso anillo, no pude menos que abrir la boca por la impresión; aún sentados quitó las cajas del medio, rodeó mi cintura con sus brazos y me atrajo hacia él— ¿Te casarías conmigo?

—Sí…sí ¡Sí!—dije emocionada, abrazándolo.

—Te amo, pequeña—dijo entre cortos besos.

—Y yo a ti—alcancé a decir antes de que se apoderara de mis labios definitivamente.

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"Pero ¿Qué estoy haciendo?" pienso "Él se merece algo más que alguien que aún parece una niña". Vuelvo al estado en que me encontraba en la mañana, dando vueltas de un lado a otro del cuarto, y en eso estoy cuando regresa Crystal.

—Luz, Luz—dice siguiéndome—, Luz, vamos, ya cálmate, todo está listo, todo saldrá bien.

—Pero…pero…—murmuro.

—Ya, calma, toma un poco de agua y ponte el vestido—tomo el vaso que me ofrece y obedezco. Al poco rato estoy lista, mi vestido blanco cae suavemente hasta el piso y se extiende en una pequeña cola.

—Estás hermosa—dice sonriendo y se acerca para ponerme el velo.

—No puedo hacerlo, digo con los nervios a flor de piel.

— ¿Qué?

— ¡No puedo hacer esto!—estallo al borde de las lágrimas, me abraza e intenta calmarme.

— ¿A qué le tienes miedo?—lo reflexiono unos instantes.

—A no ser lo suficientemente buena para Marcos, a que deje de amarme…—respondo lentamente con un nudo en la garganta.

—Pero ¿lo amas?

—Sí—digo con sinceridad.

—Y él te ama a ti, así que no tienes nada que temer—sus palabras solo hacen que me asuste aún más, la abrazo con fuerza, tratando de contener las lágrimas, comienzo a ver borroso y a sentirme extraña, luego todo se vuelve negro.

Despierto acostada en el piso de la habitación, a mi lado se encuentra Crystal, que me mira aliviada.

— ¿Qué sucedió?—pregunto casi sin voz.

—Te desmayaste—me ayuda a incorporarme y me recuesta en la cama, me cuesta un poco que la habitación deje de dar vueltas— ¿Cómo te sientes?

—Un poco mareada, solamente. Por favor dile a Marcos que venga—digo tan firmemente como me es posible.

— ¿Segura?

—Sí—noto que vacila, pero sale de la habitación.

Al quedarme sola reflexiono, mi único error es no haberme dado cuenta antes, él conseguirá a alguien mil veces mejor que yo y será muy feliz, no tendrá que cuidar de mí, será libre.

Al rato entra el pelinegro con su traje blanco y una venda en los ojos.

— ¿Por qué traes los ojos vendados?—pregunto con curiosidad.

—Idea de Crystal, dice que es de mala suerte que te vea vestida antes de la boda—responde tanteando el camino en mi dirección— ¿Te encuentras bien? Me dijo que te desmayaste.

—Sí, no te preocupes—me acerco, lo conduzco hasta la cama y nos sentamos.

—Entonces ¿Para qué me mandaste a llamar?—dice tomándome ambas manos, el nudo en mi garganta me impide hablar, por lo que se hace un largo silencio.

—Es que lo nuestro no va a funcionar—digo con la voz rota.

— ¿Ya no me amas?—aunque no puedo ver sus ojos noto en su semblante una expresión de tristeza que nunca antes había visto y que me parte el alma.

—Claro que te amo, pero no serás feliz junto a mí, soy demasiado ingenua, actúo como niña, soy demasiado sensible y siempre tienen que cuidar de mí, no sería justo para ti—sonríe, al parecer, aliviado.

—Eres una tontita…amo la parte de niña que conservas, amo tu inocencia, amo cómo te sonrojas con mis comentarios, amo cómo me demuestras que me quieres una y otra vez, amo cuidar de ti, nací para hacerlo, no podría estar junto a otra mujer ni aunque pusiera todo mi empeño en ello ¿Estás segura de que me amas?

—Más de lo que creí posible—digo llorando.

—Entonces ya no dudes, no pongas trabas, no tengas miedo, casémonos y seamos felices—lo abrazo.

— ¿Estás seguro de que quieres pasar el resto de tu vida atado a una dramática como yo?

—Nunca he estado tan seguro de algo en mi vida ¿Y tú? ¿Me soportarás tanto tiempo?

—Moriría sin ti.

—Entonces nos vemos en un rato.

—Sí…—lo guió hasta la puerta, me seco las lágrimas, me retoco el maquillaje y me coloco el velo justo antes de que Crystal entre.

— ¿Estás lista?—asiento sonriendo.

Le damos a Marcos unos minutos y nos dirigimos a la iglesia, en la entrada me encuentro con mi padre.

—Te ves hermosa, mi princesita—dice, le sonrío ampliamente como respuesta. Tomándolo del brazo entramos, todos se ponen de pie, cuando llegamos frente al altar mi padre se aleja y me deja con mi futuro esposo, al ver que la alegría que se refleja en su rostro es tan grande como la que siento me doy cuenta de que fui una tonta al ponerme tan nerviosa, él es el amor de mi vida.