Bien, este es un One-Shot que hice para Literatura, el tema era "El ser humano incomodo en el mundo moderno", lo dejo a su criterio.

Nos leemos~


La ciudad

¿Cuánto puede durar un buen hombre aquí?

Miró hacia atrás con los ojos brillosos, admirando como aquel transporte subterráneo se alejaba a toda velocidad, sonrió mientras se calzaba mejor su vieja mochila, finalmente había llegado, después de dieciocho años de dulce espera, ahí estaba; la ciudad, o casi, se encontraba bajo ella, pero a decir verdad, eso era suficiente para hacer que una sonrisa curvara sus labios, la ansiedad comenzaba a carcomerlo.
Sintió como una fría brisa se asomaba desde dentro de aquel túnel: un nuevo transporte había llegado; las personas comenzaron a caminar hacia él como si de una manada de lobos se tratara, sedientos por ocupar los maltratados asientos de aquel transporte, él luchaba por ir en su contra pero sólo lograba hundirse más en la muchedumbre.
—Con permiso, perdón, disculpe —musitaba mientras nadaba entre la multitud.
Una vez que se encontró del otro lado de los molinetes, suspiró y luego inspeccionó aquel lúgubre lugar, apenas un par de personas aún se encontraban ahí, sus parpados se extendieron al escuchar, y luego ver, como un hombre se removía en el piso mientras tosía entrecortadamente.
—¿Está usted bien, señor? —le preguntó a aquel canoso hombre, pero éste sólo lo miró receloso y se deshizo del agarre que había tomado el menor a su hombro mientras refunfuñaba.
Nuestro protagonista sólo pudo retroceder torpemente mientras aún observaba al otro, pero no tardo en toparse con otra persona y no de la mejor manera; chocó de espaldas.
—Oh, disculpe no fue...
—Fíjate por donde caminas, idiota —le cortó la joven y se dio la vuelta hacia su destino que parecía ser la casilla de boletos.
Bueno, puede que la gente de ahí abajo no fuera muy amable, pero se contentó pensando que ahí arriba todo sería mejor. Dio un pequeño salto haciendo que su mochila también lo hiciera sobre su espalda y comenzó a caminar hacia las escaleras que lo llevarían a su suelo prometido, o por lo menos así pensó que sería.
La luz del sol le golpeó en al cara obligándolo a entrecerrar los ojos mientras subía las escaleras, los ruidos que se escuchaban de allá arriba eran innumerables y a cada escalón que subía su ansiedad crecía. Al dejar sus enormes orbes miel del todo libres, aquellos pudieron observar como autos, camiones, colectivos, motos y camionetas luchaban en la carretera, cada conductor apresurado por llegar a su destino, cada persona preocupada por sí mismo. Él estaba maravillado, se había quedado petrificado a un lado de la calle observando ir y venir a los transportes, notó que poco a poco más gente se acumuló a sus costados y por detrás, miró la calle, estaba marcada con blancas franjas, "este debe ser uno de esos famosos pasos de cebras" pensó y no se equivocaba, la gente esperaba a que aquel semáforo situado en la calle de enfrente cambiara a verde.
Sintió un pequeño roce en su trasero y no pudo evitar voltearse mientras todas las demás personas parecían haberse decidido a cruzar la calle, se exaltó al ver que un pequeño niño se escapaba con su billetera.
—¡Espera, puedo darte dinero, pero no te lleves todo lo que tengo! —exclamó mientras intentaba zafarse de la gente que parecía esmerarse en arrastrarlo a la calle, bajó el brazo que mantenía extendido hacia aquel chico que, vale decir, estaba ya a una cuadra de él, y se quedó parado ahí, sin poder terminar de asimilar el echo de que todo su dinero, se lo habían llevado ahí.
El sonido de una enorme —o al menos lo pareció— bocina retumbó en sus oídos y automáticamente su cabeza giró para ver como los autos, camiones, colectivos, motos y camionetas se venían encima de él. Su reacción no fue nada lenta teniendo en cuenta que recién llegaba a la ciudad, pues corrió un tercio de calle como un desquiciado logrando saltar un pequeño tramo de calle más y caer finalmente en la acera sintiendo los autos pasar por detrás de sí, respiró frenéticamente unos segundos mientras sentía su corazón golpearle el pecho ferozmente.
Volvió a erguirse y suspiró, aún le quedaba algo, no debía desesperarse. Descolgó su mochila de su espalda y la abrió, buscaba algo por debajo de su muda de ropa mientras caminaba en quién sabe qué dirección, simplemente caminaba mirando al frente, intentando esquivar a todas las personas que caminaban en dirección contraría, bueno, al parecer no se había dado cuenta de que nadie iba en la misma que él. Llegó al paso de cebra de esa esquina, pero nadie pasaba, ni un solo auto, se compensó pensando de que no era una avenida y por eso no era tan transitada, cruzó y siguió caminando mientras escarbaba en aquella mochila, ahora se había molestado en mirar en su interior mientras lo hacía, ¿dónde se había metido aquel trozo de papel?
Sintió su cuerpo chocar con el de otra persona, más especifico, una joven de unos veintidós años y observó sorprendido como ésta caía al duro piso.
—Oh, lo siento, no iba mirando por dónde iba —se disculpó mientras intentaba ayudarla a levantarse.
—Está bien, no se preocupe —comenzó a decir aquella mujer mientras amagaba con volverse a poner de pie—.. ¡Ah! —exclamó a mismo tiempo que volvía a sentarse sin siquiera haber logrado terminar de levantarse; se tomó su tobillo.
—¿Estás bien? —se preocupó el menor mientras se agachaba tirando su mochila a un costado.
—Creo que me torcí el tobillo —dijo la de largos cabellos negros mientras miraba con el ceño medianamente fruncido la extremidad mencionada.
—Espera, te ayudaré a levantarte —se apresuró a decir mientras pasaba el brazo de la joven por detrás de su cuello y el suyo por la espalda de esta.
—Gracias —musitó la ayudada mientras finalmente lograba ponerse de pie—, dime, ¿cómo te llamas? —preguntó volviendo su mirada al otro que parecía ser unos centímetros más alto que ella.
—¿Yo?, me llamo Miles —dijo mientras miraba como había dejado su mochila en el piso—, ¿y tú?
—Soy Sarah —pronunció la seductora voz de la mujer.
—Sarah, permíteme juntar mi mochila —pidió al mismo tiempo que dejaba que la joven se apoyara contra una pared de ladrillos descubiertos que había ahí, hasta ahora notaba que parecía estar en uno de los barrios bajos de la ciudad, no le importó demasiado.
—¿Eres de por aquí? —se escuchó preguntar.
—¿Eh?, no, vengo del campo —respondió aquel chico mientras volteaba de nuevo en dirección a la mujer ya con la mochila cerrada y colgada a uno de sus brazos.
—Ya veo, el campo —musitó la morena.
—¿Hay hospitales cerca de aquí?
La joven no puedo evitar reír al escuchar la pregunta del menor y aquel sólo se dedicó a escuchar la melodiosa risa mientras observaba aquellos dientes manchados, tal vez por cigarrillo.
—Sólo, ayúdame a llegar hasta casa —ordenó la joven con una fina sonrisa carmesí mientras volvía a agarrarse del cuello del mayor, comenzando a renguear en la dirección que aquella indicaba.
—Siento haber provocado esto, debí haber estado mirando enfrente —se apenó el menor.
—Oh, vamos, no te preocupes, no duele tanto —intentó animarlo la otra—. Aquí doblamos.
—¿Aquí? —preguntó Miles extrañado al ver que pretendía que doblaran en lo que parecía ser un callejón.
—Sí, soy la dueña de un bar aquí —comentó.
—Ya veo…
Pero al doblar, no todo fue como él hubiera esperado; no recordaba en que momento aquella mujer había corrido -aun no terminaba de entender como lo había logrado- a los brazos de un corpulento hombre diciendo que él era un acosador o algo parecido, al sentir el puño de uno de los hombres que acompañaba al primero en su mejilla cayó de espaldas contra el piso y quién sabe cuanto más le habían echo, lo cierto es que había perdido el conocimiento luego de dos o tres golpes. Ahora se encontraba contra una maltrecha pared, podía sentir su rostro hinchándose y su cerebro parecía palpitar dentro de su cráneo igual que su corazón en su pecho, miró hacia ambos lados, su mochila no estaba. Saboreó el metálico gusto de la sangre en su boca unos segundos y finalmente se decidió a ponerse de pie, aunque no fue exactamente como el lo esperaba, su pie parecía estar torcido y sólo se permitía renguear mientras lo arrastraba con él, su brazo derecho definitivamente estaba roto, notó como un trozo de muela parecía dar vueltas en su boca y lo escupió algo enfurecido, ¿acaso todo le pasaba a él?, estaba seguro de que a nadie le había podido ir peor en aquel día y si les había ido peor, ahora estaban muertos y en paz. Para él, la tortura seguía, pues iba por las calles casi arrastrándose mientras mantenía en mente su destino e intentando recordar cada paso que había dado para llegar ahí, notó como la gente comenzó a aparecer a su alrededor y ¡vaya!, ahora sí que no lo chocaban, es más, parecían querer mantener mínimo setenta centímetros de distancia con él.
Se esforzó por formar una amarga sonrisa en su rostro, aunque quién sabe cómo había resultado esta, su rostro parecía estar tan machucado que posiblemente solo pareciera una mueca de sufrimiento, aunque no estaría muy errada.
Al toparse con aquellas ansiadas escaleras intentó —y falló— bajarlas normalmente, pero su pie que parecía no querer responderle, doblado hacia afuera lo obligó a caer por estas sumando sólo más dolor a su cuerpo, "¡qué lindo día!", pensó con sorna mientras lograba sentarse en el piso y hasta ahora notaba que el aire de aquel lugar estaba muy viciado, bueno, cómo fuera, no pensaba levantarse, simplemente, se arrastraría a un lado de aquella pared, justo donde parecía haber un envase yogurt o algo parecido, finalmente, luego de arrastrarse hasta allí apoyó su espalda contra aquella pared y cerro sus ojos con cansancio, maldito fuera el momento en el que se le había ocurrido ir a aquel lugar, abrió los ojos con pesadez y corrió sus orbes acaramelados por la habitación, receloso, sólo se frenó al ver aquel pote —efectivamente— de yogurt tirado a un costado suyo y justo a un lado, estaba el tacho de basura, estiró su brazo bueno —el izquierdo— hasta aquel envase con forma de vaso y lo posó frente a él; necesitaría dinero para volver, definitivamente ese no era lugar para él y al darse cuenta de hasta donde había llegado se preguntó, ¿realmente se vería igual que aquel hombre que había cruzado esa misma mañana?, bueno, aquel al menos tenía un escusa, era viejo y estaba enfermo, eso se hubiera dicho en otro momento, pero ahora simplemente se dijo "espero que algún otro idiota baje de ese subte y me dé dinero para irme de este maldito lugar".

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FIN