Buenos días C:

Ahora, les daré los datos de esta comedia- romántica x'D .

Summary: Maxwell, el Príncipe del reino de Alanus, debe esconder su identidad como varón para evitar ser asesinado como su padre, el antiguo rey Andrew. Ahora debe intentar sobrevivir hasta su coronación como Rey con la identidad de Malory, princesa de Alanus.

Género: Comedia, Romance.

Espero lo disfruten C:


Prólogo.-

En las verdes praderas del Reino Alanus, se encuentra la ciudad capital, Evastell. Este día, toda la gente que habita la ciudad está vestida de negro, sintiendo profunda tristeza por la muerte de su benevolente y amado rey, Andrew Blastum.

En el funeral todos miraban el ataúd de cristal, pero lo que más llamaba la atención, era la reacción del Príncipe Maxwell ante aquel entierro. Estaba inexpresivo, aceptando con resignación la situación y viendo con sus orbes color cielo como el cristal se iba tapando por la tierra.

Después de que el Gran Duque dijo algunas palabras, era el turno del hijo del rey. Éste pasó adelante y se colocó al lado del sacerdote.

-Padre… como espero poder seguir tus pasos, fuiste el mejor gobernante que ha tenido Alanus, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitase. Como heredero a tu legado, espero poder dejar una huella tan especial como la tuya en la historia de la familia Blastum. Rey Andrew, descanse en paz.

-Rey Andrew, descanse en paz. –Repitieron todos los presentes-


Capítulo 1: La decisión de los tres.

Después del funeral, todos volvieron a sus hogares. Era una etapa difícil para todos los ciudadanos, pero como todo sigue en la vida, al día siguiente todos retomaron sus actividades cotidianas, excepto Maxwell.

Ahí estaba él, en el estudio de su padre. Abatido, débil…sólo. Yacía sentado en la silla detrás del inmenso escritorio, con sus piernas pegadas al pecho y su cara escondida en estas a su vez. Toda la tristeza que no quería descargar en el funeral, estaba siendo visible ahora en las múltiples lágrimas que corrían por su rostro. El llanto desolador, las lágrimas cristalinas y frías… El sentimiento más horrible que puede existir estaba invadiendo a Maxwell ahora: la incertidumbre.

-Mentiroso… Padre, eres un mentiroso. –Susurraba el joven muchacho-

/Flash back/

Hace cinco años exactamente, Se puede ver dos personas sentadas en las blancas arenas una playa; un niño y un adulto. El mar golpeaba sus aguas en las rocas de las orillas del acantilado, era un paisaje secreto.

-Padre, qué crees que haya debajo de toda esta arena?.

-Según los corsarios, muchos tesoros ha de haber.

-Ya veo… . Ojalá, que nunca desaparezca toda la arena.

-El mayor echó una carcajada sonora, mirando a su hijo- Y eso por qué?.

-Porque la arena protege a los tesoros, así la gente no viene y los saca de su hogar por avaricia.

Guardaron unos segundos de silencio, escuchando el golpe de las olas con las grandes e imponentes rocas. El rey de Alanus revolvió los cabellos rubios oscuros del Príncipe

-Ese es un pensamiento muy noble, Maxwell. Sin embargo, tienes razón. Como tu padre, mi deber es ser tu arena y tú, como hijo, eres mi tesoro.

Esa analogía tomó por sorpresa al menor y le llevó a sonreír más todavía, prometiéndose a si mismo que jamás se le olvidaría.

-Eso significa que jamás me abandonarás?.

-Nunca, nunca lo haré.

/Fin del flash back/

Aquella escena se repitió cada mañana por los siguientes meses. Ningún sirviente sabía qué era lo que el Príncipe hacía encerrado en el estudio de su padre todo el tiempo que se quedaba ahí, ni tampoco se lo imaginaban triste, ya que al salir, siempre tenía una sonrisa en su rostro y cálidas palabras para con todos.

La única persona en todo Evastell que sabía el pequeño secreto del muchacho era Evangeline, la fiel sirvienta y amiga de Maxwell.

-Príncipe, su baño está listo.

-Iré…enseguida.

Ni siquiera ella se atrevía a pasar al estudio del difunto rey para ver al menor, o mejor dicho, él era quien no quería que nadie entrase, no le gustaba que le vieran triste.


-Príncipe, cierre los ojos, por favor.

La joven muchacha vertió algo de agua en la cabeza rubia oscura contraria.

-Evangeline… ¿quién ha tomado el trono estos días?.

-Nadie lo ha hecho, el Reino ha estado "congelado" desde la muerte de su padre.

-Ya veo… .

La castaña colocó extractos de flores varias en el cabello del otro y masajeó suavemente, tratando de darle algo de relajación al otro, la cuál no había tenido últimamente.

-¿Sabes?, escuché que el Gran duque de Cloverie, El Conde de Astrol y el Marqués de Vesdram te llamarán a una junta privada en la noche.

-Ellos son los tres personajes más influyentes en Alanus, ¿verdad?.

-Es correcto, Majestad. Enviaron una carta a su abuelo, de seguro él le comentará de esto después.

-Entiendo. Pero, ¿qué crees que deseen de mí?.

-Bueno, yo creo que-

Dos golpes fuertes en la puerta de madera interrumpieron a la chica, seguido de una voz de mujer ya más madura que la sirvienta.

-Evangeline!, muchacha lenta, te necesitamos en el jardín!

-Voy enseguida, Señora Anne!. Lo lamento, Príncipe, estamos todos muy atareados en el castillo, muchos de los sirvientes se retiraron cuando murió el Rey.

-No te preocupes. Ve al jardín, te alcanzaré después.

-Aquella respuesta cortés hizo sonreír a la sirvienta, imitando la gran sonrisa que el mismo Príncipe le brindaba- Gracias, Maxwell.


El joven se encontraba camino al corazón del castillo, donde su abuelo le esperaba. Los pasillos estaban vacíos, todos los sirvientes estaban ocupados, así que solo se escuchaba el sonido de las botas del rubio, clack, clack, clack.

Abrió la puerta del salón, encontrándose directamente con su familiar. Tenía una mirada amable y una sonrisa gentil debajo de un bigote; era bastante joven para ser el abuelo del chico. Lucía una capa azul oscura, botas negras y una chaqueta larga de color azul. En su costado izquierdo, traía una espada en una vaina negra, se notaba que era larga. Definitivamente era un caballero muy elegante.

-Es un gusto verte, joven Maxwell.

-Lo mismo digo, abuelo.

Los dos lucían igual de felices, característica común, especialmente en el menor. Se saludaron con un apretón de manos cordial.

-Querido muchacho, te he llamado para algo especial. Has recibido una citación de las tres personas más influyentes en Alanus, o debería llamarlos, "Los tres grandes".

El anciano le extendió la carta y el oji-azul la recibió con cierta sorpresa fingida, se supone que él no sabía nada sobre eso.

-¿Esto era todo, abuelo?.

-No, pequeño impaciente. –Contestó el mayor con una leve sonrisa- Hay algo más que quiero decirte. Es… Sobre la muerte de Andrew.

La sonrisa habitual de Maxwell se cambió por una cara inexpresiva, sin embargo, aquella expresión de felicidad infinita siguió en su abuelo.

-Dime rápido, por favor. Debo acudir al llamado de los tres grandes. Además Drake vendrá a visitarnos en poco tiempo.

-Ah, El hijo del Marqués de Zhos. –Inquirió, dándole la espalda a su nieto para mirar por la ventana- En ese caso, iré directo al punto. Tu padre no murió naturalmente, ni mucho menos por envenenamiento como dijeron los guardias. Andrew… Fue asesinado.

-Qué…quieres decir?.

-Su muerte estaba planeada.

En ese momento, Maxwell Blastum, por primera vez en muchos años, abandonó la inexpresividad y la alegría que siempre daba, para dar paso a uno de los pecados capitales… la ira.

-¡¿Quién?!, ¡¿Quién pudo haber sido?! .

-Nadie lo sabe. Pero quien fuere, tuvo que haber sido extraordinario para no dejar huellas.

Guardaron silencio unos momentos, el cual fue roto cuando la puerta se cerró bruscamente, anunciando el abandono de la habitación por parte del Príncipe.


Esa tarde, Nuestro protagonista se encontraba en los jardines del norte del castillo acompañado de Evangeline. Ésta última estaba quitándole las espinas a las rosas que el Príncipe llevaría esta noche como regalo a "Los tres grandes".

-"Un asesinato…" –pensaba Maxwell mientras le ayudaba a Evangeline a colocar las flores en una canasta-

-¿Qué ocurre?, Te noto callado esta tarde. –comentó la mayor, sin dejar de trabajar-

-Eh?.. No, no es nada. –Contestó el muchacho entre risas-

-Por su bien, Majestad, espero que sea así.

Ambos sonrieron levemente, la relación que tenían dependía de la situación. Podía variar entre Príncipe-Criada y Hermana mayor-Hermano menor.

-¡Uff! , ya acabamos con todas las rosas. –dijo Evangeline, contenta y cansada a la vez-

-¡Me alegro mucho! . Espera… Evangeline, tus manos.

-¿Eh? .

La joven se dio cuenta de como tenía enterradas algunas espinas de las rosas, provocando que sus manos sangren.

-Ya se me hacía raro que no pasara algo como esto(?)… .

-Déjame ayudarte… .

Se escuchaban caballos galopar, arrastrando un gran carruaje de color negro con el Emblema de la familia del Marqués de Zhos .

-Ese es el carruaje de Lord Drake, no es así?.

-Ahá.

-En ese caso, debe de ir a recibirlo como corresponde. Mis compañeras han dejado lista la sala de reuniones hace un rato.

-Entiendo, pero… Y tus manos?.

-Sanarán. Las remojaré en agua caliente y las espinas saldrán flotando. No se preocupe por mí. Lord Drake ya ha bajado del carruaje y va en camino a la sala. Si quiere alcanzarlo debe irse ya.

El muchacho asintió con la cabeza y se escabulló por la entrada de la servidumbre para llegar antes que su amigo.


-Repíteme otra vez… Por qué tienes que ir con "Los tres grandes"?

-Porque me enviaron una carta.

-Y por qué te enviaron esa carta?.

-Para charlar conmigo.

-Y para qué quieren charlar contigo?.

-Porque soy el sucesor al trono.

-Y por qué eres el suce-

-¡Porque se murió mi padre, maldición!

-Okay, Okay. Ash, no tenías para que molestarte… . (?)

Ambos estaban sentados, uno al frente del otro, con una taza de té en el regazo. Había un ambiente apacible, pero no tranquilo. El Príncipe, con su capa negra, su pelo rubio oscuro, sus ojos azul claro y su vestimenta siempre formal de color blanco. Y su amigo Drake, hijo de Lord Fergus, Marqués de Zhos; con su vestimenta plateada elegante y su lanza en la vaina de su espada, ojos cafés y cabello chocolate claro. Solo Lord Drake lograba sacar más de una faceta del Príncipe.

-Y bien, cuánto deseas esta vez?.

-Eh? .

-Siempre que vienes aquí es para pedirme un rescate monetario para la Marca de Zhos .

-Qué cruel es usted, su majestad. Tratando tan mal a sus pares… .

-No necesito lecciones de la Reina del drama. –Respondió frunciendo levemente el ceño mientras tomaba algo de té negro-

-Hmp! . Podría ser Reina pero ALGUIEN no quiere casarse conmigo.

Aquello hizo que el otro escupiera su té enseguida.

-¡Cof,cof,cof! –tosía fuertemente Maxwell-Deja de bromear, idiota! .

-Okay, Okay!. Ya que seguiste viviendo después de eso(?) te diré para qué vine. Verás, de mi visita están al tanto todos los más importantes en Zhos, ya que ellos apoyaron el que viniera. Después de la muerte del Rey Andrew y tras mucho meditar, se decidió que la Marca de Zhos te brindará toda la ayuda militar que se pueda para apoyar la armada imperial. Como el Reino ha quedado "congelado", Nuestros vecinos del Reino de Graunlend están tomando decisiones… peligrosas decisiones. Debes tener cuidado con cada paso que des.

-Cómo es que no estaba enterado de algo con esta magnitud?.

-Ese es el chiste.

-Drake, explícate.

-La cámara militar le informó de esto a tu abuelo, no a ti.

-Esto es… indignante. Como heredero al trono debería de tener acceso a toda la información que concierne a Alanus!.

-Tu mismo lo has dicho, heredero nada más, aún no eres Rey. Tienes 16 años, el próximo año ha de ser tu coronación, pero ahora, todos estos problemas van a quién esté o haya pasado por la gran silla de oro.

-Pero… mi abuelo debió de decirme, él… seguro se debe de haber olvidado.

-Puede que sí, puede que no . De hecho, toda la información que te dije iba dirigida al anciano, pero preferí informarte como buen amigo que soy, además, nunca confié en ese viejo.

-Cuida tus modales!, no te expreses así de mi abuelo.

-Qué?!, acaso nunca has visto su sonrisa?!... sonríe tanto que da miedo… .

-Ash… como sea. Me da gusto poder contar contigo, Drake.

-Ni lo menciones, Maxwell. Yo también cuento contigo…para que me des 13.000 de oro como un mini bono (?) .

-…

-Bueno, ya debo irme! . Será mejor que tú también comiences a moverte, debes ir a visitar a "Los tres grandes", no es así?.

-Es correcto. Gracias por tu visita.

-Gracias por el oro~ .

-Espera, yo no te di ningún… ¡Maldito Lacra! .


Esa noche había mucho movimiento en toda la ciudad capital. La gente esperaba a las afueras del congreso de Evastell a montones, era entendible ya que no era normal que "Los tres grandes" se reunieran y menos que quisieran hablar con la familia real, era un fenómeno espléndido.

Adentro, en la parte oeste del gran establecimiento, dos guardias resguardaban las puertas de la habitación en donde "Los tres grandes" esperaban al Príncipe.

-Identifíquese, por favor.

-Maxwell Blastum, Príncipe de Alanus.

-Tiene permiso de entrar, los señores le esperan.

A penas el muchacho entró, las puertas se cerraron. La habitación estaba bien iluminada y decorada. Maxwell avanzó con calma y una sonrisa amigable, como era costumbre en él.

-Muy buenas noches, Caballeros. Es un honor el que me hayan llamado, la casa Blastum les ha traído rosas como un modesto presente, espero les agrade su aroma único en Alanus.

El rubio dejó las rosas en la mesa redonda en la que había tres sillas, pero solo dos de ellas estaban ocupadas. Una de ellas por un hombre de unos 48 años, de mirada seria y cabello castaño oscuro. La otra por un hombre más joven, de ojos azules y cabello rubio y una mirada calmada pero cortés. Ambos usaban trajes elegantes para la ocasión.

-Muchas gracias por su regalo, Príncipe. Será bien recibido aquí.

-Saludos cordiales, Príncipe. Una presentación corta bastará. Yo soy El conde de Astrol, Alexander. Mi compañero a la derecha es el Gran duque de Cloverie, Sean.

-Es un placer conocerles. Pero… acaso no falta uno de ustedes?.

En ese momento una puerta diferente a la principal se abrió, dejando ver a una hermosa mujer de cabellos rojos y mirada dorada. Usaba un vestido de falda amplia rojo oscuro, muy elegante. Tomó asiento al frente del Conde y miró con diversión al Príncipe, sin embargo, guardó silencio.

-Pues, ella es quién falta. Es la Marquesa de Vesdram, Eleonore.

-Es un placer conocerla, Mi lady.

-Igualmente, Joven Príncipe.

Ciertamente, esa mujer inquietaba al muchacho. Parecía como si le estudiase con la mirada.

-Disculpe mi curiosidad, pero todos me habían confirmado que Vesdram era gobernada por un Lord.

-Y es mejor que siga así, no crees?.

-Pues… ciertamente.

-Bien, creo que ya todos nos introdujimos en la conversación, ¡es fantástico!, pero lamentablemente debemos de ir al grano.

El Conde le señaló una silla al Príncipe para que tomara asiento, lo cual hizo enseguida para no perder más tiempo.

-Como te debes de haber enterado –comenzó el Gran Duque- el Reino de Graunlend se está armando contra nosotros. Según nuestros espías, no desean tomar el trono ni mucho menos, nada más quieren matarte.

Esa noticia fue como un flechazo para Maxwell, le impresionaba como ese hombre serio, el Gran Duque, podía decirlo así como así.

-Te preguntarás de seguro por qué. –Continuó El Conde- Si tú no existes, no habrá sucesor y en medio del caos y confusión por ver el destino de la corona, ellos reunirán aliados y tomarán Alanus.

-Entonces… ellos…

-Hmp?, Ellos qué?.

-Ellos planearon la muerte de mi padre?.

-Eso no está confirmado, puede que sí como puede que no.

-Entiendo… .

-Como consecuencia, hemos ideado un plan para que no seas asesinado como el Rey Andrew. –Dijo la marquesa-

-Acataré sus órdenes, solo díganme qué debo hacer.

"Los tres grandes" se reunieron en privado a hablar, solo se escuchaban murmullos.

-Y… cuál es el plan?.

-Cambiarte de género. –Dijeron los tres a la vez-

-Q-qué?!. No, deben de estar bromeando!.

-Esto es muy serio, Príncipe. Admito que no es una opción muy honorable…o muy varonil(?), pero es la única manera de salvar la corona.

-Así que por eso me miraban tan fijamente, Eh?!. Conde, lo lamento, pero no puedo, va en contra de mis principios.

-" Acataré sus órdenes, solo díganme qué debo hacer" –Dijo con sorna Eleonore-

Esa frase había provocado un tic en el ojo del Príncipe.

-A-aún así!, no lo haré, es denigrante!.

Cuando el rubio se disponía a retirarse, fue atrapado de los brazos por Eleonore y Alexander.

-Q-qué hacen?!, suéltenme! -ordenó el muchacho, mientras forcejeaba con los mayores-

-Perdónenos, Príncipe Maxwell. –Se disculpó el Conde de Astrol-

-Aún no puedes irte, Joven Príncipe. Tenemos mucho que informarte con respecto a tu nueva identidad.

-Ya les dije que este plan no se llevaría a cabo!.

-¡Basta de niñerías!. –Gritó imponente el Gran Duque de Cloverie, provocando cierto miedo en todos los presentes- Es tu vida la que está en juego! . Si conoces tu posición, debes obedecerme, tengo un título más alto que el tuyo.

El muchacho dejó de resistirse a los agarres de Alexander y Eleonore, haciendo que estos dos le soltaran al ver que se había calmado.

-Este plan es temporal, al menos hasta que reunamos el poder suficiente para repeler al ejército de Graunlend. Hasta entonces, serás conocido como Malory Blastum, segunda hija del Rey Andrew. Nadie en el Reino de Alanus ni fuera de éste puede enterarse de quién eres. Afuera del Reino no hay problemas, ya que lo tomarán como una pequeña sorpresa nada más, dentro del Reino, todos pensarán que estás en un viaje extenso y que esta nueva integrante de los Blastum es tu gemela que se ha criado dentro del castillo.

-…Comprendido.

-Príncipe, debo recordarle lo que mi compañero ha dicho –Mencionó Alexander- Es de extrema importancia que nadie, absolutamente NADIE sepa sobre esto, ya sabe como vuelan las noticias. Aunque parezca un plan absurdo, es astuto, ya que nadie le tomará como una amenaza hasta que contraiga matrimonio.

-Entiendo.

-Ni siquiera tu Abuelo sabe de esto –continuó La Marquesa de Vesdram- Ni nadie debe saberlo nunca. Es nuestro pequeño secreto. Para evitar inconvenientes, tu guardarropa ha sido cambiado, de hecho, toda tu habitación ha sido remodelada. Será mejor que te despidas de lo que llevas cuando llegues a casa.

-El ceño del muchacho estaba fruncido, pero su mirada era de resignación- Entiendo. Eso es todo entonces?.

-Una cosa más. –respondió Sean- Mañana se organizará un baile en tu honor en el castillo. Eleonore, por favor, acompáñale hasta la puerta.

La mujer así lo hizo, abriendo la puerta para que el oji- azul pudiera irse. Justo cuando el chico pasó al lado de la mujer, esta le dijo lo suficientemente bajo para que nadie más que ellos escuchara: "Evangeline te ayudará con todo". Esto sorprendió al Príncipe, quién le miraba con los ojos desde el otro lado del umbral hasta que la Marquesa cerró la puerta.