Si pudiese verme usted, lector, sabría por qué me considero una existencia patética y no merecedora del regalo de la vida.

El pensar en por qué estoy escribiendo esto sólo hace que mi opinión sobre mí misma empeore. Me pone de mal humor pensar que lo hago porque me lo pidió ella.

Ella… ella era...

Y más patética yo, que lo hago por escapar de este sentimiento que, por primera vez en mi vida, puedo sentir de corazón. Culpabilidad.

A ella quiero pedirle perdón. Sólo quiso ayudarme, pero fui malagradecida.

Quiero decirle… Quiero decirle que esta perturbada mente quiere recordarla, pero no puede… No puedo, y eso duele.

Perdóname. Yo no sabía lo que hacía, y sigo sin saberlo… ¡pero es que sigo siendo únicamente una niña!