Un hombre en la luna vagaba sin rumbo deseando poder demostrar su mente a alguien, pero como estaba solo en la luna no podía expresarse. Como no podía hablar con nadie, empezó a fingir que él era dos personas; De ese modo no se sentía tan solo. Se contaba las cosas que hizo en el día, los cráteres que visitó y él mismo escuchaba fascinado, pero por dentro se sentía angustiado. Por más que ahora estaba menos solo, él sabía que era él mismo.
Una noche despertó y vio a alguien mirándolo y sonriendo ¡Era él mismo! Su otra personalidad se había desprendido para acompañarlo. Vení conmigo, acompañame, le decía. Como el hombre estaba alegre de no estar más solo en la luna, lo acompañó complacido. Este lo hizo recorrer un mundo subterráneo que no conocía. Hasta que se detuvo, lo miró serio y le dijo: Vos no me creaste. Yo te creé.