Nombre: Así debe ser

Historia/Edición: Xlarazondeser

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Así debe ser

Xlarazondeser

Mis ojos comienzan a abrirse lentamente, el rayo de sol que apenas entra por mi ventana me hace cerrarlos de inmediato, me levanto despacio y con movimientos torpes llego al baño, me cambio y tomo mi café el cual será mi único alimento hasta las 3 de la tarde cuando todo aquel barullo del trabajo se aleje un poco, tomo mi carpeta color azul fuerte y el maletín cuidadosamente colocado en el estante de la sala junto a unas pequeñas fotos familiares, hace tanto que no hablo con ellos, me pregunto ¿Cómo está mamá? Espero que Claudia y David la estén cuidando bien, ¿Seguirán ahí las rosas que tanto le gustaba cuidar? Me pregunto ¿Cómo estará el pequeño Héctor? La última vez que lo vi fue en una fiesta familiar, parecía un niño muy lindo e inteligente, ya han pasado 5 años desde aquel día, ya estará por cumplir los 7, ojala le esté yendo muy bien en la escuela.

Subo a mi auto, las ajetreadas calles de la ciudad, el vendedor de periódico que siempre se apresura a saludar.

―el de siempre por favor―le pido amablemente mientras saco algo de cambio de mis bolsillos

Las 8:30 en el reloj, mi clase comienza a las 9, el grupo está en educación física así que aprovecho para preparar el material didáctico que se traduce a unas cuantas cartulinas con dibujos y algunas frases importantes del tema que estamos por ver, salgo y me recargo en el barandal color gris mirando al patio, el timbre suena casi dejándome sordo, aun no me acostumbro a esa maldita campana.

―vamos entren, saquen su libro y ábranlo en donde nos quedamos

―pero profesor estamos cansados―se quejaba uno de mis estudiantes―déjenos descansar aunque sea un poco

― ¿Descansar? Pero si solo le dieron unas vueltas a la escuela e hicieron unos ejercicios, hacen más cuando andan en la calle de vagos ¿Por qué ahí no se cansan?

―si nos cansamos profe pero…

―pero nada, métanse al salón―hice una seña con mi mano

―si profe pero mínimo deje la puerta abierta, hace mucho calor

―está bien y eso nada más para que se salga el olor, que ¿Ustedes no se bañan o qué?

―es olor a hombre fuerte y trabajador―decía divertido aquel muchacho―aquí el único que no se baña es Carlos

― ¿Ya ves Carlos? Ya te delataron―respondía de la misma manera entrando al salón―bien hombres fuertes y trabajadores siéntense que ya va a comenzar la clase

Terminar como un simple profesor de secundaria nunca fue mi idea pero no termine la Universidad y no creo que ya vaya a hacerlo, tuve suerte de encontrar este empleo, no es la mejor escuela y quizá no me paguen lo que uno sueña pero vivo y con eso me basta.

― ¿Dónde está tu cuaderno con la tarea Javier?

―se me olvidó en la casa―se rascó la cabeza

―lo único que se te olvido en la casa fue hacer la tarea ¿Crees que no me doy cuenta? Voy a mandar llamar a tus padres

―No profesor, hágame el paro con eso, yo le entrego la tarea mañana pero no le diga a mi mamá que seguro y me agarra a escobazos

―pues bien merecido te lo tienes―lo miré de reojo

―ande, no sea malo, le juro que mañana se la entrego

―está bien pero si no lo haces llamaré a tu casa―sentencie mientras me ponía de pie―muy bien jóvenes pues empezaremos el tema de hoy

Por fin pasaba el medio día, mojé un poco mi rostro después de lavarme las manos, un pequeño dolor de cabeza llegaba, tal vez fue el calor o quizá el ir y venir del día el que lo había provocado.

― ¿Ya te enteraste? ―preguntaba un compañero de trabajo―encontraron a 2 muchachos besándose

― ¿Enserio? ¿Aquí? ―hablé mientras bajaba un poco el periódico

―Sí, los vio De la vega cuando entró al baño―se sentó a un lado de mí

―y luego ¿Qué pasó? ―pregunté algo curioso

―están en la dirección, lo van expulsar―respondía como si nada mientras se comía un yogurt

― ¿Qué? No pueden hacer eso ¿Por qué?, los chavos de aquí hacen eso y más y nadie les dice nada, a nadie le importa ¿Por qué esto sí?

―pues porque eso no es normal, dos hombres besándose es una abominación, están enfermos

¿Enfermos? Eso me sonaba familiar, mi primer beso, ¿Mágico? Si y por mucho, a escondidas en mi cuarto bajo la inocente mentira "vamos a estudiar", mi corazón latía muy rápido, vecinos desde hacía 2 años siempre fingiendo no sentir nada el uno por el otro, me veía fijamente, se acercó y tocó mis labios, mis movimientos eran torpes pero a esas alturas la verdad es que ya no importaba, todo iba perfecto ¿El error? No poner seguro a la puerta o como mi madre dijo…el no ser normal.

El timbre anunciaba por fin la hora de salida, caminé hasta la sala de maestros para dejar unos papeles, me sentía cansado, definitivamente ese no era mi mejor día, una conversación sin sentido con los demás profesores acerca de las decisiones del director y como por su culpa debían trabajar más, volví a subir a mi auto, tenía hambre…6 calles más hasta el pequeño restaurante al que me gustaba asistir, la misma mesa junto a la ventana, la misma comida de siempre y en lo que esperaba mi mirada fija en lo que se podía observar afuera mientras ese eterno recuerdo volvía a cruzar mi cabeza

No recuerdo por cuánto tiempo me gritó, no recuerdo tampoco cuando tiempo lloré, el hecho de "irme al infierno" no me hacía sentir mal sino aquella mirada suya al referirse a mí como un enfermo, "Tú no eres mi hijo" fue lo último que escuché, mis manos temblaban, hacia frio y mi cuerpo recostado en el piso de lo que en ese entonces era mi habitación tan solo mirando esa pared color azul claro, el que no me dirigieran la palabra al día siguiente me hizo sentir aún peor, mis hermanos, mi padre…mi madre que apenas soportaba mi presencia, nada iba a mejorar y el "Estas muerto para mí" lo sentenciaba.

―Aquí tiene―decía amablemente aquella mesera mientras ponía el plato en la mesa

―muchas gracias―le sonreí como siempre, su nombre es Karen, una chica muy amable, siempre suele atenderme y platicar conmigo

Decidí salir de casa, así sin más, no podía quedarme de cualquier forma, me costó mucho trabajo el salir adelante, hace 2 años asistí a la reunión de navidad, apenas si crucé la puerta porque de inmediato me prohibieron entrar

―está bien―sonreí yo no sé con qué fuerza―tan solo denle esto al pequeño Héctor, es un carrito, espero que le guste

―el no necesita nada de ti, nadie necesita nada de ti, pensé que eso había quedado claro el día que te fuiste, mamá no quiere verte y mucho menos papá, tu nombre no se ha mencionado en esta casa en todos estos años, tú aquí ya no existes, tú…

―para ustedes estoy muerto, lo sé

Aquel auto sigue en un estante en la sala, cerrado como ese día…uno de los peores que he tenido, de esos que recuerdas y te dan ganas de llorar de la impotencia, las nubes grises ocultaban el poco sol de aquel día, lo único que faltaba era que lloviera, suspiré y busqué con la mirada a alguien que me diera la cuenta cuando de reojo lo vi, me miraba desde hace no se cuanto tiempo, me sonrió y yo hice lo mismo, no era la primera vez que lo hacía, casi siempre terminaba topándome con él aunque nunca me había atrevido a preguntarle su nombre, se acercó y me dio un papel, dudé en tomarlo pero al final lo acepté, iba al baño así que regresaría, aquel papel tenía su número de teléfono y un "Siento ser tan directo pero me gustas", una sonrisa se dibujo tontamente en mi rostro, tomé un pluma de mi maletín y respondí aquel mensaje, "Lo siento, yo no soy gay", saqué mi cartera y pagué la cuenta, caminando hacia la puerta le extendí de nuevo aquella nota, mis manos temblaban pero se lo adjudique al frio, pequeñas gotas de lluvia comenzaban a caer, me apresuré a llegar al auto, cerré mis ojos un momento, ¿Así debe ser? No, realmente soy un estúpido, un suspiro salió de mis labios mientras que el sonido de la lluvia se hacía más fuerte, aquel tipo salía del restaurante atajándose el agua solo con su chamarra

―oye―me acerqué a él bajando un poco la ventanilla― ¿Quieres que te lleve? ―el solo asintió―mi nombre es Rodrigo, mucho gusto

―Joaquín―me sonrió tímidamente―el gusto es mío

Tan solo una sonrisa y el comienzo de un camino desconocido, un tímido "Lo siento" y un "Tú también me gustas", un instante en el que el pasado se desvanecía con aquella lluvia, en el que el eterno miedo se iba alejando conforme avanzábamos, es así como debe ser, estoy casi seguro y si no...supongo que mi situación ya no puede ponerse peor.