« Mine. Copia, plagia, todo eso... Y amanecerás bajo el agua. He dicho.

« Fandom. The Madness.

« Pairing. Jack/Danielle + Michael.

« Music. Uh. Idk. Lo que les plazca.

« Mayday, mayday. Para Ellie porque sí. Y, uhm, la idea la traía en la cabeza desde el lunes, pero andaba o ando en exámenes, w/e. No salió como esperaba, pero ekis, somos chavos y eso. Está medio decente, así que don't be mean. Enjoy.

.

Glance

« I like to watch disasters in replay and rerun in slow motion. »

.

Atardece, y lo único que Jack puede hacer a las seis y media de la tarde es preguntarse dónde diablos se ha metido Michael, porque se supone que su mejor amigo le prometió un par de lanzamientos antes de la cena y esa es la hora en que sigue sin poder encontrarlo por ningún lado. Aunque claro, la camioneta blanca y costosa en el rancho vecino, las toneladas de equipaje y tres cabelleras rubias entrando a la casa de los ancianos Anderson, logran ayudarle a hacerse una idea de dónde puede estar Michael: esperando a Danielle en el campo de orquídeas que está a un kilómetro de distancia cruzando la carretera. Rueda los ojos para sí mismo mientras se deja caer a la sombra del gran roble que está plantado cerca del establo y recarga cansadamente la cabeza contra el tronco después de quitarse el sombrero.

Honestamente ni siquiera sabe por qué sigue molestándose, si bien sabe que los últimos cinco veranos ha sido lo mismo y al parecer nada volverá a la normalidad. Se siente un poco tonto porque, bueno, es obvio que después de ese lapso de tiempo, difícilmente las cosas podrán ser iguales a como lo eran antes, ¿no? Así que suspira y la única pregunta que puede formarse a continuación en su mente es «¿por qué precisamente Danielle Anderson?». No entiende cómo es que Michael quedó rendido a los pies de la chica desde los once años, y no cree que la apariencia tenga mucho que ver, puesto que sus hermanas son rubias, al igual que la florecita, y (mucho, pero mucho más) hermosas, así que no, no se trata de eso. Y eso le deja la otra opción, que para él es la menos tolerable que puede existir porque, por favor, ¿personalidad? (No, corrección, ¿la personalidad de Danielle Anderson? Incluso se estremece ligeramente al imaginarse teniendo algo con una chica como ella. Con esa fastidiosa manía suya de querer poder mantener todo y a todos bajo control. O con su sonrisa blanca y al parecer permanente en su rostro, o con sus rizos rubios rebotando suavemente cuando camina con los dedos entrelazados tras la espalda, mirando con atención y aún así alejada, todo lo que hay en el mismo rancho de los Anderson, en el de los Pecker, y en muy remotos casos, en el de los Fawcett).

Y resopla porque, ya, claro, seguramente él se moriría por tener que aguantar eso todos los días de verano y después estar al borde del llanto lo que resta del año simplemente porque faltan muchos meses para poder verla de nuevo. Sonríe un poco, tranquilamente y sin humor porque nah, simplemente nada de eso tiene sentido para él. Murmura un «ugh» conforme se levanta y se dice que basta, que la verdad el tema de Michael y Danielle lo tiene muy sin cuidado y que cualquier cosa que pase entre ellos no le interesa. Se sacude un poco los pantalones y decide que hacerle una visita a Rome en el establo no estaría nada mal. Camina hacia allá y se da cuenta de que la luna ya está arriba, pero el cielo aún es un poco naranja, un poco rojo, quizá herido. Suspira y entreabre la puerta de madera cubierta con pintura de color rojo, sólo un poco, porque escucha un par de ruidos dentro y ¿qué demonios?, ¿quién, aparte de él, puede estar ahí a esas horas?

(No ve mucho, o eso es lo que quiere pensar. O es lo que trata de decirse siempre que recuerda el momento. Y es que imágenes como aquellas no se borran por completo nunca.

Pero no es Michael al quien ve, porque a fin de cuentas de él sólo puede observar la espalda desnuda que ha visto toda su vida antes. Así que no es Mike, no.

Es Danielle.

Danielle siendo empujada con un poco de fuerza contra la pared, mientras suelta un jadeo por entre sus labios rosas y ligeramente hinchados. Danielle enredando una pierna en torno a la cadera de Michael, acercándolo con ayuda del tacón de su bota y bajando un poco los párpados al sentirlo lo suficientemente unido a ella. Danielle y un par de mechones rubios cayendo sobre su rostro, sobre sus mejillas sonrosadas, y su respiración agitada combinando a la perfección con eso. Danielle reaccionando ante todo, ante cualquier movimiento, cualquier caricia, cualquier beso. Danielle suspirando, gimiendo, mordiendo el lóbulo de la oreja de Michael, mordiendo su propio labio inferior, sonriendo un poco, tirando suave y súbitamente del cabello de Mike, enterrando las uñas en sus hombros, en sus costados, dejando marcas rojizas en la piel del chico, uniendo después sus labios a los de él para besarlo de nuevo.

No hay blusa ni playera, pero sí sostén y dos pares de pantalones. Pero uno de los tirantes de encaje fino y negro se ha resbalado de su lugar correspondiente y Jack aún recuerda los dedos de su mano derecha tensándose, de alguna manera pensando que es obligación de ellos regresarlo a donde debería estar. O en todo caso, que deberían bajar el otro y deshacerse de esa prenda de una buena vez.

—Michael... —gime ella de nuevo).

Jack cierra la puerta del establo y no sabe si es con sigilo o de la forma más escandalosamente posible. No le importa. Siente los labios secos, la garganta también y algo le dice que el nudo en su vientre es todo menos lo que se podría llegar a pensar. Inhala y exhala un par de veces cuando se encuentra de nuevo a la sombra del roble, se recarga contra el tronco y cierra los ojos un momento, abriéndolos de golpe al descubrirse rememorando lo que recién vio como si de una película se tratara. Sacude la cabeza, intentando deshacerse de todo lo que acaba de presenciar y se dice que no, ¿él haber visto todo eso? Por supuesto que no. Él no vio nada porque aquella tarde no fue al establo en ningún momento; es más, nunca lo pensó siquiera. Y eso es todo.

Así que respira otro par de veces y se tranquiliza.

Trata de olvidar.

•••

Más tarde y a la hora de la cena, si las miradas de Danielle y Jack se encuentran, ambos fingen que tampoco eso ocurre.

Jack pretende no sentir los ojos verdes sobre sobre sí mismo, que no tiene ganas de elevar la mirada y encontrarse con esas pupilas aún ligeramente dilatadas ni con las mal disimuladas marcas en el cuello (que no han sido culpa suya, que no tienen su nombre). Pretende que todo está bien, que la tarde fue aburrida y que transcurrió sin nada interesante por contar. Pretende seguir molesto con Michael, con Anderson y con la vida en general porque sí, eso es lo usual en él, el ceño fruncido y su expresión de hastío, así que pretende que claro, por supuesto que todo está normal.

(Y Danielle pretende que ella no supo todo el tiempo que él terminaría llendo ahí, al establo, y que los vería. Pretende que no fue el nombre de Jack el que quiso susurrar antes de verlo huir del lugar. Pretende que lo que ocurrió no es lo que ella quería y que lo que pasó no le causó cierta satisfacción. Y pretende, por igual, que él no sabe, que él no vio, que él no recuerda. Que todo está bien, que no hay nada que valga la pena mencionar.

Pretende que todo fue una coincidencia, que nadie sabía (ni sabe) nada).

Ambos fingen y así está perfecto. Siempre les ha funcionado de maravilla.