AGOSTO

Ese día Sofía despertó más tarde de lo habitual, la luz se había ido en la madrugada y su alarma no había sonado, su baño duró menos de 5 minutos y ni siquiera había desayunado. Mientras bajaba las escaleras pensaba en lo rápido que tendría que ir en su bicicleta para estar a tiempo a la Universidad, pero cuando llegó a la entrada del edificio se dio cuenta que caía una tormenta que le impediría la hazaña. Corrió a la estación del metro, la 2da vía más rápida para llegar, pero no llegó a tiempo y tuvo que esperar al siguiente vagón.

Llegó a la facultad con los zapatos húmedos y los lentes empañados, cosa que no le ayudaba mucho en la carrera, cuando vio su aula aparecer ya no había nadie afuera, signo de que la clase había dado inicio; al acercarse escuchó la voz del Licenciado Galindo, pensó en tocar y pedirle que le permitiera pasar, pero recordó su advertencia de inicio de semestre. "Quien ose a interrumpir mi clase por una entrada fuera de horario, considérese reprobado del curso", y eso era algo que no podía permitirse, más valía una falta.

Sin muchas ganas se fue a una de las bancas que había en el pasillo, buscó su iPod pero con la prisa lo olvidó, se hundió en su mochila con la esperanza de hallar su libro de Coehlo pero también lo había olvidado, otra persona habría ocupado ese tiempo libre para adelantar deberes, pero eso era algo que ya había hecho la tarde del día anterior, fue entonces cuando resignada a perderse en sus pensamientos, lo vio llegar.

Juan Miguel Peralta era su compañero de clases desde hacía año y medio, pero nunca habían cruzado más de una palabra, si pudiera nombrar a su antítesis, definitivamente seria él. Entraba pocas veces a clases, y cuando lo hacía era de las personas más distraídas, se la pasaba platicando o durmiendo; era del tipo de personas que no lograba entender por qué pagaban la universidad sí les importaba menos que el crecimiento del césped en el jardín.

Algunas veces le daba algo de miedo, siempre vestido con camisetas negras de algún grupo de heavy metal, jeans deslavados y botas de motociclista; se sentía cuál niña de preescolar que teme que el mayor de los niños le quite el almuerzo. Y es que para términos sencillos Sofía era una Nerd, usaba lentes y años antes también había usado frenos, no era precisamente la chica por la que los muchachos suspiraban, de hecho era todo lo contrario, nunca había tenido un novio y ni siquiera le importaba; simplemente vivía para estudiar y complacer a mis padres.

"Hola Sofía" la saludó, con una gran sonrisa, que por un momento le quitó sus pensamientos.

"Hola…" quiso decirle su nombre pero se quedó callada, simplemente no salieron más palabras.

"Miguel" agregó, probablemente pensó que ni siquiera sabía cómo se llamaba.

"Sí lo sé, discúlpame" no quería que pensara que era una grosera por no saber su nombre, porque sí lo sabía, pero… en fin.

"No tengo que disculparte, solo que no creí que recordaras mi nombre, las personas como tú no se fijan en gente como yo"

"¿A qué te refieres con eso?"

"Pues tu sabes, eres la mejor de la clase, si no es que probablemente de la generación, y yo pues soy miembro activo de la escoria de la facultad." Calló por un momento y sonrió con un poco de melancolía, pero continúo "Por cierto, ¿qué haces a fuera? ¿No hubo clases?"

"Si hubo, pero llegué tarde" respondió apenada, como si acabara de cometer un delito.

"Vaya, así que eres la culpable de que haya caído esta lluvia torrencial" bromeó y con una mano sacudió de su cabello el agua que le había caído. Ella sonrió pero su estómago hizo un gran ruido que acaparó la atención de su acompañante. "Al parecer he encontrado a mi compañera de almuerzo, ven" la tomó de la mano y por un segundo dejó de respirar, todo su cuerpo se paralizó, la sangre le corrió un poco más rápido de lo normal, y sintió el corazón en la garganta "vamos a la cafetería"

"pero…" trató de alegar cualquier cosa, pero su cerebro no encontraba la salida.

"Pero… nada tú tienes hambre y no me lo vas a negar, además a esa clase le quedan al menos 60 minutos. O es que crees que no soy buena compañía para desayunar" sus ojos la miraron directamente y pudo ver que eran cómo la miel, pero no era común, nunca había visto un color similar.

"No claro, que no, vayamos entonces" su mente luchaba por analizarlo pero no podía hacerlo, todo iba demasiado rápido y sobre todo era increíblemente inesperado. Estaba al borde del colapso pues no podía entender que era lo que estaba pasando.

Cuando llegaron a la cafetería él la dejó ordenar primero, así que pidió su desayuno favorito, un café negro y un muffin de chocolate. Cuando fue el turno de él, pidió lo mismo.

"Son 70 pesos" dijo la cajera, Sofía buscó su monedero, pero él fue más rápido y pagó con un billete. Después de que le entregaron el cambio, ella le dio el dinero de su cuenta.

"Permíteme invitarte" dijo al rechazar su pago, "no todos los días puedo desayunar con la gran Sofía Murat"

"Por favor, no digas esas cosas, ni soy Gran ni mucho menos dejaré que pagues mi desayuno"

"¿Por qué no?"

"Porque…" Sofía quería explicarle que su relación se basaba en frases cordiales en el salón y nada más, así que sería incorrecto que se aprovechara y dejará que le pagara el desayuno.

"Mira tómalo como un préstamo, otro día serás tú quien invite ¿ok?" asintió resignada, no tenía muchas opciones y esa era mejor que la que yo tenía en mente.

"¿Con qué acompañas tu café?" sonrió de nuevo, y en ese momento se detuvo a analizarlo, no era un tipo feo, a decir verdad, era guapo.

Su cabello era castaño y quebrado, su piel blanca pero sus mejillas tenían un cierto sonrojo que lo hacía lucir tierno, pero su rasgo más lindo era su sonrisa, parecía como si el sol saliera solo porque él sonreía. Parado frente a ella podía ver que era alto, 1.87m podría asegurar, quizá un poco más por las botas que usaba. También era delgado pero su camiseta dejaba ver que sus brazos eran fuertes y ciertamente musculosos.

"Lo tomo solo"

"Genial, nuestra primera cosa en común" le sorprendía que fuera tan amistoso, quizá la del problema era ella que solía ser demasiado seria con las personas que no conocía bien y con las que sí también.

"Y se puede saber por qué se te hizo tarde" preguntó cuando se sentaron en una de la mesas que estaban cerca de la ventana.

"Mi alarma no sonó y me quedé dormida" confesó resignada.

"Vaya deberé agradecerle a tu alarma entonces…" iba a continuar pero su celular sonó con una estruendosa melodía que ella conocía muy bien.

"Fear of the Dark" dijo cuando terminó su llamada.

"¿Te gusta el Heavy Metal?" preguntó sorprendido.

"Un poco, Xavier me obliga a escuchar mucho Heavy Metal, pero Iron Maiden es de mis favoritos"

"¿Xavier es tu novio?" ella no logró adivinar la expresión de su cara, pero definitivamente su mirada estaba clavada en Sofía.

"No, Xavier y su hermano Leo son mis únicos primos." Aclaró e inmediatamente su mirada cambio.

"¿Extrañas tu ciudad?" le preguntó después de un momento de silencio.

"Siempre, pero ¿cómo sabes que no soy de aquí?"

"Lo dijiste el 1er día, cuando nos obligaron a presentarnos" estaba totalmente sorprendida cómo podía ser que él lo recordara, siempre había creído que ni siquiera notaba su existencia. "¿Qué es lo que más extrañas?"

"Mi familia, mi casa…" suspiró

"Si los extrañas tanto, ¿por qué decidiste venir a estudiar hasta acá?"

"Porque es la mejor universidad para estudiar economía"

"Lo mismo le dije a mi padre, de una que está del otro lado del charco y sobra decir, que no le pareció una buena idea"

"No soy quien para alegar de la distancia, pero no crees que es demasiado irse tan lejos, y siempre necesitamos a nuestra familia cerca."

"Lo que yo tengo no es ni de lejos una familia aunque ellos crean que sí" se quedó viendo por la ventana de manera melancólica, era como una sombra de tristeza que lo nublaba sin más ni más.

"No te llevas muy bien con ellos…" fue lo primero que le vino a la mente.

"No se necesita llevar el primer de la generación para darse cuenta, gran descubrimiento Murat" en cuanto terminó de decirlo, vio el arrepentimiento en su mirada. "Lo siento Sofía, fui muy rudo, desde que mi madre murió mi familia desapareció con ella."

"Lo lamento, no sabía lo de tu mamá" trató de consolarlo, pero supuso que al mirarlo condescendientemente lo podría confundir con lástima así que prefirió mirar por la ventana igual que él. Lo que no pudo evitar fue llevar mi mano sobre la de él. Instintivamente volteó y le sonrió.

"No sé ni por qué te lo dije" Su mirada se concentró en el café y ella retiró su mano para que él pudiera tomar la taza. "Creo que me inspiras confianza" le confesó después de tomar un sorbo.

La plática se tornó más relajada, después de eso; hablaron de música, películas, de cómo era la ciudad natal de Sofía, debía admitir que su compañía era de lo más agradable, tanto que el tiempo se me pasó increíblemente rápido.

"Creo que es hora de regresar a clases" le dijo cuando alcanzó a ver el reloj de la cafetería.

"Claro, no queremos que te pierdas otra clase, podría nevar o algo así" bromeó antes de tomar y cargar la mochila de Sofía, ni siquiera le dio tiempo de alegar.

"Exacto, suficiente con la lluvia" levantó su mano y comprobó que seguía lloviendo.

"Ten" le dijo al colocarle su chamarra de cuero sobre la espalda, aun tenía su calor y qué decir del olor que la invadió, era tan masculino, fresco, delicioso. Tuvo que reprimir un suspiro, pero las sensaciones que le recorrieron el cuerpo, no pudo controlarlas, sobre todo cuando la ayudó a meter los brazos en las mangas.

"Gracias" fue lo único que dijo, pues sentía que su sonrojo era más que evidente. Sin embargo al pasar una de las ventanas de la cafetería, se dio cuenta que se veía absolutamente normal, solo había algo en sus ojos que había cambiado, brillaban un poco más y eso ni sus lentes podían ocultarlo.

Cuando iban llegando al pasillo donde estaba su salón, todos estaban afuera, señal de que la clase había terminado, a estas alturas no supo si eso era bueno o malo, porque al llegar vieron a Miguel cargando su mochila, y a Sofía con su chamarra, prácticamente todo el salón hundió sus miradas en ellos.

"Listo, regresaste sana y salva" le dijo al entregarle la mochila en la entrada al salón.

"Gracias, por todo" dijo sonriendo, él le devolvió el gesto.

"Gracias a ti" respondió antes de darle un beso en la mejilla, afortunadamente sus compañeros habían regresado a sus asuntos, y solo los que estaban dentro del salón se dieron cuenta de lo ocurrido. Él se dio media vuelta y se fue a las bancas donde estaban sus amigos.

Cuando Sofía se dirigió a su asiento de costumbre, se percató que la única alma en el salón era su mejor amiga Nora, y sabía que ella jamás la bombardearía con preguntas incómodas, siempre había reconocido que era la mejor amiga que pudo haber tenido, siempre discreta y tan respetuosa de sus silencios.

La mañana continuó tranquila, y aunque lo que había pasado con Miguel la había dejado muy confundida, decidió que pensaría en eso ya que estuviera en la soledad de su departamento.

El pensamiento que más la abrumaba era el hecho que hasta hace unos meses, cuando regresó de vacaciones, la mirada de Miguel había cambiado demasiado, ahora era más lúgubre y no sabía muy bien si era por lo que me había contado de su mamá o si había tenido que ver con la repentina desaparición de Alex, su novia, de la universidad. Siempre se había cuestionado eso, pero no estaba segura de que algún día pudiera conocer la respuesta.

Después de meditarlo toda la tarde, se dio cuenta que no tenía sentido darle muchas vueltas a lo que pasó, pues finalmente era solo un compañero que había sido amable con ella, como todos los demás, no podía empezar a hacerse novelas en la mente.

Las cosas volvieron a la relativa calma, hasta ese viernes por la tarde que estaba terminando su rutina de ejercicios, cuando en la pantalla de la computadora apareció una ventana de conversación.

"Hey Murat" decía la ventana, nadie le hablaba por su apellido, pero eso fue lo de menos, cuando vio el remitente del mensaje.

"Hola Miguel" respondió cuando logró hacer que sus manos se movieran.

"¿Estás ocupada?"

"No, en realidad no" y era la verdad, que tuviera que bañarse no era una gran prioridad.

"¿Quieres ir a tomar un café conmigo?" eso sí que la sorprendió.

"¿Cuándo?"

"En una media hora, ¿te parece?"

"Si, está bien. ¿Dónde te veo?"

"Paso por ti a tu casa. Solo pásame tu número y te marco cuando este ahí" Por fortuna o por desgracia, aquel día del desayuno, habían hablado sobre dónde estaban sus respectivas casas, además el edificio donde vivía era muy conocido por dar alojo a muchos estudiantes foráneos de esa universidad.

Media hora después el celular de Sofía sonaba y un nombre que hasta hace unos días era un desconocido aparecía en la pantalla.

"Qué bueno que no eres de las que hacen esperar Murat" le dijo cuando salió a su encuentro.

"¿y a dónde vamos a ir?" le preguntó cuando estaba en el interior de su auto, un Honda Civic de dos puertas en color negro.

"Te llevaré a que conozcas mi cafetería favorita pero tendrás que prometer nunca decirlo a nadie, digamos que te confiaré uno de mis lugares secretos" sabía que era muy poco para emocionarse pero sus palabras la hicieron sentir especial.

"Lo prometo" e hizo una señal de scout.

Avanzaron por el centro de la ciudad, a la parte más tradicional, después cuando creyó que se detendrían en la zona turística, él siguió avanzando, hasta que toparon con callejón que parecía de lo más acogedor y romántico, algo que por supuesto no iba nada acorde con su facha de rockero.

La cafetería tenía un estilo muy alternativo, y la música ambiental era jazz, lo que hizo que le encantara.

"Wow, este lugar es muy bonito"

"Sabía que te gustaría Murat. Por eso te traje, si hay alguien que aprecie esto, debías de ser tú"

"¿Ahora eres perfilista?" le bromeó.

"Tengo habilidades que aun no conoces… pero me gustaría que las conocieras" lo último lo dijo en voz tan baja que Sofía dudó de su oído.

Una vez más el tiempo con él se le pasó rapidísimo, nunca pensó tener cosas en común con él, y aunque en otras eran totalmente distintos, le divertía mucho la forma en que se reía de sus gustos, o la forma en que veía a causa de sus extrañas respuestas.

Esa ocasión solo fue la primera de muchas veces que se vieron para tomar un café, a veces platicaban por internet, pero solían hacerlo mejor en persona.

En la facultad, todos ignoraban que su amistad iba creciendo cada día más, incluso Nora sabía muy poco, la verdad Sofía no entendía muy bien porque lo callaban, pero lo hacían.