Epílogo

- Miguel no corras tan rápido te vas a caer.

- Apurate mami, quiero llegar a la cima – le respondía un pequeño niño. Un niño blanco como ella, con el pelo de su padre y con el color del de su madre. Su sonrisa, oh aquella sonrisa era la copia perfecta de la él, y sus ojos eran de lo más hermoso, aun no entendía como es que a veces se parecían tanto a los de él y otros días tanto a los de ella. La perfecta combinación entre los ojos miel tan hermosos que pertenecieron al hombre que tanto amaba y los de ella, un verde único, simbolo indiscutible de los Murat.

Mientras subía la cima siguiendo a su hijo, recordó lo feliz que se habían puesto Eugenio, Mariana y Ana María, cuando supieron que estaba esperando un hijo de Miguel. Lo emocionados que estaban cuando nació y lo consentido que todos lo tenían, porque su familia también se había vuelto loca con la noticia, era todo un acontecimiento. Natalia no se despegó ni un segundo de su hija que había insistido en que su hijo nacería en la ciudad de su padre, así que el día del nacimiento Alfredo, Leo y Xavier habían volado en el jet de la empresa solo para estar presentes. El primer nieto, el primer sobrino, el único ser que había logrado que Sofía saliera de su profunda depresión.

- Hola, soy Miguel y ¿tu? – la voz de su hijo la sacó de sus recuerdos. Al pequeño Miguel le sobraba lo sociable y en un país desconocido eso era un poco problemático.

- Ana Sofía – escuchó la voz de otra niña.

- Ann ¿qué te he dicho de hablar con extraños? – reprendió otra voz que conocía muy bien.

- Sofía – dijo aquél hombre.

- Hola Santiago – saludó al ver a su amigo y novio de hacía ya tanto tiempo, de otra vida muy diferente.

Mientras los niños jugaban ellos se sentaron y platicaron de sus vidas.

- Así que Miguel… bueno ahora solo tengo su mejor recuerdo conmigo – ella perdió su mirada en su hijo y aunque sus ojos estaban llenos de lágrimas, sonreía.

- Te entiendo Sofía, perder a mi Anne tampoco fue sencillo, aunque al menos tuve tiempo de despedirme de ella, verla tan acabada por el cáncer no era nada sencillo – confesó con tristeza.

Después de regresar a Buenos Aires, Santiago conoció Anne una inglesa de intercambio en su universidad. Si bien no fue amor a primera vista como le paso con Sofía, fue amor. Después de 3 años de noviazgo vivieron juntos y ella se quedó en Argentina. Poco después de que naciera su hija Ana Sofía, a la que por cierto el Sofía se lo había puesto ella; creyendo que estaba de nuevo embarazada fue a hacerse estudios y resulto que tenía cáncer, estaba tan avanzado que le atribuían a un verdadero milagro el que Ana Sofía naciera. Un año después Anne murió en brazos de Santiago, que ahora dedicaba su vida al cuidado de su hija y a dar clases en la Universidad en la que había estudiado.

- Así que The Cliffs of Moher ¿qué te trajo aquí? – dijo Santiago

- El recuerdo de una promesa que expiró hace 3 años y que ninguno de los dos cumplió.

- ¿Y a ti?

- La ilusión de que esa promesa pueda ser vigente aún ahora.

"Solo quiero que vuelvas a ser feliz" Sofía escuchó la voz de Miguel como un susurro que traía el viento. Ella sonrió y se prometió a si misma, ser feliz por el recuerdo del ser que más amó y por la presencia del ser que más amaba… Miguel.

FIN