Especial Halloween 2012:

Él también quiere Dulces…

Un bello día. Ni una sola nube en el cielo. Un día perfecto para... la noche de Halloween. Todos se preparan para la ocasión. Las tiendas de disfraces se ganan la lotería, las tiendas de vegetales también (qué curioso que solo vendieran calabazas...). Se siente el espíritu festivo por toda la ciudad. El sol comienza a ponerse, dando señal a la salida nocturna del "truco-o-trato".

Y aquí estoy, regalando dulces a los niños y elogiando sus disfraces. Pero luego de varias visitas se me acabaron los dulces, así que salí a comprar más. Cuando salí, varios niños disfrazados esperaban afuera.

-Lo siento, pero se me acabaron los dulces...- dije. –Vuelvan luego que voy a comprar más.

-Está bien...- respondieron los niños.

Rápidamente tomé mi bicicleta y fui directo al centro de la ciudad, donde se siente aún más el espíritu terrorífico de estas épocas. Me dirigí a la tienda de una agradable ancianita, conocida por toda la ciudad por su amabilidad y generosidad. Su esposo falleció hace unos años, por lo que ella tiene que dirigir la tienda. Fue un golpe duro para ella, no tenía hijos ni familia. Pero recibió el apoyo de toda la ciudad, y ahora está donde está.

-Buenas noches- dije, mientras entraba por la puerta que al abrirse sonaba una campana con un curioso sonido.

-¡Buenas noches! Pasa, pasa. ¿Qué vas a desear?- respondió la ancianita, muy cortésmente.

-Unos cuantos caramelos, ya sabe, para los niños.

-Oh, claro, claro. Ahora te los traigo. Dime, ¿cómo está todo allá afuera?

-Lo de siempre, niños por todos lados. Pero no me quejo... Alguna vez yo también fui niño- dije, sacando una pequeña carcajada. La ancianita se rió conmigo.

Y continuó y continuó, siempre dando conversación. Me preguntaba cosas, me contaba lo que le pasó ayer o al día anterior. Hasta que luego de varios minutos, recordó que debía traerme unos caramelos.

-¡Oh! Por tanta cháchara me olvidé de tus dulces. Ahora te los traigo...- dijo, mientras entraba por una puerta con cortinas que estaba detrás del mostrador.

-¿Podrías ayudarme con esto?- gritó, desde adentro de aquella habitación.

-Seguro- respondí, dirigiéndome a aquella puerta.

Entré. No había nadie, ni tampoco nada. Solo había una larga manta blanca tirada sobre el suelo. Sentí una respiración detrás de mí. Cuando giré, la ancianita me golpeó con una pala. Caí al suelo, casi inconsciente...

Tengo los recuerdos muy borrosos. Sólo recuerdo que la ancianita levantó aquella manta blanca, debajo había una especie de jeroglíficos raros. También recuerdo algo de lo que murmuró la ancianita, luego de golpearme:

-¡Bien! Un dulce más para mi esposo...


Notas del Autor:

Espero que les haya gustado esta historia tipo creepypasta, ¡perfecto para este día de terror y sustos! También escribiré otras historias para otras fechas y celebraciones, sin perder mi característico drama.

¡Feliz Halloween!

P.D.: En mi país también celebramos otra festividad. Así que un saludo a todos mis compatriotas y ¡Feliz Día del Halloween Criollo!