La masa

La deidad patrona del arte, aunque era representada de tantas maneras como el o la artista que se refiriera a ella, tenía un símbolo inequívoco: la mano de siete dedos, casi siempre con un pulgar a cada extremo y dos dedos índices. Era tan común y conocido ese símbolo en toda la civilización, que a esta deidad se le llamaba "Manos", por más que, como todas las deidades de cierta importancia en esta mitología; no tuviera un nombre específico y sí varios cánticos o poemas para designarla.

Es una de las deidades más reconocidas y representadas, aunque en la familia divina tuviera, realmente, una importancia media. Sin embargo, como es el quehacer artístico el que nos llega hasta la actualidad, y como los y las artistas de este imperio solían firmar sus obras con su nombre y el símbolo de Manos, fue una de las primeras deidades conocidas y estudiadas por los arqueólogos. Se llegó a pensar que podría ser la madre primigenia de esa mitología, sobre todo por su conexión con la masa, hasta que se encontraron las ruinas de los Grandes Templos Enterrados, donde se encuentra el enorme friso de la historia del imperio.

En ese friso, dibujado como un gran árbol cuyo tallo se encuentra en el Templo central y las ramas, con dibujos representando historias y poemas; en todas las paredes de los siete templos; se puede leer no solo la historia del imperio, si no, y mezclado con esta historia, la mitología del mismo.

En el templo Tercero, en la pared de la derecha y detrás del trono a la Diosa del amor; se encuentra la historia de Manos. Está representada como una rama en la parte alta de la pared, muy parecida a una mano cuyos siete dedos son alargados hasta casi el suelo, donde se encuentra la masa. Varias estatuas, estatuillas y ciertas condiciones de luz y ángulo, son parte del friso. La historia de Manos es una de las más originalmente representadas que se puede encontrar en las ruinas de los Grandes Templo Enterrados aunque, lastimosamente, dos de sus estatuas, están en muy mal estado y los colores, muy desgastados.

En ese friso se cuenta, entre otras cosas, que Manos es la segunda hija de la Diosa del amor con uno de sus más recurrentes amantes, el Dios de la mente y la conciencia. Por lo que, Manos sería uno de los siete Pensamientos. Sin embargo, Manos no era como ellos. Se cuenta que era un ser (Como esta mitología les llama a los personajes que no tienen cuerpo corpóreo) juguetón, que le encantaba reír, hacer bromas y sorprender a todos, desde los Dioses reyes hasta a los perros.

No era de extrañar que la compañía de sus hermanos, la mayoría de los cuales ven los pensamientos en el aire[1] y los reparte entre las personas, le pareciera aburrida. Por eso, siempre iba donde La abuela, como le llamaban a la Madre primigenia, y le pedía:

―Oh madre que amamanta a todo lo que vive, y moldea a los Dioses y les da sus poderes ¿puedes regalarme un poco de masa[2]?

La abuela, que le gustaban mucho los niños despiertos y juguetones, le hacía un cuerpo y Manos se metía en él e iba al mundo para jugar con los humanos. Algunos Dioses decían que a Manos le encantaba engañar a la gente, pero lo que hacía era inventar historias con ellos y ser parte de la misma.

Pero la deidad del Destino, uno de los reyes de esta mitología, empezó a darse cuenta de que Manos estaba jugando con lo que le concernía a él o ella. Estuvo a punto de hacerla desaparecer, pero la Diosa del amor y La abuela se interpusieron. Fue cuando llamaron al Dios juez y éste decidió que Manos no iba a ser desaparecida, y su castigo sería no volver a tener cuerpo.

Pero, aunque todos estuvieron de acuerdo con lo dispuesto, Manos no. El ser estuvo muy triste, y muy ansioso desde que no pudo volver a tener cuerpo. Sus hermanos decían que se estaba volviendo loca, y le pidieron a su padre ayuda. Cuando el Dios de la mente y la conciencia le vio, dijo que Manos había capturado del aire todo tipo de mundos, personas, música, imágenes... Y que necesitaba sacarlos de ahí.

Los padres de Manos, sus hermanos y medios hermanos, preguntaron a todo Dios y sabio qué podía hacer para ayudarla. El Dios del destino, por más que no tenía aprecio por Manos y después de que la Diosa del amor le dio cien años de matrimonio con ella, les dio una manera de tratar el problema. Les dijo que podrían redirigir esos pensamientos encontrados en el aire, a personas que él o ella haría nacer con las orejas justas y el ánimo necesarios para crearlos. Manos y sus hermanos empezaron a seguir el consejo, y así fue como inició el arte y los artistas.

Pero, aunque eso la ayudó mucho, Manos seguía teniendo problemas. Estaba muy triste, e intentó no oírles ni sentirles, pero cada vez se hacían más y más las imágenes y vidas que capturaba del aire. Una noche, cuando no pudo más, fue a donde La abuela, y le suplicó:

―¡Oh madre que amamanta a todo lo que vive, y moldea a los Dioses y les da sus poderes, necesito tu ayuda!

La abuela la miró y esperó. Siempre se dice que era una de las Diosas más silenciosas. Pero Manos supo, por su cara, que la iba a ayudar y no temió en explicarse:

―Hay muchas personas y muchas vidas en mi mente. Hay tanto que el aire me da y tanto aún en el aire, que no se las puedo dar todavía a los humanos. No están listos, algunas cosas están dadas solo para ciertas personas que vendrán dentro de mucho... Y yo estoy triste, porque la gente y los mundos en el aire me piden existir y yo no puedo darles eso.

La abuela se dio cuenta que, si hubiera podido llorar, Manos lo habría hecho. Por eso, y porque sabía cómo era el necesitar que alguien más existiera, le dijo:

―Te daré parte de la masa. Así podrás crearlos.

Manos se puso feliz, hasta que se dio cuenta que...

―Pero, ellos no deben ser parte de nuestra creación, de nuestra vida, no lo son...

―Si aprendes a dar ese aire a la masa y hacerlos un ser según lo que el viento cuenta de ellos, vivirán, pero no serán parte de la vida.

Manos lo agradeció, pero aún no lo hizo. Después de pensarlo mucho, y aún sin saber qué hacer, fue a pedirle consejo a su padre y le preguntó:

―¿Puede algo del aire pensar que vive, vivió y vivirá en su propio mundo aunque sea solo un ser en nuestro mundo, hasta que sea creado por las manos de un o una artista?

―Si lo has pensado, es posible.

Así que, Manos lo pensó y lo pensó más. Hasta que sintió que estuvo listo o lista, que sabía cómo hacerlo y que lo haría bien. Metió sus manos en la masa... Y así fue como Manos logró tener manos de siete dedos, la única parte tangible de su cuerpo, al crear a los Personajes, los seres que fueron y serán inventados por los artistas, que viven, vivieron y vivirán en sus propios mundos.

Los antropólogos e historiadores del arte suelen estar de acuerdo en que es esta idea, la de los Personajes con sus propios mundos, lo que está en la base de la tan variada y muy original quehacer artístico de esta cultura, los grandes precursores de las corrientes literarias actuales.


[1] Los filósofos y médicos de esta civilización creían que los pensamientos no eran propios, sino que eran parte del aire y eran las orejas las responsables de capturarlos. Esta idea dio a lugar a varias prácticas, como creer que las personas sordas eran excepcionalmente sabias por "haber capturado muchos pensamientos en su cabeza para poder oír más" y, también, a que la magia fuera sobre todo música y cánticos que lograban cambiar el aire, los pensamientos, lo que se respiraba, el ciclo de la lluvia, etc.

[2] La historia de la creación dice que La abuela fue hecha por varias estrellas, que se unieron para convertirse en cada parte del cuerpo de ella. Y la oscuridad, le dio la conciencia y el saberse viva.

Pero La abuela se sintió tan sola desde ese momento, que vagó por todo el firmamento en busca de alguien como ella, hasta que dio con el mundo. En ese entonces, el mundo era un lugar oscuro y yermo, pero La abuela vio más allá que eso en el viento que tenía, y decidió quedarse y tener un hijo ahí. Con la ayuda del aire y de su propio cuerpo, La abuela dio a luz un bebé, pero éste lloró ni se movió. En medio de un terrible llanto que inundó el mundo, La abuela enterró a su bebé y llamó a las estrellas y a la oscuridad para que la ayudaran a tener un hijo vivo. La oscuridad la susurró al oído, con ayuda del viento, que lo que debía hacer era amamantar la tumba del bebé, y que este viviría. La abuela así lo hizo, y la tierra de esa tumba se convirtió en la masa y, su hijo, en toda la naturaleza. Por eso decían que La abuela era la madre de todo lo vivo.

Luego de eso, La abuela cogió la masa y, con parte de ella, formó al Dios padre y la Diosa madre. La mitología dice que La abuela amamanta a la tierra para que el mundo siga vivo, y que así consigue más masa. De ella, da al viento para darle vida a todo niño en el vientre, sanidad a los enfermos y heridos, y también la moldea para hacer nacer a algunos dioses, y para darle cuerpo, aunque perecedero, a los seres.

El mito cuenta que, una vez, cuando Manos fue a pedirle a La abuela que le hiciera un cuerpo, le dijo que debía ponerle siete dedos a cada mano. Cuando La abuela le preguntó porqué, Manos le dijo que: "Así seré recordada y nombrada, y mi juego terminará cuando se den cuenta de mis dedos". De ahí llega la expresión en nuestra cultura que dice: "Deja ver tus manos", cuando creemos que alguien nos está engañando.