CAPITULO 18

Tiempo Transcurrido… 4 años

Alicia y José se iban a casar. Ya Alicia había terminado de estudiar y José se encargaba manejar una cadena de restaurantes en Puerto Rico. Alicia después de casarse se mudaría para la isla. Llego el día de la boda.

- Ali, estas hermosa. Este traje de bodas te queda perfecto. Tía Liz se ha lucido con él. Dijo Aimeé, emocionada al ver a su prima vestida de novia.

También le dio una punzada en el corazón, alguna vez ella usará un vestido igual al de su prima. Se casaría ella algún día. "No. Sabes que no. Que ha pasado cuatro años y todavía amas a Lázaro" le dijo una vocecita en su mente.

- Aimeé. Tengo una sorpresa para ti. Dijo Alicia

- Pero hoy es tu día. Se supone que las sorpresas las debas recibir tu, no yo. Dijo Aimeé en forma de protesta.

- Recuerda que te dije que vinieras sola a mi boda, porque había una posibilidad de que Lázaro viniera a ella. Y que era el momento perfecto para que le contaras la verdad a Lázaro… dijo Alicia sin terminar.

- No me digas que Lázaro viene a tu boda. Le dije con sorpresa.

- Si, pero hay más. También recuerdas que te dije que fueras mi madrina de bodas…

- No, no, no… Alicia, porque me haces esto. Yo creo poder estar con él, en una misma habitación. Pero estar cerca de él, no podré. Sabes que todavía lo amo. Que solo he aprendido a sobrevivir al no tenerlo a mi lado. Le dije interrumpiendo a Alicia.

- Aimeé, ya es hora de que Lázaro y tu hablen se sus hijas. Es hora de que se enteré de que es padre. De que hace cuatro años le rompiste el corazón para que hiciera su carrera ya lo ha hecho. Ya se graduó de Harvard con honores. Fue el mejor de su clase. Porque no le dices la verdad ahora y son felices otra vez. Dijo Alicia

Y tenía razón Alicia. Lázaro se había graduado de Harvard, un año antes de lo provisto y era el mejor de su clase. Y al salir de Harvard la Armada de los Estados Unidos le había ofrecido un contrato. Estuvo trabajando para la Armada de los Estados Unidos por un año y ahora creó su propia empresa. Y ahora está progresando en su empresa con pies firmes. ¿Qué me impedía decírselo? También Laura me lo había dicho... "Lázaro no te ha olvidado, todavía te ama. Dile que es padre de esas dos hermosas niñas. Que te alejaste de él por su bien, para que estudiara." Pero tenía miedo. Y si Lázaro no le creía o no la perdonaba.

- Alicia tienes razón. Voy a hablar con Lázaro de Jazmín y Aurora. Solo espero que me perdone. – En mi voz se percibía el nerviosismo que sentía.

- Yo que tu desearía más. Dijo Alicia con una mirada traviesa.

Tuve que hacer un esfuerzo mental y físico para no caerme mientras caminaba hacia el altar. Ver a Lázaro tan atractivo con ese esmoquin, me dejaba sin respiración. Como lo había extrañado, quería besarlo, abrazarlo y hacer el amor con él. El recordar eso sentí que la cara se sonrojaba y deje escapar un leve gemido - uuuhh.

Paso toda la ceremonia, Lázaro no me había quitado los ojos de encima. Sentía su mirada, con esos ojos color miel, me sentía desnuda ante su mirada. Llegamos a la recepción y los novios tenían que bailar su primer baile de esposos. Cuando el anunciante dijo que ahora tenía que bailar los padres de los esposos y los padrinos de la boda. Sentí deseos de correr. Fui dando pequeños pasos hacia atrás y tropéese con alguien. Cuando me vire para disculparme… me quede sin habla. Era Lázaro.

- No pierdes la costumbre de tropezarte con las personas. Dijo Lázaro levantando una ceja.

- No siento no te he visto. – le dije nerviosa.

- Creo que ya he escuchado eso antes. Le dijo Lázaro. - Creo que nos han llamado para bailar.

- No, gracias estoy un poco cansada. - "Cobarde" me dije a mi misma.

- Estas cansada o huyes de mi. -En los ojos de Lázaro había un desafío.

- Cansada. - le dije con un tono de voz valiente.

Lázaro me tomo por la cintura y me llevo a la pista de baile. Yo estaba toda hecha unos nervios, con el contacto de su piel, en mi piel sentí que me quemaba. Y un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, recordándome el poder que ejercía Lázaro sobre mi cuerpo. Sin decir mi alma, que era un bálsamo para ella el tenerlo tan cerca, pero a la vez lejos. Mi corazón que desde hacía más de cuatro años no latía tan rápido como ahora.

- Y que ha sido de tu vida, Aimeé. Te has casado. – Su voz era indiferente, como si solo estuviera hablando por cortesía.

- No, no me he casado, tampoco tengo pareja, por si te interesa. Estoy concentrada… – "en criar a nuestras hijas y pensando en ti todos los días", se dijo para sí. - En ser médica de Neonatología, en el próximo semestre comienzo la especialización en George Town. Mi voz era suave para tratar de ocultar el nerviosismo que tenia.

Sorprendida por la indiferencia con que lo trataba. En sus ojos no pude ver el brillo que tenía antes, cuando estábamos juntos.

- Y tú, ¿no te has casado? se que terminantes tu carrera con honores y que tienes un contrato con la Armada.

- No tengo pareja, no es que no tenga interesadas, es que no tengo tiempo. – Lázaro fue cínico en su comentario.

En sus ojos pude ver que se sorprendió un poco al saber que yo estaba al tanto de sus logros.

- Lázaro, te debo una explicación. Podemos hablar en otro lado. Le dije nerviosa.

- No se que tienes que explicarme… Lo que paso ya está en el pasado y olvidado, no quiero recordarlo. – La indiferencia y rabia que sentía Lázaro por mi me dolía.

- Pero tengo que hablar contigo de algo importante. – Mi voz era una súplica.

- No quiero hablar del pasado. Si me disculpas. – Lázaro se fue y me dejo sola en medio de la pista de baile.

Ese no era el Lázaro que yo recordaba. Mi Lázaro era atento, amoroso. Este que tuve en frente, era cínico, indiferente, todo un rompecorazones. No podía dar crédito al cambio que vi en Lázaro. Tenía tanta razón Laura cuando me dijo que él había cambiado, que no era el mismo de antes.

Salí de la pista y fui al baño de damas. Al mirarme al espejo vi como varias lágrimas me rodaban por mis mejillas. Me lave la cara y salí fuera del salón de baile para tomar aire y tranquilizar mis nervios un poco. En la puerta me encontré con Andreas y lo abrasé.

- Lo has visto Aimeé. Dijo Andrés con un tono de voz suave.

- Mi Lázaro ya no existe, con el que he bailado esta noche es otra persona. Le dije tratando de contener las lágrimas.

Desde que conocí a mi hermano Andreas, nos llevamos bien, congeniamos en el carácter y nació entre nosotros un gran cariño. Siempre estaba allí para escucharla, fue su paño de lágrimas. A él le iba bien la profesión que había escogido, era psicólogo. Un día Andreas me dijo que escuchándome comprendió que debía ser psicólogo.

Nos sentamos en un asiento de concreto y me escucho hasta que me tranquilice. Cuando levante mi vista, vi como Lázaro se nos acercaba. En los ojos de Lázaro, lo que vi fue desprecio, rabia y rencor. Él estaba celoso, pero no era porque me amara, era porque él creía que yo había traído a mi amante. El causante de nuestra separación a la boda de mi prima. Para restregárselo en la cara, a pesar de que le había dicho que no tenia pareja. Pensaba que era una mentirosa, y de verdad lo era.

Andreas se levanto y al llegar dijo:

- Buenas noches, creo que no nos han presentado. Soy Andreas Lobos, hermano de Aimeé. – Le extendió la mano.

- Buenas noches, me llamo Lázaro. – miro a Aimeé y le pregunto con brusquedad.

- Nunca me dijiste que tuvieras un hermano.

- Aimeé, voy a ver a Alicia, nos vemos a dentro. Ya es hora de que sepa la verdad Lázaro. Dijo Andreas, viéndome como separe los labios por la sorpresa.

Lázaro la miro inquisidoramente y levantando un ceja.

- Que es lo que debo de saber, a demás de que tienes un hermano.

- Ya no hay mas nada que decir, mi hermano Andreas lo ha dicho todo. – Le dije mientras me levantaba del asiento.

- Tenemos de que hablar, Aimeé. -Lázaro atrapo mi brazo.

- No, ya no tenemos nada más de que hablar. Como me expresaste en el baile. Lo que paso quedo en el pasado y olvidado y no quiere recordarlo. Y si no te importa, me puedes soltar el brazo. Me estas lastimando.

Vi como Lázaro iba soltando poco a poco mi brazo.

- Gracias. Le dije y me fui para la recepción.

Dentro del salón busque a Andreas, necesitaba hablarle. Y que me sacara del salón, porque sabía que no podía aguantar más el caudal de lágrimas que estaban a punto de salir. Al no ver a mi hermano cerca, decidí ir al bar a tomarme algo para tranquilizar mis nervios.

- ¿Qué le sirvo señorita? Me pregunto el barman.

- ¿Qué es lo más fuerte que tienes?

- Tequila.

- Un tequila doble por favor.

Cuando el barman me dio el tequilla me lo bebí de una.

- Otro doble por favor.

El barman me daba una mirada con recelo, pero me dio el trago. Cuando termine mi segundo trago y pedí el tercero al barman…

- Si, no quieres una resaca fenomenal mañana será mejor que bajes la intensidad con el tequila. – Lázaro le dijo y mirando al barman le pregunto - ¿Cuántos ha tomado?

- Este es el segundo.

- Soy medica, y se cuando detenerme. Y todavía no estoy borracha. A demás no me digas que hacer Lázaro. – le dije mirándolo a los ojos.

El tequila le estaba dando el coraje para desafiar a Lázaro. Y mirando al barman le dijo:

- Otro doble por favor, o te tengo que mostrar mi identificación.

El barman miro a Lázaro y este movió la cabeza. - Lo mismo que la señorita, por favor.

El barman volvió con las bebidas y yo me tome mi tercer tequila de un sorbo.

- Creo que este es el último. Ya no los cientos. - Al pararme del asiento me sentí un poco mareada. Moví mi cabeza para aclararme. - Gracias, barman. Espero no haber sido muy descortés con usted. – y mirando a Lázaro le dije. - Ha sido un placer volver a verte después de 4 años de agonía… uupss no debí decir eso... Como sea, adiós Lázaro.

Estaba caminando mareada, sentía que el mundo estaba dando vuelta a mí alrededor. Los rostros de las personas, los veía borrosos. Estaba ebria, pero deseaba con todo mí ser salir del lugar. Escapar de Lázaro. Estaba caminando en zigzag, fui a los vestidores busque mi cartera y mi abrigo. Salí del salón y fui caminado a donde tenía mi coche estacionado. El mundo me daba vueltas, llegue al lado de mi auto. Cuando abrí mi bolso para buscar las llaves del coche, sentí que alguien venía detrás de mí. Al darme la vuelta, deje caer las llaves al ver que era Lázaro, el que me estaba siguiendo.

- ¿Por qué demonios me sigues, que haces aquí? le dijo mientras me agachaba a buscar las llaves.

Lázaro no me contesto, solo se agacho para quitarme las llaves. Al hacerlo perdí el balance, pero él me atrapo antes de que cayera al suelo.

- Que pretendes, matarte. Estas ebria, se ve que nunca has bebido. - Le dijo levantándola por el brazo.

- Olvidar, callar este dolor que tengo en el pecho, que he tenido desde que llegue a Washington. Que nunca podrás comprender el motivo... - de pronto sentí unos deseos de devolver. Mire para otro lado y contuve las nauseas.

Trate de soltar mi brazo y salir corriendo para un baño, pero no lo pude hacer. Lázaro tenía mi brazo atrapado.

- Te llevare a tu apartamento. Dijo Lázaro dándole la vuelta al coche y abriéndole la puerta del pasajero. - Súbete.

- No, no quiero, contigo no. – En mi voz había miedo

Tratando de soltarme de su agarre le di varios golpes en el pecho. Lázaro para evitar los golpes me pego a su cuerpo con una mano; con la otra mano la enredo en mi cabello y me jalo hacia atrás. Y me beso… Experimentar de nuevo el calor de sus beso, creí que estaba en el cielo. Su beso era intenso, con deseo, pasión y rabia. Todo llevaba guardado durante 4 años. Mi corazón estaba a punto de estallar, desbocado por Lázaro.

El se separo de mí y me miro. Tenía en los ojos color miel un brillo de deseo, pasión y algo más; Rabia. Eso era algo que nunca había visto en sus ojos, era nuevo para mí.

- Será mejor que subas, antes de que haga algo que me arrepienta después. Le dijo separándose de ella.

Bajándome la cabeza con una mano y haciéndola entrar en el coche. Dio la vuelta y se subió en el lado del conductor

- ¿A dónde te llevo? - Pregunto encendiendo el mustang amarillo.

- A casa no puedo ir, no quiero que me vean así. Necesito ir a un lugar, en donde pueda comer y beber café… Le dije recostándome en el asiento. – mejor aun déjame en la sala de un hospital, me inyectaran agua salina. Y el alcohol saldrá, y después iré a casa.

- ¿Quién diablos crees que soy? Le dijo Lázaro molesto y apretando las manos en el volante.

- El hombre que amo… - y sentí que todo se me nublaba…