Título: Cambio
Personajes: Juliette Bonnet, Tuck Dahl
Prompt: #2: "I'm looking through you, where did you go. I thought I knew you, what did I know. You don't look different but youhave changed. I'm looking thorugh you, you are not the same" (Fragmento de "I'm looking through you" de The Beatles)


Todos le habían dicho que no fuera. Incluso, el mismo Tuck había prohibido que la dejasen entrar a visitarlo, él no tenía ninguna autoridad particular en la cárcel, solo había dicho que ella podía ayudarlo a escapar y que ellos no querían eso.

Naturalmente, Juliette se las había arreglado para escabullirse dentro y pararse frente a él, unos cuantos pasos alejada de la puerta, como se suponía hacían los visitantes. Cuando él la vio, solo se limitó a sentarse en el piso, dándole la espalda.

— Tuck…—, empezó ella, pero como Lou había predicho que pasaría, se hizo un nudo en su garganta y no pudo hablar más. Él pareció interesado en su falta de palabras, alzó un poco la cabeza y la volteó, como para mirarla: Juliette tenía el hábito de hablar demasiado, a pesar de su inteligencia y su independencia, que Tuck encontraba interesantes, cuando tenía algo de lo que hablar, podía hacerlo por horas, mientras él escuchaba. Solo una vez se había quedado dormido mientras ella parloteaba sobre algo; luego se lo recriminaría, pero se le había pasado casi enseguida.

— Voltéate—, le dijo ella, después de un largo suspiro. Intentando cargar de autoridad su tono, él no obedeció, hasta que escuchó el sonido de un puño golpeando los barrotes de la celda— ¡Te estoy diciendo que te voltees!—, esta vez, su voz llevaba más autoridad. No sugería, no pedía, y no daba opción a decir que no. Daba la impresión de que si desobedecía lo iba a matar, lenta y dolorosamente. Aunque no le temía, Tuck pensó que era mejor ahorrarle todo aquel lio que su asesinato iba a suponer y obedeció. Ella pareció calmarse y se sentó en el suelo, quedando a su nivel y aún más cerca de la puerta de la celda.

— ¿Qué?—, soltó al fin él, adoptando una posición relajada: Las palmas de las manos apoyadas en el suelo y las piernas estiradas. Sin mirarla. Habría mirado a su compañero de cautiverio, pero no había celda alguna al frente suyo y al prisionero que estaba a su lado se lo habían llevado la semana pasada. No había vuelto a saber de él.

Juliette examinó a Tuck por un largo rato, tratando de buscar algo en él que le recordara al Tuck que había conocido años atrás, pero no encontró nada. Absolutamente nada.

— Yo tenía una vaga y estúpida esperanza de que te arrepentirías. Y que volverías. Pensé que alguien te había obligado a hacerlo. El Tuck que yo conocí no era capaz de… Eso.
— ¿Y quién te dijo a ti que todo el mundo es siempre igual? Ya deberías haber salido de esa burbuja. Todos cambian.
— Claro que sí. Pero… No es eso. Yo… Yo creía que te conocía. Creía que siempre me decías la verdad. Que cuando decías todo lo que decías de verdad lo creías.
— Has leído demasiadas novelas románticas, Jules. Todo esto ya lo he leído en esa porquería de libros que tenías.
— ¿Sabes qué? Vega y Val me dijeron exactamente lo mismo. Pero claro, ellos son diferentes a ti. Ellos son mis amigos y tú…
— Yo, ¿Qué?
— Tú eres tú. Te sigues viendo como el mismo Tuck de siempre, pero… Ya no sé si creerme lo que pasó.
— ¿Estás hablando de lo del Centro?
— No. De nosotros. No sé si lo soñé o si de verdad lo viví. Porque fui más feliz de lo que nunca habría podido ser—. Hizo una pausa, para respirar profundo y contener las lágrimas, sin embargo una resbaló por su mejilla. Se sorprendió al sentir el dedo índice de Tuck enjugándola. Él se alejó tan rápido como se había acercado, al sentir la cercanía de uno de los guardias.

— Tú también cambiaste, Jules. Sigues teniendo los ojos del mismo color, la piel del mismo color y el cabello del mismo color verde que tenías antes. Y te apuesto a que todo tu cuerpo sigue siendo igual. Pero ahora eres una llorona. Antes no eras aburrida, ahora…—. Tuck no completó la frase, simplemente encogió los hombros, como si el gesto fuese suficiente.

Juliette ignoró el comentario, para Tuck muchas cosas carecían de significado, y ella se acababa de convertir en una de esas cosas. Aún no encontraba la razón de sus acciones, lo que la había llevado a pensar que tal vez nunca lo había llegado a conocer tan bien como creía. Y ese pensamiento la aterrorizaba. Contaba con poder dar una pista sobre los acontecimientos, pero no había siquiera conseguido hablar de ellos. Se había limitado a ser egoísta y hablar sobre ella misma, sobre lo que sentía y había dejado de sentir. Quizá debería haberle hablado de Shinji, él era quien más había sufrido. O quizá de Tea, que había visto todo su futuro destruido en pocos minutos. O del padre de Rose que había perdido la única familia que le quedaba. Si se comparaba con ellos, Juliette no lo había pasado mal. Se recuperaría, era seguro. Pero se había esforzado en convencerse a si misma que no se recuperaría, que se quedaría estancada en ese momento y que no saldría de allí aunque lo intentara.

Quizá, tal y como había dicho Tuck, ella seguía siendo la misma por fuera, pero algo en ella había cambiado drásticamente. Tal vez si se había vuelto una llorona o tal vez se había vuelto más dramática. Quizá había tomado la costumbre de quejarse por todo y hacer de víctima. De cualquier manera, ella había cambiado. Él había cambiado. Todos habían cambiado.

Y es que, tres años atrás, las vidas de todos y cada uno de los habitantes de Saint Reitz habían cambiado. En unos cuantos minutos.