Mi niño

Descansa, como cuando eras niño y te dormías en mis brazos. Descansa tranquilo, no te desveles por angustias o malos sueños, no dejes que los fantasmas del pasado te persigan; dile adiós a los momentos de pena, abre sendas de felicidad.

No olvides que aunque distante siempre pienso y pensaré en ti, mi niño, aunque el tiempo haya hecho de las suyas, los años tus facciones y tu carácter hayan endurecido, y que las flores que me regalas se marchiten, una y otra vez.

No quiero que me olvides, pero tampoco que te aflija mi ausencia, quiero que sepas que siempre estaré contigo, así no puedas verme, secaré las lágrimas que derramas sobre mi lápida y oleré las flores que dejas sobre mi tumba, observaré, llena de orgullo, a tus hijos crecer y la sonrisa de tu mujer al decirte que otro van a tener; estaré en tus triunfos y fracasos, y en la vejez, cuando se acerque el momento de volvernos a ver, me armaré de paciencia y esperaré a que tus ojitos se cierren para que me vuelvan a ver, te arrullaré junto a mi seno como cuando eras niño. Y en la eternidad podré decirte cuánto te quiero, lo orgullosa que estoy de ti y lo mucho que me hubiera gustado que te dieras cuenta de que a cada paso estuve ahí, aunque creo que lo sabes.

Eres esa pequeña criatura que un día salió de mi vientre para llenar mi vida de luz y alegría, y aunque partí antes de lo que hubiera deseado, nunca dejé de compartir todos los instantes de tu vida, porque eres mi niño, así estés en un cuerpo de hombre, siempre serás el niño que se dormía tranquilo en mi regazo.