Un bebé muy especial.

Alimentar a mi bebé no es fácil.

Soy una madre soltera y mi bebé es muy especial. Desde el primer día lo fue. Sufrí mucho en el hospital, pues no me salía ni una gota de leche. El bebé se desesperaba por succionar y no obtener ningún resultado. Y yo, como buena madre quería darle lo mejor y eso implicaba darle leche materna, pero simplemente no se pudo. Luego, el niño comenzó a vomitar la mitad de lo que se comía, ese problema se llama reflujo y es porque su sistema digestivo no había madurado por completo.

Además de los problemas de salud, está el hecho de que estoy sola. Tengo que salir todos los días, o bueno, las noches a buscar el sustento de la casa.

Comencé prostituyéndome en uno de esos bares del centro en los que bailan las muchachas y se desnudan. Me va bien. Trabajo dos o tres días a la semana y gano lo suficiente para mantenerme, aunque eso no sea suficiente para el bebé.

Es que él tiene una enfermedad horrible.

Tengo que alimentarlo personalmente y su apetito es voraz. Come alimentos sólidos, pero no tiene dientes, así que como los pajaritos, yo tengo que masticar su comida. Pero lo hago con gusto porque es mi hijo.

Mi bebé tenía un par de meses cuando me fui a trabajar. Lo dejaba con una vecina, que amablemente, me lo cuidaba como si fuera yo misma, sí, "como si fueras tú", decía ella.

Pero cuando cumplió seis meses comenzó el horror. De la nada, los muertos salieron de sus tumbas. Esas cosas no se detenían con nada. No había explicación, no morían con una bala en la cabeza, no parecía haber cura. ¿Cómo puedes curar a un muerto?, ¿o cómo puedes matar a un muerto?

Como sólo salían de noche, la solución fue simplemente vivir con eso y tomar las debidas precauciones para evitar ataques. Hubo, a partir de entonces, toque de queda general, excepto para los que trabajábamos de noche, ya saben, policías, rescatistas, paramédicos, prostitutas…

Pero una mañana, cuando regresé del trabajo, me encontré con una terrible noticia. Mi bebé se bronco-aspiró. Y murió. Mi vecina estaba inconsolable. Histérica.

Pero cuando lo vi, comprendí que no estaba muerto. Seguramente mi vecina no pudo con la situación y perdió la razón. Eso pasa muy a menudo últimamente.

Me llevé a mi bebé a casa. Estaba muy helado, toda la mañana lo abracé contra mí, pero no funcionó. La noche siguiente no trabajaba, así que me dediqué a él al cien por ciento. A la medianoche recuperó su calor. Y su apetito.

Le preparé su biberón y lo rechazó tajantemente. Le hice su papilla favorita y la odió. Entonces noté como chupaba desesperadamente su dedo índice. Con tanta desesperación, como si quisiera comerlo.

Sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. El niño quería comer su propio dedo. Quería comer carne. Le hice papilla con un poco de la carne molida que había en el refrigerador, pero la rechazó igualmente. Me llevó algún tiempo comprender lo que necesitaba. Carne fresca y… humana. Sus favoritos son los sesos.

Soy muy cuidadosa a la hora de elegir el alimento. La primera fue su cuidadora. Al fin y al cabo ya estaba loca. A pesar de que ha pasado un año de eso, recuerdo como si fuera ayer la cara de la demente esa al ver vivo a mi bebé y la expresión (aunque a partir de su enfermedad no se puede decir que mi bebé sea muy expresivo) del niño al verla y olerla. Fue una serie de pruebas y errores, pero al final, encontré la manera de conservar a mi bebé a pesar del apocalipsis que se vive afuera. Ha sido difícil eso de morder y masticar carne cruda, pero lo hago con gusto porque se trata de mi hijo, que por supuesto, no es un zombie.