Capítulo 1: La Llegada a Midas.

"Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre de bien"

Paul Brulat (1866-1940)

El Desierto de Mubarak, también conocida como la enorme planicie totalmente desolada, cubierta con la arena más blanca existente en el mundo.

La intensidad con la que el sol ardiente se reflejaba era tal que viajar a través de aquel paisaje era prácticamente imposible, no obstante, aquello perdía importancia para los dos viajeros que iban tranquilamente caminando a paso lento pero constante, ambos vestidos con togas oscuras y amplios sombreros de paja con los cuales cubrían sus cabezas del sol inclemente. Hicieron una leve pausa, en la cual uno de ellos escribió una nota y la amarró a la pata de un ave mensajera que emprendió vuelo casi de inmediato. Sin esperar más, continuaron caminando rumbo a su destino.

La Ciudad de Midas, también conocida como la Ciudad Impenetrable por su estructura hecha de roca maciza; reconocida mundialmente por su gran problema con el vandalismo y la mafia. Sin pasar mucho, ambos viajeros llegaron por fin frente a las Grandes Puertas de Midas, mejor conocidas como las Grandes Rocas o las Puertas de Anco, llamadas así por el Gobernador, quien envió a construirlas. La muralla constaba de grandes piedras alteradas con Mana natural, encontrado en las mesetas del vasto desierto que les rodea.

Sólo faltó que ambos viajeros se acercaran para que los custodios se pusieran en guardia, interrumpiendo su paso mientras fruncían el ceño.

-¡Identifíquense! ¿Cuál es el propósito de su estadía en nuestra gran Ciudad Midas?- Exclamó uno de los guardias, acción ante la cual el viajero más alto y corpulento de los dos separó un poco el sombrero de paja de su rostro para mirar fijamente al contrario.

-Sólo negocios- Al tiempo que decía aquello, su compañero, más bajo, mostró unas monedas de oro a los guardias que aceptaron el trueque sin chistar.

Segundos después las Puertas Anco se abrieron, y ambos viajeros se adentraron en la gran ciudad de piedra. No pasó mucho tiempo, fue sólo cuestión de minutos en los cuales pasaron por unas cuantas calles, cuando notaron recién la gran cantidad de carteles pegados en las paredes que escribían en grandes y remarcadas letras rojas "Se busca".

-¡Cielos! Parece que alguien necesita algo de ayuda, ¿No crees?- Murmuró el viajero más corpulento con cierto tono burlón captado a la distancia.

-Huntx, sólo venimos por el informante, no hay tiempo para juegos. No somos los salvadores de esta ciudad, ¿Lo recuerdas?

-Pero…

-No.

-Como digas…- Huntx rodó los ojos ante la reprimenda y orden de su compañero.

Sin mayor contratiempo continuaron su camino por la ciudad, observando con atención a sus alrededores, hasta que llegaron a una pequeña taberna. Allí, Huntx se quedó parado y esperando afuera mientras su compañero se adentró en el lugar. Agudizó un poco el oído al escuchar algo de un no-se-qué que decían los guardias acerca de la entrada y la salida de la ciudad por problemas debido a las fuertes tormentas del desierto, y un que-se-yo de duración de dos días. Se encogió de hombros restándole importancia, y un momento después su compañero de viaje salió de la taberna.

-Parece que nos tendremos que quedar unos días- Anunció sin mayor preocupación acercándose al otro. Pasaron unos segundos en los que su compañero suspiró y bajó un poco los hombros, y al momento siguiente se repuso.

-Nos vemos al rato.

-Como quieras, yo iré a ver si encuentro algo de comer- Huntx se puso una mano sobre el estómago- El viaje por el desierto me despertó el hambre- Murmuró alejándose varios metros.

-No te metas en problemas, recuerda que debemos permanecer de incógnito, no debemos llamar la atención- Advirtió el otro antes de que se alejara por completo. Huntx sonrió a lo lejos.

-Lo intentaré.

Anochecía en Ciudad Midas, y en tanto el sol se escondía entre las montañas, el viajero menos corpulento y más reservado se paseaba por entre los altos callejones de maciza roca, dando a primera vista la impresión de estar buscando a alguien. Se detuvo un segundo a observar uno de los carteles de "Se busca" pegado en las paredes, viendo con ceño fruncido la cara de todos y cada uno de los ladrones, sicarios y matones en el papel. Mala suerte la de aquel que mientras miraba la hoja vieja y desgastada era acechado por tres hombres que se le acercaron con claras malas intenciones.

-¡Hey, tú! ¡El del sombrero de paja!- El viajero se volteó ante el llamado. Uno de los tres hombre sonrió socarronamente- ¿Ves ese cartel de allá?- Inquirió señalando una de las hojas- Soy yo, uno de los matones más buscados de Midas. Te ves muy interesado en los carteles, debes de ser otro pobre caza-recompensas que cree que puede ganar dinero fácil aquí- Amplió más su sonrisa señalándolo con un dedo- ¡Así que por qué no vienes aquí y—

Acto seguido, el viajero le partió la cara de un puñetazo, quedando de espaldas a los otros dos, que estaban unos cuantos pasos más adelante del que acababa de quedar con la cara desfigurada. Ambos retrocedieron tres pasos, no obstante, imprudentes y confiados decidieron lanzarse al ataque. El viajero lanzó una patada que impactó fuertemente en la cara de uno de los ladrones.

El otro ladrón que quedaba intentó apuñalarlo mientras se encontraba dándole la espalda, pero antes de que pudiera siquiera acercar la navaja a la espalda del viajero, su cara se vio aplastada totalmente contra el piso, causándole la inconsciencia temporal.

-Pensé que yo era el que se metía en problemas- Resopló Huntx alzando una ceja.

-No era necesario que aparecieras- Murmuró su compañero- Vámonos antes de que lleguen los guardias.

-De nada…- Y agregó para sí- Pero qué mal agradecido.

-Ya te dije que no era necesario que aparecieras.

-Sí, ya, está bien- Huntx rodó los ojos.

-Vamos, busquemos una posada. Ya anocheció.

Las calles de Midas ya a esas alturas estaban algo… Bastante oscuras. Ambos viajeros caminaban buscando un lugar donde descansar, intentando ignorar a los pobres que se veían entre los callejones, esperando el más mínimo descuido de cualquier persona para poder robar dinero o comida.

-¿Habías estado aquí antes?- Huntx interrumpió el silencio, aún viendo hacia todos lados.

-Hace unos años, esta ciudad fue una de las primeras en formarse después de la caída de la Liga. Y realmente no ha cambiado mucho, sigue siendo la misma selva de roca llena de ladrones y gente pobre, así que no esperes encontrar una posada 5 estrellas.

- Con tener una cama en la cual dormir me conformo -El más corpulento de los hombres miro descuidadamente su alrededor-.

- Solo tenemos que esperar unos días para que la tormenta pase -Su compañero lo miro con lo que parecía ser seriedad en los ojos- después de eso, regresamos a Ciudad Puerto.

El resto del camino no fue muy largo, un poco más adelante de su posición dieron con una pequeña posada. Ciertamente no parecía la mejor del pueblo, pero algo había en ella que le daba un toque acogedor. No fue mucho el tiempo que se quedaron afuera, entraron rápidamente, topándose con una temperatura que les recordaba al mismísimo desierto.

Solo su techo estaba hecho de piedra, los pisos hechos de manera. Los dos viajeros se acercaron al lobby, haciendo sonar el timbre para llamar a alguien que pudiera atenderlos. No paso mucho tiempo, tal vez tres o cuatro segundos, para que de la habitación trasera saliera una joven de rostro que hasta cierto punto era hermoso, su pelo marrón combinaba con sus ojos café, y ambos destacaban gracias a su piel clara. No parecía ciudadana de Midas, eso era indudable.

- Bienvenido a la posada de Adela -Sonrió, dándoles la bienvenida- Mi nombre es Anna, ¿En qué puedo ayudarles?

- Buenas noches señorita -La persona en hablar en nombre de los dos fue Huntx- Necesitamos una habitación, solamente nos quedaremos el tiempo que dure la tormenta, espero que no sea mucha molestia.

- No hay problema alguno -Volvió a sonreír de manera amable- ¿Tal vez son del bosque del "Gran Sauce"? ¿O tal vez de las tierras heladas de Errath? No tenemos mucha clientela en estos momentos, me gusta preguntarles a los viajeros de donde vienen, como nunca he salido de Midas, espero conocer así un poco de otros luga-

- Señorita, solo vinimos para tener un lugar en donde quedarnos, no tenemos interés en contar nuestras historias a nadie -La interrupción del compañero de Huntx dejo a Anna con un sabor amargo en la boca, sin contar una incomodidad enorme. Siendo sincera, se sentía como una entrometida-.

- Disculpe señorita -Huntx no solo se disculpo con sus palabras, si no también con su sonrisa- Mi compañero no es muy humilde, y tampoco hablar, venimos de ciudad puerto.

- Y-Ya veo -Anna soltó una risa un tanto incomoda- Este... me han dicho que es una ciudad hermosa, además, está el gran estadio de lucha ¿No? ¿Qué les trae a Midas?

- Negocios...

- Ya veo -Asintió, aun con la incomodidad presente en ella- ... Bueno, esto... serian 5 monedas de plata por la noche. Aquí tienen su llave -Les extendió dicho objeto- Cuarto Nº 5 -El viajero extendió su mano, dejándola al descubierto y entregándole 3 monedas de oro-.

- Quédese con el cambio -A pesar de sus palabras, Anna no se fijaba en las monedas, la única cosa que estaba en su vista en ese momento era el guante que portaba el viajero, un guante de cuero con un pequeño hexágono de oro que parecía encerrar un símbolo dentro de él-.

La joven abrió la boca en sorpresa, levantando la mirada rápidamente para ver al portador.

- !T-Tu! !Perteneciste a "La liga"! -Exclamo, aun con la expresión de sorpresa en su rostro- Yo también soy parte de ustedes, por favor miren lo que puedo ha-

- No me interesa lo que puedas hacer -Interrumpió de nueva cuenta el hombre- La Liga siempre fue una farsa, solamente corrupta aun desde su inicio, si aprecias tu bienestar te recomiendo que no uses tus habilidades, solo traerás problemas, solo lograras que te traten como a una Outsider. Es por tu bien. Créeme -No dio espacio a mas palabras, ya que al terminar las suyas propias tomo la llave y se dio la vuelta, subiendo las escaleras que presentía daban a las habitaciones-.

- Nuevamente, me disculpo... -Huntx suspiro levemente, con una expresión en el rostro que demostraba lo poco que le había gustado el desprecio de parte de su compañero. Luego se alejo de ella, subiendo por las mismas escaleras que había tomado el otro hombre-.

No tardo en llegar al piso en el que se encontraban las habitaciones, observando al mismo tiempo la posada desde su interior. Las puertas tenían aspecto frágil, y el hecho de que se podían escuchar las conversaciones al otro lado de ellas no ayudaba a su opinión. Sin embargo no presto más atención, no teniendo problemas en localizar el numero "5" de su habitación.

No se sorprendió cuando, al entrar, encontró a su compañero sentado en la ventana, observando lo que se podía ver al otro lado de la ventana.

- No tenias que ser así con ella, no es su culpa haber nacido con habilidades -Comento Huntx, observándolo- Se que intentaste hacer lo que pudiste cuando pertenecías a La Liga, no puedo negar que fue muy grande en su tiempo. Aun recuerdo a mi papa llegando con el cintura de La Liga.

- No debieron llenar su cabeza con cuentos acerca del bien que hacía solo para que dejaran de discriminarnos llamándonos a todos nosotros Outsider -Contesto su compañero, sin dejar de mirar atreves de la ventana- Desde que entre, sabía que no era completamente "correcta", aun había rencor hacia las personas que nos llamaban de esa forma, además... ¿Qué va a saber una chica que vive en esta ciudad, llena de corrupción? Lo mejor es que se quede quieta, que no llame la atención, estará bien mientras haga eso. Lo sabes, después de la caída de la Liga la gente ha vuelto a llamarnos Outsiders, después de lo ocurrido... por algo en la mayoría de las ciudades está prohibida nuestra entrada.

- No puedo negar que tienes razón.

Descansaron en su habitación, no estando conscientes en ese momento del "peligro" que los asechaba. Después de todo ¿Cómo iba a saber el viajero que los ladrones que había golpeado más temprano en ese mismo día habían alertado a los guardias de su presencia?

Fue inmediata la orden de que un escuadrón de búsqueda encontrara a los que se presumía eran Outsiders y encarcelarlos, era más que notable que el gobernador no disfrutaba de la presencia de estos individuos en la ciudad, a pesar de que el mismo en su posición como gobernador tenía bajo su mando y como guardas espaldas a dos Outsiders. Gemelos conocidos como Los hermanos Horadrim, poseedores de la habilidad de manipular el metal a voluntad.

Aunque tal vez era el hecho de que nunca se separaban de Anco que hacia al hombre intocable.

Lo irónico de la situación, no era solamente eso, si no que el comandante de la fuerza policiaca de Midas, conocido como Muzu, era otro Outsider, con capacidades de lanzar fuego y a la misma vez apagarlo. Aunque, era cierto, siendo el caso de dos Outsiders dentro de la ciudad, no era de extrañarse que el mismo comandante hubiera salido con la escolta de guardias en busca de los dichos sujetos.

De puerta en puerta iba, siguiendo rastros, buscando, obligando a las personas a brindarles la información que necesitaban para encontrar el paradero de los dos viajeros, quienes sabían que no tenían ninguna posibilidad de negarse, sabían que si lo hacían estarían a merced del comandante, arriesgándose a perder sus casos bajo el poderoso juicio de las llamas.

Si bien no era extraño que en algún momento llegaría a su posada, a la que primero había llegado era la que se encontraba frente a la posada. La frágil puerta se abrió, dejando salir a una anciana, quien con voz antipática y llena de obstinación se dirigió al comandante.

- ¿Que quiere?

- Discúlpeme, madame -Hablo el hombre con un acento un tanto extraño, ciertamente no de esa ciudad- ¿No ha visto a dos hombres con toda oscura y sombreros de paja? Son prófugos, deben ser detenidos en el menor tiempo posible.

- Si, entraron en la posada de enfrente -Señalo dicha construcción con desgano- Ahora, no molesten -La puerta se cerró con fuerza, muy cerca de la cara del comandante-.

- Bueno, señores, oyeron a la señora -Se volteo hacia sus subordinados- Entren, y tráiganlos vivos o muertos -Los hombres no chistaron, segundos después se encontraban irrumpiendo en la sala del lobby, al parecer muy concentrada en alguna actividad-.

- ¿! Que es lo que se cree ese idiota!? Vera lo que pudo hacer -Respiro profundo, intentando concentrarse en tu poder- Vamos Anna, la ultima vez pudiste hacerlo, funciono ¿Por qué no ahora?! Vamos!Levántate tierra! -Soltó en un grito, sin provocar ninguno de los efectos deseados- A ver, otra vez -Empezó con otro intento, pero en el mismo instante la puerta se abrió con un golpe sordo, dejando entrar a los guardias al comandante, pero para la sorpresa de todos los presentes, la tierra llego a levantarse-.

- Buenas noches, Madame -Saludo Muzu "cortésmente"- Parece que encontramos a otro Outsider...

- Señor, no coincide con las características de los dos prófugos -Uno de los guardias se acerco a él- ¿Cuáles son sus ordenes?

- Atrápenla -Ordeno- Anco estará feliz de saber que en Midas se esconden algunos Outsiders.

- Como ordene, señor -El hombre ni termino de asentir para cuando sus otros compañeros se encontraban atando a Anna con una fuerza innecesaria-.

- ! No pueden hacerme esto! -Exclamo-!Madre! -Fue casi instantáneo. Al momento de su grito, la madre de la joven salió desde la habitación que se encontraba tras el lobby, bastante asustada-.

- ¿Anna, que pasa? ¿Qué hace el comandante Muzu? ¿Porque te están haciendo eso? -Exclamo, tratando de comprender la escena que estaba frente a ella. Los soldados no perdieron tiempo, cargaron a Anna y la sacaron de la posada, haciendo que en el rostro de la madre se dibujara una expresión de confusión-.

- Al parecer me conoce Madame, me siento en desventaja -Muzu se acerco a ella- ¿Me permitiría su nombre?

- Adela -Respondió automáticamente, no mirándolo, solamente observando la puerta por la que se habían llevado a su hija- ¿Por qué usted tiene amarrada a mi hija? ¿A dónde la llevan? ¿Qué pasa?

- Señora, por tener en su posada escondida a una Outsider, tanto ella como usted serán sentenciadas a muerte, en los escombros de su pútrida posada !Guardias, aten a la traidora y busquen a los intrusos! -Alzo la voz, haciendo que varios hombres entraran a la posada de nueva cuenta. Unos se dirigieron hacia la mujer, atándola, mientras otros se encargaban de subir las escaleras que daban a las habitaciones a sacar a todos los que se encontraban dentro.

- Hay mucho escándalo abajo -Murmuro Huntx, a penas acercándose a la puerta para poder escuchar mejor- ¿Que debemos hacer? -Se volteo hacia la ventana, pero su compañero ya no estaba, no había rastro de él en ninguna parte- !Agh, siempre hace lo mismo!

Los pasos de los guardias se escuchaban por todo el pasillo, entrando en cada habitación que se cruzaba por su camino, pero no encontraron a ninguno de los viajeros. Se les habían escapado.

Muy descuidados se fueron sin observar el techo, en el cual Huntx se encontraba, estirando brazos y piernas a cuanto más daban, haciendo presión sobre las paredes para poder aguantar su propio cuerpo. Tan sólo minutos después de que los guardias se fueran, resignados por no haber encontrado nada, Huntx comenzó a bajar con la delicadeza digna de un gato para que nadie se diera cuenta.

-Esto no es asunto nuestro, así que mejor me voy a buscarlo- Murmuró para sí mientras salía por la ventana, pero nada más al salir y saltar al techo continuo, notó que los guardias y otra persona con un traje de mantas rojas, señalando su alto rango entre ellos, tenían apresada a Anna y a su madre, amarradas en el suelo.

Aquel sujeto mandó a los guardias a meter a ambas mujeres dentro de la posada y seguidamente de ello llamas gigantes empezaron a salir de las manos del hombre, incendiando la Posada con Anna y su madre adentro.

-¿Dónde se habrá metido?- Huntx miró a ambos lados casi desesperado- ¡Tengo que hacer algo!- La posada ardía, los guardias y el que parecía ser el líder se alejaban rápidamente. Huntx se bajó del techo y entró rápidamente por la ventana para llegar al lobby, mientras Anna y su madre estaban peligrando bajo el fuego.

-¡Madre! ¿Estás bien?- Anna se acercó a la mujer mayor a tientas.

-Hija, tranquila, todo va a estar bien- Consoló la mujer- Solo cálmate y déjame desamarrar estas sogas.

-No madre, déjame usar mis habilidades para sacarnos de aquí.

-No hay tiempo para eso hija, Intenta desamarrarte rápido antes de que caiga el techo.

- ! Puedo hacerlo! -La miro a los ojos- !Confía en mí, por favor!

Pero su madre solamente sonrió un poco, cerrando los ojos.

- Hija... te amo, discúlpame, discúlpame por favor, lo único que lamento en esta vida fue haberte dejado esa maldición.

- ! No vamos a morir así! -Contrario a sus palabras, el techo comenzó a colapsar sobre sus cabezas, cayendo sobre las dos mujeres-.

- Te amo hija -Fueron las palabras que escucho Anna de parte de su madre, y como unica respuesta, susurro un "Yo también madre" debido a tantas emociones juntas-.

Conjunto que termino sin duda alguna salvándoles la vida. En el momento en el que el peligro que asechaba sus vidas se acercaba, un arco de piedra maciza se formo sobre ellas, cubriéndolas y protegiéndolas.

- No es ninguna maldición madre -Anna miro a la susodicha- Es la bendición que nos salvo la vida -Sonrió ampliamente-.

- El calor es demasiado intenso -Huntx se acercaba al lobby lo mas rápido que su situación le permitía, entre el edificio envuelto en llamas, asechando y buscando quemar lo que quedara dentro de la construcción-.

Una. Dos. Sintió un par de gotas de agua caer sobre su cabeza, cosa que lo hizo levantar el rostro en el momento justo para escuchar el sonido de agua corriendo muy cerca de donde estaba, las gotas siguieron cayendo sobre él, pero en un instante se convirtieron en una fuerte corriente, corriente atravesó el techo y acabo con el incendio mas rápido que lo que había tardado en comenzar a quemar la posada.

El hombre miro hacia arriba por medio del agujero que había quedado en el techo. A dos edificios de donde se encontraba pudo encontrar la figura de su compañero junto a un reservorio de agua agujerado. Observo como saltaba, concluyendo que probablemente había quedado frente a la posada.

El viajero observo y movió los escombros que encontraba en su camino, sabiendo que tanto Anna como su madre habían estado dentro durante el incendio. Su búsqueda no duro mucho, solo movió unos trozos del techo carbonizado para encontrar a las dos mujeres bajo el pequeño arco de piedra.

- ¿Señoritas, se encuentran bien?

- Eso creo -Anna levanto la vista, dispuesta a responderle con propiedad, pero no pudo evitar intentar ver el rostro del viajero, con poca luz debido al anochecer y el sombrero de paja que hasta ese momento lo había visto cargando-.

- ! Hey! -Los presentes levantaron la vista, encontrándose con Huntx, quien se encontraba terminando de mover los escombros del techo- ¿Dónde estabas? -Se dispuso a acercarse a sus compañeros- ¿Dónde estabas? Me dejaste so-

- Tenía que actuar -Lo interrumpió- El hombre que inicio el fuego al parecer fue un hombre de nombre Muzu.

- ¿Quien?

- Muzu -Repitió- Es reconocido en muchas ciudades por sus habilidades para con el fuego, su sed de poder y dinero al parecer es insaciable, no hacen buena pareja. Intento entrar a La Liga hace mucho tiempo, pero debido a su desquiciada mente le negaron la entrada. No podía dejar que me viera, si supiera que un ex miembro de La Liga se encuentra en su ciudad, no descansaría hasta cazarme, aunque eso significara quemar todo a su paso. Además, eres muy lento.

- !No sabes lo que fue sostenerme en el techo durante todo ese tiempo! !No cabía por la ventana! -Exclamo frunciendo el ceño, con la cara ligeramente roja debido a la molestia que sentía debido a las palabras del otro-.

- Anna, hija -Adela miro a los dos jóvenes- ¿Quiénes son?

- Viajeros -Anna también miro a los hombres- Llegaron antes de que pasara todo esto, y además salvaron nuestras vidas.

- ! Por culpa de ellos quemaron nuestra hermosa posada! -Exclamo enfurecida- !Fuera de aquí! !Déjenos en paz a mi hija y a mí!

- ! Madre! -Exclamo Anna- Cálmate por favor !Ellos nos salvaron la vida! Además son... son como yo -Dijo en una voz un poco más baja, cosa que hizo que su madre se quedara callada durante un instante-.

- Señora -El hombre que portaba las vendas se dirigió hacia ella- Disculpe los problemas causados, déjenos enmendar nuestros errores, espero que esto pueda llegar a compensarlo -De su bolsillo sao un pequeño saco, del cual a su vez saco monedas, las cuales tendió a la mujer- Son monedas de otro, con esto podrán comprar otra posada.

- No, gracias -Su tono reflejaba un profundo rechazo- No aceptamos dinero de nadie al menos que lo ganemos por nuestra cuenta, algo que puede llegar a ayudar seria que nos escoltaran al otro lado de la ciudad donde se encuentra parte de nuestra familia.

- Si les parece bien a ustedes -Asintió- Ustedes irán por las calles, mi compañero y yo tendremos que ocultarnos en los techos, estamos seguro que siguen buscándonos.

- Que sea como quieran.

- Entonces está decidido.

- Creo que deberíamos empezar de nuevo -Sugirió Anna con una sonrisa- Mi nombre es Anna, como ya saben, pero aun no se sus nombres.

- Me llamo Huntx -Se presento con una sonrisa el de mayor altura-.

- Mi nombre es algo que se debe mantener en secreto -El otro se dirigió hacia lo que había sido en algún momento la entrada de la posada- Sera mejor que comencemos a caminar, aun nos buscan.

- Vamos Anna -Adela se dirigió al mismo sitio, pero cuando llego el viajero salto a uno de los techos cercanos, esperando que comenzaran a caminar, cosa que hizo inmediatamente la señora-.

- Bueno señoritas, nos veremos después, las estaremos vigilando así que no tienen que preocuparse por nada.

- Gracias -Anna sonrió de manera un tanto vacía, con una expresión de su cara que mostraba el rechazo que sentía del momento en el que el viajero se rehusó a decir su nombre- Disculpa... ¿Porque tu compañero es tan cerrado?

La muchacha se sorprendió cuando el hombre empezó a reír.

- El es así desde que lo conocí, no te preocupes, no es mala personas, tu madre y tu están seguras con él como compañía, confía en mi.

- Esta bien -Asintió un poco, aun con la duda en su interior, sentía deseos de conocer que se escondía bajo ese sombrero de paja-.

A medida que caminaban entre los barrios de la ciudad, el sentimiento de curiosidad no parecía querer dejar tranquila a Anna, quien se encontraba mirando los techos de los edificios con la esperanza de poder encontrar a la fuente de su confusión. Por un momento, cuando no logro divisarlos, pensó que las había dejado solas. Todos esos pensamientos se fueron temporalmente cuando sintió como alguien la agarraba del brazo, y al levantar la mirada se encontró con horror como un ladrón era quien la tenia sujeta.

- Esto es un asalto, entrégame todo lo que tiene- No logro terminar la frase-.

Ante los ojos de la joven, el ladrón desapareció, como si se hubiera desmaterializado frente a sus propios ojos, pero en su lugar apareció el viajero, mirándola fijamente.

- ¿Se encuentra bien? -Pregunto con el tono de voz que mayormente utilizaba para con ella-.

- S-Si, estoy bien, gracias -Asintió con una expresión de sorpresa en su rostro-.

El viajero asintió.

- Sigamos -Y frente a sus ojos, de la misma manera en la que había aparecido, desapareció entre las sombras que empezaban a desaparecer gracias al amanecer. La luz comenzaba a verse en lo más alto de las murallas que se encontraban rodeando la ciudad-.

Entre tanto, los dos viajeros y las dos mujeres, seguían su camino al otro extremo de Midas.