Sus ojos verdes reflejan los prados sumidos en la noche, frescos, juveniles, alegres e inocentes. Sus cabellos cayendo por su rostro dan envidia, haciendo desear a cualquier enamorado el tocarlos, enredar en ellos sus dedos en formas de caricias cariñosas. Dirigir por sus mejillas delicados besos, queriendo transformarlos en desemboques de pasión y dulzura.

Ser la razón de sus sonrisas día a día, por la mañana resplandecerse al despertar y por la noche aliviar sus penas para volverlas sueños, que viajen a la luna y vuelvan hechos realidad.

Ser su escudo ante las crudas peleas del exterior, proteger su corazón de la crueldad y el frío de las gentes pecadoras, que busquen su mal.

Nadie puede acercarse, es intocable, el rubor en sus bellos pómulos solo existe en el amor de su enamorado y desgraciado quien le haga reír, por ponerla un paso más cerca del cielo y al enamorado del infierno, separándolos sin dolor, sin piedad…. Ellos no sufren, por ser felices en el momento, pero el enamorado no se da cuenta que le pierde, pierde al amor…. Que pierde a la belleza, a la inocencia…

La pierde al abrir los ojos por la mañana, donde nada resplandece.

La pierde al cerrar los ojos, por la noche, porque no hay penas que convertir en sueños ni sueños que enviar a la luna que vuelvan hechos realidad.

Sin dirigir besos a ninguna parte, porque no hay labios que disfrutar, porque perdió a esos bellos ojos verdes que reflejan los prados en la noche…